Voto a los 16

La doctora Beatriz Inés Fontana, laboralista de nota, camarista del fuero y destacada doctrinaria en la materia, escribió unos muy bonitos apuntes de cátedra que tituló El conflicto en el origen del Derecho del Trabajo, que este comentarista debió leer cuando cursó la materia Negociación Colectiva en la comisión cuya titularidad ejerce la mencionada.

 

El texto intenta establecer motivaciones históricas del surgimiento del Derecho del Trabajo. Menciona Fontana entre las razones principales a la conflictividad acelerada por las primeras coaliciones, antecedentes de los gremios, a partir de las reconfiguraciones que en materia productiva produjeran las sucesivas revoluciones industriales en un contexto en el que las llamadas entidades intermedias –los gremios son un ejemplo de ellas– eran consideradas delictivas, en tanto interferían la dinámica “normal”, “logica” de la ley de oferta y demanda, violando, a la sazón, la regla de oro instituida porla RevoluciónFrancesa: nada entre hombre y Estado.

 

Influyó sobremanera, también, una necesidad patronal: la de subsanar la deslealtad entre los propios competidores, sujetos de máxima consideración durante la fase liberal clásica del Estado, para con la mencionada normativa fundamental, en tanto los abusos de mano de obra infantil y femenina y la jornada laboral extensa significaban vías para primar sobre el adversario mercantil en base a productividad obtenida en formas non sanctas. No casualmente los primeros convenios de OIT regularon sobre esos aspectos.

 

Va de suyo que acompañando todo esto tuvieron lugar los cuestionamientos doctrinarios aportados por Carlos Marx, desde un costado más radical, y la doctrina social dela Iglesiapronunciada por la encíclica Rerum Novarum.

 

Por último, Fontana llama la atención sobre la conquista del sufragio masculino. Una vez que los obreros devinieron sujetos políticos y de derecho, ingresando a la ciudadanía, al menos electoral, y a que con ello hubo el surgimiento de formaciones de izquierda, los dirigentes políticos tradicionales incorporaron a las agendas las demandas de ese nuevo sector de la sociedad, apostando a expresarlos institucionalmente.

 

Mañanala Cámarade Diputados dela Nacióntendrá a consideración el proyecto de ley sancionado por el Senado por el cual se propone otorgar derecho optativo a voto a la franja de ciudadanos/as que cuentan con entre 16 y 18 años de edad.

 

Desde las tribunas opuestas a dicha posibilidad, como es regla, se ha mentado a la iniciativa como maniobra oscura y perversa que en verdad esconde un propósito meramente electoralista en función de habilitar una hipotética aventura re-reeleccionista de la presidenta CFK bajo el disfraz de una pretendida iniciativa de ampliación de derechos, en este caso políticos.

 

Así las cosas, el oficialismo pretendería no más que ampliar sus bases de sustentación electoral, hasta ahora insuficientes a los fines de reformarla Constitución–como teóricamente se propondría–, a través de un sector etáreo al interior del cual contaría con altísima adhesión.

 

Ello, pese a que todo, desde las intenciones continuistas hasta la hegemónica pertenencia kirchnerista del sector adolescente, no supera el rango de supuesto, y que la significación cuantitativa del espacio a incorporar es cuasi ínfimo en relación al padrón habilitado para los comicios de 2011, por lo que aún verificadas las predicciones opositoras al proyecto lejos estaría el oficialismo de bastarse en sus pretensiones “eternizantes”.

 

Pero son interesantes otras de las cuestiones que se alegan en función de lo que fuera la introducción al presente post. En palabras del columnista de Clarín Osvaldo Pepe, “hay que poner ese derecho que se otorga en el marco de otros que flaquean dentro de esa franja etárea.”. Por cierto,  nadie desde el oficialismo que ello no sea cierto, ni que lo apuntado por Pepe deba subordinarse temporalmente o subjerarquizarse en cuanto a importancia. En efecto, existen, a dichos respectos, cuentas pendientes, y que sería deseable que se atiendan pronto.

 

Uno no puede evitar reincidir en la perplejidad que provoca el creciente desprecio que se viene observando desde tribunas como la apuntada para con las urnas, que aparentemente no le alcanzan a distintos gobiernos de la región para ser admitidos como democráticos, no casualmente en concomitancia con la impotencia electoral que cada vez con mayor frecuencia vienen evidenciando las opciones electorales a las que apuesta el establishment extrainstitucional.

 

Lo cierto es que a los fines de la agenda que con acierto levanta Pepe el elemento de la participación democrática ciudadana es, a nuestro criterio, premisa fundamental. Ninguna de dichas demandas puede siquiera pensarse sino es en el contexto de la profundización de la participación democrática. En tiempos en que las capacidades estatales flaquean de poder frente al poder empresarial globalizada, hambrientas como están las instituciones de la república de ampliar sus bases de sustentación ciudadanas como factor de contrapeso frente a actores cuyas facturaciones muchas veces superan el PBI de determinados países.

 

Tenemos ganas de pensar a la democracia, por una vez al menos, más que como meta, como punto de partida desde la cual abordar la tramitación de los objetivos programáticos a que, según entendemos, podemos y debemos aspirar. Y que aunque más no sea que por hacerse del acompañamiento en las urnas de la pendejada, la agenda pública se decida a incorporarlos con mayor énfasis.

 

Mañana el Congreso tiene una oportunidad inmejorable de sacudirse, al menos un poco, el lastre nefasto que arrastra desde que otorgó su aprobación al proyecto nefasto de nueva LRT. Desde acá hacemos votos a por ello.