políticas de estado

Me interesa hacer una breve reflexión sobre las “políticas de estado”.  Se entiende por política de estado, aquellas políticas que forman parte de las estrategias centrales de un país.  Son políticas que no varían a pesar del color político-ideológico de cada gobierno.

Encontrar consenso para el establecimiento de políticas de largo plazo no es tarea fácil. A algunos nos gustaría que la re-distribución equitativa de la riqueza, la justicia social, el combate sobre el hambre y la pobreza, la promoción de las economías regionales, el crédito accesible para las unidades productivas pequeñas y medianas, el fortalecimiento de las cadenas de valor en industrias estrategias en función del desarrollo económico y social, la educación pública, la salud, entre tantas otras, sean políticas de estado.

El problema es que otros no coinciden: sostienen que las políticas de desregulación (encubiertas o explícitas) de distintos mercados tienen que ser políticas de estado.

Desde mi punto de vista, coincido con el arco de políticas de estado que sostiene el gobierno actual en su web: http://www.casarosada.gov.ar/index.php?Itemid=34&id=24&option=com_content&task=view

Sin embargo, se me ocurren un par de reflexiones. Por una parte, el gobierno no ha logrado establecer la construcción institucional que consolide el largo aliento de varias de estas medidas por lo cual aún es difícil clasificar estas estrategias como políticas de estado. Por otro, la volatibilidad del consenso político argentino hace altamente probable que futuros gobiernos no acuerden con esta recopilación (ya sea en todo o en parte). Por tanto, no parecen estar dadas las condiciones para sostener que las citadas sean políticas de estado.

A veces da la impresión de que el Estado argentino es tratado como un ente sobrepoderoso que se puede conducir sin política. Por lo menos así lo tratan gran parte de la derecha (política y mediática), criticando al gobierno por no establecer políticas de estado (más allá del contenido de ellas revisado más arriba), en la suposición de que los burócratas administrativos del estado no tienen vinculación política alguna, y una vez echada a rodar la “política de estado” el problema para la implementación pasa a ser meramente administrativo.

Este tipo de manifestaciones no son objetivas, por supuesto. Tienden a separar (idealmente) política y administración pública, política y economía. Como si fueran esferas que pudieran trabajar independientemente. Este tipo de postulados provienen del neoliberalismo, cuyos ideólogos -noventistas argentinos- esperaban que los modelos económicos no sufrieran desvíos políticos. Se trata de la falacia de no contemplar la importancia de la política en el establecimiento de medidas “desregulacionistas”.

Los postulados neoliberales parecen repetir las necesidades del poder económico, y, por el contrario, no dimensionan correctamente el peso del consenso, la inclusión social -y política- y el conflicto en general, en la construcción institucional que lleve al país a niveles menos volátiles sobre el rumbo de sus políticas. Cabe suponer que por su falta de atención a estas grandes cuestiones se derivó en el fracaso de 2001. Por tanto la reconstrucción institucional actual no puede darse sin tenerlas en cuenta.