Leyendo a Carrio. La política en juego.

La política según Carrio, siguiendo una lectura de Arendtiana, podría definirse como el nombre de los juicios que, bajo la norma de compartir lo común, resisten al mal, es decir, a la destrucción de ese compartir,  esto implica una lectura de lo político, como un espacio abierto de “opiniones”, presentados de carácter igualitario donde el conjunto de sujetos poseedores de una racionalidad determinada, un normatividad ética, aparecen como los legitimados para la emisión de “juicios”.

En esta concepción de lo político, es necesario un conjunto institucional garante que permita el libre desarrollo de la participación racionalizada de las subjetividades que participan en ella, por eso, la centralidad discursiva de la “Republica”.

De esta manera, la practica discursiva de un mundo político constituido por una pluralidad de opiniones implica la construcción discursiva central del “consenso neoliberal”, la cual se presenta como un mecanismo de exclusión de la formación de verdades políticas, propias, según esta línea de pensamiento, de regimenes políticos caracterizados por ser totalitarios, fascismo o stalinismo, sin entrar en la diferencias de las categorías históricas y políticas implicadas, que como la categoría democracia, republica, se convierten en trascendentes del espacio temporal, de localización de la aplicación de las mismas.

Lo que no toma en cuenta esta línea política, que es posible las existencias de verdades políticas, y que las mismas no aparecen como dogmas de fe, sino implican instancias de discusión sobre la acción política y sobre la cristalización en la toma de decisión.

Al encerrar la opinión política a una arena racional, no presenta los claroscuros de la pregunta sobre la pregunta quien forma la opinión, y deja de lado en el análisis la relación entre democracia y poder económico, estos últimos, a través de la capacidad de ejercer el monopolio sobre el poder de la palabra con el control de la mayoría de los medios de comunicación, se constituyen como garantes de la “pluralidad de opiniones”, “libertad de prensa y expresión”.

Este “consenso neoliberal” crea un conjunto de subjetividades inexistentes, tanto a nivel político como representantes de de un conjunto de imaginarios, tradiciones, es decir, desde la lógica expresada por este pensamiento, se declara inexistente un conjunto de lecturas sobre lo real en clave subalterna, ya que también implica la pregunta sobre la legitimidad de quienes son reconocidos como emisores racionales para la emisión de la palabra, dentro de este marco, nuevamente observamos la separación entre la organización institucional republicana garante del espacio de opinión y democracia leída en clave de ampliación de voces legitimadas para emisión de una palabra política.

El acontecimiento kirchnerista, lo que genera es una la transformación de una subjetividad existente que puede, a través de la democratización del uso de la palabra, una lectura subalterna, plebeya sobre lo político, tensionando la pregunta sobre el concepto de la racionalidad enunciativa propuesto por los sectores de la oligarquía argentina, lucha que es acción política de instituir una verdad política contra las prescripciones ocultas que condicionaron el devenir de la democracia en nuestro país, las grandes corporaciones económicas.

Esta ruptura, leída en clave nacional y popular, impugna el valor de la legitimación propia de las clases dominantes, y los marcos de lectura que colonizaron nuestra formas de interpretar la realidad, es una lectura a travesada por la situación y territorialización del sujeto enunciante, clave de lectura desde la ubicación en una sociedad en transformación, es decir, leer, accionar y tomar decisiones políticas desde nuestra posición en el mundo, nacimiento de un pensamiento descolonizado.