Incompatibles

En su último libro, Historia de las dictaduras argentinas, Alejandro Horowicz intenta probar que, en realidad, el hecho de la recuperación institucional de 1983 no implicó per se el final de la dictadura, en tanto sus basamentos programáticos permanecieron intocados hasta la crisis del bienio ‘01/’02.

En 1983, dice el autor, se cambió gobierno y método de designación institucional, pero en cuanto a programa todo siguió siendo lo mismo que era desde 1976: subordinación total de cualquier intención política alternativa a los límites del marco impuesto por la obligación de pago de intereses de la deuda externa. Alfonsín y sus sucesores, dice el autor, no alteraron nada a esos respectos en tanto el mandato que los consagró nunca fue más allá del deseo de “vivir en paz”.
Los Kirchner fueron y siguen siendo, a esos respectos, una disrupción histórica. La paz post dictatorial, consideraciones subjetivos acerca del programa de gobierno kirchnerista al margen, estalló, definitivamente. Si bien puede contraargumentarse que también desde 2003 han ganado mucho dinero, y quizá más, los que fueran beneficiarios del programa económico del Proceso, nadie podría negar que el comando político cambió.
Cuando decimos que el kirchnerismo ha desacoplado el gobierno de la economía de las lógicas impuestas por el mercado, en términos políticos estamos hablando de una revolución conceptual enorme. La definición elaborada por el artículo 1º de la ley de hidrocarburos que dispuso la reestatización de YPF es un ejemplo de ello: la política en la materia deja de fijar sus objetivos según dispone la tensión oferta/demanda para pasar a regirse atento a necesidades más ampliamente consideradas, en cuyo marco está considerada la rentabilidad social.
La expresión adversa al oficialismo manifestada hace poco no discute la mejora del nivel de vida de determinadas franjas ciudadanas, sino que es la manifestación de sectores que políticamente fueron formateados políticamente en la no posibilidad de discusión programática, cuya reversión trae lógicas fricciones por intereses e incomodidades ciudadanas para con algo a lo que no acostumbraban.
Cuando se discurre acerca de la crispación y el clima de enfrentamientos supuestamente promovido por el kirchnerismo, de lo que se trata es de su abandono del marco que se preveía posible para la política partidocrática de gobierno.
Lo que se conoce como ‘la gente’, lo dicen ellos mismos, no aspiran más que a ‘vivir en paz’. Y el actual curso de la vida nacional hace de esa aspiración in imposible.
Por decirlo de modo sencillo: al actual gobierno no se lo crítica por haber aniquilado márgenes de ganancia, lo que no ocurrió, sino porque pretende definirlos. Es filosófico, y, con parecer poco, resultó ser una enormidad.