Cada dÃa que pasa trasciende más el verdadero perfil y la trayectoria del fiscal Nisman (blandido por los medios de difusión hegemónicos como el héroe o mártir antikirchnerista y defensor de la justicia universal), y se le ve la hilacha que sugerÃamos en las notas de este humilde servidor público (por ejemplo, esta primera nota). A dos meses de su muerte, se ve que realmente se trataba de un fiscal caro, bon vivant, con una vida donde abundaba el dinero, las mujeres y los viajes al exterior costeados por fondos públicos que él mismo administraba a gusto (más parecida a la de un James Bond 007 criollo que a la de un austero fiscal de la república), y que los resultados de sus investigaciones estaban muy por debajo de lo esperado para los cuantiosos recursos y personal destinados a su fiscalÃa.
Además, como dijimos aquà varias veces, su fiscalÃa siguió una única lÃnea de investigación, muy sospechada de ser falsa o, al menos, tan «floja de papeles» como su acusación de encubrimiento contra el gobierno, para la casi unanimidad de juristas de prestigio.
Al parecer, si Nisman no presentaba su denuncia tenÃa mucho más que perder al correr el riesgo de que el desmantelamiento de la exSIDE de Stiuso y compañÃa dejara en evidencia las carencias de su «investigación» y sus sospechosos manejos de los recursos públicos y las caracterÃsticas de su lujosa y osada vida durante la década en la que supuestamente investigaba el atentado contra la AMIA, la misma que le reprochaba su ex esposa en un conocido mensaje de Whatsapp difundido por los medios.
Repasemos lo que se supo en estos dÃas sobre las actividades conocidas y desconocidas del fiscal.
Cajas de seguridad, cuentas en EE.UU. y empleados (¿ñoquis?) de la fiscalÃa:
(La jueza) Palmaghini consideraba “pertinente determinar sà el fallecido Natalio Alberto Nisman contaba con cajas de seguridad en entidad bancaria algunaâ€, cosa que el 27 de enero “sugirió a la FiscalÃa de Instrucción No. 45â€. Tal giro idiomático revela que la jueza carecÃa de facultades para ordenarlo, y por eso se limitaba a sugerirlo, como una buena vecina y ¡nueve dÃas después de la muerte de Nisman! Para entonces, la madre del fiscal, Sara Garfunkel, ya habÃa vaciado los cofres y las cuentas que compartÃa con Nisman en dos sucursales del Banco Ciudad (en Corrientes y Uruguay y en Callao y Juncal) y en la empresa privada de cajas de seguridad no bancarias Hausler, con bóvedas en una galerÃa de Florida y Paraguay. Garfunkel fue conducida a esa expedición de rescate por la intrépida custodia de Nisman. Los policÃas conocÃan ese depósito hermético, porque antes habÃan llevado a madre e hijo a firmar el contrato de alquiler. Según la explicación de los directivos de Hausler Alan Packer y Juan Piantoni antes de llegar a su caja, Nisman y su madre debÃan sortear siete puertas. Cada una se abre una vez que se cerró la anterior, y siempre que el sistema reconozca las huellas digitales y el rostro de la persona autorizada a acceder.
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Declaraciones de la ex-esposa y de una hermana de Nisman indican que el fiscal compartÃa negocios y una cuenta bancaria en Nueva York con quien dice haberle prestado el arma del último disparo, Diego Lagomarsino, teóricamente dependiente suyo en la fiscalÃa con una retribución que envidiaba todo el Ministerio Público. Su abogado Máximo Rosconi lo admite pero dice que no lo declaró en el expediente por cuidar la imagen de San Nisman Mártir. Esa preocupación es muy extendida entre quienes conocieron su vida rumbosa, con bulo en Puerto Madero (…) con nutricionista que se cobraba mediante un contrato en la Unidad Fiscal, a la que renunció en cuanto murió su cliente; carÃsimo personal trainer, cosmiatra, tours de compras electrónicas compartidos con Lagomarsino, con ingreso de la mercaderÃa sin impuestos; paseos por resorts internacionales con chicas preciosas, alguna contratada como secretaria en la Unidad; mesa propia en la sala vip de puterÃos a los que, como declaró un gatito gracioso, asistÃan señores grandes y chicas jóvenes a las que dejaban pasar sin cobrarles. Nisman nunca le hablaba de cosas personales, claro.
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La cuenta en Nueva York y el rol de Lagomarsino.
Uno de los enigmas que se plantean en la hipótesis de homicidio, sustentada por la ex esposa de Alberto Nisman, es cuál habrÃa sido el móvil. Sandra Arroyo Salgado planteó alternativas, desde una relación económica con Diego Lagomarsino hasta la idea de que el informático es parte de un servicio de Inteligencia y mató, o participó del asesinato, en el marco de un plan de esa organización.
Arroyo Salgado sorprendió el lunes pasado cuando se presentó a declarar ante la fiscal Viviana Fein y contó que Nisman y Lagomarsino compartÃan una cuenta en un banco de Nueva York. La versión provino de la hermana del fiscal, quien quiso acceder a esa cuenta, no tenÃa la contraseña y en el banco le dijeron que tal vez la contraseña estuviera en poder de Lagomarsino, ya que el informático también figura en la cuenta.
Según aseguran cerca de Lagomarsino, hace más de un año Nisman le pidió que accediera a ser una especie de testaferro en esa cuenta. Nisman le prometió que no lo molestarÃa mucho, pero que como el fiscal era lo que se denomina una persona polÃticamente expuesta, lo mejor era que no figurara como titular. Para usar palabras sencillas, Lagomarsino actuó de prestanombre, presionado por el hecho de que ganaba una importantÃsima suma de dinero mensual sin concurrir a la FiscalÃa.
En el último año, las molestias fueron sólo dos, siempre de acuerdo con la versión de los allegados a Lagomarsino. En ambos casos se trató de que el informático autorizara transferencias de unos 2500 dólares de la cuenta para pagar las expensas de una propiedad en Uruguay. Ese nivel de expensas hace pensar en una propiedad de cierta importancia y nadie sabe si está declarada. Por supuesto que también está la versión de que la cuenta en Nueva York servÃa para mover fondos de algún negocio conjunto de Nisman y Lagomarsino, tal vez referido a la importación informal de elementos informáticos. Como se sabe, Stiuso fue acusado de introducir a la Argentina más de 90 toneladas de material tecnológico, principalmente médico y odontológico, pero también televisores y PlayStation.
En cualquier caso, Arroyo Salgado habló de la cuenta en Nueva York, y si lo hizo es porque considera que alguna vinculación puede tener con lo que ella considera un homicidio.
Por otro lado, al principio de la causa, la ex esposa del fiscal dejó entrever que Lagomarsino pertenece a un servicio de Inteligencia –al que no identifica– y que eso es lo que explica que tiene una estructura de abogados y peritos que lo defienden. También explicarÃa las caracterÃsticas sofisticadas –especula Arroyo Salgado– del asesinato.
Lo que no parece encajar con la idea de un gran servicio de Inteligencia es que el supuesto crimen se cometió con un arma a nombre de Lagomarsino, o sea con una que deja la firma en la escena del crimen y que es propiedad del superagente de ese servicio.Â
Para colmo, no es que el supuesto servicio de informaciones haya usado una pistola de profesionales –como desliza la querella–: la Bersa era vieja y con proyectiles viejos.Â
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Gastos, cuentas y modelos.
Los familiares de las vÃctimas del atentado, agrupados en Memoria Activa, venÃan pidiendo en los últimos años que Alberto Nisman fuera destituido de su cargo. En algunos de sus discursos mencionaron que el fiscal viajaba mucho, trabajaba poco y manejaba un presupuesto desmesurado, sobre todo teniendo en cuenta los pocos avances de la causa. Con el devenir del expediente por la muerte del fiscal, van apareciendo datos más llamativos:
– La procuración dio de baja tres contratos inexplicables que Nisman firmaba cada mes. El primero, de Diego Lagomarsino, era por 41 mil pesos mensuales, el contrato más alto de cualquier fiscalÃa del paÃs. El segundo era para una especie de consultor, Claudio Rabinovitch, que cobraba 32.400 pesos mensuales por un asesoramiento que nadie en la fiscalÃa supo en qué consistÃa. Finalmente, hay una mujer a la que se sindica como su nutricionista que cobraba unos 20 mil pesos por mes. Ninguno de los tres contratados concurrÃa en forma normal a la fiscalÃa, de manera que los propios empleados los consideraban una especie de ñoquis.
– Las fotografÃas de modelos que viajaban con el fiscal al Caribe también llaman la atención. Incluyen a YLP, que igualmente figura como empleada de la fiscalÃa. Todo exhibe un desmesurado nivel de gastos y una vida nocturna en la que alardeaba “soy el fiscal de la AMIAâ€. Florencia Cocucci contó que conoció a Nisman en Rosebar, un boliche de moda en Palermo, y luego dio complicadas explicaciones sobre la forma en la que se encontraron en Cancún. Hasta el momento pasaron ocho modelos por la fiscalÃa, sin que ninguna pueda aportar elementos sobre su muerte, aunque sà explicaron cómo se encontraron casualmente con el fiscal en el Caribe.
– La cuenta en Nueva York abre un nuevo flanco desde el vamos, porque no estaba a su nombre, sino que figuraba a nombre de sus familiares y de Diego Lagomarsino. Es decir que tenÃa una cuenta a nombre de testaferros.
– De la cuenta de Nueva York salieron pagos de expensas de una propiedad en Uruguay que habrá que ver a nombre de quién está.
– El vaciamiento de la caja en el Banco Ciudad plantea una serie de preguntas, empezando por la más elemental: ¿qué contenÃa verdaderamente la caja? Lo segundo tiene que ver con la forma en que fue vaciada por la madre, unos dÃas después de la muerte del fiscal.
– El alquiler del departamento en Le Parc también impacta. Se menciona la cifra de 30 mil pesos mensuales, un monto que no se condice con los ingresos de un funcionario judicial de su nivel.
A todo esto se agregan las visitas a la Embajada de Estados Unidos, retratadas en los cables de Wikileaks. Nisman concurrió en numerosas oportunidades, pidió disculpas por no haberles adelantado a los hombres del FBI algunas medidas que iba a tomar en el expediente AMIA, recibió recomendaciones de no apartarse de la pista iranà y llevó para que le corrijan algún escrito. En los primeros dÃas tras su muerte, hubo un intento de endiosar al fiscal, pese a que los cuestionamientos de los familiares eran conocidos desde mucho antes. En los dos meses que lleva la causa por su muerte se hicieron más visibles las irregularidades que lo rodeaban y, según se piensa, es mucho todavÃa lo que hay por destapar.
Cómo ahorrar con la investigación de la AMIA
El abogado de Diego Lagomarsino presentó ayer un escrito ante la fiscal Viviana Fein en el
que confirmó lo adelantado por este diario: Alberto Nisman se quedaba con el 50 por ciento del sueldo de Lagomarsino, es decir 20 mil pesos mensuales a valores actualizados. En el texto, Maximiliano Rusconi, abogado de Lagomarsino, reveló que el término reintegro fue el usado por Nisman hace siete años cuando le hizo la exigencia y desde entonces, cada mes, el informático le hacÃa llegar al fiscal –le reintegraba– la mitad de lo que cobraba. Se trata de dinero correspondiente al presupuesto de la investigación del atentado contra la AMIA.
Las anomalÃas en los manejos de Nisman abarcan los numerosos viajes al Caribe, acompañado por distintas modelos. No sólo hay datos concretos de que pagó los pasajes en primera clase –el suyo y el de sus acompañantes–, sino que viajó sin pedir vacaciones, es decir que cobraba su sueldo mientras estaba en la playa.
En verdad, fue Arroyo Salgado quien planteó la posibilidad de que la muerte de Nisman haya estado relacionada con un conflicto económico. Habrá que ver cuánto peso tuvo el hecho de que Nisman se quedara con la mitad del sueldo de Lagomarsino; hay que saber también cuánto dinero hay en las cuentas hasta ahora secretas en Nueva York y cómo se movieron esos fondos, para ver si el conflicto económico del que habló Arroyo Salgado existe y si pudo tener que ver con la muerte del fiscal.
Reintegro
En el escrito de ayer, Rusconi detalla que en el momento de la contratación, en 2007, Nisman le fijó como condición a Lagomarsino que “debÃa reintegrarle ese porcentaje (el 50 por ciento) del valor contratoâ€.Â
Los datos aportados por Lagomarsino ponen una enorme duda sobre los demás contratos existentes en la Unidad AMIA, que era la que manejaba Nisman. En total hay diez contratos, en los cuales hay aspectos llamativos. Una parte de los contratados no iba nunca a la fiscalÃa. Otra parte, no se sabe en qué trabajaba. Hay finalmente un grupo que tampoco concurrÃa a la sede de la Unidad AMIA pero ahora, precipitadamente, van todos los dÃas. Del total, hay dos contratos que se dieron de baja: el de Lagomarsino y el de Claudio Rabinovitch, que actuaba como asesor. Un contrato que está en proceso de baja, el de la nutricionista, y siete contratos que se están observando con lupa. También las cifras son asombrosas: 41 mil pesos cobraba Lagomarsino (aunque ya se sabe que entregaba a Nisman la mitad), 32.400 Rabinovitch y 28.800 la nutricionista. Los demás contratos rondan los 20 mil pesos promedio.
Cuentas
“Sara Garfunkel y Sandra Nisman aseguran que Alberto les dijo que el dinero de Nueva York era para sus hijas, en caso de que a él le pasara algo. Sé que él realizaba inversiones inmobiliarias con unos primosâ€, detalló Arroyo Salgado cuando habló de la cuenta.
Hasta ahora, en la causa judicial no hay detalles sobre cuánto dinero hay en el Merrill Lynch ni se sabe si es una cuenta declarada. En principio, todo indica que no hay registro en la AFIP y se habla de varios centenares de miles de dólares.Â
Caribe
Cuando la modelo Florencia Cocucci fue a declarar, el diálogo resultó sorprendente:
–¿Quién pagó el viaje en primera y los gastos en Cancún? –preguntó la fiscal.
–No sé, todos los arreglos los hizo Alberto –contestó la modelo.
–¿Pero entonces pagó él?
–No sé.
–A ver, ¿pagó usted el pasaje y los gastos en Cancún?
–No, la verdad que no –redondeó Cocucci.
En aquella escapada de noviembre, Nisman viajó a Cancún con Cocucci y con otra chica, una modelo contratada en la fiscalÃa. Sólo los pasajes costaron cerca de 12 mil dólares.
Sin embargo, lo más impactante es que Nisman no pidió vacaciones para irse a las playas con las dos modelos. Según los registros, durante todos esos dÃas de noviembre estuvo trabajando. Esto significa que durante el tiempo de playa y sol, él cobraba su sueldo habitual y, además, se le iban a liquidar, por separado, las vacaciones, porque en forma oficial nunca se las tomó. Viajaba al Caribe o a Europa pero en los papeles figuraba que estaba trabajando. Por lo que se ve hasta el momento, durante todo 2013 y 2014 realizó varios viajes de placer con distintas modelos. Ninguno figura como perÃodo de vacaciones ni hay pedidos de licencia.
La cuenta en NY
El otro elemento que estará en el escrito que se presentará hoy ante Fein es la cuenta bancaria de Nueva York.
En el texto que se entregará hoy a Fein se consigna que Lagomarsino intervino dos veces en movimientos de esa cuenta. Una, a mediados de 2014 y la otra a principios de enero de 2015. En ambos casos se trató de transferencias de 2500 dólares a Uruguay para pagar los impuestos de un terreno en ese paÃs.
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«Se le dieron muchÃsimos fondos para que esclarezca el caso AMIA y él la dedicaba para salir
con minas y pagar ñoquis. Entonces se mofó durante todo este tiempo de 85 vÃctimas y más de 300 heridos que provocó el atentado. Un sinvergüenza de los que pocos se han visto en este paÃs», señaló el jefe de Gabinete, AnÃbal Fernández.
«A uno le cuesta creer que este hombre, estando en vacaciones, va a la casa de su amigo, perdón, del turro que le robaba la mitad del sueldo, y le llevaba una pistola para que se cuidara, y no sabÃa el saldo de la cuenta. Vamos, no nos tomen por idiotas». «Se le dieron los fondos para que descubriera los responsables del atentado, que no fue un atentado contra los judÃos, fue un atentado contra la Argentina -aclaró y prosiguió-. Él se mofó de las 85 vÃctimas porque usó los dineros para salir con señoritas, están viralizadas las fotos del fiscal Nisman con varias señoritas, y para pagar ñoquis como Lagomarsino al que le sacaba el 50 por ciento.»
¿Dr. Jeckyl y Mr. Hyde? La palabra de alguien que conoce el paño…:
Coppola sobre Nisman: «El fiscal iba a Rosebar con unos bombones increÃbles».
El ex representante de fútbol contó que se cruzó varias veces con Alberto Nisman en Rosebar, Palermo. Lo veÃa siempre con «chicas muy altas y muy elegantes».
El último en hablar fue Guillermo Coppola, ex representante de fútbol, que contó cómo fue el encuentro con Nisman en el boliche Rosebar.Â
«Me lo presentaron uno amigos abogados que lo conocÃan y compartÃamos un saludo cordial en un espacio más cómodo. Lo veÃa esporádicamente en Rosebar. Suelo ir algún jueves, que es el dÃa que va un poquito de gente más grande», contó Coppola en Argentina Despierta.Â
El ex representante de Maradona aseguró que el fiscal responsable de investigar el atentado a la AMIA «iba con unos bombones increÃbles. Siempre eran chicas muy altas y muy elegantes. Es un lugar donde se va un poquito mejor vestido. Todas tenÃan un perfil, muy lindas. Yo cuando me acercaba a saludar me fijaba».
Y finalizó diciendo que siempre lo veÃa con chicas.
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Veamos, finalmente, dos completos y rigurosos informes sobre su trabajo de fiscal:
Un fiscal colgado del pincel.
Por Jorge Elbaum
(Sociólogo y ex Director General de la DAIA)
Las muertes y los suicidios relacionados con la polÃtica o la justicia siempre  tienen un halo
de conspiración. Lo traumático de la muerte pone el foco en las bambalinas del poder, en los enfrentamientos y en los intereses en disputa. Lo que ya pasará a llamarse “el caso Nissman†remite, históricamente, al cruce entre poder y –probablemente– psicologÃa: un fiscal que cruza la raya de su cometido judicial e ingresa en los territorios farragosos y turbios de los llamados “servicios de inteligencia†tantos nacionales como extranjeros. Una oposición que exhibe obscenamente el cadáver como maniquà de sus limitaciones y una “familia judicial†que ya empieza a trasmutar en “famigliaâ€.  La muerte del fiscal deja un escozor trágico y sorpresivo. Los retazos deshilachados de lo que se llama la “oposición†se miran con complicidad mezquina y se preguntan, entre murmullos, cómo pueden sacarle el máximo rédito al cadáver todavÃa tibio.
Sin embargo, en vez de apuntarle a lo obvio se internan en culpas, medias palabras y chapucerÃas de panel televisivo: Nissman se suicidó porque lo dejaron colgado del pincel. Porque le prometieron “escuchas†que no existÃan y/o falsas evidencias que terminaron siendo humo. Alguien (o varios sujetos complotados de diversos servicios, locales y extranjeros) lo utilizaron durante los últimos años, generando una dependencia “informativa†que tenÃa que poner sobre la mesa, frente a los diputados, la tarde que se suicidó.Â
Algunos jugadores del tablero internacional fueron cambiando sus prioridades de acuerdo a la conformación de los enemigos de turno: Alberto Nissman terminó siendo cooptado por la CIA y el Mossad durante el conflicto por las plantas nucleares construidas por Teherán, alrededor de los años 2009 y 2010. En una deriva que los familiares de la muertos de la AMIA percibieron como obvia, el fiscal fue aislándose de quienes eran sus defensores más acérrimos  y se asoció con la derecha israelà representada por Beraja, la DAIA y la AMIA y con un nexo permanente con “La Emajada†llamado Alfredo Neuburger, retratado explÃcitamente en los wikileaks.Â
En ese entonces el enemigo a ser “limado†era Ahmanidejad, presidente Persa, que se negaba a orientar la energÃa nuclear a fines pacÃficos.  Una acusación contra los iranÃes por la masacre de la AMIA  –y al mismo tiempo la negativa a profundizar la “pista Siriaâ€â€”hubiesen o no evidencias servÃa en ese entonces para presionar a Teherán.  Nissman se introdujo en el juego escabroso del ajedrez internacional con una ingenuidad y ambivalencia constitutiva: creyendo ilusamente que escalaba en la jerarquÃa jurÃdica de la guerra contra el terrorismo, pero dependiendo de “informes†que siempre le “prometÃan†y no siempre llegaban a sus manos. Cuando la Presidenta descabezó la SI el escenario internacional ya habÃa cambiado por completo: Irán ya no funge como el enemigo terrorista sino que ha devenido en un aliado de Estados Unidos, en su guerra contra el califato fundamentalista sunnita del ISIS.  El fiscal empieza a quedarse solo, en una tarea  que ya no postula  socios extranjeros. Por su parte, los informantes locales no tienen todo lo que han prometido y suelen habitualmente, frente a ocasiones del estilo, con un gesto adusto, recomendarte el arma más eficaz para que termines con tu vida.
El Rompecabezas de Nisman.
Cuando lo policial y lo polÃtico se mezclan, en la batalla mediática por el verosÃmil, quizás triunfe la operación mejor orquestada. El caso Nisman genera enormes consecuencias sobre la polÃtica y la campaña electoral. La muerte del fiscal saca del clóset a un actor cada vez más influyente desde la vuelta de la democracia: los servicios de inteligencia. Su estrecha relación con sectores de la justicia federal queda al desnudo. De esa trama oscura y de un hombre solo habla esta investigación de Revista Anfibia.
En cada audiencia, frente a los testigos y al lado de los imputados, uno de los querellantes se sentaba junto al fiscal Alberto Nisman. Todas las mañanas, antes de empezar,el fiscal le mostraba orgulloso una carpeta llena de recortes periodÃsticos con todo lo publicado sobre el juicio: un clipping. Al abogado le impresionaba lo pendiente que estaba ese hombre de la repercusión del proceso.
Cuando le tocaba hablar ante los jueces, Nisman era verborrágico y apresurado.
—Hablá más despacio, Alberto, ni yo que me conozco la causa completa te entiendo —le decÃa el abogado.
En las primeras audiencias, Nisman se ubicaba junto a los otros fiscales: Eamon Mullen y José Barbaccia. Los tres habÃan firmado, en la primera instancia, el requerimiento de elevación a juicio en el que se aseguraba que la Bonaerense extorsionó a Carlos TelleldÃn para que vendiera la camioneta Traffic a los autores del atentado. Se movÃan en bloque. Cuando se empezaron a hacer evidentes los testimonios falsos, las imputaciones arbitrarias y las pruebas plantadas, Nisman se fue alejando de sus colegas. Lo único visible de la alianza de aquel equipo eran los escritos firmados en conjunto.
El 13 de abril de 2003, los jueces Gerardo Larrambebere, Miguel Pons y Guillermo Gordo ordenaron que Barbaccia y Mullen fueran apartados de la causa. Dijeron que sabÃan y ocultaron que TelleldÃn, acusado como “partÃcipe necesarioâ€, recibió 400 mil dólares en 1996 para declarar contra policÃas bonaerenses. Barbaccia no estaba presente. Mullen se levantó en silencio. Nisman permaneció sentado.
Quienes defienden la figura de Nisman, recuerdan que el dÃa que TelleldÃn firmó la declaración falsa el fiscal aún no se habÃa sumado al equipo que investigaba el atentado a la AMIA. Quienes lo cuestionan, aceptan que eso es real pero recuerdan que el fiscal comenzó a trabajar junto a Mullen y Barbaccia en junio de 1997: o sea, que acompañó sus presentaciones y actuaciones hasta que se precipitó el final.
Nisman ingresó a Comodoro Py signado por esa escena histórica en la que sus pares pasaron al cadalso jurÃdico. Unos y otros se preguntan por qué Nisman no quedó marcado por el encubrimiento, por qué no apeló la acusación a Mullen y Barbaccia si sostuvo lo mismo que ellos hasta lo último.
En el ámbito judicial, por ese hecho y por su estrecha relación con los servicios de inteligencia, a pesar de su dedicación permanente a la causa AMIA, Nisman era visto con reservas por la mayorÃa de sus colegas.
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La mayorÃa de las 24 fuentes judiciales consultadas por el equipo de Anfibia dan por real y por conocida la relación estrecha entre el fiscal y la SecretarÃa de Inteligencia. Ese fue el pacto desde el inicio, cuando en 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner impulsó la investigación poniendo a la SecretarÃa de Inteligencia al servicio de la flamante UFI AMIA, a través del espÃa que luego se convertirÃa en enemigo del kirchnerismo, Antonio “Jaime†Stiuso. Siempre en estricto off the record, las fuentes admiten que el caso Nisman deja al descubierto una  zona de convivencia admitida, normalizada e histórica: la de los servicios de inteligencia con la justicia federal. Once personas que trabajan en altos puestos de la justicia federal, cuatro que trabajaron en la fiscalÃa con Nisman, tres querellantes, seis ex funcionarios importantes de Justicia o Seguridad lo admiten y describen. En este punto crucial, veinte de ellos –casi todos—están de acuerdo: esa relación es carnal. Los únicos que no lo confirman, tampoco lo niegan: prefieren –aclaran ante las preguntas– no hablar del tema.
Un ex compañero de Nisman y dos jueces federales se animan a decir (protegiéndose siempre en el off the record) que Nisman era “un agente†de inteligencia. Cuando se los interroga para que definan con precisión a qué supuesto servicio reportaba, dos de ellos aseguran que a la central norteamericana, la CIA. Mientras que la tercera fuente lo considera un agente del Mossad, el servicio secreto israelÃ.
Es difÃcil evaluar las afirmaciones de estas fuentes calificadas. En las entrevistas sobre servicios de inteligencia, cuando se intenta profundizar este tipo de hipótesis el lÃmite es la palabra clave: secreto.
—Si te sale bien, sos procurador o presidente del Congreso JudÃo Mundial. Si te sale mal, te mandan un arma. Alberto no era solamente un fiscal —dice un ex funcionario de Seguridad vinculado a Nisman por el caso AMIA.
Es fácil de comprobar que, varias veces, el nombre de Nisman sonó como candidato para la Procuración General.
Un fiscal federal y un juez federal escucharon a Nisman hablar sobre las lujosas camionetas negras que lo esperaban cada vez que pisaba Estados Unidos. Consultado al respecto, el fiscal dice:
—Siempre me lo hice de la CIA: alguna vez compartimos un curso patrocinado por ese servicio secreto. Estaban Nisman y (MarÃa Romilda) Servini de CubrÃa.
Y luego reflexiona sobre el lugar donde fue enterrado Nisman, en el cementerio judÃo de La Tablada.
—Lo pusieron frente al monumento a los muertos al servicio de Israel. Y él no era un religioso convencido y practicante.
Fuentes ligadas al cementerio confirmaron este dato: la tumba de Nisman está muy próxima al “Monumento de recordación a los caÃdos por la defensa del Estado de Israelâ€: mucho más cerca que la manzana donde están enterradas algunas de las vÃctimas de la AMIA.
—Si dividÃs al mundo entre la gente de reflexión y la gente de acción, Nisman era de los segundos. Le gustaba más la actividad secreta que ser fiscal.
El ex Director Ejecutivo de la DAIA, Jorge Elbaum, afirma que Nisman se suicidó y, sin el pudor de otros, acusa al fiscal muerto de haber armado la investigación según las necesidades de la CIA y el Mossad.
—A su camioneta se la alquilaba una empresa manejada por la CIA.
En este dato coinciden en “offâ€también un fiscal federal y un juez. Elbaum dice que a partir de 2009, quiso“operarloâ€a él y a Sergio Burstein: Irán tenÃa que ser culpable.
—Lo usaron hasta el último minuto, le prometieron una gran recompensa, y de pronto Nisman se encontró sin nada.
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Cuando lo policial y lo polÃtico se mezclan, los casos se convierten en una cuestión de fe: la realidad llega al extremo de lo subjetivo; en el barro mediático, quizá triunfe la operación mejor orquestada. Es la batalla por el verosÃmil. En el caso Nisman, la trama jurÃdica se enreda con traiciones Ãntimas y lealtades corporativas. El rompecabezas de la muerte del fiscal reúne al terrorismo internacional y a la omnipresencia de la CIA, al gobierno, a la oposición culpando del crimen a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; a las lecturas sobre el trabajo de Nisman, su obsesión y su vanidad personal. Los conflictos históricos se vuelven estridentes: la autonomÃa de algunos sectores de la SecretarÃa de Inteligencia (SI); las relaciones entre la justicia y los servicios. Mientras la evidencia lo permita, se exaltará o disimulará la importancia de cada pieza. Más allá de que la fiscal Viviana Fein descubra qué pasó el domingo 18 de enero dentro del baño del departamento de Le Parc, la “zona opacaâ€transitada por juristas e Inteligencia está quedando expuesta.
Los vÃnculos entre un funcionario judicial y los servicios secretos no se generan de un dÃa para otro. Se basan en la construcción de una relación personal que incluye sociales amenas y hasta escenas de tiempo libre. La amistad suele teñir la relación profesional.
Un fiscal federal dice que un ofrecimiento para formar parte de una operación surge de una conversación cualquiera, quizá tomando un trago con el amigo espÃa. El otro deja caer la propuesta.
— Si no lo frenás en el acto, les estás mandando un mensaje ambiguo y las propuestas van a seguir llegando. A mà me dijeron: “Si nosotros te hiciéramos saber una información que te llevarÃa a investigar a la presidenta, ¿vos qué harÃas?â€. Yo respondà que no me interesaba. “No me voy a hacer socio tuyo para desequilibrar a un Gobierno democráticoâ€.
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A los 24 años, Nisman se peinaba con raya al costado y tenÃa un bigotito a lo Clarke Gable, que le daba un aire policial. Hijo de Sara Garfunkel, propietaria de una farmacia, y del empresario textil Isaac Nisman, su situación económica lo ubicaba uno o dos escalones por encima del resto de los abogados de su edad que trabajaban en el juzgado provincial Nº 7 de Morón, a cargo del juez Alfredo Ruiz Paz. El secretario era Santiago Bianco Bermúdez, el mismo que ahora es el abogado de Antonio Stiuso.
Entre el calor asfixiante de esa construcción con algunos techos de chapa y su rol subalterno en el escalafón judicial, Nisman estaba eximido de la formalidad de usar traje. A pesar de que viajaba apretujado en el tren que iba de Once hasta Morón calzaba saco y corbata casi todos los dÃas. Era flaco y le gustaba jugar al tenis. No era un judÃo religioso practicante, pero su apellido lo volvÃa una notoria excepción en un mundo católico.
Sus colegas de aquellos tiempos, los que lo estiman y los que no, coinciden en que ya entonces era vanidoso y audaz. “Mirá, es una vip del Cieloâ€, le mostró a un ex compañero. “¿De dónde la sacaste, Ruso?â€, quiso saber el otro, también interesado en entrar a la zona exclusiva de la disco. “Me la conseguà chapeando con la ayuda de un policÃa amigoâ€, se jactó.
Un ex compañero que compartÃa los viajes en tren desde Morón lo describe impiadoso.
—Siempre, desde el comienzo, fue competitivo.
Pronto, de ese juzgado provincial Nisman saltó al juzgado federal de Morón.
—AhÃ, dejó de saludarnos.
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Desde hacÃa diez años, a diferencia de los demás fiscales federales, que manejan cientos de causas, el único trabajo de Nisman era investigar el atentado contra la AMIA, ocurrido en 1994.
El viernes 16 de enero al mediodÃa, menos de 48 horas antes de su muerte, llegó al local ubicado a cuatro cuadras de su departamento, en las Torres Le Parc, y pidió su menú habitual. Si bien solÃa pasar desapercibido dentro del restaurante, ese viernes ya se habÃa convertido en una especie de celebridad de la polÃtica, luego de su denuncia por encubrimiento del atentado contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. A dos metros de su box, un hombre le comentó con cierto orgullo a la camarera: “Ese es el fiscal Nisman, el que denunció a Cristinaâ€.
El domingo de su muerte, los responsables de custodiarlo eran los suboficiales Armando Niz y Luis Miño. El dÃa anterior, Niz le habÃa pedido franco porque tenÃa pautada una operación de riñón para el martes siguiente, pero Nisman, quizá por miedo, se lo negó.
Niz y Miño llegaron a Le Parc a las 11 de la mañana, tal como habÃan acordado con el fiscal. Desde entonces según el relato que hicieron ante la fiscal Viviana Fein los policÃas esperaron, tocaron el timbre, llamaron a la secretaria de Nisman y finalmente a la madre, Sara Garfunkel. Entraron al departamento pasadas las 22.30, con la ayuda de un cerrajero. Niz fue el primero en encontrar su cuerpo: Nisman todavÃa tenÃa el arma de Lagomarsino en la mano derecha. Una semana después su muerte, el jefe de la Federal, Román Di Santo, pasó a disponibilidad a Miño y Niz: resulta inexplicable que tardaran casi doce horas en ocuparse de verificar si el hombre al que custodiaban diez policÃas estaba en peligro. Y mucho más, que nunca avisaran a ningún superior de lo que estaba pasando.
La UFI-AMIA es una especie de fiscalÃa VIP: para 2015 el presupuesto era superior a 31 millones de pesos. Empleaba a 45 personas, de las cuales diez eran contratadas y no pertenecÃan a la planta permanente. Monotributistas con sueldos más altos que la media de la Procuración General, manejaban su dÃa a dÃa con total flexibilidad. El propio Nisman cobraba 100 mil pesos en mano, casi 40 mil más que el promedio de sus pares.
Sin la obligación de presentarse en la fiscalÃa, los contratados le reportaban directamente a Nisman. De ese grupo de diez, el más célebre a la fecha se llama Diego Lagomarsino, tiene 35 años, es técnico informático y trabaja desde 2007 para Nisman.Â
Lagomarsino facturaba 41.280 pesos por mes y fue quien, el sábado 17 a las 20.30 le prestó a Nisman la pistola Bersa .22. En el ranking de ingresos le sigue Claudio Rabinovitch, con 32.400 pesos. Abogado y periodista, su tarea era armar resúmenes de prensa y asesorar en comunicación. A Nisman no le alcanzaba con el trato personal que él mismo lograba tener con un grupo de periodistas especializados en el tema AMIA, ni tampoco con una consultora externa. Porque para mejorar el perfil mediático que siempre quiso darle a su trabajo, en 2009 también habÃa contratado los servicios de una agencia de prensa y comunicación rutilante en el mercado. Su propietaria es una relacionista pública eficiente y célebre por organizar cocktails en los que se mezclan el mundo del arte y la cultura con el de la polÃtica y la economÃa. Entre sus cuentas además de la de Unidad Especial AMIA se destacan Papel Prensa, Grupo ClarÃn, diario La Nación, Revista 23 y marcas como Cartier, Baume Mercier y Estée Lauder Companies.
Tanto a Lagomarsino como a Rabinovitch la Procuración de Gils Carbó les rescindió los contratos el lunes 9 de febrero.
Las otras personas son ocho mujeres. TodavÃa no está claro qué rol cumplÃan para la UFI-AMIA. Ninguna de ellas supera los 35 años: Marina Pettis (licenciada en nutrición, cobra 28.780 pesos),  Felicitas Mas Feijoo (20.525 pesos), MarÃa Victoria Buigo (17.700 pesos), Magalà Dietrich (16.225 pesos). La fiscalÃa gastaba en este tipo de sueldos 2.541.660 pesos al año.
Varios fiscales federales aseguran que todo depende de la ambición del influenciado: algunos se contentan con viajes a congresos, otros con dinero en efectivo. También, claro, hay quienes están por fuera de los arreglos y viven con su sueldo y su auto oficial con chofer. No se involucran. Tres fuentes dicen que “hay muchos ‘servicios’ que no trabajan de servicios’. Trabajan como legisladores, fiscales, funcionarios  o periodistasâ€. La estrategia de la red incluye actores que “son parte de los servicios sin saberloâ€. Operan en un eslabón especÃfico de un plan general.  Llevan sobres, hablan con gente para influenciarlos pero ignoran el objetivo último. “Prestan armas con inocenciaâ€, dice un funcionario judicial que conoció a Nisman. Es probable que a un juez federal, que lleva muchas causas, sólo se le pida que influya en un par, asume. Con el resto, tendrá libertad absoluta. Nisman estaba solo y dependÃa de las investigaciones de Antonio Stiuso. A eso se limitaba su libertad, concluye.
Un legislador experto en el tema dice que durante el menemismo la SIDE era corrupta pero la conducción polÃtica era clara con Carlos Vladimiro Corach y Hugo Anzorreguy. El kirchnerismo no intervino polÃticamente en su dirigencia; dejó a la gente de la gestión anterior, sin un lÃder claro. La relación entre servicios y poder judicial se habÃa vuelto intensa en los años 90 y creó una serie de hábitos. Se aumentaron los fondos reservados: se desviaban para pagar sobresueldos a jueces y funcionarios.
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—Nisman también era un tipo nervioso.
El abogado de ojos y barba negrÃsimos dice tener manchas en la pierna, de psoriasis, parecidas a las que tenÃa Nisman en la cabeza y por las que debÃa aplicarse cremas. Cuando empezó a trabajar con el caso AMIA, el abogado andaba afeitado y de traje y estaba al tanto de cada detalle de la causa. Hoy, más relajado, de chomba y zapatillas de cuero repite lo que se escucha en Comodoro Py: “Yo lo veÃa todo el tiempo con Stiusoâ€,  quien habÃa convencido a todos de que “iba a investigar de verdadâ€. Y este hombre, ahora lejos de Comodoro Py y de la unidad AMIA, no acordaba con el fiscal Nisman: estaba –y continúa estando—convencido de que los pasos que la SI lo hacÃa dar en su investigación eran un “escenario armado por la SIDE, dirigido por la CIA y el Mossad. Nisman era su ejecutorâ€.
El vÃnculo local con el Mossad y la CIA en el caso AMIA es, desde luego, previo al trabajo de Nisman en la fiscalÃa y a veces excede las reglas permitidas de la cooperación. El abogado y los querellantes recuerdan que se dio autorización al secretario de una fiscalÃa israelà para viajar a entrevistar a TelledÃn en la cárcel. Todo se hizo sin dejar registro de las conversaciones como indica la ley, sin presencia de un fiscal o un juez, como consta en el fallo del Tribunal.
Aparentemente, el hombre no trabajaba para ninguna fiscalÃa israelÃ.
—Era del Mossad.
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Nisman vivÃa paranoico. Denunciaba cada amenaza que recibÃa, por inverosÃmil que sonara. A raÃz de ese estrés, habÃa cambiado las sesiones de psicoanálisis por una terapia más pragmática: El Arte de Vivir. Su maestra de respiración era la coordinadora en Latinoamérica, Beatriz Goyoaga.
La primera denuncia de Nisman por supuestas amenazas fue a mediados de 2010 contra el juez federal Claudio BonadÃo, el ex ministro del Interior, Carlos Corach, su hijo Maximiliano y el ex comisario Alberto “Fino†Palacios. Por mail, recibió un documento que enumeraba supuestas reuniones de los Corach, Palacios y BonadÃo para apartarlo de la causa AMIA. El 12 de julio de 2010 se presentó ante una fiscalÃa y los señaló a los cuatro.
“Nunca me citaron, no escuché ni sabÃa nadaâ€, asegura sorprendido Corach junior, hoy presidente de la junta comunal de Palermo por el macrismo. Activo tuitero y dirigente del staff de Horacio RodrÃguez Larreta, jura que desconoce la trama que lo vincula con las amenazas.
Luego, Nisman explicó en la fiscalÃa 10, de Diego Iglesias, que “integrantes de la agrupación Quebracho verÃan con agrado llevar a cabo dichas intimidacionesâ€. Por su historial violento y su simpatÃa con Irán, para Nisman el grupo era la representación del miedo. Â
La causa de 2010 quedó en la nada. “Se intervinieron los teléfonos de un dirigente de Quebracho y de su familia, pero no surgió absolutamente nadaâ€, dicen en la fiscalÃa. Hasta el momento de su muerte, Nisman estuvo pendiente de esa investigación, convencido de que pretendÃan atacarlo.
En general, excepto cuando trabajaba junto al fiscal MartÃnez Burgos, recibÃa a los familiares de las vÃctimas del atentado a la AMIA solo; el escritorio impecable, sin un papel, los biblioratos en fila.
—¡Decime dónde están los avances! ¿Te das cuenta de que no estás haciendo nada?—le dice una mujer de pelo ya blanco. A su lado el abogado querellante, Sergio Burstein y dos familiares más asienten en silencio.
Nisman se levanta de su sillón con seguridad. Los gritos y los modales de la mujer no lo alteran.
—Claro que hay avances—responde y abre la puerta para gritar—. ¡MartÃn, traé la carpeta que te di ayer por favor!
Cada vez que sucede  algo asÃ, Nisman no se pone nervioso ni se achica. Llama a sus colaboradores para que muestren información extra, argumenta una y otra vez y les da a los familiares esperanzas de nuevas pistas. Quienes participaban de aquellas reuniones coinciden: “No lo hacÃa de mala feâ€.
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La maquilladora de TN lo sacó de su limbo mental de fojas, escuchas, fechas y detalles sobre la denuncia contra el gobierno. Con Nisman ya sentado en el estudio, tuvo que apurarse: “Como no tuve la intimidad de la sala, sólo le puse un poco de polvo porque tenÃa la cara demasiado brillanteâ€. Eso recuerda de su última entrevista televisada. “Me agradeció y me fui, nada raro. Sólo lo vi un poco ansioso cuando la cámara lo enfocaba mientras entrevistaban a los demás invitadosâ€, relata la maquilladora, que hasta esa noche no lo conocÃa.
Después del largo reportaje de Edgardo Alfano en TN, Nisman caminó hacia el panel de control para chequear en los monitores cómo habÃa salido. No le importaba lo que habÃa dicho, porque de eso estaba absolutamente convencido: el fiscal fue a controlar cómo salÃa su imagen en HD.
Esa tarde, en una sesión de fotos para La Nación habÃa mostrado la misma inquietud. Primero en el lobby y después en el jardÃn interno del complejo de tres torres, le pidió al fotógrafo: “A ver, ¿salgo con ojeras o con cara de cansado? Estoy enloquecido de trabajo y encima esta noche salgo en TN. Te pido por favor: cuidameâ€.
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Como era de preverse, el Ãdolo (¿mártir?) del «republicanismo» judicial antikirchnerista, promocionado por los medios hegemónicos y los polÃticos opositores, era en realidad un Ãdolo con pies de barro…








