¿De que hablan cuando hablan de Republica?

Hay una idea que circula en el discurso de cierta oposición argentina, que término materializándose en una burda imagen en la protesta del jueves pasado, una señora llevaba un pañuelo blanco con una inscripción donde reclamaba por la aparición de la republica que había desaparecido el 25 de mayo de 2003.
Con la idea de republica, y un conjunto de valores asociados a la misma, se intenta ocultar algo, que no existe una necesidad relacional entre la idea de republica y democracia, es mas se puede ser republicano y abogar por una democracia restringida.
La idea de republica, remite a un entramado discursivo que nace de la centralidad de la construcción de mecanismos institucionales que eviten la concentración del poder en una figura, por lo cual, se manifiesta por una división y control del mismo, en una serie de sub-poderes, garantizados por el ejercicio de ciertos derechos políticos y civiles.
   Pero en los primeros republicanos, existe la idea central, que el ejercicio de los derechos garantizados, que son el sostén ideológico de la republica, necesitan de quienes son beneficiarios de los mismos un nivel mínimo de “racionalidad”, que se adquiere por pasaje en determinadas instituciones formales del estado, que garantizarían la gradualidad de la adquisión de los conocimientos mínimos para convertirse en verdaderos ciudadanos de la republica, por lo tanto, mientras llegamos a la idea de una “republica posible”, hay que gobernar con la “republica real”.
    De esta manera, los mecanismos institucionales se configuran en formas prescriptitas y restrictivas, ya que para el funcionamiento de un orden republicano, es necesario un transplante cultural que ser realiza de manera deliberada, ya que la cultura y las tradiciones de los sectores subalternos, son un impedimento para la construcción de los valores republicanos.
   Es la construcción de una concepción donde las bases ideológicas de republicanismo intentan conciliar lo valores igualitarios implícitos en los derechos políticos y civiles, con los valores jerárquicos de una republica restrictiva. (Ver BOTANA: 1985).
  Uno puede observar estos valores restrictivos que se imponen como lectura rectora de lo real en ciertas fracciones de la clase media urbana, cuando desde los medios hegemónicos se intentan revisar las legitimidades de ciertas provincias, cuando algunos comunicadores toman estadísticas, desmentidas después, donde dicen que un alto grado de habitantes no termino, no ingreso a la escuela; cuando se entrevista a una señora en las protestas y salen diciendo, el voto de ciertos sectores sociales se debe al mantenimiento de planes sociales, acceso a bienes de consumo, de esta manera se niegan a plantear que detrás de la idea de democracia, no solo se encuentra una serie de formalidades, sino un conjunto de ampliación de derechos que buscan construir una vida digna de ser vivida, donde los sectores mas humildes de la nación tienen el derecho a la dignidad de ser considerados como seres humanos, o sea, iguales al resto de los miembros del resto de la sociedad.
Por lo cual, detrás del discurso de la republica perdida, se esconde un debate más central sobre la idea de democracia reducida y des-igualitaria que ciertos sectores sociales en nuestra nación poseen.
  BOTANA, Natalio El Orden Conservador, Hyspamerica, Buenos Aires, 1985

10 Comentarios a “¿De que hablan cuando hablan de Republica?”

  1. No es posible sostener que a partir del 25 de mayo de 2003 desapareció la República, puesto que en realidad nunca llegó a configurarse una verdadera República en nuestra sociedad.
    Esa República “posible” de la que habla el excelente ensayo de Natalio Botana, que citas, no llegó a concretarse en una verdadera, al principio por las limitaciones del sufragio, a partir de 1916 por haberse dividido al cuerpo social, oponiendo el régimen a la causa, la patria a la antipatria, y así hasta nuestros días.
    Como recuerda Botana, citando a Bolívar Alberdi consideraba que para el periodo de transición que se iniciaba después de Rosas, había que crear un nuevo centro de poder para lo cual “los nuevos estados de la América antes española necesitan reyes con el nombre de presidente”, pero aclarando bien que el poder presidencial no derivaba de su persona sino de la Constitución, y lo conservaba siempre y en cuanto se ciñere a la misma. La división de poderes, con las facultades de control que se reservaba el Congreso, unido a la prohibición de la reelección presidencial impediría que el presidente se convirtiera en un tirano. (*)
    En teoría ya no se puede oponer la idea de la república a la de la democracia, puesto que como bien lo ha señalado Claude Lefort, ello es una “Vana tentativa; a través de toda su metamorfosis, la república se ha hecho democrática, no tiene otra definición posible; la democracia misma es republicana, o bien deja de designar una sociedad política” (**). Es cosa de que nos pongamos a trabajar en ello.
    (*)Botana, Natalio. El orden conservador. La política argentina entre 1880 y 1916. Editorial Sudamericana. Bs. As. 1977. Págs. 48/50.-
    (**)El arte de escribir y lo político. Herder. Barcelona. 2007. página 110.

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  2. Después de escribir esto, el domingo salio la diputada Nacional Carrio en el programa “Hora Clave”, pronunciando algunas cosas que me hicieron pensar en poner este articulo aca, ella dijo algo parecido a la separación entre República y Democracia, lo que me pregunto es que conjunto de significados le entregan ciertos sectores a la palabra “república” y su relación con los sujetos sociales, y si capaz cometí un error de transposición histórica, lo justifico en el sentido, siento que cada vez que hablan de República hacen eco a esa República Real de la oligarquía argentina.
    Comparto con usted, la idea de debatir sobre los sentidos de República, su relación con las Nuevas Democracias, un debate necesario en una época de cambios de paradigmas.

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    No creo que Carrió, que conoce bien a Lefort, le haya querido dar ese sentido a su frase, frase que no recuerdo, por lo que habría que ver bien lo que dijo. Probablemente se refería a que la democracia, sin república, no es una verdadera democracia, refiriéndose a los numerosos sistemas democráticos que existen y han existido en el mundo, como por ejemplo las llamadas democracias populares, que nada tuvieron que ver con la democracia y cuya existencia originó la teoría de los derechos humanos, puestos que estos aparecieron como un núcleo de sentido que inspiró a fuerzas políticas y sociales que impulsaban la construcción de un nuevo orden político, obligándolas a impugnar las ideologías totalitarias y al mismo tiempo, las tradiciones populares y revolucionarias que hasta entonces habían formado parte de un discurso dominante que articulaban principios igualitarios y antiliberales.- La teoría de los derechos humanos no implica solamente el rechazo a toda forma de violencia política, incompatible de principio y de hecho, con el respeto de los derechos civiles y políticos elementales, sino que también refiere a la concreción de un horizonte en el que los individuos, titulares de esos derechos, puedan concebirse y afirmarse como miembros de una comunidad de hombres libres e iguales. Ese horizonte se identifica con la idea misma de democracia, o sea: “las garantías jurídico-políticas del Estado de Derecho y del régimen democrático de gobierno; la conciencia de los derechos políticos, civiles y sociales que definen la noción contemporánea de ciudadanía y la conformación de un espacio público de aparición, sin exclusiones, donde los ciudadanos puedan sustentar una pluralidad de acciones y opiniones, en ejercicio y en nombre de derechos, como lo describen estos dos interesantes trabajos:
    Cheresky, Isidoro. La emergencia de los derechos humanos y el retroceso de lo político. Revista Punto de vista. Nº 43, Bs. As. agosto-1992. Pág. 42.-
    Gómez, José María. Eclipse de la memoria, política del olvido: la cuestión de los derechos humanos en una democracia no consolidada. Revista Punto de Vista.- Nº 36. Bs. As. diciembre 1989. pág. 5/6.-

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  3. La república puede o no ser representativa (es decir una democracia) pero no puede haber democracia sin república.
    Una democracia supone que las mayorías son transitorias y por tanto respeta los derechos de las minorías, que mañana pueden ser mayorías: Néstor sacó, en 2003, el 22% de los votos y Cris, el año pasado, 54%. ¿O acaso alguno de Uds. cree que “Cristina es eterna” como dice la borracha de Conti?
    Una democracia también supone que existen reglas y mecanismos para reformarlas claros y justos, lo que disminuye la arbitrariedad. Por eso Algún día Cris va a tener que responder por Moreno, cuyas salvajadas se ven diariamente en vivo y en directo.
    Una democracia también supone que el pueblo está informado de las decisiones y políticas de sus líderes, razón por la cual pueden elegir el mejor para su gusto: Cris ganó la reelección y acto seguido impuso las restricciones al dólar que se cuido bien de no mencionar en su campaña (si hubiera dicho lo que iba a hacer nadie me votaba, Menem, kirchnerista de los 90).
    Una democracia, finalmente, supone que sus líderes en última instancia responden a su pueblo: Melkorek, Ciccone y cientos de otros negociados permiten suponer, a está altura, que Cris y su banda responderán, como Menem, a la historia y no a la justicia.

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    Agradecería que se refiera a nuestra presidenta con respeto.

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    alpargatas

    Ay, Francisco, ya sé que cada uno tiene derecho a preocuparse por lo que quiere, incluso en esta dictadura. Pero siempre pienso que hay escalas y comparaciónes, y porqué será que nunca ví que escribieras acerca de las salvajadas del ingenio Ledesma, de las salvajadas de tener trabajadores no registrados, de la salvajada de cómo te come las cargas de la tarjeta Movistar, de la salvajada de que sigamos tomando coca cola…. ¿Son salvajadas menores respecto al salvajismo de Moreno? ¿No querés hacer una declaración conmigo, firmada, en la que denunciemos todas las salvajadas, de acuerdo a su escala y a cuántos y a quiénes damnifican?

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    Todas y cada una de las Salvajadas que mencionas (las cuales comparto), es por las que un pais se da gobierno para que las regule, castige, prohiba etc. segùn corresponda.
    No es lo mismo, eso si parece que las prioridades son otras.
    Es como Clarin, te jodè. Ok entonces esperas que el Estado haga algo ¿se entiende?.
    Y ojo, los ejemplos Bajan , nunca Suben. Serìa objeto de otro analisis, ver como el hacer “cualquiera” desde arriba de todo, prohija que cualquiera use su minima cuota de poder de manera impropia y si gusta “salvaje”.
    Saludos

    Silenoz

    ¿Cómo era eso de que guardabas tu opinión hasta tanto se resuelva o algo así con lo de Pagni, García, Yofre y cía.?

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    Un detalle sobre Moreno:
    - El tipo discute con pesos pesados de la economía argentina.
    - Discute con los 20 o 30 tipos que deciden *cuánto pagamos TODOS por cada cosa*, ya sea que los costos estén acordes o no, ya sea que la guita nos alcance o no. Que remarcan en función de ganancias en dólares, o en función de que la gente cobró aumentos y tiene más guita en el bolsillo.
    - Discute con los que llegaron a esa posición dominante no por ser precisamente blandos con la competencia. Además, son los mismos tipos, o sus socios o continuadores, que le decían a Videla al principio: denle para adelante, tienen todo nuestro apoyo. Y después le decían: se quedaron cortos, tendrían que haber matado a muchos más.
    - Discute con los que llegaron a esa posición dominante no por ser precisamente lentos. Son tipos que se violan un ñandú al galope y les queda tiempo para terminar con un besito.
    - Sin contar con que Moreno les ‘grita’ y ellos se las arreglan para remarcar igual.
    - Y resulta que estos tipos ¡le tienen miedo a Moreno, están a-te-rro-ri-za-dos!
    Miren que he leído relatos pelotudos en los medios dominantes, pero como éste, casi ninguno.
    Cambien el Código Penal, así si un funcionario grita va a resultar que cometió un delito.

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  4. Todos los ensayos de exégesis del adversario terminan siendo medio grotescos.
    Es como interpretar la justicia social como el derecho de los funcionarios de llenarse los bolsillos.

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