EL EXTREMISMO DEL “TEA PARTY” Y LA MANIPULACIÓN DE OBAMA

EL EXTREMISMO DEL “TEA PARTY” Y LA MANIPULACIÓN DE OBAMA

Estos últimos diez días hemos presenciado una nueva crisis política en la mayor potencia mundial, que si no resuelve podría traer catastróficas consecuencias a la economía global. Creer que Estados Unidos no llegue a un acuerdo sobre la financiación del Gobierno Federal y el techo de la deuda, sería como arriesgado. A lo último, seguramente veremos un acuerdo. Pero esta nueva crisis, desnuda nuevamente la polarización política que está viviendo la potencia del norte. ¿De quién es la culpa de toda esta situación? De todos los actores políticos involucrados, tanto el Tea Party como el mismo Presidente Obama. Voy a tratar de analizar e ir más allá de los que los medios de comunicación y periodistas comunican (dependiendo de la posición editorial de estos), o como los que los políticos quieren que la opinión pública crea. Fuera de los Estados Unidos se entiende muy poco, y generalmente se informa muy mal sobre lo que está pasando. En parte por desconocimiento, en parte, porque los titulares son mas importante que el análisis y en parte por pre-conceptos. Lo cierto es que hoy por hoy, como dijo el Juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, Antonin Scalia, son “tiempos desagradables” en Washington.

Para comprender porque Estados Unidos va de crisis política a crisis política, hay que entender primero a los actores. El actor más importante que desató este “shotdown” y está poniendo a todos los nervios de punta en Washington sobre la negociación del techo de la deuda para que el país honre sus obligaciones, es el Tea Party. Nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo hoy con algunas tácticas de este grupo. Pero ¿qué es el Tea Party? La versión de la izquierda americana, es que son un grupo de “cuasi” terroristas, derechoso, que odian a los pobres, racistas, que defienden los intereses de los ricos, y quieren destruir a la “buena” administración de Obama y con ello, a todo los Estados Unidos. Según estos, Obama hubiera hecho el paraíso en la Tierra, si no fuera por el extremista Tea Party. Bueno, la realidad está lejos de ser así.  El Tea Party fue, mal que le pese al progresismo americano, el único movimiento realmente popular de los últimos años en Estados Unidos. Surgió en los primeros meses del 2009 en respuesta a  la Ley de Estabilización Económica de Urgencia de 2008, firmada el 3 de octubre del mismo año por el entonces presidente George W. Bush, y al paquete de estímulo fiscal, la Ley de Reinversión y Recuperación de Estados Unidos de 2009, firmada el 17 de febrero por el presidente Barack Obama. La Ley de Estabilización Económica de Urgencia de 2008, fue una ley propuesta por el Presidente Bush y su secretario del Tesoro Henry Paulson durante la crisis de liquidez de septiembre de 2008, causada por la crisis de las hipotecas subprime. La ley autorizó al Secretario del Tesoro estadounidense a gastar 700 mil millones de dólares de dinero público para la compra de activos basura, especialmente títulos respaldados por hipotecas, a los bancos nacionales para salvarlos de la quiebra. La ley generó una gran intervención del Gobierno Federal para salvar la economía, y evitar una crisis mayor. La Ley de Reinversión y Recuperación de Estados Unidos de 2009 (American Recovery Act o comúnmente llamada “Estimulo”) fue promulgada por el Presidente Obama en 2009 con el fin de estimular la economía y lograr que el país se recuperase de la recesión. Esta ley tenía un costo general de otros 800 mil millones de dólares, pero según La Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO), la ley superó el billón de dólares de costo.

EL Tea Party comenzó a gestarse de la inconformidad y las protestas en contra de los impuestos (principalmente la subida de impuestos propuesto por el Presidente Obama), el rescate bancario y el gasto público interno y externo que empezaron a darse en torno a las elecciones de 2008. Los manifestantes utilizan las redes sociales, entre éstas Facebook, Twitter y MySpace, así como blogs en medios de comunicación de centroderecha y conservadores para promover sus eventos. El Tea Party es un movimiento populista que aboga por el conservadurismo fiscal, el control a un gobierno limitado, las libertades individuales y los valores de la Revolución Americana como el originalísimo constitucional. El Tea Party tiene un fuerte componente de aislacionismo, muy importante en la historia política y social del país. Si bien, es un movimiento político posicionado a la derecha del espectro político estadounidense, el ideario político de los adherentes de Tea Party no es uniforme. En él confluyen diferentes ideologías, en especial las filosofías conservadoras y el liberalismo libertario, pudiéndose encontrar dentro del mismo movimiento desde miembros nacionalistas y religiosos hasta otros de ideas liberales e individualistas. SI bien, no tiene un programa uniforme, hay ciertos puntos básicos, que sus miembros comparten:

  • Que las leyes y el Gobierno Federal se ajuste textualmente a la Constitución de los Estados Unidos. O sea, se adhieren al Originalismo Constitucional en contraposición de la teoría de “Constitución viva”.
  • La demanda de un presupuesto federal equilibrado: comenzar el proceso de enmienda constitucional que exige un presupuesto equilibrado con una mayoría de dos tercios necesaria para cualquier modificación de impuestos.
  • Reducir el déficit.
  • Simplificar el sistema tributario: adoptar un sistema impositivo simple y justo, erradicando el Código de Rentas Internas.
  • Derogación de la Reforma de Salud impulsada por el Presidente Obama, por considerar que empeora el déficit, contribuye al “descontrolado” gasto público, creando problemas a la economía del país, y le otorga demasiado poder le Gobierno Federal.
  • Autorizar la exploración de reservas de energía adicionales para reducir la dependencia estadounidense en fuentes extranjeras de energía y reducir los obstáculos reglamentarios a todas las demás formas de la creación de energía.
  • Proteger el Libre Mercado y la Libre Empresa.
  • Promover la Responsabilidad Cívica.
  • Asegurar la autonomía de los Estados de la Unión, frente al Gobierno Federal.
  • Apoyar la legislación “Right to work” en los Estados, que prohíbe a los gobiernos estatales obligar a los trabajadores a asociarse o pagar una cuota a un sindicato.
  • Reforzar la frontera.
  • Oponerse a la amnistía para los inmigrantes ilegales.

Según un estudio de la consultora Gallup en 2010, los miembros del Tea Party son demográficamente similares, al resto de la población. De acuerdo a  Bloomberg National Poll, el 40 % de sus miembros son mayores de 55 años,  el 76 % son blancos y el 40 % declaran ser “born-again Christians” (a nivel nacional el 75 % de la población es blanca y el 34 % se declara “born-again Christians”). Al mismo tiempo, de acuerdo con la encuesta de Bloomberg National Poll, los adherentes al Tea Party están de acuerdo con el incremento del Gobierno, en algunos casos. Según el Washington Post, en una encuesta de 2010, reveló que el 99 % de los miembros del Tea Party tiene como mayor preocupación la economía. La encuesta del New York Times/CBS News reveló en 2010, que un bajo porcentaje consideraba al Calentamiento Global, como un problema serio (tal es la posición de los extremistas evangélicos que tanto ruido hicieron durante la Presidencia de George W. Bush). Por eso, el Tea Party es un fuerte opositor a la regulación por parte del Gobierno Federal y los Estados a la emisión de dióxido de carbono. Para sus adherentes, las limitaciones por parte del estado solo contribuyen a destruir la economía y puestos de trabajo que se trasladan a países más permisivos. EL Tea Party tiene la idea que el mercado por si solo encontrara la solución a este problema.

El otro interlocutor responsable de estas constantes crisis políticas que azotan a los Estados Unidos, es el Presidente Obama. Obama fue elegido Presidente en las elecciones de 2008 con el 64.9 % de los votos y 365 votos del Colegio Electoral. Asumió en medio de lo que se denominó “La Gran Recesión”, y con el control por el Partido Demócrata, partido del Presidente, de ambas Cámaras del Congreso.  El Presidente Obama representa el ala “socialdemócratas” del liberalismo/progresismo estadounidense. Esto es, está más cerca de lo que se denominó New Left simpatizante a la socialdemocracia europea. O sea, se encuentra en el “ala izquierda” de su partido.

Para que se entienda los conceptos, Estados Unidos es un país liberal desde su fundación. Los conceptos de derechos inalienables e individuales, libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de religión, separación de poderes y gobierno limitado, y libre empresa, son los ideales liberales en que se fundó el país.  De esta concepción se separan las dos corrientes de la política americana: los liberales conservadores (Conservatism) y los liberales progresistas (liberals o  Progressive). Dentro de esta concepción, los conservadores están a la derecha y los liberales/progresistas a la izquierda. Esto no significa que los conservadores son anti-gobierno en todo sentido, ni que los liberales apoyan una firme regulación estatal en la economía. Si bien, el progresismo americano abraza ideales como la justicia social, regulación estatal en sectores de la economía, el desarrollo de una red de protección social, nunca abrazó los ideales de la social-democracia europea. Tanto el progresismo y el conservadurismo son defensores la libre empresa y la economía de mercado. Dicho esto, se puede asegurar que el progresismo americano está a la derecha de la social-democracia.  Entre los años 1950s y 1970s, la política americana abrazó el marco teórico del “Consenso Liberal” (The Liberal Consensus). Pero este marco se quebró, por un lado, bajo la Presidencia de Lyndon Johnson que agrando al Gobierno Federal como ningún otro presidente; y por otro lado el surgimiento del New Left, que abrazó el marxismo (principalmente libertario), el radicalismo y la social-democracia europea. Este movimiento, fue un movimiento principalmente de los estudiantes universitarios, en las universidades más progresistas del país, e impulsados también por académicos de las mismas. El New Left puso en crisis en Consenso Liberal, y con ello, la terrible crisis que sufrió el Partido Demócrata, desde los finales de los años 60, hasta el triunfo de Bill Clinton, ya dentro un nuevo marco teórico. Efectivamente, en palabras del lingüista Naom Chomsky, Richard Nixon (Presidente republicano entre 1968-1973) fue el último presidente realmente keynesiano de los Estados Unidos (el Consenso Liberal había adoptado algunos postulados del keynesianismo). Después de la crisis del Estados de Bienestar Keynesiano en los años 70s, Estados Unidos adopto un nuevo marco teórico, un “Consenso Conservador” o “Era Reagan”, que dio solución a los problemas que enfrentaba el país.  La “Era Reagan” duró hasta el triunfo de Barak Obama como Presidente. Obama, abogado, organizador comunitario, fue visto por la vieja tropa del New Left, como un verdadero socialdemócrata que transformaría Estados Unidos y terminaría con la “Era Reagan”. Efectivamente, muchos de sus discursos y propuestas en su carrera política hablan de su posición socialdemócrata. Obama es visto por los americanos como una de los presidentes más progresistas de la historia. Dentro del espectro político estadounidense, el Presidente Obama está a la izquierda del Bill Clinton. Si bien en el transcurso de su administración la realidad le ha demostrado que debía tener posiciones más moderadas o centristas para tener el apoyo de los estadounidenses y poder ser reelecto, esto no niega su concepción política. Recordemos que el Presidente Obama fue reelegido por el 51 % de los voto contra el 47.2 % de su contrincante MItt Romney.

Por último, para terminar de comprender la posición ideológica del Presidente. Obama tuve una gran aceptación en la población menor de 30 años (los jóvenes de 18 a 29 años). Obama obtuvo en el 2008 el 66 % del voto de ese sector social (en las elecciones de 2012 ese porcentaje retrocedió al 60 %). Según una encuesta de Rasmussen Report en el 2010 y del Pew Research Center, el 44 % de los estadounidenses menores de 30 años, en contraposición de sus mayores, tiene una visión favorable del socialismo, entendiendo como socialismo a la socialdemocracia europea, no entendiéndolo en el desarrollo del pensamiento marxista. Es interesante este dato. Recordemos que el New Left, surgió como un movimiento universitario estudiantil y apoyado por académicos de las universidades más progresistas del país. Muchos jóvenes del New Left, continuaron sus trabajos profesionales y académicos en las universidades donde surgió el movimiento. Por eso no es de asombrarse ver profesores que adhieren a esa posición ideológica en universidades como Berkeley. Gracias a youtube y las nuevas redes sociales, en Estados Unidos es muy común ver video de clases donde profesores universitarios pertenecientes a esta corriente critican y tratan de estúpidos a todo aquello que sea “conservador” o del Partido Republicano. Muchos grupos han acusado a profesores universitarios de “adoctrinar” más que enseñar a sus alumnos. No son pocos los que creen, que la contracultura del New Left, y el activismo de los profesores, herederos de este, se desarrolla en la guerra de la hegemonía cultural de Gramsci. La mala noticia para los socialdemócratas y el New Left es que, según de nuevo la encuesta del Pew Research Center, entre los menores de 30 años, el 61 % ve como positivo el Progresismo Americano y el 61 % también tiene una visión positiva del Conservadurismo Americano. Esto quiere decir que la tendencia de la sociedad a futuro, sigue siendo conservar los valores de la construcción política de los Estados Unidos.

Dicho todo esto, y tieniendo en claro la posición de ambos actores, ¿cómo se desencadenaron las recurrentes crisis políticas? Pues bien, al surgimiento del Tea Party, la administración Obama reaccionó con la confrontación. Miembros del gabinete del Presidente, el ala más radical del Partido Demócrata, los militantes de Obama, los medios de comunicación adherentes al Presidente (MNBC, CNN, Washington Post, Mather Jones, The New Republic, Newsweek, CBSNews, etc) comenzaron a utilizar la política “mediática”, acusando a los miembros del Tea Party, como racistas, estúpidos, fascistas, ignorantes, terroristas, y demás calificativos. La reacción del movimiento popular fue la obvia, se hizo más extremista.

Un quiebre en la cuestión fue la aprobación de la Ley reforma de salud, o sea, La Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (comúnmente llamada Obamacare). La reforma de salud es una de las banderas levantadas por el Presidente y es uno de los anhelos del progresismo americano. Obama durante mucho tiempo estuvo a favor de un Seguro Universal Publico, manejado por el Estado, derogando la medicina privada. Una propuesta así, sería imposible que se apruebe en Estados Unidos. Por consiguiente, la administración demócrata comenzó a trabajar en 2009 sobre una reforma de salud que conservase la medicina privada. Cuando Obama asumió la presidencia, el Congreso ya estaba hace algunos años trabajando en una propuesta bipartidista de reforma de salud. El Presidente envió su propuesta de reforma, en secreto, a los legisladores demócratas que conservaban amabas cámaras. No se permitió que los ciudadanos ni los legisladores republicanos accediesen al proyecto de ley. En julio de 2009 una serie de proyectos de ley fueron aprobados por las comisiones de la Cámara de Representantes. Durante el receso parlamentario de agosto, muchos legisladores visitaron sus distritos y mantuvieron reuniones a nivel local para solicitar la opinión pública sobre las propuestas. Durante el receso de verano, las protestas organizadas por el Tea Party y muchos grupos conservadores apuntaron contra las reuniones locales para hacer oír su voz de oposición a las reformas propuestas. El Partido Republicano comenzó a vivir su propia crisis política, tal como el Partido Demócrata en los años 70s. Una de las propuestas que se barajaba era el “mandato individual” para la compra de seguros médicos, con subsidio de los Estados o del Gobierno Federal, para que la implementación de una cobertura universal no haga presión a las ya complicadas arcas públicas. Esta idea, era basar la reforma en la Ley de Salud de Massachusetts, promulgada en 2006 por el gobernador republicano Mitt Romney. La idea  del mandato individual es para los miembros del Tea Party, y para la mayoría de los ciudadanos americanos (las encuestas hablan de un 70 % en 2013) una intromisión demasiado grande del Gobierno en las vidas de los ciudadanos. La consecuencia de los Town Hall Meeting (las reuniones a nivel local entre los legisladores y los ciudadanos) fue que muchos republicanos, que antes apoyaban el mandato individual, comenzasen a oponerse. El Senado aprobó el proyecto de ley enviado por la Casa Blanca, echando a tierra cualquier propuesta bipartidista. La Cámara de Representantes, también dominada por los demócratas comenzó a proponer cambios en la ley para su aprobación. Esto enfureció a la Presidente de la Cámara, Nancy Pelosi (demócrata por California) que exigió a la bancada de su partido que aprobase la ley tal cual había sido aprobada por el Senado. En medio de todo esto, los demócratas comenzaron a tener malas noticias. “El León del Senado”, Ted Kennedy, fallece el 29 de agosto de 2009, dejando al Senado sin la mayoría especial que necesitaba, tal como el reglamento legislativo requiere, para pasar las leyes sin negociar con la oposición. Los demócratas estaban confiados que el Estado de Massachusetts, como los últimos 40 años, elegiría para el Senado un demócrata. No fue lo que sucedió. En las elecciones especiales de 19 de enero de 2010 el republicano Scott Brown ganó la bancada del Senado por Massachusetts, por un margen de 52% a 47% de los votos. Brown, un republicano moderado, que defendía la disciplina fiscal y se oponía a la reforma de salud del Presidente Obama, por considerarla económicamente inviable. Si bien Brown, apoyo al reforma de salud de Massachusetts, consideraba que la propuesta a nivel nacional difería mucho a la de su estado. Brown tuvo un gran apoyo del Tea Party, convirtiéndolo en la primera victoria del movimiento.

La victoria de Brown puso nervioso a la administración Obama, ya que la Cámara de Representantes había aprobado el proyecto enviado por el Senado con reformas; el mismo volvía al Senado, en donde, con la victoria de Brown el partido del Presidente no poseían más la mayoría especial del Senado para aprobar la ley. Es entonces, en ese contexto, que el Presidente del Senado, el demócrata Harry Reid, decidió cambiar las reglas del proceso de sanción de las leyes y tratar el proyecto que vino de la cámara baja conforme al proceso de reconciliación del presupuesto, donde como bien dice la norma, es un procedimiento rápido que es utilizado para reconciliar los distintos proyectos de presupuesto de la Cámara de Representantes y el Senado. El Partido Republicano protestó contra este procedimiento, ya que era ilegitimo. Reid defendió su “jugada” aduciendo que la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible era en realidad un asunto presupuestario. Según las reglas de conciliación presupuestaria del Congreso de los Estados Unidos, el Senado necesita para aprobar una ley, una mayoría simple. Esto es, 51 votos. El Senado aprobó las enmiendas hechas por la Cámara baja por mayoría simple, contando los votos de todos los demócratas y la oposición de los republicanos, mientras que el Partido Republicano denunciaba la ilegalidad del proceso. Los medios de comunicación alineados al Presidente Obama “festejaron” la habilidad de Harry Reid por hacer aprobar la reforma de salud y evitar el bloqueo del Tea Party.

La consecuencia de semejante intransigencia por parte de “los hombres del Presidente”, fue que el Tea Party, adoptara posturas más extremistas y se viera, así mismo, como un movimiento que luchaba contra “la tiranía de Obama”. Por su parte, la sociedad americana acrecentaba su polarización entre los que defendían las políticas del Presidente y entre quienes las reprochaban. El Tea Party comenzó a moverse para derrotar en las primarias de los distritos del Partido Republicano a aquellos legisladores que consideraban “débiles” o “moderados” frente a los demócratas y el Presidente. Consiguieron varios triunfos en las primarias en varios distritos electorales de la “América Profunda”. En las elecciones de medio término del año 2010, el Partido Republicano con el “huracán” Tea Party consiguió para la Cámara de Representantes el 51,7 % de los votos populares (44,827,441 de votos) consiguiendo acceder a 242 bancas, logrando así el control de esa Cámara, mientras que el Partido Demócrata obtuvo el 44,9 % de los votos (38,980,192), accediendo a 193 escaños. En cambio Senado renovó un tercio de la Cámara, como obliga la Constitución. El Partido Republicano obtuvo el 49,4 % de los votos, accediendo a 6 escaños más de los que ya poseía, así controlando en total 47 de las bancas, mientras que los demócratas obtuvieron el 44 % de los votos, perdiendo 6 escaños, conservando solo 51, una mayoría simple.

Obama salió debilitado frente a la elección de medio término, y el Tea Party consideró que era hora de “frenar la agenda socialista” del Presidente; era tiempo de limpiar al Partido Republicano (ya lo habían hecho para las elecciones de 2010) de los moderados. Por su parte los demócratas cerraron filas en torno al Presidente redoblando la apuesta contra el  fanatismo del “Tea Party”. Al haberse realizado el censo en 2010, y tener que reconfigurar los distritos electorales, el Tea Party comenzó a implementar en aquellos estados en que eran fuertes, un fuerte sistema de gerrymandering para asegurarse la mayor cantidad de bancas posibles. El resultado de eso fue que el mapa electoral de los Estados Unidos tiene unos de los sistemas de gerrymandering, más grande de su historia.

Uno de los grandes fracaso de la administración Obama, fue que nunca en todos sus años en la Presidencia, logró aprobar un presupuesto, ni siquiera, cuando su partido dominaba ambas cámaras del Congreso. Los legisladores que respondían al Tea Party, estaban decididos a obligar al Presidente a aceptar un regido presupuesto que redujera el déficit y la deuda, y derogar la Ley de Salud, que consideraban inconstitucional. La negociación de uno y otro lado era incompatible. Por un lado, el Presidente Obama nunca propuso ningún plan para reducir el déficit y la deuda, y lógicamente se negaba a cualquier negociación con respecto a su ley de salud. Los miembros del Tea Party estaban decididos a bloquear cualquier iniciativa presidencial, como así también cualquier aumento del techo de la deuda. El gobierno se continuó financiando con las continuing resolution (CR), al nunca poder tener un presupuesto, lo que generó que cada tanto meses, el Congreso y el Presidente se envolvieran en caluroso y eternos debates que derivaban en crisis políticas y nerviosismos en los mercados. Los moderados de uno y otro partido siempre vieron con preocupación cómo se iba desenvolviendo los acontecimientos. Los demócratas comenzaron a preocuparse de que el Presidente no fuese reelecto en las elecciones de 2012, y los republicanos moderados veían con gran preocupación la crisis interna del partido, y ser ellos victimas del extremismo del Tea Party. De caras a las elecciones, Obama comenzó a tomar posiciones más moderadas, calmando los nerviosismos internos de sus partidarios.

Desde que el Tea Party accedió al Congreso, hasta octubre de 2013, la Cámara de Representantes voto más de 70 veces derogar la Ley de Salud Asequible. Uno ya se pregunta si la “locura” política de este grupo tiene algún límite. Los detractores de la ley recibieron una golpe casi fatal en junio de 2012, cuando la Corte Suprema voto 5 a 4 la constitucionalidad de la Ley de Salud. Una idea contraria al pensamiento del Tea Party. El Tea Party ya poseía una nueva batalla para pelear, la batalla contra el “activismo” de los jueces.

Es interesante analizar que para los miembros del Tea Party, como el resto de los republicanos, Ronald Reagan fue verdadero presidente republicano (la popularidad de Reagan es enorme en Estados Unidos, siendo considerado entre los mejores Presidentes de la historia), pero lo curioso es que viendo la postura del Tea Party, hoy por hoy, es muy probable que Reagan no fuerse aceptado en sus filas.  Reclaman volver a un país, que nunca existió en un punto. Se dicen conservadores y acusan al Partido Republicano de traicionar sus principios. Pero los republicanos nunca fueron libertarios, como muchos adherentes del Tea Party. Uno de los grandes presidentes que dio ese partido fue Eisenhower. Hoy Eisenhower sería odiado por el Tea Party. Lincoln, Eisenhower, Reagan, Bush (ambos), Nixon, Theodore Roosevelt, son grandes nombres del Partido Republicano. Algunos fueron mejores, otros fueron peores. Pero si bien el Tea Party levanta las banderas conservadoras, a veces se hace difícil asociarlos con la historia republicana. El Tea Party muchas veces se muestra más bien libertario que conservador.

A pesar de sus adherentes, en las primarias para las elecciones presidenciales del año 2012, las bases del Partido Republicaron derrotaron a los referentes del Tea Party. Eligieron como candidato a Presidente a un republicano moderado, el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney. Las elecciones de 2012 enfrentaron a Romney, un republicano de centro y a un Obama más centrista. Obama termina siendo reelegido con el 51,1 % de los votos, mientras que Romney consiguió el 47, 2 %. El Presidente perdió 3 millones y medio de votos con respecto al 2008. EL triunfo de Obama no hay que leerlo solamente en la lógica antagónica Tea Party – Obama.  Para el Tea Party, Romney pierde porque no era un “verdadero” conservador. Pero si analizamos los resultados del Congreso en esas elecciones, podemos deducir que el Tea Party, en realidad fue culpable de la derrota. Efectivamente, si bien, los republicanos consiguieron conservar el dominio de la Cámara de Representantes, y los demócratas el Senado, si observamos el voto popular en la Cámara Baja, los republicanos obtuvieron el 47.7 % de los votos (58,541,130), mientras que los demócratas el 48,9 % (59.967.096). Los republicanos perdieron 8 bancas, que ganaron los demócratas. Si bien, el Partido Republicano gano en la gran mayoría de los distritos, están sobrerrepresentados. Esto es así gracias al fuerte gerrymandering impuesto en el año 2010. Es la primera vez en 70 años, que si bien la mayoría de los votos populares fue a un partido, el que conservó la Cámara fue el otro partido. Esto se debe no solo al gerrymandering, sino a que cada representante, representa a un distrito. Y los republicanos ganaron la mayoría de los distritos a lo ancho y largo del país. Mientras que los demócratas solo pudieron ganar los distritos de las grandes urbes. Si bien, con la distribución distritorial anterior, los demócratas no hubieran obtenido la mayoría simple de la cámara baja, estarían más representados y los republicanos tendrían menos escaños. En un punto el sistema balanceó los intereses de los habitantes de las grandes urbes, con los del interior del país. Lo cierto es que el Partido Republicano perdió 4 puntos porcentuales en comparación del 2010. Muchos representantes moderados, ganaron en distritos donde para Presidente triunfó Obama, en cambio el Tea Party es muy popular en las distritos que representan. Así, los representantes del movimiento se aseguraron sus distritos y su banca, mientras que el resto de los republicanos pueden perderlas en manos de los demócratas si el electorado ve intransigente a los miembros del partido. La crisis del GOP siguió acrecentándose.

A principios de 2013 estalló el escándalo del IRS (la agencia recaudadora de impuestos). El escándalo se desarrolló en torno al severo escrutinio sobre la excepción de impuestos contra grupos políticos por parte de la agencia que obedecían a sectores conservadores o adherentes al Tea Party. Si bien más tarde se confirmó que también el IRS había investigado a grupos liberales (como el movimiento Occupy), en su mayor parte los escrutinios desfavorecían a los grupos conservadores. Según el código impositivo de los Estados Unidos (sección 501), ciertas organizaciones no gubernamentales están exentas de pagar impuestos federales por los ingresos. El escrutinio que sometió el IRS a los grupos afines al Partido Republicano, ideologías conservadoras o adherentes al Tea Party, se concentraba en verificar quienes eran los donantes, cuanto se donaba, la utilización de los fondos, entre otros. El escándalo salpico hasta el Presidente, y generó protestas por parte de los miembros del Tea Party y de la Cámara Baja del Congreso e indignación en la opinión pública. Obama aseguro no tener conocimiento de lo que había pasado, y hubo algunas renuncia y cambios de puesto en la administración federal. El FBI sigue con la investigación. En junio de 2013, estalló el escándalo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), por lo cual el gobierno federal había recolectado millones de datos en información sobre números de llamadas o datos de contacto de ciudadanos americanos con extranjeros, durante la mayor parte de la Presidencia de Obama. Para los miembros del Tea Party, y muchos ciudadanos, estos escándalos eran el ejemplo de que el gobierno es demasiado grande y atenta contra las libertades individuales en que se fundó el país.

Obama asumió su segundo mandato con mayor confianza, decidido a recuperar ambas cámaras en el 2014, como así también impulsar una agenda más progresista para el final de su mandato. Por eso, para él es indispensable explotar la lógica de la crisis en el lado republicano a su favor. Los enfrentamientos con el Tea Party continuaron hasta llegar al actual cierre parcial del gobierno. Como expliqué en el ensayo “El cierre del Gobierno de los Estados Unidos”, los miembros del Tea Party decidieron desfinanciar la ley de Salud, para evitar su implementación. La locura de esta lógica, es que, al tratar de hacer eso, los legisladores del Tea Party estaban violando una ley. Con la idea del “fin justifica los medios”, el Tea Party volvió a poner la espalda contra la pared a los otros republicanos y al Presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner. La táctica fue de presión. La idea era presionar al Presidente para que de una vez por todas discuta alguna propuesta de presupuestos que contemplen la reducción del déficit y la deuda. Obviamente el Senado rechazó la medida. Entre idas y venidas, la Cámara de Representantes logró aprobar la financiación de todo el Gobierno Federal, incluyendo la ley de Salud, a cambio de retrasar un años el mandato individual, que obliga  a los habitantes del país a adquirir un seguro médico antes del 1 de enero de 2014, como así también retrasar un año la suba de impuestos de los derivados médicos.  Esta medida es muy popular entre los ciudadanos. El Presidente Obama ya había retrasado gracias a una Orden Ejecutiva, el mandato de las empresas que posean más de 50 empleados, otorgarles seguro médico a los mismos (esta medida no fue tan popular). La propuesta de la Cámara de Representantes era más que justa, y se evitaría el “Shotdown”. Pero Obama tiene los ojos puestos en el 17 de octubre de 2013, día que el Tesoro se queda sin efectivo y Gobierno necesita aumentar el techo de la deuda para poder honrar sus obligaciones. Si Obama negociaba el financiamiento antes del 1 de octubre, no le quedaba margen para negociar el techo de la deuda. Por consiguiente, siendo el líder de su partido, ordenó al Senado demócrata rechazar la propuesta republicana, no negociar y provocar como consecuencia, el cierre parcial del gobierno. Inmediatamente a ocurrir esto, la administración comenzó una campaña mediática para acusar a los republicanos, y al Tea Party de todo lo que estaba pasando, y hablar de lo peligroso y extremista que son sus opositores que ponen en riesgo la fortaleza económica del país con tal de llevar adelante su agenda. Si los demócratas lograban que la mayoría de los estadounidenses le echasen la culpa al GOP sobre el cierre del gobierno, podrían explotar el tema para las elecciones del 2014. La campaña mediática de Obama ya comenzó a “explicar” cuanto avanzaría Estados Unidos, si el Congreso estuviese controlado por los demócratas y aprobarían la agenda del Presidente.

Los analistas aseguran que los republicanos están eligiendo mal sus batallas, y eso es verdad. Pero a los legisladores del Tea Party, no les preocupa esto en lo más mínimo, Ellos, como viene de distritos en que son muy populares, saben que sus banca están aseguradas. Apuestan a la movilización de los más extremistas para las legislativas. En cambio, los moderados, están entre la espada y la pared. Es muy posible, que varios de ellos pierdan las elecciones de 2014 a favor de los demócratas. La presión hacia el Presidente de la Cámara Baja es enorme. Muchos aseguran que con los votos de todos los demócratas y todos los republicanos moderados, el financiamiento del Gobierno Federal y la elevación de la deuda se aprobaría fácilmente. Pero John Boehner se niega a llamar a la votación. Por un lado desea conseguir concesiones de Obama (que tal vez dé algunas) y por otro lado sabe muy bien, que el Tea Party pedirá su cabeza.

Es interesante observar como un movimiento popular, en el desarrollo de los acontecimiento se volvió cada vez más intransigente. La idea utópica de Obama de ser el que transforme a los Estados Unidos bajo su visión del mundo, choca con los principios de la Republica, y crea su propio monstro interno. Obama y sus simpatizantes siempre trataron al Tea Party como el “enemigo” a combatir. Esa intransigencia por parte de Obama tuvo como consecuencia que el Tea Party tomase posturas más extremistas, y generase una crisis política tras otra, llevando al país a ser casi ingobernable. Si la Constitución americana institucionaliza el conflicto para obligar a la negociación entre las diferentes ramas y parte del gobierno, así poder llegar a una solución conjunta, Obama fracaso en ese aspecto. Tal vez, sea porque en realidad, no le interesa llegar a negociar y crea ser el portador de la verdad. El Tea Party surgió como un movimiento popular para dar soluciones a los problemas domésticos, pero terminó siendo un movimiento populista creador de los grandes problemas de los últimos años. El New Left depositó en Obama las esperanzas de terminar la  Era Reagan y construir una socialdemocracia en Estados Unidos. Pero eso “ideal” choca con las concepciones de la gran mayoría de los estadounidenses. Será por eso, que la idea de confrontar y crear un enemigo interno responda a esa necesidad de poder; de controlar el Ejecutivo y el Legislativo, por lo menos, en sus últimos dos años de gobierno. Lo único que podría aspirar ahora Obama es volver a fundar, no ya una socialdemocracia que nunca existía en Estados Unidos, sino un Nuevo Consenso Liberal. Por otro lado el Partido Republicano va a tener que trabajar mucho para superar su crisis interna. Pero no va a desaparecer, como los adherentes del New Left sueñan. Los republicanos gobiernan la mayoría de los Estados, y el 41 % de los americanos se identifica con la ideología conservadora, mientras que el 37 es moderado, y solo el 19 % se considera liberal/progresista (de estos cuantos adhieren a los postulados descendientes del New Leftist, es mucho menor). Es muy posible, que gane quien gane en la presidencia en 2016, tendrá como reto, volver unir a los estadounidenses. Seguramente le será más fácil, ya que uno de los actores de esta etapa de confrontación no estará, que es el Presidente Obama. El otro, con el tiempo se irá desgastando (actualmente ya empezó su desgaste), y terminará desapareciendo cuando se comience a balancear las cuentas públicas. Mientras tanto hasta el 2016, de seguro veremos más crisis política en Estados Unidos.

Acerca de arielesp

Estudiante de Ciencia Política, abocado principalmente en el análisis de la política internacional.

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3 comentarios en «EL EXTREMISMO DEL “TEA PARTY” Y LA MANIPULACIÓN DE OBAMA»

  1. Muy interesante. Y apasionante también. Siempre hay que ser cuidadoso con las comparaciones pero medio que a uno se le escapan los paralelismos de los dedos ¿no?

    1. Gerrymandering es un término de ciencia política referido a una manipulación de las circunscripciones electorales de un territorio, uniéndolas, dividiéndolas o asociándolas, con el objeto de producir un efecto determinado sobre los resultados electorales. Puede ser usado para mejorar o empeorar los resultados de un determinado partido político o grupo étnico, lingüístico, religioso o de clase. Es, por tanto, una técnica destinada a quebrar la imparcialidad de un sistema electoral determinado.

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