Pronósticos

Así como el año pasado, sobre el final, y a la luz de lo que indicaba la complicada situación del capitalismo mundial, se ensayaban pronósticos sobre el desempeño de la economía nacional en 2009, este año los pronósticos se reanudan con el mismo nivel de polémica.

Algunos de las previsiones efectuadas el año pasado fueron acertadas, otras no. La entrada en recesión de la economía argentina, como efecto del lógico bajón en la actividad interna, de la mano del bajón en el comercio exterior, era una fija que se cumplió.

Hubo otras apuestas que corrieron otra suerte. Muchos vieron disminución de exportaciones (por cantidades y sobre todo precios), y no quisieron ver el mismo efecto en las importaciones, lo cual disparó algunos pronósticos que hoy suenan disparatados. Las exportaciones cayeron (acierto), pero las importaciones cayeron más todavía (error), por lo cual muchos analistas que dijeron que iban a faltar dólares porque el saldo de balanza comercial iba a ser negativo y que como consecuencia (entre otras) íbamos a tener un dólar de 5 pesos, y un default de la deuda en dólares por falta de crédito externo, hicieron papelones. (Era bastante previsible el fracaso de la apuesta si se piensa en lo difícil de conciliar la devaluación de 40% o más con el default, o el alto monto de importaciones con un contexto recesivo, nacional e internacional).

Los pronósticos actuales coinciden no en el número pero sí en la tendencia de una economía nacional en crecimiento de moderado a alto para este año, y en una aceleración de la inflación (sobre todo en la segunda mitad del año).

Pero se matiza la previsión de crecimiento con la situación de una economía que recuperará más fácilmente el número de crecimiento del PBI que la generación de empleo.

Este hipotético retardo del aumento del empleo es casi un reflejo de lo que se visualiza en los países centrales (EEUU y Europa). Países que tienen un problema que Argentina no parece tener (o al menos no con tal gravedad): nivel salarial que se encuentra por encima de lo que la economía puede solventar sin caer en fuerte endeudamiento. Un ejemplo es España. Hoy, en el mercado, por un empleo de cierta calificación se ofrece menos de lo que se paga como tope por paro (1200 euros). En esa situación, sin chances de devaluar, la baja productividad del trabajo requeriría de fuertes bajas reales y nominales de salario, para recuperar un aceptable nivel de generación de empleo, de la mano de un incentivo para la inversión. Lo cual acarrearía el problema de cómo conciliar la situación de familias endeudadas como alemanas, cobrando salarios serbios.

Pero la exageración del pronóstico de “esclerosis” del aparato productivo parece ser un fenómeno importado, que tal vez no tenga condiciones para desarrollarse de la misma manera en el contexto local. La construcción y las automotrices pueden ser sectores que dinamicen con su crecimiento el aumento del empleo. Y no debieramos dejar de prestar atención al sector informal, que en Argentina, en situación de crecimiento del producto puede ser el que primero crezca (como es el primero en deprimirse cuando la economía se contrae).

Esta última situación no es para celebrarla, sin dudas, pero no puede quedar afuera del análisis (en parte, lamentablemente), como si no existiera.