Game over
David Cufré,pagina12.com.ar

La última notebook de producción nacional en Tierra del Fuego salió de fábrica en abril de 2017, hace exactamente un año. En la isla ya no se ensamblan más netbooks, notebooks ni tablets, cuando esa industria había alcanzado un pico de producción de 1,5 millón de unidades al año durante el gobierno anterior. Los datos aparecen en el informe de estadísticas de productos industriales del Indec, conocido días atrás, con información variada de distintos sectores. Las cifras precisas indican que en 2013 se produjeron 1.449.956 computadoras y tablets, en 2014 fueron 749.182, en 2015 alcanzaron a 375.826 y en 2016, a 290.395. La decisión del Gobierno de Mauricio Macri de eliminar los aranceles de importación para esos equipos tuvo como resultado que en 2017 se elaboraron apenas 16 máquinas, la última de las cuales fue en abril de ese año. La baja de producción entre el máximo de 2013 y el nivel de 2015 obedece a que la industria electrónica del continente, con base en Buenos Aires, fue asumiendo el control del negocio, mientras que Tierra del Fuego se especializó en otros bienes como celulares, aires acondicionados y televisores. El traspaso, sin embargo, no atenuó el crecimiento de los fabricantes de electrónica, quienes hasta 2015 sostuvieron aquel nivel elevado de 1,5 millón de equipos al año e incluso algo más. Un nutrido tejido de pymes con aportes de alto valor agregado y trabajadores especializados fueron creciendo codo a codo con la decena de empresas grandes que lideraban la producción. La industria en su conjunto logró generar desarrollos asociados en equipamiento e informática cada vez más trascendentes sobre la base de esa plataforma que les daba escala para explorar nuevos horizontes. Esa experiencia prometedora encontró un final abrupto el 20 de febrero de 2017. Ese día el Gobierno oficializó la eliminación del 35 por ciento de aranceles para el ingreso de notebooks, netbooks y tablets, entre otros productos del rubro, llevándolos a cero. Los fabricantes habían intentado negociar previamente que la rebaja fuera gradual, en el plazo de tres años, para tener posibilidad de adaptarse a la competencia que llegaría de China. Pero el Gobierno lo rechazó de plano y defendió el acceso libre de las máquinas del exterior con el argumento de que rebajaría los precios a los consumidores. A catorce meses de esa decisión, la Argentina discontinuó la producción en serie, y las pocas notebooks que aún se ensamblan en el continente acabarán cuando se agoten los stocks de partes y componentes incorporados en los años prósperos de la actividad. Hacia mediados de año ya no habrá ni siquiera eso. El final será completo, al menos mientras continúe en la Casa Rosada la concepción de apertura comercial que existe en la actualidad.

El reemplazo de la producción local de notebooks, netbooks y tablets por bienes importados explica la mitad de este nuevo industricidio por parte de un gobierno neoliberal. La otra mitad responde a una segunda determinación de las autoridades nacionales: la baja de la provisión local de computadoras para el plan Conectar Igualdad, que distribuye máquinas entre los alumnos del secundario de escuelas públicas. Hasta 2015 las fábricas argentinas abastecían con unas 700 mil notebooks al año a los estudiantes. En la actualidad son esencialmente traídas del exterior, casi sin requerimientos de integración nacional de ningún tipo. El cambio significó para Banghó, por ejemplo, la pérdida de producción de 5000 computadoras por mes. La empresa era una de las ocho que en 2015 participaba activamente como proveedora del programa. Su planta fabril ocupaba entonces a 800 operarios mientras que en este momento quedan 320. El ruido en la fábrica también bajó varios decibeles porque Banghó debió vender dos de las tres líneas de montaje que había incorporado para la producción. El valor de esas máquinas va de 1 a 4 millones de dólares cada una. Son equipos de alta tecnología donde se montan los componentes de las computadoras, operados por técnicos calificados bajo la dirección de ingenieros. Esos puestos de trabajo de alta remuneración son los que se perdieron con las importaciones. En total, según estimaciones empresarias, fueron unos 3000 empleos entre directos e indirectos. Los industriales cuentan que hay otras 20 líneas de montaje similares totalmente paralizadas en las distintas empresas. Las fotos que acompañan esta nota son parte del equipamiento para la producción que hoy se encuentra embalado en el depósito de una planta (no es Banghó, sino otra, que pide conservar el anonimato por temor a represalias oficiales), sin uso ni destino.

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