El principio de inducción y la clase media

[o_David+Hume+wikipedia+castellanoedinburgh.jpg]

Antes de salir, si uno es previsible, puede prender el televisor y fijarse los valores de temperatura ambiente y de sensación térmica para saber que ponerse. Claramente lo correcto sería enfocarse en la sensación térmica, que es al fin y al cabo el parámetro que más se ajusta a la sensación aparente que las personas sienten en un determinado ambiente.

Para ser mas precisos, también es necesario saber en que zona está calculada esa sensación térmica que observamos en la televisión. Poco servirá la sensación térmica en algún punto de la provincia Buenos Aires si estamos en la ciudad de San Carlos de Bariloche, las distancias son grandes y las condiciones geográficas y atmosféricas son completamente diferentes. Sin embargo, podremos utilizar esa medición mientras estemos en un entorno cercano al punto de medición. Dentro de ese entorno, la sensación térmica se puede inferir utilizando el principio de inducción.

La inducción es una de los principios que nosotros utilizamos con frecuencia a lo largo de nuestra vida. Cuando afirmamos que después de la noche sale el sol, cuando afirmamos que si está nublado con frecuencia llueve, estamos utilizando, quizá sin saberlo, el principio de inducción. En efecto, la totalidad de la ciencia acepta como válido el principio de inducción.

El principio de inducción reza, más o menos,  así: “Si en una gran variedad de condiciones se observa una gran cantidad de A y todos los A observados, sin excepción, poseen la propiedad B, entonces todos los A poseen la propiedad B”.

Es un principio que está basado en la experiencia, en la capacidad de las personas de retener en la memoria durante un tiempo determinado diversos sucesos que ocurren en la vida. Volviendo al ejemplo del sol, si observamos que una vez que el sol se oculta luego vuelve a salir, tal suceso no es suficiente para afirmar que la próxima vez sucederá lo mismo. Sin embargo, luego de observar una gran cantidad de sucesos, podremos afirmar que la próxima vez sucederá lo mismo, que el sol saldrá por la mañana.

Las estadísticas, por ejemplo, utilizan el principio de inducción. Si queremos saber cuantos habitantes de capital fuman, no necesitamos hacer una encuesta sobre todos y cada uno de los seres que habitan la misma. Basta con entrevistar una muestra de habitantes lo suficientemente grande y representativa de la zona, para luego inducir al resto de la población.

Evidentemente, luego de la breve introducción realizada sobre el principio de inducción, se desprende que la misma no es una verdad absoluta, sino una afirmación basada en la experiencia del ser humano que debe ser utilizada cuidadosamente, y que puede fallar. ¿Quien puede afirmar que las manzanas siempre caerán al piso, que el sol siempre sucederá a la noche, que el tiempo siempre irá hacia adelante? Nadie. Simplemente creemos que, debido a la gran cantidad de sucesos observados, estos ocurren de determinada manera.

La inducción en la clase media

Es muy importante saber aplicar correctamente el principio de inducción, para no sacar conclusiones erróneas sobre una hipótesis en particular. Mas en estos tiempos donde las afirmaciones apresuradas y sin un análisis previo son moneda corriente. Algunos ejemplos del principio de inducción utilizado frecuentemente (y aplicados erróneamente) por la clase media:

Hipótesis:

Demostración por inducción:

Este es un ejemplo de inducción mal aplicada. Lo correcto antes de afirmar de manera determinante que el estado de la salud pública es un desastre, sería analizar una muestra importante de hospitales a lo largo y ancho del país y analizar su estado. De lo contrario podemos utilizar estadísticas oficiales o privadas (dependiendo de la confianza que le tengamos a cada una) y afirmar que, en base a tal referencia, la salud es, o no, un desastre.

Hipótesis:

Demostración por inducción:

Otro claro ejemplo de inducción mal aplicada. Uno puede, si asi lo desea, sacar un índice de índice de inflación en un lapso de tiempo analizando los alimentos que consume, utilizando incluso las ponderaciones que el INDEC utiliza. Sin embargo, inducir ese índice, que efectivamente puede ser mayor a lo que marca el INDEC, a toda la población Argentina, es un tanto apresurada.

Podríamos seguir agregando ejemplos y continuaríamos varias páginas mas. La inseguridad, la pobreza, la educación, las drogas, son temas de los que mucha gente habla y saca conclusiones erróneas (o por lo menos apresuradas) por no aplicar correctamente el principio tratado aquí. Sin embargo no es el objeto de esta publicación enumerar todos y cada una de las hipótesis mal demostradas.

El principio de inducción: De la realidad mediática a la realidad del país

Mas interesante aún podría ser la explicación acerca de las raíces de esta cualidad de nuestros tiempos, que nos hace afirmar sentencias de una manera por lo menos apresurada, sin análisis, sin base que fundamente dicha afirmación.

¿Son los medios de comunicación? Es sabida e incluso estudiada la influencia de los medios de comunicación en la opinión pública. ¿Porque no suponer que dichos sujetos comunicacionales manejan a la misma con un determinado fin? No parece una suposición descabellada.

“Ellos” manejan la información, la moldean y nos la entregan. La consumimos para enterarnos de los acontecimientos sociales, políticos, económicos y culturales que se dan en nuestro país, y que de otra manera no nos podríamos enterar. Esta información que nos llega es solamente una ínfima parte de lo que ocurre en nuestra sociedad, y es seleccionada y editada cuidadosamente para ser digerida por el consumidor final.

Los medios pueden de esta manera “atacarnos” con sucesos relacionados a la inseguridad, con sucesos relacionados a la pobreza, con sucesos relacionados a la inflación, etc. Incluso muchos de estos sucesos vienen “ya interpretados” por alguna figura del medio.

El consumidor final digiere toda esta información y arma en base a ella una realidad, una representación mental que el mismo construye en base a su interpretación, (realidad cargada por lo tanto de subjetividad, no solo del emisor, sino también del receptor). Es en el momento de interpretar donde podemos cometer errores. En todo caso podemos preguntarnos:

¿Es válido o no generar una realidad en base a informaciones y opiniones estríctamente seleccionadas y cuidadosamente editadas por “alguien” que no conocemos?

Si podemos realizarnos esta pregunta, la respuesta es sí, ya que sabremos las limitaciones de nuestra realidad que llamaremos mediática, y que no tiene porque ser la realidad del país. A modo de ejemplo, luego de meses y meses de recibir información sobre la inseguridad en nuestro país, podemos decir que en dicha realidad mediática la inseguridad es un gran problema. Inducir esa realidad “mediática” a la realidad de nuestro país requiere de un análisis mas riguroso. Y para ello debemos recurrir a las estadísticas. No existe otra manera.

Las estadísticas son por lo tanto, nuestra única manera de conocer la realidad de nuestro país, y en base a ella sacar conclusiones. Su importancia es decisiva, y por ello se convierte en una herramienta política muy importante. Conocer donde está y que porcentaje de pobreza existe, conocer los índices de desigualdad social, de empleo, de trabajo en negro, de concentración de la tierra, y no sólo en determinado momento, sino también su tasa de variación, es imposible sin un análisis estadístico confiable y bien realizado.

Las estadísticas son nuestra única arma para analizar la realidad mediática e identificar sus intenciones. El estado a través del INDEC muestra sus estadísticas. Que algunos medios de comunicación deseen generar una sensación de desconfianza sobre las estadísticas oficiales, para de esta manera anteponer su realidad ante cualquier otra, mas si dichos medios están políticamente enfrentados con el gobierno, es una suposición fundamentada.

Que el estado quiera manipular los índices oficiales para mostrar otra realidad evidentemente mas favorable a sus intereses, es igualmente posible, y esto mismo se puede aplicar a los organismos privados de estadística.

¿Como construir entonces la realidad de nuestro país? Quizá nunca la sepamos. En todo caso habrá que analizar la mayor cantidad de estadísticas disponibles, estatales, privadas, nacionales e internacionales, comparar y descartar algunas, o promediarlas.

Lo importante es que si llegamos a plantearnos estas dudas, es porque estamos identificando a la realidad “mediática”, la conocemos, sabemos sus limitaciones y su alcance. La diferenciamos de la realidad del país, que puede resultar muy díficil determinar. Estamos pensando, no siendo pensados. Y eso, en un contexto de bombardeo mediático casi insoportable, es muy importante.