Creación de empleo sectorial, antes y ahora

A partir del siguiente gráfico, construído en base a información de Mecon y MTEySS, se pueden hacer algunas reflexiones interesantes.

En post anteriores hemos demostrado la importancia del sector industrial en la evolución del bienestar social en la Argentina.

La idea del gráfico es aproximarnos a una mínima mirada sobre qué ocurre con la evolución de la tasa de cambio de empleo registrado, con hincapié en la tasa de cambio neto del empleo registrado industrial. Sobre esta última nos surge la siguiente pregunta ¿Cuál es la diferencia con el resto de los sectores y cuál la relación con la evolución del EMI y el PBI? ¿Cómo deberían proceder los sindicatos, si asumieran esta descripción de la realidad?

La tasa de cambio neto nos muestra la mejora (o disminución) absoluta de un período al otro sobre el empleo registrado. En el gráfico pueden verse las tasas de cambio de empleo registrado sobre el tercer trimestre de cada año en comparación con el 3er trimestre del año anterior.

Al respecto, se puede elaborar una hipótesis: el empleo industrial es el más rígido para el crecimiento y el más elástico en épocas de crisis, lo cual puede variar en un scenario de auge acompañado de baja utilización de la capacidad instalada de la industria en el instante anterior.

En el gráfico anterior, queda claro como en los noventa el sistema productivo, en épocas de recesión, expulsaba principalmente mano de obra industrial, en un escenario de cuenta corriente absolutamente negativa y con gran parte de la economía, por tanto, orientada al comercio y los servicios.

En el gráfico la hipótesis se verifica, y nos señala las dificultades que tiene la estructura de la economía argentina para promover este tipo de empleo. En efecto, de acuerdo con la hipótesis, el empleo industrial es el que menos crece en épocas de auge y el que más disminuye durante las depresiones. Esto se rompe, en los años 2002, 2003 y 2004 ya que la baja utilización de la capacidad instalada en el período anterior y el cambio de modelo tuvieron un impacto fuerte en la variación del empleo de este sector.

Lo anterior se condice ciertamente con la evolución del EMI. El empleo industrial, naturalmente tiene una relación fuerte con el EMI, sin embargo a medida que el desempleo desciende es lógico que la absorción de empleo sea más rígida y lenta. De manera tal que cuanto más baje el desempleo, menos fuerte va a ser la toma de empleo con baja importancia de la intensidad de crecimiento del EMI.

La estructura argentina, entonces presenta una articulación productiva que muestra cierta debilidad sobre la sustentabilidad del empleo industrial. El Plan Estratégico Industrial es, en este sentido, un camino posible para la consolidación del empleo de este sector (además, claro está, de la estrategia de Estado de fomentar la industria en su
conjunto).

Cabe destacar que consolidar una estructura productiva industrial nacional, fuerte, estrechamente vinculada con el mercado interno, funciona como un seguro de consolidación del modelo basado en el trabajo y la industria. Orientar la producción a la exportación es un camino de desarrollo, siempre y cuando esté consolidada desde cierta fortaleza del mercado interno, que lo haga dinámico. Por eso promover el consumo interno, la demanda agregada, es una política perfectamente concomitante con la generación de mayor bienestar social, empleo y desarrollo.

Entre 1996 y 1998 el empleo industrial creció en términos netos (creación de empleo menos destrucción de empleo) alrededor del 11%, entre 2004 y 2006 más del 30%. Lo cual permite ver un importante contraste entre modelos en etapas de auge.

Entre 1999 y 2002 el cambio neto del empleo industrial fue superior al -20% (implica destrucción absoluta de empleo industrial en una quinta parte del existente), lo cual alcanza un promedio bastante superior a -5% por año. En 2009 el descenso del empleo industrial registrado no llegó al -4% (con un escenario de alta utilización de la capacidad instalada, dado especialmente en el primer trimestre de 2009).

Cabe realizar una reflexión: el empleo, su creación o destrucción neta, depende primero que nada del modelo de acumulación consolidado desde el Estado.

Por tanto, si se permite la digresión, es posible apuntar que los sindicatos (especialmente de las ramas vinculadas a la industria) deberían defender fuertemente un modelo que les beneficia, antes que confundirse en disputas microeconómicas o puntuales aplicando metodologías, que en el largo plazo podrían debilitar al mismo modelo (que les favorece).

Asimismo el Estado, no puede perder de vista que promover la inversión no puede ser un fenómeno abierto. Es preciso que esa inversión esté orientada hacia los sectores más favorables para la consolidación de un desarrollo vinculado al mercado interno y al bienestar social (cosa que naturalmente, se vincula con el aumento de las exportaciones). El perfil de inversiones y el perfil de consumo de la sociedad son dos fenómenos vinculados en función del desarrollo.

 

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