Glasnost, Perestroika y la Caída del Muro de… Clarín.

Era un muro alto, extenso y poderoso que separaba a la gente. Su larga, paciente y laboriosa construcción llevó décadas y, como todo lo que es lento y progresivo, su erección pasó casi desapercibida para la mayoría. Cada ladrillo que se colocaba concretaba una etapa; y luego de casi tres décadas el enorme muro comenzó a derrumbarse.
El párrafo anterior se refiere al Muro de Berlín, erigido en medio de la antigua capital del Tercer Reich, pero también puede aplicarse al muro levantado por el Grupo Clarín en medio del público mediático argentino.

La caída del Muro de Berlín (como ahora parece suceder con el de Clarín) fue el corolario de un proceso que comenzó con las reformas conocidas como Glasnost y Perestroika, ya que la apertura de la población comunista hacia el resto del mundo ocasionó la llegada libre de información, algo inconcebible hasta entonces, lo que licuó su poder y finalizó con su derrumbe. Ese acontecimiento histórico, consecuencia lógica de ese proceso y de problemas internos, propios de aquella sociedad, constituyó el símbolo de una nueva era. Para quienes vivían del lado oscuro del muro comenzó el período de descubrimiento de una realidad que ignoraban, la que el poder del estalinismo que había construido el muro no les permitía conocer. Porque la información sesgada que recibían detrás de la cortina de hierro los mantenía obnubilados con el discurso oficial estalinista, el que precisamente estalló ante la avalancha de información antitética que se coló por las fisuras del muro.
La historia muestra que el control de la información brinda poder, y los constructores de ambos muros lo tuvieron muy presente al levantarlos. Como bien señala el historiador León Pomer en Poder Simbólico y Relato de la Historia: “Remotos pensadores ya habían advertido que para dar consistencia al poder y asegurar el equilibrio de la sociedad que lo sustenta era necesaria la conquista plena de las subjetividades. Había que modelarlas, limitando o anulando vuelos propios y razones autónomas. (…) Para el entero apoderamiento de las subjetividades y lograr una adhesión que no debe ser consciente el poder precisa conducir las percepciones, orientar las sensibilidades, imbuir al pensamiento de un instrumental estructurante: categorías lógicas clasificatorias, estereotipos verbales y conceptuales, “verdades” preconcebidas, significaciones y asociaciones emocionales. (…) El universo simbólico es una realidad construida mediante procedimientos que generan una visión de mundo y un sentido de la realidad: naturalizan lo existente. Bourdieu alertaba: “es necesario saber descubrirlo donde menos se deja ver, donde es más completamente ignorado y por lo tanto menos reconocido”; y si ruidoso y omnipresente, deslumbrante a veces, en esencia “es un poder invisible que sólo puede ser ejercido con la complicidad de aquellos que no quieren saber que le están subordinados o que lo ejercen” Me permito agregar: no saben que no quieren saber. (…) Lo notable del poder simbólico, su enorme contrasentido, su deslumbrante si que siniestra paradoja, reside en que su reproducción, no por cierto su gestación, está confiado a sus víctimas, encargadas de vehicularlo y consumirlo. Sometidos y dominados son quienes tienen en sus manos (en verdad en su cerebro) las armas del sometimiento contra sí mismos y contra su autonomía de pensamiento”.

La misma carencia de información completa padecen quienes estaban o están aún bajo la hegemonía del discurso oficial clarinista (de estilo estalinista), construido en estos últimos años y sustentado tras el muro del Grupo Clarín y sus socios circunstanciales, como trataremos de mostrar más adelante.
Para comenzar con las coincidencias repasemos primero qué significa cada término:

Glásnost y Perestroika
La glásnost (En ruso гласность, apertura, transparencia o franqueza) se conoce como una política que se llevó a cabo a la par de la perestroika el líder del momento Mijaíl Gorbachov, desde 1985 hasta 1991 En comparación con la perestroika que se ocupaba de la reestructuración económica de la Unión Soviética, la glásnost se concentraba en liberalizar el sistema político. En esta se estipulaban libertades para que los medios de comunicación tuvieran mayor confianza para criticar al gobierno. El objetivo mas expreso de la glásnost era crear un debate interno entre los ciudadanos soviéticos, y alentar una actitud positiva y entusiasmo hacia las reformas que se encaraban.
La meta de Gorbachov con la glásnost era en parte ejercer presión sobre los conservadores del Partido Comunista que se oponían a la perestroika.
La relajación del control gubernamental causó que el Partido Comunista perdiera influjo sobre los medios de comunicación. Pronto los medios masivos comenzaron a mostrar ante el público soviético serios problemas sociales y económicos que el Kremlin había negado o minimizado históricamente,
Este proceso tuvo lugar bajo la bandera de la perestroika (en ruso, reestructuración), que introdujo un mercado libre limitado y la descentralización de la economía nacional (…) Así, mientras que la perestroika se ocupaba de la reestructuración económica de la Unión Soviética, la glásnost pretendía atenuar las políticas restrictivas que impedían la libertad de expresión y la libre circulación de las ideas. Se cuestionaron los errores del estalinismo y de la historia de la URSS, se inició la libertad de prensa, el pluralismo político y la transparencia informativa.

Muro de Berlín
El Muro de Berlín (en alemán Berliner Mauer), denominado oficialmente «Muro de Protección Antifascista» (Antifaschistischer Schutzwall) por la socialista República Democrática Alemana – RDA (Deutsche Demokratische Republik – DDR) (…) fue parte de las fronteras interalemanas desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 y separó a la República Federal Alemana de la República Democrática Alemana hasta ese año.
El bloque oriental dominado por los Soviéticos oficialmente sostenía que el muro fue levantado para proteger a su población de elementos fascistas que conspiraban para evitar “la voluntad popular”.
Fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la separación de Alemania. El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, al viernes, 10 de noviembre de 1989, 28 años después de su construcción. La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de die Wende (El Cambio), fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la ex-RDA .
El 9 de noviembre, los propios ciudadanos berlineses empezaron la destrucción del muro con todos los medios a su disposición (picos, martillos, etc.).

Ahora bien, ¿cómo es que podemos afirmar que existe un muro clarinista similar al estalinista? Obviamente, no son iguales, tanto porque uno es un cerco físico y el otro es un cerco mediático, además de que a uno el poder político dictatorial lo construyó para encerrar a su población y el otro el poder real lo levantó en democracia para aislar informativamente a su público cautivo. Pero de la misma manera que el de Berlín (la “Cortina de Hierro”, como la bautizó Winston Churchill) incomunicaba a los alemanes del Este con lo que sucedía en el resto del mundo, el muro mediático fabricado por el Grupo Clarín y sus aliados tapa, veda o ignora ciertas noticias y sesga otras para quienes se encuentran afectados por la “Cortina de Humo” levantada por sus múltiples medios de difusión.

De esta manera, tanto los alemanes detrás del muro estalinista como los argentinos detrás del muro clarinista vieron reducida su capacidad de recepción de noticias o información sobre la realidad en la que vivían, vieron progresivamente modificado su universo simbólico y su sentido de la realidad del país, (en el caso de Clarín, ya más desembozadamente en estos últimos años). Pasemos ahora a analizar algunos casos que evidencian lo expuesto:

Para quienes se encuentran dentro de la cortina de humo clarinista, el gobierno actual se parece a “una dictadura”, “no vivimos en una democracia”, en Argentina “no se respeta la libertad de prensa”, el triunfo de Cristina Fernández en las elecciones del año pasado “fue sorpresivo” y quizás por eso mismo hasta “sospechoso”, y lo mismo pasó con “el triunfo del dictador Chavez” en Venezuela este año. Dentro de esa nube mediática está establecido que la “polémica” Ley de Medios Audiovisuales (la “Ley de Medios K” para el discurso oficial del grupo) está diseñada sólo para destruir a Clarín”, y con el fin último de “limitar la libertad de prensa” o armar un “monopolio gubernamental de medios”. Estas premisas, dadas por ciertas por los clientes, usuarios, espectadores, oyentes o abonados a las empresas de ese grupo de medios hegemónicos, pueden evidenciarse en cualquier diálogo o discusión con ellos; y las mismas se vieron reflejadas multitudinariamente en los famosos piquetes-cacerolazos “espontáneos” de este año.

Pero, ¿es tan así como lo creen los que están detrás de ese muro? ¿O sólo se trata de “otro ladrillo en la pared” (Roger Waters dixit)?
Ahora sí, pasemos a ratificar o rectificar cada una de esas premisas y veremos si el “Muro de Clarín” existe o es una mera construcción dialéctica de este humilde bloguero.

* Según los medios detrás del Muro de Clarín, el gobierno actual es una dictadura.
Sin embargo, si analizamos fríamente, desapasionadamente esta afirmación o si comparamos esta época con cualquiera de las anteriores de nuestro país veremos de inmediato su liviandad o falacia. (En caso de duda podemos repasar qué es verdaderamente una dictadura aquí o qué es una democracia aquí.)

* Según los medios detrás del Muro de Clarín, la libertad de prensa en Argentina peligra o está restringida como nunca.
Sin embargo, la organización Periodistas Sin Fronteras afirmó el año pasado lo contrario, colocando a la Argentina al tope del ranking de Latinoamérica, y en el mismo escalafón de los EE.UU., Gran Bretaña, Francia, España y Australia. Y por encima de Brasil, Chile, Colombia, México, Rusia o Italia, como consignamos aquí.
O como se puede verificar claramente repasando (sin prejuicios) todos los canales de TV, las radios o leyendo los diarios y revistas cualquier día del año. Ante cualquier duda, se puede comparar la situación actual con los años anteriores aquí.
O se puede comprobar qué hay detrás de estas falsas acusaciones del “periodismo independiente” aquí.
O se puede verificar la amplia libertad de prensa que existe en nuestro país aquí.

El respeto a la libertad de expresión en nuestro país lo confirman además las organizaciones no gubernamentales pero no empresarias que monitorean la libertad de prensa en el mundo. Las opiniones de tres de ellas se resumen así:
Freedom House, Reporteros Sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), emitieron en septiembre informes sobre el estado de la libertad de expresión, que incluyeron referencias hacia la Argentina.
Freedom House es una organización estadounidense caracterizada políticamente como conservadora, que monitorea el estado de diversos derechos, entre otros el de libertad de expresión. En su informe, presentado la semana pasada, focalizó la libertad de prensa en la web. En tanto, RSF es una ONG internacional con sede en París, Francia y todos los años difunde su monitor sobre libertad de expresión. El CPJ también tiene difusión global, pero tiene sede en Estados Unidos y su reporte tuvo como único eje a lo que ocurre en nuestro país.
El informe de libertad en la web de Freedom House incluyó a seis países de América: Argentina, Brasil, Cuba, México, Venezuela y Estados Unidos.
Nuestro país está catalogado en la categoría “Libre”, la misma que la organización utilizó para Estados Unidos y Brasil.

El informe anual de Reporteros Sin Fronteras llamado “Libertad de prensa en el mundo” afirma sobre América: “La ola de protestas mundial del año 2011 también atravesó el Nuevo Mundo. Ésta, hizo descender en la clasificación a Estados Unidos (47º lugar) y a Chile (80º), que perdieron 27 y 47 posiciones, respectivamente. En estos países los periodistas pagaron su cuota por la represión –o los disturbios– de los movimientos de protesta”.
A nuestro país le dedica apenas una línea, en la que señala que “Argentina mantiene un buen sitio (47º)” y asegura que “el año 2011 será recordado por los claros retrocesos de dos países: Brasil (que descendió 41 lugares y ahora ocupa el 99º) y Paraguay (bajó 26, ocupa el 80º). Esta vez, la inseguridad es la razón de tal evolución”.
En el mapa de libertad de prensa, RSF califica a la Argentina como “situación satisfactoria”, categoría que sólo comparte –en América Latina- con Uruguay. No así Brasil y Chile, que fueron ubicados en la categoría “problemas sensibles”.

Por último, el informe del CPJ tiene un formato más cercano a la nota periodística y de hecho lleva la firma de su investigadora Sara Rafsky. Lleva como título “En la confrontación entre el gobierno argentino y la prensa, pierde el periodismo” y el eje del texto es la pulseada entre la Casa Rosada y el Grupo Clarín.
Por otro lado, muchos creen que Clarín tiene demasiado poder y que utiliza su enorme red de medios para impulsar sus intereses comerciales particulares”.
Sobre el final y luego de recorrer otros. temas polémicos como la Ley de Medios y el caso Papel Prensa, el informe destaca: “Un factor importante en la óptica de los periodistas argentinos -factor que diferencia al país de otros de Latinoamérica donde la prensa es asediada por gobiernos con poca tolerancia a la crítica- es la independencia de su poder judicial. Como lo muestra la decisión en el caso de la Editorial Perfil, los jueces no tienen miedo de fallar en contra de la Casa Rosada”.
Nota completa

* Según los medios detrás del Muro de Clarín, el triunfo de Cristina Fernández en las elecciones del año pasado fue una sorpresa.
Sin embargo, un análisis “objetivo” e “independiente” previo a las elecciones ya anticipaba el resultado final, en cambio los medios hegemónicos intentaron fijar en la sociedad la “sensación térmica” contraria, como analizamos aquí.

* Según los medios detrás del Muro de Clarín, el triunfo de Chávez en Venezuela fue una sorpresa, y ellos venían anunciando la casi segura derrota del “dictador” Chávez y su “desprestigiada” revolución bolivariana, (lo que anunciaba el giro copernicano sudamericano hacia la democracia que hería de muerte al kirchnerismo -y así lo sugerían en sus medios-).
Sin embargo, la mayoría de los medios internacionales daban por muy probable un nuevo triunfo chavista, aunque más recortado que los anteriores, basándose en que las encuestas pronosticaban mayoritariamente un nuevo mandato de Chávez, como se señala aquí.

* Según los medios detrás del Muro de Clarín el gobierno mantiene una embestida contra el Grupo Clarín para destruirlo y así limitar las voces opositoras en el país.
Sin embargo, hoy ya pocos dudan de que Clarín no es “independiente” del poder sino parte del mismo, y que la línea editorial de sus cientos de medios es netamente opositora, y desde hace unos años desembozadamente antikirchnerista a ultranza. Hasta los mismos gobiernos de los EE.UU. consideran al Grupo Clarín como lobista, desinformador y desestabilizador de gobiernos, como consignamos aquí.

* Según los medios detrás del Muro de Clarín, a famosa Ley de Medios Audiovisuales (la “Ley de Medios K” para ellos) está destinada sólo a destruir a Clarín y perjudicar la libertad de prensa en el país.
Sin embargo, si analizamos el texto de la ley 26.522 y la situación real del espectro de medios audiovisuales argentino, veremos que la misma viene a solucionar el enorme nivel de concentración existente en los medios nacionales, el que perjudica precisamente la libertad de expresión e información de la población. Porque en Argentina existen “2.500 empresas que tienen 4.500 licencias, menos de dos cada uno. Después hay 25 grupos que tienen 250 licencias, que no cumplen con la ley por otros motivos, por ejemplo se exceden del 35% del mercado. Y hay un grupo que tiene 250 licencias y un porcentaje del mercado mucho mayor la 35%. Pero hay una diferencia: los 25 que tienen 250 licencias reconocen la ley y al Afsca, en cambio el que tiene 250, el Grupo Clarín, no.
Y tampoco es el Grupo Clarín el único que debe adecuar su plantilla de medios audiovisuales a la ley, sino todos los que exceden lo permitido por la ley.
Además, al igual que “las regulaciones en Estados Unidos o Europa, la Ley 26.522 no considera la información y el acceso a bienes culturales como una simple transacción comercial. Por eso sigue vigente en EE.UU. la prohibición al periódico local de poseer el canal de televisión en la misma ciudad, y un conjunto de restricciones en la estructura horizontal y vertical de las corporaciones, además de los límites a la concentración del cable en el mismo porcentaje (35%) que en la Argentina”.
Incluso la jueza Elena Highton de Nolasco, miembro de la Suprema Corte de Justicia, ratifica lo que señalamos y que, además, la ley de Medios Audiovisuales no tiene nada que ver con la libertad de prensa:
“-¿Usted cree que está en riesgo la libertad de expresión en la Argentina en esta puja Gobierno-Clarín?
-No, no creo que esté en riesgo la libertad de expresión, y francamente la libertad de expresión no está mencionada en el expediente ni en nuestra resolución; se mencionan otros derechos, pero no la libertad de expresión.
-Independientemente de lo que dice el fallo, ¿usted cree que en Argentina está en riesgo la libertad de expresión?

-No veo como un riesgo la libertad de expresión, porque ustedes hablan de la libertad de expresión. En este expediente (Clarín) no está en juego la libertad de expresión.”

Pero no sólo en Argentina desmienten esas afirmaciones que se vierten detrás del Muro de Clarín, sino que a nivel mundial lo hacen, ya que el relator especial de Naciones Unidas para la Libertad de Opinión y de Expresión dijo que “acabo de poner de modelo en el consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra” y que “Argentina es un modelo para el continente y un modelo también para otras regiones del mundo”, y defiende “el combate de monopolios y eso es parte de sus leyes económicas. Y en el combate de los monopolios incluye los monopolios de los medios de comunicación. O sea, ningún monopolio debe existir y especialmente los monopolios de los medios de comunicación porque eso inhibe y rompe la libre competencia del mercado.
Incluso periodistas que ahora pertenecen al Grupo, como Chiche Gelblung y Jorge Lanata, apoyaron en su momento públicamente la ley.
(Para más datos sobre estas afirmaciones ver la entrada ¿Los miedos al 7D vienen en 3D o en HD? ¿Es la Ley de Medios o la “Ley de Miedos”?  en mi blog)
Tampoco es correcto llamar a la ley 26.522  “Ley de Medios K”, ya que la redacción final de la misma es producto de un largo proceso y un amplio debate de la sociedad toda, y fue votada por muchos partidos políticos: el proyecto de ley “fue apoyado por partidos de centroizquierda (Nuevo Encuentro, Proyecto Sur, Partido Socialista), radios comunitarias, todas las universidades nacionales, los sindicatos, organizaciones de derechos humanos, la ONU y organizaciones nacionales e internacionales de periodistas y trabajadores de prensa.
Los votos positivos provinieron del bloque oficialista Frente para la Victoria-Partido Justicialista, y varios bloques opositores como el Partido Socialista, Encuentro Popular y Social (sabatellismo), Solidaridad e Igualdad (SI), Partido Nuevo Contra la Corrupción (juecismo), el interbloque Partido de la Concertación/FORJA, el Frente Cívico por Santiago y Proyecto Sur, entre otros”.
Y, además, “en una larga sesión que se extendió por aproximadamente veinte horas el Senado de la Nación convirtió en ley el proyecto. El texto fue aprobado en general con 44 votos a favor y 24 en contra“.
Nota completa

Como hemos visto, muchas de las repetidas noticias sobre cuestiones fundamentales emitidas por el grupo de medios hegemónicos detrás del “Muro de Clarín” no soportan la mera contrastación con la realidad. Pero estas mentiras o verdades a medias son efectivas para construir una cortina de humo que nuble la vista, sesgue el entendimiento y lleve a formar opiniones carentes de sustento: erróneas. Viene bien a cuento para caracterizar el método utilizado detrás del Muro de Clarín, la afirmación de Jean Cocteau: “Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad”.

Quizás lo más conveniente para todos en estos tiempos de Glasnost argentina es actuar como se haría al enfrentar un diagnóstico médico complicado: apelar al beneficio de la duda y realizar una interconsulta con otro médico; es decir, pedir una segunda opinión. Esto vale tanto para quienes se encuentran detrás de la cortina de humo clarinista como para cualquier ciudadano que quiera estar informado. Debemos evitar así el microclima que puede formarse en mayor o menor medida si no contrastamos lo que los medios hegemónicos divulgan con segundas versiones sobre los hechos. Porque el saludable derrumbe de estos muros depende, además de la tarea fundamental de los Gorbachovs, en gran medida de la voluntad de los mismos damnificados, y para eso casi siempre la duda es una buena consejera…

(Un análisis más extenso sobre la metodología de tergiversación de la realidad utilizada detrás del Muro de Clarín puede encontrarse en la entrada de mi blog ¿Es correcto decir que Clarín miente? No.)