Para defender millones de vidas y por el ejercicio pleno de los derechos: ¡Que sea ley!

4 de agosto de 2018. Santiago del Estero. Una mujer se muere en la cama de un hospital. Tenía 22 años y era mamá de dos chicos. La causa de su fallecimiento es una infección como consecuencia de un aborto llevado a cabo de manera clandestina. Todavía, ni un solo defensor de las dos vidas se ha preocupado por esos dos niños que ya tienen una vida en curso y se quedaron sin madre.

Dos días antes, los legisladores provinciales declaran a Tucumán como provincia pro vida. Los impulsores de ese proyecto hablan de asesinatos potenciales y de niños indefensos.

Lo cierto aquí, es que la única persona que perdió su vida fue Liliana. Su historia clínica hablará de muerte a causa de infección pero la causa verdadera es la desidia. Y los únicos inocentes reales son esos pibes a los que probablemente se les oculte la verdad para tapar la vergüenza de una decisión personal que aún una parte de la sociedad condena. Porque además de todo lo que ya sabemos, la clandestinidad también sostiene esa idea de que, en estos casos, corresponde interpelar a la más vulnerable, pero jamás al status quo.

7 de agosto. Los portales de los medios de comunicación (los de menor difusión) nos cuentan que una mujer, madre de cinco hijos, se encuentra en grave estado de salud. La causa: un aborto. Clandestino.

Se cuentan los abortos. Se cuentan las muertes. Los números indican la urgencia de estar a la altura y resolver de manera eficaz una problemática que es, sin duda alguna, objeto de regulación por parte del estado. El problema es que los números son graves, pero no son sólo números. Son mujeres, con nombre, apellido, hijas, sobrinas, madres, abuelas, novias. Niñas. Si, a veces también son niñas. Las muertas son compañeras. Muchas de las que sobrevivieron tuvieron que esperar años para poder contárselo a una amiga, a una hermana, a otra mujer que había abortado. Algunas, aún lo mantienen en silencio. Muchas lo sobrellevaron sin ninguna secuela. Otras, tuvieron complicaciones. Las bocas las cierra la vergüenza, el miedo, la criminalización. Y una sociedad que señala increpando y penalizando por no haber cerrado las piernas.

De una inmensa ignorancia sería creer que a esa multiplicidad de situaciones tan diversas se le puede responder con una norma general que tipifica un delito. Pero parece que aun no queremos atender las circunstancias particulares, ¿Qué importa la voluntad de esa piba o de esa mujer que no puede ser madre, o simplemente no lo elige? Nada. Si deseó, el pecado está concebido. Y los pecados se pagan. Nosotras pagamos entregando nuestro proyecto de vida y nuestro cuerpo al sometimiento de los que se adjudican el poder de decisión. No nos conocen, nunca nos vieron, no van a darle de comer a esa vida que defienden a capa y espada. No es cierto que pretenden proteger al niño por nacer y a la mujer embarazada. La asociación que hacen los anti derechos es que una mujer embarazada, por esa condición, se convierte automáticamente en una persona con sus derechos más básicos restringidos. Y, a partir de ahí, infieren que solo pueden disponer de esas mujeres.

Es fácil notar que el eufemismo de las dos vidas es una falacia, ya que al momento de proponer alternativas para sustentar esas ideas nos encontramos con que esas eventuales propuestas no existen. No hay nada. No hay políticas públicas distintas. No hay voluntad de prevención, no hay voluntad de educación. Los que se oponen al aborto legal usando el argumento de que la solución a la problemática del aborto es fomentar la prevención, son los mismos que se opusieron a la sanción de la ley de educación sexual integral. Mienten. Todo el tiempo. Ni siquiera son consecuentes en su accionar y en sus discursos. Las caretas se caen fácilmente.

7 de agosto. Son las seis de la tarde. Las horas pasan entre millones de mensajes, de conversaciones, de incansables planes de logística. Que no nos enojemos. Que nos tomemos el resultado con calma.

Nos alentamos, hacemos análisis y conjeturas. Pero no tenemos las cosas fáciles.

Me pregunto cómo puede ser que con ese panorama del otro lado, con ese vacío de ideas en pos de protegernos de verdad, con puras frases hechas, llenas de misoginia, de descaro, tengamos que estar nosotrxs, lxs que venimos a luchar para ampliar derechos, quienes temblemos ante la incertidumbre de un panorama embarrado por los mismos de siempre.

Varones, de 57 años en promedio, son la mayoría de los senadores que hasta hoy manifestaron que votaran en contra del proyecto. Nunca van a poner su cuerpo. Nunca van a ser compañeros, amigos, hermanos del millón de pibas que se bancó una noche helada poniendo el cuerpo, esa madrugada del 14 de junio. Pero ellos decidirán.

Pero las mujeres organizadas ya decidieron en nuestro país. Para lxs aficionadxs a las leyes, podríamos afirmar que hoy tenemos normas consuetudinarias que necesitan con urgencia formar parte del marco jurídico o, de lo contrario, ese plexo jurídico quedará muy atrás en la dinámica propia del derecho positivo. De otro modo, podemos decir lo mismo con otras palabras, HAY UNA AMPLIA ACEPTACIÓN SOCIAL Y UNA DEMANDA CONCRETA HACIA EL ESTADO PARA AGGIORNARSE A ESA REALIDAD Y AMPLIAR DERECHOS, DE UNA VEZ POR TODAS.

Meses volcando ideas, escribiendo y borrando, haciendo ensayos jurídicos. Y me permito ser autorreferencial por esta vez, porque siento que millones podrían ser yo, esta tarde. Que yo soy una igual a millones a quienes hoy nos invade la misma sensación en nuestros cuerpos. Esos cuerpos que unos pocos creen que todavía pueden someter.

No solo buscan seguir coartando la libertad en el ámbito privado, con la hipocresía que caracteriza a los que no soportan la idea de perder privilegios típicos de opresores, sino que avasallan otros derechos fundamentales como la libertad de expresión.

Los que deciden mañana no son solamente lxs senadorxs. Nosotres también decidimos como queremos pasar a la historia propia, a la historia que le vamos a contar a nuestros pibes y nuestras pibas el día después de mañana. Las posibilidades son dos, y son bien claras. Sin dejar de mencionar la importancia de esta ley para romper uno de los cimientos más arraigados del sistema patriarcal, y así poder crear un mundo que admita la igualdad de condiciones que propone el feminismo, quiero decirle a quien lee, que lo que se define mañana es si cada uno de nosotrxs va a quedar del lado de lxs que tienen como objetivo censurar las libertades ajenas y acallar la pluralidad de elecciones, o si vamos a alzar la voz, más fuerte que nunca, para que a partir de mañana todas y todos seamos mucho más libres.

Ya casi estamos. Y nos necesitamos en la calle.

QUE SEA LEY.

 

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