El Estado,los medios de comunicación y la libertad de prensa.-

Dejando un poco de lado, puesto que ya se lo ha debatido bastante, el tema de si el gobierno puede utilizar en defensa de sus políticas los medios de difusión del Estado, que lo ha hecho, lo hace y lo hará y que, dentro de ciertos límites no deja de ser lícito, aunque el formato 6,7,8 resulte desmesurado, veamos otros aspectos, más preocupantes.-                             

Nadie puede negar que dentro de los Derechos Humanos existe el derecho a la información, a la comunicación y similares, englobados tradicionalmente dentro del concepto de “libertad de prensa”.-

Esas garantías de todos los habitantes nunca fueron del agrado de los que sustentan una concepción hegemónica del poder, de aquellos que entienden que su visión ostenta la presunción de veracidad y autoridad moral, autodesignándose como portadores de la verdad, por lo que no sólo descalifican la opinión contraria, sino que también les irrita la diaria crítica que le demuestra que esa verdad es cuestionable.-

Ese rechazo a la crítica es común a todos los gobiernos, pero dentro de los gobiernos democráticos ha sido el peronismo quien más molesto se ha mostrado generalmente en este tema, y su visión de ser portador del único proyecto que le conviene al país, y que sólo ellos garantizan la estabilidad y la calidad democrática, como se señala en estos días, llevaron en su momento al mismo General Perón -1950- a formular una grave advertencia: “Ya no se concebiría en la Argentina peronista, puesta bajo nuestra custodia y nuestro gobierno, que nadie, absolutamente nadie, pueda levantarse contra el sentir mayoritario de la Nación, y aquel que lo haga, sufrirá las consecuencias de su acción”.-

Consecuencia lógica de esa concepción es que si se piensa que sólo uno es el que está preparado para gobernar, cualquier crítica se la va a entender como una acción que pone en peligro esa gobernabilidad, buscando acallar esas voces y eliminar o adquirir los medios que la difunden.-

Por supuesto que en esta materia no podemos pecar de ingenuos, por lo que no está de más recordar algunas enseñanzas del politólogo  Owen Fiss, quien entiende que: “El Estado es amigo de la libertad de expresión, sin olvidar que a través de los distintos tipos de censura el Estado también es enemigo de dicha libertad, allí entonces las dos caras estatales y una de las ironías que conlleva la libertad de expresión. Los medios de comunicación cumplen una función destacada en el sistema educativo informal, vinculada con su potencial igualitario y con el fortalecimiento de la deliberación democrática, por eso cuando el Estado interviene lo hace para preservar la democracia, de ninguna manera para restringirla, buscando agrandar las posibilidades de expresión para con más democracia mejorar y no limitar la capacidad colectiva de expresión.-

Entiende que si bien: Los medios, en principio, lo que persiguen son intereses empresariales y se rigen por las leyes del mercado, la libertad de expresión debe garantizar que la opinión pública tenga la información que necesita, y si los medios solamente siguen los dictados del mercado, pueden llegar a no proveer información ecuánime. “Dicho de otro modo, la libertad empresarial puede llegar a interferir en el derecho ciudadano a contar con toda la información adecuada.” “Por otro lado, esto no quiere decir que el poder político –se refiere expresamente a nuestra Presidenta- tenga razón cuando acusa a los medios de no estar cumpliendo con su deber de informar de manera ecuánime. Lo que digo es que esto puede suceder, aunque, en mi opinión, lo que sucede, en general, con los ataques de los presidentes a la prensa es que buscan chivos expiatorios cómo no sucede únicamente en la Argentina.”

Piensa que en el debate sobre la llamada “censura gerencial” ejercida por los medios, el Estado la invoque como excusa para silenciar las críticas y frente a tal posibilidad destaca la “importancia de que sean los jueces quienes controlen si el Estado actúa como amigo ó como enemigo de la libertad de prensa.”

Me parece que una lectura de Fiss nos suministra algunos argumentos interesantes, que comparto plenamente, para poder entender mejor el complejo problema que gira en torno a  la libertad de prensa y los medios de comunicación.-