La Corte Suprema de Justicia hace polÃtica. Vaya novedad. El fallo publicado esta tarde estaba listo hace tiempo, los integrantes del máximo tribunal fueron calibrando el mejor momento para firmarlo.
Y no habÃa mejor oportunidad que ésta: apenas confirmada la derrota electoral más dura en diez años de existencia del gobierno que lideró la sanción de la ley audiovisual. De hecho, ClarÃn siempre organizó su estrategia de desacato a la ley 26.522 a través de los tiempos electorales: calculando que un debilitamiento del kirchnerismo en ese territorio se replicarÃa automáticamente en el de la desinversión a que se ve obligado. Ocurrió exactamente al revés. Porque Ricardo Lorenzetti decidió hacer valer, a base de muñeca polÃtica, que le sobra, su lugar. Cuidando de no quedar pegado a ninguna de las partes del litigio. En beneficio propio, más vale.
Será gracioso ver cómo hace ahora ClarÃn para argumentar denuncias sobre hipotéticas presiones del gobierno nacional a la CSJN a escasas 48 horas de haber sentenciado mediáticamente el fin del ciclo kirchnerista.
Que, explicaron, se encamina rumbo a dos años de esterilidad polÃtica.
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Nosotros, a propósito de lo anterior, hemos dicho: “La desinversión de ClarÃn que ordena la 26.522 (…) consumirá, hasta agotarse por completo, no sólo todo lo que resta del mandato de la presidenta CFK –que, inexorablemente, finalizará el 10 de diciembre de 2015–, sino, además, más que muy probablemente también el de quien resulte ser elegido para sucederla hasta el año 2019. (…) Dicho sencillo: no habrá, al menos por largo tiempo, y esto es casi indiscutible, posibilidad de articular aprovechamiento polÃtico con la puesta en regla de ClarÃn.â€
Eso por una advertencia previa que habÃa aportado el jurista Gustavo Arballo, en su blog, el 25 de septiembre de 2009.
Que decÃa: “(…) los actores grandes del mercado de medios audiovisuales van a iniciar una guerra de guerrillas contra la Administración, litigando en sede administrativa y luego en sede judicial los mecanismos de transición. Cosa muy complicada, la cirugÃa bucomaxilofacial de la hidra de mil cabezas va a llevar tiempo y un pallet de anestesias y cautelares. (…) El cronograma y las bazas de esa transición no la puede controlar absolutamente el gobierno, no porque no pueda ser mayorÃa en la autoridad de aplicación, sino porque hay algo que se llama ‘control judicial’, que va a ser aquà persistentemente requerido y monitoreado, y uno piensa, prestamente ejercido.â€
Esto es lo que se viene. La constitucionalidad de la ley, que de por sà ya implicó un laberinto judicial, abre paso a muchos otros, a los fines de hacer operativos los mecanismos que han recibido convalidación constitucional. El impacto en el plano especÃfico que importa al asunto demorará aún más en hacerse efectivo, notorio y eficiente. Lo que, en cambio, sà será inmediato es lo que surge del dato polÃtico: la capacidad del Grupo ClarÃn de operar para mantenerse al margen de la ley encontró sus lÃmites. Ahora en Tribunales, antes habÃa sido en los poderes electivos.
Eso se está haciendo sentir en “los mercadosâ€, como bien cuenta acá Mariano Grimoldi.
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“Para los defensores de la ‘democracia abstracta’, esos que festejan la ‘continuidad’ inaugurada en diciembre del ‘83, el fetichismo de las urnas sigue siendo el corazón del sistema polÃtico. Los que no compartimos las alegrÃas fáciles, señalamos que democracia sin igualdad ante la ley (igual delito, igual pena), con impunidad sistémica para los crÃmenes de lesa humanidad, una democracia que conservaba en las tinieblas a los beneficiarios de la dictadura burguesa terrorista del ’76, no es siquiera formal; más bien se trata del mismo programa del partido del estado bajo control parlamentario; tan asÃ, que votaras lo que votaras los mismos hacÃan lo mismo para beneficiar del mismo modo a idéntico bloque (…)â€
Eso comentó sobre las elecciones del domingo pasado Alejandro Horowicz en Tiempo Argentino.
Y agregaba: “(…) en lugar de celebrar ‘continuidades’ como las tres décadas democráticas nosotros festejamos discontinuidades, puntos de ruptura, estallidos sistémicos. (…) Y si bien el oficialismo logró elevar el escandaloso piso de la catástrofe social (un paÃs que produce alimentos para 350 millones de personas, no logra alimentar decorosamente a 40 millones) no logró plasmar un nuevo proyecto colectivo, ni cambiar el bloque de clases dominantes, ni terminar de alterar el sistema de valores compartidos.â€
Este expediente discurre por el carril de un quiebre, como lo pide Horowicz. Implica un avance en dirección a la domesticación de ClarÃn. A la liquidación de su capacidad de influir en los procesos polÃticos, sociales, culturales y económicos del paÃs, como lo ha hecho en forma determinante, y sin pausa, desde su fundación en el año 1945. Y que en realidad forma parte del comportamiento táctico/estratégico de un sujeto colectivo, a cuyo provecho se estructuró el orden socioeconómico inaugurado el 24 de marzo de 1976. Es decir, excede al actor de esta causa.
Este tipo de sucesos escapan de la voluntad inicial de sus productores en sus efectos, generalmente. Se proyectan hacia los restantes componentes del consorcio que el holding propiedad de Ernestina Herrera de Noble conduce, expresa, sintetiza y vocea.
A horas de celebrarse los 30 años de la recuperación de la democracia formal, un mojón, una herramienta importante en la carrera hacia la democratización material de la sociedad.
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No es, pues, menor el detalle del voto en soledad de Carlos Fayt a favor de ClarÃn. Acá no haremos mérito en ningún sentido del ministro más longevo del tribunal, pero el dato objetivo es contundente: Fayt asumió su cargo actual y desarrolló la mayor parte de su mandato durante la denominada democracia de la derrota, el perÃodo de nuestra historia durante el cual el Estado no fue otra cosa que la instancia de mera convalidación de decisiones orquestadas de modo extrainstitucional.
La puesta en crisis de esa epistemologÃa todavÃa encuentra resistencias a la somatización en lo jurÃdico, refugio de los privilegios que ahora sufren interpelación. Pero quizás cada vez sean menos. Ojala.