Cerca del fin de las reglas
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Los magistrados que integran las dos salas de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal Federal están debilitando, con conciencia o sin ella, con velocidad pero sin pausa, el sistema de principios constitucionales en su parte mas esencial y oxigenante.

En estas líneas no quiero utilizar ni uno solo de los tecnicismos usuales (que ya nada importan), pero con la indulgencia que debiera provenir de la sinceridad de mis colegas de formación universitaria (sea que ahora se desempeñen como jueces, fiscales, defensores, profesores universitarios u opinadores de sitios de internet), me animo a decir que, por ejemplo, estamos yendo a un modelo en el cual el imputado mantiene parcialmente su derecho a ser defendido por un abogado activo siempre que este no se salga de los parámetros que de él espera la llamada “familia judicial”. Un sistema en el que si el acusado de un delito contra la administración pública pertenece a la oposición, tiene muchas más chances de ir preso aún sin sentencia –ya que no hay razones para limitarse en ninguna excepcionalidad del encarcelamiento preventivo– y un diseño procesal en el que algunos planteos (recusaciones, recursos) seguirán el tramite que la ley prevé, sólo si el juez o tribunal que atiende el asunto entiende que ese trámite es en verdad necesario, y si no nada, pero nada de nada, obsta a que se prescinda de esos molestos caminos legislativos y se rechace de plano cualquier intento de hacer escuchar una objeción por el abogado en 5 segundos.

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