Juancito Pinto y la estocada final

Mucho se ha discutido sobre “la solución” al conflicto. Solucionar, sabemos, no siempre implica ceder ante las partes demandantes. Solucionar puede implicar, por ejemplo, un golpe de agenda: que se muera Tinelli, graficaron por aquí. En estos momentos, si el conductor goza de buena salud, la posibilidad de que el tema deje de tratarse parece lejana: no se notan esfuerzos en ese sentido, y, aunque existiesen, no será de un día para otro que “el campo” deje de ganar lugares en la primera plana. Los productores “se desvirgaron”: le encontraron el gustito a las rutas. Las bases desbordan a la dirigencia, y es una clave del conflicto: el carácter basista de una organización, siempre, expande el maximalismo de las reivindicaciones. A esta altura, en este nivel de expresión del conflicto, la solución más viable parece ser un golpe de agenda, pero dentro del mismo conflicto. Que se empiece a discutir otra cosa sobre la misma cosa. Hasta ahora, esa parece la estrategia del Gobierno ante cada argumento del campo, pero la estocada final implicaría movilizar recursos institucionales y políticos que hasta ahora parecen congelados.

Cuando el campo alumbró el conflicto por las retenciones en el plano de “no meter a todos en la misma bolsa”, la “opinión pública” reaccionó favorablemente: ese era, para TN, el “paro histórico”. Fue el momento, incluso, en que sectores de una izquierda inexplicable vislumbraron en el horizonte las secuelas de aquél 2001 y, entusiasmados por la revolución agraria que doblaba a la esquina, quedaron pegados en la confusión de confundir a Mao con De Ángelis. Así les va. El Estado, entonces, reaccionó a la toma de postura y tomó la propia -y parte del costo político que está pagando se lo debe a la reacción de los liberales que descubrieron, tarde, que el Estado toma posturas. En el registro para las compensaciones que abrió el Gobierno no se anotó nadie. El campo rechazaba las medidas fundado en que anteriormente los habían estafado, que todavía algunos productores esperan las devoluciones por el trigo. La política implementada redoblaba la apuesta, el Estado articulaba una nueva posición: blanqueen a los empleados y declaren TODAS las hectáreas que siembran para entrar en el registro, entonces se los compensa. Se reestructuran las retenciones, pero la pelota queda del lado del campo.

Y el campo la patea afuera, cambia el estadio, el partido, el juego: el problema no son las retenciones actuales, con las que estamos de acuerdo, aseguran. El problema es que ésto desalienta la inversión a futuro, dicen. El fantasma del precio máximo ronda las asambleas. Ahora el argumento clave era la previsibilidad, el futuro: a este precio, podemos vivir. Pero si el precio de la soja sube, la “confiscación” -término que impusimos desde el principio- va a ser una realidad. Estamos protestando por el futuro, aseguran, por nuestras inversiones de acá a dos años.

¿Qué pasa si el Gobierno revisa los precios máximos? La lucha agraria por los mercados futuros se vuelve a presentar como una falacia. Los argumentos que quedan son pocos. En lo concreto, casi nada. Algunas nociones vagas, entre las que se encuentra el punto débil, el lugar definitivo para dar esa estocada final: la redistribución. Desde un principio, “el campo” aseguró que, si la plata iba para redistribución, que se lleven el 80, el 90, que se lleven todos porque ellos también son el pueblo. Que no les molesta la confiscación, no por favor, pero que usen bien esa plata. Y como no los convence que eso vaya a ser así, mejor se la quedan ellos, y que los pobres esperen el derrame, que en un ratito llega -aunque la copa parezca cada vez más grande y nunca se llena.

Me parece el momento exacto para Juancito Pinto. Cuando Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos, los primeros beneficiados no fueron las reservas nacionales, el superávit o el mantenimiento del dólar alto (aunque lo hayan sido o no). Que, seguramente, son necesarias desde un punto de vista técnico, no hay dudas. Pero gobernar también implica hacer agenda, legitimar las acciones. Estratégicamente, un bono como el Juancito Pinto que saca de las utilidades de los hidrocarburos para darle a los escolares bolivianos, es una forma de salir a discutir en otros términos: otra cosa, en la misma cosa. Con un beneficio visible, material y concreto, me pregunto cuántos se animarían a discutir la capacidad legítima del Estado para extraer recursos de los sectores productivos que se benefician de los servicios estatales. Si se sigue discutiendo, con Juancito Pinto en escena, habrá que ver, entonces, la verdadera naturaleza del conflicto como una protesta por la rentabilidad y la ganancia individual. Y es, políticamente, el mejor escenario que el Gobierno puede esperar.

12 Comments on “Juancito Pinto y la estocada final”

  1. Sí, claro que sí. Y, como dijo anoche Wainfeld, que concrete la sentencia de la Corte sobre movilidad de las jubilaciones. Vamos a ver entonces dónde los de “El Campo” tienen que meterse sus 4 x 4 y sus mates al costado de la ruta. ¿Miedo de parecer populista, clientelista? Si de todos modos le van a seguir dando con un caño, que le meta para adelante, con esa vocación por las decisiones sorpresivas e inconsultas que tanto le critican o elogian a NK. Por un lado, ganaría respaldo donde más importa, por abajo, y por el otro haría realmente algo en pos de la redistribución del ingreso. Basta de ocuparse del campo, ahora a ponerse de acuerdo con sus propios discursos. ¿Quiere el gobierno hacerlo? Hmmm. Lo que quieren los otros, ya lo sabemos.

  2. Estoy de acuerdo con esas dos medidas, me parecen básicas y agregaría otra que también propuso Mario Wanfield y es la convocatoria al Consejo Federal Agropecuario, como forma de abrir la cancha y participar a otros actores.

  3. ¡Aguante la estocada final!
    Pero, ¿estan preparados nuestro querido pueblo, nuestros queridos formadores de opinión, nuestras queridas doñas rosas y sus maridos, nuestros queridos estudiantes universitarios? Pienso, pienso, dudo y más dudas me invaden. ¿Viviremos colgados de una palmera? Hay que hacerla, pero me quedo con el “estilo Maquiavelo”.

  4. No, no están preparados. Van a estar en contra más bien. Pero ya están en contra, y, haga el gobierno lo que haga, van a estar en contra, incluso si les da el gusto. Cuanto más los gobiernos satisfacen a esa gente, más en contra se le ponen, porque cuanto más satisfechos están más quieren y si se joden otros, la inmensa mayoría, no es su problema. Así que no hay nada que perder, y capaz que hasta por ahí consigan entusiasmar a los que no abren la boca porque están cagados de hambre y frío y, aunque no están con “el campo” ni comparten los berrinches de la clase media, no encuentran motivo alguno para salir a hacer algo por este gobierno, más allá de depositar un papel en una urna cada dos años.

  5. Pero para eso tiene que resignar la guita!
    Tanto quilombo, tanto desgaste, y todo para que la guita vaya a los jubilados de mierda y no a la caja?
    MINGA!!!
    Las retenciones son MIAS!

  6. Para eso hace falta otra política de comunicación por parte del Gobierno, vías alternativas. Hasta Hadad se les va a poner en contra.
    Más barro y menos propaganda. Más movilización espontánea y menos coferencias para que “El Campo” deje de quejarse por inercia.
    Y, obviamente, como ya se dijo acá, más políticas directas para los sectores populares.
    Igualmente, el tacto y la firmeza pueden ganar sin tener que dar explicaciones. Pero siempre, siempre, las van a pedir, y para eso tienen que estar preparados.
    Cuando Asumió NK, y durante toda su presidencia, dijimos que era prioritario reconstruir la autoridad presidencial. Ahora, con CF, los tiempos cambiaron -el por qué lo discutiremos en otro momento- y es hora de redistribuir, de comunicar con medios alternativos y hacer realidad hechos, no palabras.

  7. Gracias a todos los que comentaron, básicamente la idea que nos queda es ésta: “Van a estar en contra más bien. Pero ya están en contra, y, haga el gobierno lo que haga, van a estar en contra, incluso si les da el gusto” (Balvanera) Digo, me parece el momento para darle un giro al conflicto, para redefinirlo desde otro lado y dejar en orsai a los que están al costadito de la ruta. Ni siquiera lo planteo desde una perspectiva moralista, es simplemente estratégico (como dice Isa “el estilo Maquiavelo”).

    Gracias por la buena onda.

  8. Ayer uno de los ministros (creo que Randazzo) dijo que el Gobierno no tenia mas anuncios para hacer al campo, o algo asi, como que para el Gobierno la agenda con el campo ya estaba. Digamos que mejor que decir es hacer, entonces que mas que empezar a escribir la agenda desde el gobierno, dejar de estar a la defensiva, tanto con anuncios “demagogicos populistas” como los planteados como con otros que serian bastante mediaticos y sin costo politico (por ej, ley de union civil nacional que de derechos a gays y lesbianas)

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