A propósito de los conflictos generados por el nuevo mecanismo para la designación de jueces que estableció el gobierno socialista de Binner escuché decir que las asambleas ciudadanas es la nueva forma utilizada para modificar las cosas, un respaldo de la ciudadanÃa en la que todos deberÃan participar y hacer polÃtica. Esta afirmación me mueve a reflexionar que en tiempos en que el mundo pretende desentenderse de más de un siglo de avance social, si queremos cumplir con principios éticos esenciales, tenemos que optar por una militancia firme para avanzar en la búsqueda de la igualdad. Raúl AlfonsÃn ha entregado ha ya tiempo una reflexión al respecto que me parece interesante volcarlo al análisis de una realidad que parece zozobrar ante la falta de interés de las nuevas generaciones por la participación activa en la vida de las instituciones democráticas.
La prestigiosa pensadora alemana Hannah Arendt habla de la parábola atribuida a Pitágoras en la que se alude a una voluntad activa y deliberada de no participación en las vicisitudes cotidianas, bajo la forma de la arrogancia: «…la vida es como un festival;…algunos acuden para competir, otros para comerciar, y, los mejores, para contemplar… las personas serviles van a la caza de la gloria o de las ganancias y los filósofos de la verdadâ€. También afirma que la conciencia se reconoce cuando se descubre la lucha interior ante la necesidad de tomar una decisión, cuando “una parte… se resiste firmemente con la otraâ€
¿Por qué me refiero a la conciencia? Porque creo que corremos el riesgo de solazarnos con disfrutar de la libertad adquirida y transformarnos en cÃnicos que contemplan la penosa realidad que sufren millones de argentinos con una actitud entre resignada y complaciente.
Los que hemos vivido tiempos de dictadura y no sufrimos hambre ni marginación, sabemos que hay que cuidar la libertad adquirida. Pero a la vez sabemos que no hay que aceptar extorsiones cuando cuestionamos las injusticias e inequidades del sistema. No estamos arriesgando la democracia. No se puede exigir preocupación ciudadana y voluntad de participación a quien se siente – y esta – excluido de la posibilidad de salir de la marginación.
El derecho a la libre expresión de las ideas —dejando de lado todos los problemas de la sociedad mediática— es un derecho abstracto mientras no esté garantizado también el de a una educación que permita tener, desarrollar y compara ideas.
También será abstracto el derecho a la libre asociación mientras un hombre o una mujer tenga necesidad, para asegurarse mÃnimas condiciones de subsistencia, de trabajar diez o doce horas diarias, jornada que no le deja tiempo ni energÃas para ejercer ese derecho, o peor aún, si esta marginado y excluido.
En definitiva, la democracia sólo puede construirse con hombres democráticos. Muy a menudo se olvida esta verdad de Perogrullo. También sabemos que es absurdo pretender formar ciudadanos democráticos cuando están sumidos en la desesperación. Una monarquÃa absoluta se puede construir con un pueblo antimonárquico. Un fascismo, con un pueblo antifascista. Pero una democracia, no.
Y aquà deseo expresar una convicción categórica: para que alguien pueda llamarse a sà mismo demócrata, no basta con que ame la libertad. Tiene que conocer el sentido de la solidaridad y del compromiso. Y esto implica el deber de ayudar a los miembros menos favorecidos de la sociedad, a aumentar la libertad de quienes son menos libres.
Pero no vamos a calmar nuestra conciencia limitándonos a condenar los desajustes morales que conducen a la injusticia social. Hagámoslo. Denunciemos el egoÃsmo, la codicia, la falta de amor. Pero solo con es no cumpliremos con nuestro deber.
Los que no tenemos hambre y entonces gozamos de la libertad no tenemos opción si queremos cumplir con nuestros principios y actuar de acuerdo con nuestras convicciones: debemos optar por una militancia firme y franca para avanzar en la búsqueda de la igualdad.
Tenemos la necesidad de revalorizar y estimular la polÃtica para fortalecer una democracia republicana con justicia social, sobre la base de tres lÃneas argumentales: la primera concierne al equilibrio institucional de la democracia; la segunda concierne al convencimiento de que la estructura portadora de nuestra democracia es una buena relación entre gobierno y oposición y la tercera, en consecuencias, concierne a la reunificación cultural e intelectual de la polÃtica.
Hoy estamos muy lejos. La polÃtica no es sólo conflicto sino también construcción. El consenso sobre algunos aspectos esenciales es, indiscutiblemente, la base de la democracia, que no podrÃa existir sin un pacto democrático al menos implÃcito, distribuidor de derechos, deberes y roles, aceptando y legitimado por el conjunto de la sociedad.
El papel de la oposición lleva implÃcito tanto el consenso como el disenso. El propio disentimiento se expresa en el marco de otros consentimientos. De lo contrario, no se tratarÃa de discusión polÃtica, sino de combate. De esta forma, la mayorÃa ha de tener presente cuáles son los lÃmites del consenso básico aceptado por la minorÃa, de modo de evitar un peligroso proceso desintegrador, hasta llegar a sus propios lÃmites establecidos por la coherencia que debe guardar el proyecto polÃtico. AsÃ, se afianza la unidad mÃnima imprescindible para resguardar el consenso democrático y al mismo tiempo se avanza en el equilibrio de un compromiso que pretende armonizar el conjunto del accionar social.
Pero no se trata de una armonÃa estática, lograda, suave y dulce propia de los centros ambiguos, de los fines difusos, de las convicciones blandas o de las resignaciones fáciles. Se trata de una lucha. Una búsqueda si se quiere ansiosa y angustiada de la armonÃa, que en tiempos en que el capitalismo salvaje parecerÃa darles la razón a las profecÃas de Marx, luego de la desaparición del totalitarismo socialista, debe estar impregnado, por arriba o por abajo, por la mayorÃa o por la minorÃa, del sentido de una constante afirmación de la igualdad.
El juego de la democracia se perturba si uno de los actores importantes utiliza procedimientos ilegales o atenta contra las bases mismas de la organización social, ya sea desde la izquierda o desde la derecha. Lo mismo ocurre con las llamadas oposiciones desleales, cuando éstas tienen como objetivo primordial el fracaso del gobierno con el fin de reemplazarlo.
Muy bueno,cuidalo c.Es un texto conceptual,como a mi me gustan y me parecen mas utiles,que dedicarse a comparar(y a veces atacar)los lideres de carne y hueso,con nombre y apellido,que juegan por el poder dentro del movimiento mayoritario.Aprovecho para pedir menos crispacion en la defensa del oficialismo.A veces al leer el blog me parece que encrespa los espiritus criticarlo aun haciendolo de buena fe.Uno lo hace con el proposito de mjorar las cosas.
Invito a leer mi blogspot http://www.elojoenlacerradura.blogspot.com en su primer tema:la cuestion de la democracia.