Suerte radical
La opción por González Fraga deriva en el intento de asegurar gobernabilidad. Para los razonables moderados. Los sensatos que lo encuentran, a “Ricardito”, algo flojo en materia de experiencias y preparación.
El Menoscabado, hasta aquí, exhibió que se encuentra dotado de algo más que de suerte. Triunfó, primero, ante los amigos emblemáticos del padre (una manera de vencerlo). Eclipsó el progreso numerológico de Cobos, cabeza de encuestas durante dos años. E interrumpió el ascenso del agigantado Sanz, sólo providencial durante cuatro semanas.
Alfonsín fue beneficiario hasta del alarmante desatino de Eduardo Duhalde. Con caballerosidad inusual, Duhalde aplaudió la decisión de haber nominado, como su segundo, a González Fraga, su oportuno funcionario. Pero se precipitó también en comerse el amague de un reportaje, al declarar que, para una eventual segunda vuelta, entre Cristina y Alfonsín, no vacilaría en inclinarse por Alfonsín.
Relativa manera, la de Duhalde, de rebajarse. De generar desconfianza en su postulación. En especial entre tantos peronistas desconformes, fastidiados con el kirchnerismo. Pero la disidencia, de ningún modo, los habilita a votar por un radical, en contra un peronista. El problema supera la frivolidad política. Es cultural.