ClarÃn dice «dejó su visión sobre temas como la democracia, el gobierno estadounidense, la polÃtica militar o las relaciones entre los poderes civiles y militares. // Su obra fue traducida a 40 idiomas, especialmente luego del éxito y la polémica que suscito su «Choque de Civilizaciones», un libro emblemático para interpretar lo acontecimientos posteriores a los ataques a las Torres Gemelas en Estados Unidos en septiembre de 2001″.
Lo cierto es que este hombre de libros escribir como cualquier otro un buen dia paró la patita. Y no creo que sea «choque de civilizaciones » un libro emblemático para interpretar lo sucedido después del 11S sino por el contrario, fue utilizado para instalar una visión sesgada -antojadiza- de un conflicto más bien economico en donde poco tuvieron que ver las civilizaciones, salvo que el petróleo no sea un tesoro de la naturaleza y se me haya escapado que fue una creación occidental que fué apropiada ilegitimamente por la civilización oriental.
No dá para comentarlo, pero querÃa escribirlo nomás, con todo respeto por el finadito.
Omix: habrÃa que recordar (e indagar también) el papel que tuvo este hombre hace treinta y pico de años como uno de los principales ideólogos de la Comisión Trilateral. En 1968 advertÃa sobre los «excesos de democracia» y luego fue uno de los principales impulsores de la restauración conservadora de Reagan, Thatcher, etc.
Un abrazo y felicidades.
Se murió Huntington y no sé si ponerme contento o triste.
Principal exponente del pensamiento norteamericano incorrecto, influyó decisivamente en las peores calamidades que el imperio impuso al mundo en los últimos tiempos. En los setenta explicó en la Comisión Trilateral que el principal problema que aquejaba al mundo era el «exceso de democracia», lo que sirvió como base doctrinaria de nuestras dictaduras no sólo militares. En los 90, su «choque de civilizaciones» predijo, justificó y quizás en alguna medida provocó la agresión imperialista a gran escala contra el mundo musulmán.
Su prosa deliciosa e inteligente, en cambio, nos mostró una mirada del mundo que, incorrecta y todo, no carece por completo de su cuota de verdad. No tanto «Choque de Civilizaciones», que es apenas una adaptación muy simplificada y mediocre del monumental «Estudio de la Historia» de Arnold Toynbee (aunque tiene la virtud de corregir el error descuidado de Toynbee que veÃa a latinoamérica como parte de la civilización ocidental; Huntington, en cambio, nos considera con estricta razón una civilización separada); sino más bien su último libro «Quiénes somos».
Lo tengo en la bibliotequita de abajo de la mesa de luz, en donde guardo los libros más imprescindibles (junto con el «Don Camilo» de Guareschi y los de Borges) y vuelvo a él de tanto en tanto.
«Quiénes somos», es más una afirmación que una pregunta. Comienza señalando la diferencia absoluta entre la inmigración europea y asiática (inofensiva y enriquecedora) y la latina -especialmente la mexicana- (disolvente y peligrosa para el way of life wasp).
Las diferencias, es cierto, son notorias. Los italianos, irlandeses, alemanes y chinos que ingresan a los Estados Unidos se dispersan por todo su territorio, olvidan prontamente sus idiomas y costumbres de origen, suelen prosperar, inmensos océanos los separan de sus paÃses de origen. Los latinos, en cambio, llegan de acá nomás, mantienen vÃnculos con sus parientes y amigos del sur del rÃo bravo, se concentran en las zonas fronterizas, viven en territorios que fueron alguna vez mexicanos o españoles y que conservan nombres tan poco anglosajones como Los Ãngeles, Tejas o Florida; siguen hablando castellano en la intimidad familiar aun en la cuarta generación, no se integran, mantienen el idolátrico culto de sus múltiples vÃrgenes (entre las que se destaca la guadalupana, claro está), prosperan muy poco.
Huntington estudia estas diferencias y analiza -alarmado- el proceso que ha llevado a que los Estados Unidos sean hoy el tercer paÃs del mundo con mayor cantidad de hispanohablantes (después de México y Colombia y justo antes de la Argentina).
Concluye que -si no se detiene el proceso (y no cree que se detenga, porque se trata de un profundo proceso cultural de reflujo histórico)- los Estados Unidos se dividirán en el futuro cercano en dos paÃses distintos: uno angloprotestante en el nordeste, con centro de gravedad en New York; y otro latinoamericano en el sudoeste, con centro de gravedad en Los Ãngeles. La división -dice Huntington- será cultural, idiomática, religiosa, pero también polÃtica. No llega a decirlo, pero insinúa que quizás el nuevo paÃs se llame Aztlán, lo cual me parece sencillamente hermoso.
Es un libro imprescindible, que Huntington escribió con horror y alarma y que nosotros leemos con alegrÃa y esperanza.
Ahora se murió y, como decÃa al principio, no sé si ponerme contento o triste. Me figuro, eso sÃ, que su dios presbiteriano, severo e inmisericorde le habrá reservado un sitio convenientemente angloprotestante, en el que estará prohibido el alcohol y todos comerán avena Quaker, en el que no importunarán los santos y las vÃrgenes, ni la música ni el griterÃo ni el baile, sin mariachis mexicanos, ni acordeonas colombianas, ni mulatas del caribe, ni vinito chileno, ni asado argentino; en donde sólo reine una frÃa legalidad deshumanizada. Un lugar, en definitiva, que para él sea el paraÃso y, para nosotros, la imagen viva del infierno.
Que asà sea.
Ven por que no querÃa comentarios.
…pero el detallado comentario de ElQuique valió la pena, me parece.