Los talibanes de la moderación contra Epicuro (villanos argentinos contra un filósofo griego)

Post viejito (publicado en febrero del 2009), pero parece que la moderación (mal entendida) se puso vintage….

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Hace un rato era el consenso, ahora la palabra mágica, siempre en la misma lógica, es “moderación”. Pero a no desesperar, lectores que sufren con estas reivindicaciones groseras del statu quo, no estamos sólos en esta pelea. ¿Que quién podrá defendernos, preguntan? No, el Chapulín Colorado no; ni más menos que Epicuro, el hombre que hizo de la moderación la base de su filosofía (en la imagen del principio, la tapa de la altísimamente recomendable historieta de Messner Loebs y Kieth). No me miren con esos ojos como platos, que el fuego se combate a veces con fuego, y a moderación, moderación y media. Ante el ataque de los talibanes de la moderación, nada mejor que el recurso a quién postuló moderación… hasta en la moderación. He ahí la clave, porque los idólatras de la mesura, con su mención machacona de la moderación, no hacen otra cosa que caer en otro extremo.

Moderación hasta en la moderación es lo que deberían aprender esos fanáticos del punto medio: el medio absoluto no lleva más que al total inmovilismo, que no es más que una forma de extremismo. Si quieren ser moderados, hay que decirles a estos muchachos, moderen su moderación, que la caridad bien entendida empieza por casa. “Moderación”, así solita, no es más que una palabra vacía que esconde el deseo de evitar todo cambio; y la verdadera manera de vencer a la moderación erigida en estandarte máximo no es, como podría pensarse, el exceso. O sí, pero moderadamente. Si oponemos exceso a moderación no hacemos más que sumarnos a la eterna dialéctica de las fuerzas opuestas; no hacemos más que confortar a los de enfrente en su seguridad de falsos estoicos. No. No es frotándole una pata de cordero asada bajo las narices que conmoveremos al que posa de asceta, sino poniéndole un poquito de queso en su pan con aceite: no va a poder ocultar que así es más rico.

Al golpe en la cabeza se lo esperan; a la caricia no. Están tan perdidos en su diatriba contra el exceso que ni se han dado cuenta lo lejos que han ido, cómo se han alejado de su supuesto ideal. Que cuando se den vuelta se den cuenta de que el espacio de la moderación, la verdadera, la que se modera también a sí misma, no les pertenece, y no les perteneció nunca. Conservemos el exceso, que tan bonito es de cuando en cuando, sin regalarles la moderación verdadera, que no la tienen y jamás la tuvieron. No nos traguemos el verso que nos quieren vender. No se trata y no se trató nunca de moderación contra exceso. Moderación y exceso hay en todas partes: la cuestión es quién las asume y quién no. La defensa cerrada del statu quo no es más que una forma de exceso; su única ventaja es que ensucia menos, no levanta olas. Gran valor.