Nunca seas presidente del Perú

por Agustín Ortiz(

El suicidio de Alan García es una pieza más del rompecabezas de la corrupción en el que se encastran todos los presidentes del Perú desde el retorno de la democracia en el país andino. Un repaso desde García hasta Kuczynski.

La política latinoamericana post restauración democrática ha sufrido inestabilidades muy pronunciadas en las últimas décadas. Escándalos de corrupción y presidentes que debieron marcharse antes de finalizar su mandato, ya sea por fuerza popular o juicio político, repiten una rutina ya tradicional en el mundo político de la región, y a la que los pueblos han debido acostumbrarse en medio de tanta desesperanza, hambre y falta de oportunidades.

Carlos Andrés Pérez, Fernando Collor de Melo, Gonzalo Sánchez de Lozada, Abdalá Bucaram, Fernando de la Rúa, Dilma Rousseff, diferentes, pero todos insertos dentro de la danza de nombres de los presidentes que no han logrado cumplir su mandato. También son numerosos los casos de presidentes que lograron finalizar sus mandatos, pero a los que los escándalos de corrupción han ensuciado tanto como a gran parte de su gabinete.

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Alan García

El reciente suicidio de Alan García es el reflejo de lo tenebroso que resulta el ejercicio de la política en este lado del continente y sobre todo en el Perú, un país en el que todos los ex presidentes aún con vida se encuentran envueltos en casos de corrupción. Dos ex mandatarios, Alberto Fujimori (devuelto a la cárcel tras la prisión domiciliaria) y Pedro Pablo Kuczynski (presidente solo por dos años), están presos: uno por crímenes de lesa humanidad, y el otro por la megacausa Odebrecht, por la que también están siendo investigados otros dos ex presidentes, Alejandro “Cholo” Toledo y Ollanta Humala. El tercero era Alan García, pero prefirió terminar con su vida antes que quedar detenido.

Junto a su vida, le puso fin a una extensa trayectoria política de más de 40 años, a la que se subió por izquierda y bajó por derecha. Fue diputado, senador, y presidente en dos oportunidades (1985-1990 y 2006-2011). Miembro del partido del Alianza Popular Revolucionaria Andina (APRA), inició su formación política con uno de los grandes cuadros y pensadores de izquierda latinoamericanista que tuvo la región, Víctor Haya de la Torre.

El APRA se presenta como “el partido del pueblo”, forma parte de la Internacional Socialista, y lo integra un conglomerado de movimientos sociales y sectores políticos con arraigo popular no solo en Perú sino también en el continente por sus raíces antiimperialistas. Hoy en día, es un partido de tercer o cuarto orden en el ámbito de representación política en Perú ya que ha quedado como tradicional y añejo, incapaz de acercarse a las nuevas generaciones ni adaptarse a las nuevas coyunturas regionales.

Lo mismo le ocurrió a Alan García, quien en las últimas elecciones a presidente obtuvo el peor resultado de todas sus participaciones: no superó el 5%. Recordemos que su mayor hito de popularidad se produjo en 1985, cuando fue electo con el 53% de los votos. Durante su primera presidencia (1985-1990), rechazó las órdenes del FMI y e intentó la nacionalización de la banca. Estos hechos no solo le costaron graves crisis inflacionarias y de devaluación de la moneda, sino que, sumados al incremento de la violencia del grupo terrorista Sendero Luminoso, desembocaron en el avance contundente de la derecha encabezada por Mario Vargas Llosa, que fracasó en su intento de llegar a la presidencia que entonces asumió por primera vez Alberto Fujimori.

El segundo mandato de García (2006-2011) fue el reverso de su primer mandato: tratados de libre comercio y política de austeridad. Perú fortaleció TLC con Estados Unidos, México y Chile, e ingresó al Acuerdo Trans-Pacífico (TPP, por sus iniciales en inglés).

Desde 2013, García estaba siendo investigado en la megacausa Odebrecht e incluso había pedido asilo político en la embajada de Uruguay, mientras denunciaba una persecución política en su contra, pero fue rechazado por el presidente uruguayo Tabaré Vázquez.

Se suicidó de un disparo en la cabeza, el último 17 de abril, cuando iba a ser detenido por los casos de corrupción. Junto a sí, dejó una carta que fue leída en su funeral y en la que ofrece su cadáver como una muestra de desprecio hacia sus adversarios.

Lo particular de su defensa es el alegato de haber sufrido persecución política por parte de sus adversarios, puesto que estos supuestos adversarios están salpicados en la misma causa.

La muerte de Alan García es parte de una larga lista de caídas en desgracia de ex presidentes peruanos, al menos, de todos los democráticamente elegidos después de la restauración de 1985. El que no se encuentra preso actualmente, lo ha estado o, como el caso de García, murió cuando iba a ser detenido.

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Alberto Fujimori

De raíces japonesas, Fujimori llegó al poder en 1990, como sucesor de Alan García, al imponerse sobre la figura intelectual de la recalcitrante derecha latinoamericana, Mario Vargas Llosa. En 1992, llevó a cabo un autogolpe con clausura del Congreso y toma de las instituciones democráticas. Se preservó en el poder hasta julio del 2000, modificando la Constitución por su cuenta para incluir la cláusula de la reeleción inmediata. En el año 2000, cuando cursaba su tercer mandato, fue destituido por el Congreso por hechos de corrupción y, abandonar su cargo al fugarse a Japón.

Enfrentó diez años de prisión debido a cuatro condenas que incluyen crímenes de lesa humanidad y corrupción. En 2017, Pedro Pablo Kuczynski le devolvió la libertad con un indulto humanitario que le costó el cargo, y en enero de 2019 se ordenó que Fujimori regresara a la cárcel hasta finalizar su condena. Es probable que Fujimori, de 80 años, permanezca en prisión hasta el último de sus días.

Su hija Keiko, también está investigada en la megacausa Odebrecht. No es un dato menor ya que en 2016 fue derrotada por Kuczynski, también involucrado en este escándalo.

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Alejandro “Cholo” Toledo

Gobernó Perú del 2001 al 2006 y fue condenado a 18 meses de prisión por lavado de activos en la causa Odebrecht. Se estima que el Cholo entregó 20 millones de dólares a la empresa brasileña para la construcción de la ruta interoceánica entre Perú y Brasil. Actualmente se encuentra prófugo de la justicia peruana en Estados Unidos, donde ha sido detenido por desmanes en la vía pública en estado de embriaguez (es conocida su debilidad por los licores porque en su gestión utilizó fortunas del gasto público para despuntar el vicio). Aunque tiene pedido de extradición, sus días transcurren en California.

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Ollanta Humala

Mandatario entre 2011 y 2016, se presentó como un líder popular, por lo que la opinión pública rápidamente trató de ponerle el mote de Chávez peruanoNo obstante, nada semejante al chavismo ocurrió. Finalizó su mandato con un 23% de aprobación y entre acusaciones de asociación ilícita y lavado de activos en la causa Odebrecht. Pasó unos meses en prisión preventiva y, aunque hoy se encuentra en libertad, la causa sigue su rumbo.

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Pedro Pablo Kuczynski

El octogenario ex presidente emergió como el líder simpático que salvaría a la nación andina tras la sucesión de corruptos, pero terminó preso, paradójicamente acusado de corrupción. PPK, de casi fortuita nacionalidad peruana (su padre era un alemán que trabajó en Perú como médico), cuando llegó a la presidencia en 2016, a muchos nos recordaba al ex presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada que hablaba el idioma castellano con dificultad porque había vivido casi toda su vida en Estados Unidos.

La presidencia de Kuczynski duró apenas dos años, debió renunciar por la presión popular debido al indulto de Alberto Fujimori. Actualmente atraviesa 36 meses de prisión preventiva, mientras es investigado por la misma causa que casi todos sus antecesores: lavado de activos con la firma Odebrecht.

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Sin lugar a dudas, Perú es uno de los exponentes máximos a la hora de hablar de corrupción en América Latina. De todos modos, es solo una pieza más del rompecabezas corrupto de la región, en el que la causa Odebrecht es transversal.

Solo resta esperar si en los demás países latinoamericanos la justicia avanzará particularmente contra los ex mandatarios o presidentes en actividad. Por el momento, hemos vivido procesos judiciales montados sobre causas armadas o acusaciones selectivas que parecen más un intento de frenar el regreso de presidentes populares que el combate contra la corrupción.


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