Una herramienta

Desde dónde miran la realidad quienes por defecto (o virtud) tienen incorporado el oficio escribir para comunicar y poner en circulación datos, informaciones, noticias y hechos relevantes que son tomados por  la agenda de la prensa.

El particularismo argentino mantiene una larga trayectoria de experiencias editoriales que expresaron compromisos diversos con proyectos políticos  concretos, los cuales tuvieron como objetivo central influir sobre el presente, a sabiendas de que los medios masivos de comunicación son instancias que modelan los procesos de formación de opinión pública.

Nota publicada en el portal de la Agencia TELAM, edición especial sobre Periodismo y Pensamiento Nacional. 25/01/2011

El periodismo y su relación con el pensamiento nacional cruza trasversalmente una profesión que, hoy, especialmente  por las cláusulas anti monopólicas de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, incomodan a no pocos profesionales de la palabra a la hora de seguir la línea editorial de la empresa por la cual reciben su paga.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ADEPA y otras  entidades asociadas que supieron fraguar grandes negocios en tiempos de proscripción, represión y dictadura suelen denunciar la inacción estatal o ataques a la libertad de expresión, bajo un movimiento solapado y silencioso que niega la historia reciente, los grandes relatos y su profundidad.

El pecado original de iniciar la lectura de un matutino con la sección internacional es el símbolo de una tradición que miró primero los intereses extranjeros para crear, desde ese lugar, un posicionamiento de elite relacionado a necesidades corporativas y/o conspirativas.

Este clima de época persiste en la nueva era digital donde los patrones comunes son lo efímero, lo accidental y lo contingente, desbordado por una abundancia informativa que borra -en el libre flujo de noticias y de capital financiero- fronteras, territorios y horizontes colectivos.

En este contexto la discusión acerca del llamado periodismo militante resulta bastante opaca cuando se emprende un viaje por las páginas que promueven la transparencia comunicacional y otras pátinas de democracia posmoderna. Las secciones de periodismo ciudadano de los noticieros televisivos son un fiel reflejo de la búsqueda insaciable por noticias blandas y de escaso relieve político.

Con todas las  contradicciones propias al calor de la revolución de Mayo, vale recordar que en su  acto inaugural, en 1810, La Gazeta de Buenos Aires produjo un tipo de periodismo comprometido   a un proceso de transformación social y a un proyecto de nación.

En esa condición de posibilidad constitutiva de identidades es donde el pensamiento nacional construyó instancias emancipatorias ajenas a pensamientos golpistas.

Es cierto que hubo equívocos, pero también aprendizajes de quienes festejaron los bombardeos de junio en 1955.

A modo de ejemplo pueden mencionarse dos publicaciones completamente divergentes unidas por el rechazo al nacionalismo católico y la ingenua solución de la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente) como instancia de integración y reacción política -a la dictadura de Aramburu- con el apoyo del peronista Frente de Liberación Nacional sobre la figura de Arturo Frondizi: Contorno (1953-1959) y Qué sucedió en siete días, entre los años 1955 y 1958.

La mítica revista Contorno representó  un campo intelectual universitario de origen radical volcado a la izquierda, que apostó bajo la dirección de los hermanos David e Ismael Viñas a romper con la dicotomía entre civilización o barbarie (de la revista Sur) e interpretar al peronismo en la creencia de que Frondizi cumpliría el programa político de fundado en su libro “Petróleo y Política” (1954).

La traición a ese proyecto fue cristalizada en la extranjerización de YPF, ratificada con los de negociados de la carne y la aplicación del Plan CONINTES, en 1959, durante las huelgas obreras iniciadas en el frigorífico Lisandro de la Torre.

Esta situación  produjo encuentros y desencuentros entre los protagonistas de la revista, con salidas de matriz reaccionaria que pueden recorrerse en la letra impresa de Juan José Sebrelli; o en la izquierda revolucionaria, con el posterior desprendimiento insurgente de Ismael Viñas en el grupo  Acción Comunista, luego del rechazo de las capas medias a su partido político, Movimiento para la Liberación Nacional (MLN).

Aquella tensión marca la síntesis sobre una época en la que Arturo Jauretche -desde el exilio en Uruguay- y Raúl Scalabrini Ortíz intentaron recuperar lo nacional, con la impronta popular que los herederos de Ezequiel Martínez Estrada en Contorno prefirieron omitir, en esa relectura de un peronismo que se adelantó al socialismo y al comunismo en dar solución práctica al problema (dialéctico marxista) del tercero excluido.

Hubo otras publicaciones posteriores y periodistas que sirvieron de ejemplo a las generaciones siguientes. La figura de Rodolfo Walsh, inmortalizada por su investigación Operación Masacre sobre los fusilamientos en José León Suarez (1956), es bibliografía obligatoria en las escuelas de periodismo.

Su pluma junto a la de Rogelio García Lupo y Jorge Masetti trascendieron del pensamiento nacional al latinoamericano  con la aún vigente agencia de noticias cubana Prensa Latina.

Las revistas de entonces permiten dar cuenta de aquel fenómeno cultural y político. Los tiempos de Internet no son los de la novela por entregas ni la decodificación de cables de noticias encriptados en la clandestinidad. Los escándalos de Wikileaks, sus filtraciones y olvido son parte de una dinámica nueva en la que los periodistas deben encontrar su lugar y asumir el desafío del compromiso comunicacional.

En todos los casos mencionados el proyecto nacional (y latinoamericano) encontró en el periodismo una herramienta para transmitir ideas. Como se dijo al principio, datos y hechos relevantes que merecen tomar estado público.