La cibermilitancia y el ciberespacio. Algunas aproximaciones teóricas.

El auge de Internet y del ciber-espacio se produce como un proceso paralelo a la hegemonía del paradigma neoliberal, la imposición del discurso único,  tanto a nivel de arquitectura (Internet) como espacio comunicacional (ciber-espacio), no son espacios neutros, sino que se encuentran atravesados por las relaciones de poder que articulan el capitalismo en su fase neoliberal, pero a su vez, se constituyo como un espacio de democratización política, de emergencia de nuevas voces ejerciendo el poder de emitir la palabra contra las instancias de dominación.
  Las redes sociales comenzaron a ser utilizadas por parte de los sujetos políticos en los últimos años principalmente, a partir del “conflicto agrario” del 2008, ha abierto un debate torno a la cibermilitancia, el poder de llegada del mensaje emitido, de generar nuevos grados de adhesión, pero lo que no se puede negar es la capacidad, por parte de las mismas, de configurar un nuevo espacio de multiplicación de la esfera de ejercicio democrático, ampliando la esfera del ágora, es decir, siguiendo a Bauman, si el propósito de la misma era, y es, la coordinación de los intereses “privados” y “públicos”, su función constitutiva es la de proporcionar la condición esencial y necesaria de la misma, una traducción bi-direccional entre el lenguaje de los intereses individuales y el lenguaje de los intereses públicos[1].
  El presente trabajo tiene como objetivo el realizar una aproximación teórica sobre los procesos de democratización del uso de la palabra en esta ampliación del ágora político, un momento político de re-configuración de los valores y significaciones de la palabra, construcción de nuevas arquitecturas del lenguajes, con sus mecanismos de legitimación ampliados, que han abierto una brecha en el esquema comunicacional de la emisión, por parte de los medios hegemónicos, de una palabra-verdad.
    El ciberespacio, ha generado una ampliación de los espacios múltiples del devenir democrático, al producir una extensión de la arena política, configurando una nueva dimensión de luchas por la significación de la palabra, una novedosa superficie de visibilidad de los sujetos “invisibilizados” por las redes del poder no democráticos, cuyo objetivo es lograr configurar y mediatizar los diferentes espacios de consensos, que:
        “significa propiamente un medio de estructuración simbólica de la comunidad que vacía aquello que hace al corazón de la política, o sea, el disenso.”[2]
 Siguiendo a Nicolás Casullo, en el periodo neoliberal, y la reformulación de su entramado mass-mediático, se intento configurar la idea de un modelo de sociedad donde la teoría de la existencia del conflicto social no conformaba parte de lo real, este proceso de construcción hegemónica de una nueva arquitectura del lenguaje produjeron el nacimiento de nuevos tipos de marcos de lectura sobre lo real, cuya características centrales era lo real empaquetado, donde el acontecimiento y la temporalidad adquirían la idea de una temporalidad circular, basada en el presente continuo, donde la política se restituía en un entramado societal, sin las mediaciones clásicas de la sociedad política, es decir la constitución de la política sin la participación de los políticos, esta nueva estructura de las lecturas rectoras sobre lo real impusieron una serie secuencias, lugares de mirar y oír, invisibilizando los espacios de emisión discursiva e invisibilizando y/o descontextualizando a la participación de los sujetos sociales, no incluidos o marginados, de los espacios de “consensos”.[3]
  En la estructura hegemonizada por el lenguaje de los medios masivos de comunicación, la vida política es presentada como parte de una sociedad donde se presentaba como una extensión de la ideológica idea de la “armonización de clases”, propuesta por las clases dominantes nacionales y transnacionales, cuya idea central, era instituir un conjunto de “consensos” sociales, sin mencionar, que el mismo, se constituía sobre actores sociales desiguales.
 Es decir se construye una arquitectura del lenguaje, que actúa como totalizadora comprensiva de lo real y se presenta establecido un conjunto de valores y conductas de “ser en lo  social”.[4]
  En este momento, el espacio de lo político, se re-constituye con  valores e ideas que nacen en la  esfera económica, es decir, se configurara una arena política marcada como un espacio  contractual, entre ciudadanos iguales, mientras que lo conflictivo, la posibilidad del disenso, era presentada como parte formante de las extensiones nacientes por afuera de los limites de la democracia neoliberal formalizada, un espacio sin posibilidad del ejercicio racional de la política.
 Esta lógica de un espacio político consensuado, conformaba parte de la colonización de la esfera económica sobre la esfera política, interviniendo en las temporalidades, en el mundo de las acciones, en las lógicas de visualización mas cercana al marketing empresarial, la esfera política perdió autonomía frente a la esfera económica.
    En los regimenes democráticos en las sociedades capitalistas se constituyen sobre un doble dimensión espacial, por un lado, la esfera institucional formal, donde se producen la toma de decisiones propiamente democráticas, pero, también como parte constitutivas del régimen capitalista, las mismas se encuentran insertas en un entramado de esferas de poder no democráticos, enunciadas y presentadas como participes del mercado, pero que ejercen poder de imponer condiciones de desenvolvimiento al accionar institucional democrático, de esta manera la esfera política pierde un grado de autonomía,  para imponer reglas sobre las practicas de las esferas no democráticas, de esta manera se habla de una colonización de la esfera económica sobre la política.
   Uno de los logros en nuestra sociedad en el proceso iniciado en el 2003, fue la reconstrucción de la autonomía de la esfera política sobre el ámbito económico, de esta manera se re-define el papel de los mecanismos institucionales estatales, como garantes y recuperador de un conjunto de derechos sociales, los cuales se conforman como plataforma para el ejercicio de los derechos políticos y civiles. Esta recuperación de autonomía se establece como un marco de re-democratización de la sociedad argentina, en particular y de las sociedades civiles latinoamericanas, en general, proceso de recuperación de la posibilidad de emitir discursos sobre la realidad por parte de sujetos sociales excluidos, es decir, construcción por parte de las clases subalternas de los significantes que constituirán el diccionario para estructurar nuevas lecturas rectoras sobre la realidad.
    Dentro de este marco re-democratizador, y de cambios de paradigmas, postularemos que el  “ciberespacio” se constituye en una red de complejas relaciones de poder, y se instituye como un espacio de ampliación de la intervención política por parte de la ciudadanía, en este ultimo caso, se presenta como una grieta que irrumpen en los niveles de los consensos de las acciones comunicacionales, donde confluyen los intereses de las esferas económicas, las cuales intentan construir una hegemonía a través de los medios de comunicación, los cuales pueden configurar y crear opinión publica, construir un sentido común en la sociedad, sentido común, entendido como espacio ideológico constituido para instituir un consenso hegemónico, con sus marcas, sus puntos de referencias, voces autorizadas para ejercer el poder sobre la palabra, una palabra-verdad sobre lo común, un consenso que llamaba al silencio a la mayoría de la población.
  La cibermilitancia, actúa como un momento político, al romper e interrumpir la temporalidad de los consensos, que poseían la fuerza de construir un imaginario colectivo, excluyente, instituyéndose como una nueva configuración de la relación entre los sujetos, esta nueva relación adquiere el carácter político emergente, el cual construye una nueva manera de describir la situación común y de emisión de un relato a sus participantes, como oposición, o contra-relato, al consenso constituido por los medios hegemónicos.
  Es decir, la intervención de los sujetos en una lucha por la configuración del espacio de la palabra, agrieta la brecha del disenso, produce un desgarro en el sentido común pre-establecido, abre nuevas posibilidades de percepción del mundo y pone en cuestión la evidencia de un mundo dado.[5]
   En este sentido, los blogs, las redes sociales (Twitter, Facebook), se construyen como espacios de disputa política, espacios de acción de sujetos colectivos que intervienen en la modificación de las mediaciones hegemónicas pre-establecidas, afirmando la capacidad de participar en la construcción colectiva de la palabra con una cualidad de interpelación, convertidos en participantes de un ágoradonde se reconstruye una igualdad de enunciación de la palabra, un espacio de la discusión sobre los efectos de verdad establecidos desde los espacios hegemónicos.
  La participación cibermilitante no es un hecho aislado, sino una recuperación de la idea de que a mayor cantidad de derechos sociales se ejercen, se cuestionan y se tensan los derechos políticos y civiles, es decir, sin cambios sociales en las realidades donde el sujeto vive, la tensión hegemónica en el espacio virtual no es puesta en tela de juicio, no emerge.
  El sujeto in-visibilizado en el espacio de la lucha por la palabra, es convocado a intervenir en el espacio de la opinión, de la acción política que cuestiona el monopolio de la palabra legitima, reconstruyendo una nueva cadenas de significación, es decir, pone en el centro de cuestionamiento a los dueños de los diccionarios, como lo planteaba Cooke, la palabra es puesta en nuevos marcos de verificación, recurriendo a la configuración de tensiones que ponen a prueba la capacidad del hacer del poder, construyendo espacios de resonancias nuevas.
  Ese espacio de opinión, es el espacio donde se determinan el conjunto de las posibilidades del pensamiento y el modo que se define.[6]  Si el espacio de la opinión queda enmarcado en las manos de los medios hegemónicos, el conjunto de posibilidades se acorta, los mismos son definidos desde los espacios de participación no democráticos, la recuperación del uso democrático de la palabra por los sujetos, reconfigura el conjunto de posibilidades, abre nuevos espacios de horizontes de expectativas, las cuales entran en contradicción con el recurso de la palabra-verdad ejercida desde el centro del poder.
  Esa palabra-verdad, ejercida desde los centros de poder, son marcos para imponer agendas y ser instalados en la sociedad, como palabra-inocente, el trabajo del espacio del cibermilitante, es poner en un espacio de visibilidad el lugar de enunciación de la palabra, romper espacios de mediación implementados desde el mismo centro.
  Este proceso de recuperación de la palabra, es consecuencia de la autonomía de lo político sobre la esfera económica, autonomía necesaria para la reconfiguración de lo sensible, una afirmación de la igualdad, como afirma Ruby:
        “La política consiste en arrancar de las distribuciones y las disposiciones habituales de la palabra, en desplazar las disposiciones con el fin de dar otras significaciones a las palabras y a las cosas, en inquietar los horizontes tenidos por costumbre”.[7]
  Lo político, reconfigurado en el espacio de relaciones de poder como autónomo, permite aumentar la de la idea de igualdad, al ampliar los esquemas de participación en el ágora, ya que cada uno de los participantes puede expresarse y discutir, el poder económico, encuentra en esta nueva situación, la desnudez del rey, sus acciones presentes en el centro, cuestionadas, ya no configuran lo común.
  Tener la posibilidad de la palabra, es quizás una de las manifestaciones mas interesantes del ser humano, a través de ella, conferimos sentidos a la realidad, nos permite comprender y comprometernos con otro, a través, de la misma la poesía nace, expresamos el dolor, la incomprensión, destruimos la soledad, y conformamos un comunidad con el otro, la palabra se construye como mediadora interpretativa sobre lo real, .
  La palabra igualitaria es la posibilidad de la ampliación de la libertad, de proyectarnos sobre las posibilidades de una situación.
 El dominio sobre las palabras, implica la posesión del control sobre las posibilidades de devenir, sobre los sentidos generados por las mismas. Por lo cual, nuevamente decimos, la lucha por la ocupación del espacio virtual, es una lucha política, su ejercicio produce un aumento de la potencia de igualdad, al poner sobre las mesas, la situación como contingente, de esta manera  todos los sujetos intervinientes son susceptibles de reivindicar la vocación de participar en los asuntos comunes.[8]
  El ciberespacio, configura un territorio, donde se establecen marcos para el establecimiento de la condición de igualdad, cada uno puede expresar deseos, requerir la posibilidad de construir disensos  para poner en marcha las acciones para re-diseñar y re-definir lo común.
   Es una práctica, siguiendo a Ranciere, donde la transformación interpreta y la interpretación transforma:
       “Hay textos, practicas, interpretaciones, saberes que se articulan entre si y definen el
         campo polémico en el que la política construye sus mundos posibles”.[9]
    En el ciberespacio, los mecanismos de legitimación de la palabra adquieren nuevos sentidos, nuevos recursos de verificación, las legitimidades del saber tradicional, pueden ser puestas en la tensión igualitaria de la enunciación.
     En este, sentido podemos pensar el proyecto Conectar Igualdad, no solo actúa como un reductor de la brecha tecnológica entre las clases sociales, sino se convierte en un potencial igualador de los futuros sujetos participantes del debate político, como así, actúa en el presente reduciendo el analfabetismo digital, al entregar herramientas para consolidar procesos de igualitarios horizontales, al acceso de los lugares de emisión de la palabra, abriendo participación democrática, nuevamente, la posesión los derechos sociales son garantes del cumplimiento de los derechos políticos y civiles, la libertad de expresión de los ciudadanos encuentra espacios de participación igualitarios.
    La palabra recuperada, como posibilidad de construcción política, de disputa de sentidos, ha generado una brecha en los discursos hegemónicos deudores de las prácticas de instaurar un consenso cerrado, donde lo específicamente político, es decir, el disenso había sido obturado por las prácticas políticas devenidas en des-politizadoras de la vida ciudadana en los ’90.
  El ciberespacio, aparece como una ampliación democrática del ágora político, donde la palabra capturada por los medios hegemónicos, es puesta en tensión, lo cual, permite la emergencia de un nuevo territorio donde la palabra, y sus usos, han constituido un nuevo sujeto democrático, donde la palabra, ubicada en el espacio conflictivo constituyente del hacer lo político genera impugnaciones y re-significados, poniendo en cuestión, el privilegio de los grupos dominantes de ser dueños de los diccionarios.
   Bibliografía
Benjamín, Walter, Conceptos fundamentales de la historia, La Plata, Terramar, 2007
CASULLO, Nicolás, Las Cuestiones, Bs. As., FCE, 2007
RANCIERE, Jaques, Momentos Políticos, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2010
————————, El malestar de lo Estético, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2011
RUBY, Crhistian, Ranciere y lo político, Buenos Aires, Prometeo, 2011


[1]    Ver BAUMAN, Zygmunt, Daños Colaterales. Desigualdades sociales en la era global.; FCE, Buenos Aires, 2011, p. 20
[2]    RUBY, Crhistian, Ranciere y lo político, Prometeo, Buenos Aires, 2011, p. 58
[3] Ver CASULLO, Nicolás, Las Cuestiones, Bs. As., FCE, pp. 91-92
[4] Ver CASULLO, Nicolás. Idem, pp. 94, y 132-135
[5]    Ver RANCIERE, Jaques, Momentos Políticos, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2010, pp. 11-12
[6]    Ver Ídem, pp. 12-13
[7]    RUBY, Crhistian, Ranciere y lo político, Prometeo, Buenos Aires, 2011, p. 87
[8]    Ver Ídem, p. 94
[9]    RANCIERE, Jaques, Momentos…, p. 18