Nunca nos imaginamos que conseguir un escribano fuera tan difÃcil. A medida que llegaba al final de la larga lista que encontré en Internet, empecé a desesperarme.
—Necesitamos que el escribano nos acompañe al Registro Civil con una pareja que va a pedir turno para casarse y levante un acta dejando constancia de la respuesta que recibamos —le explicaba a la secretaria.
—¿Y para qué necesitan el acta?
—Porque es una pareja de dos mujeres y, seguramente, no les van a dar turno. Necesitamos acreditar que se presentaron y recibieron una respuesta negativa.
—¿Cómo dos mujeres?
—Es una pareja de lesbianas. Van a pedir turno para casarse, les van a decir que no y van a presentar un recurso de amparo en la Justicia. Para hacerlo, necesitan el acta.
—¿Pero es una unión civil?
—No. Van a pedir turno para contraer matrimonio.
—Espere que hablo con el escribano, no cuelgue por favor… —acá es donde viene la musiquita—. Eh… Mire, me dice que a esa hora ya tiene otro compromiso, asà que no va a poder.
Fueron horas llamando a escribanÃas y el diálogo era siempre más o menos igual. Empecé a cambiar mi discurso, tratando de confirmar si estaba disponible ese dÃa, a esa hora, antes de hablarle de la pareja de lesbianas y explicarle lo que Ãbamos a hacer, pero siempre, al final, me encontraba con una excusa.
***
A cada rato, MarÃa preguntaba:
—¿Y? ¿Conseguiste?
—No. Viene difÃcil…
Al final, cuando parecÃa que no tendrÃamos quién hiciera el acta, una de las abogadas lo consiguió: el escribano Saúl Zaifrani aceptó acompañarnos. La fecha elegida no era casual: 14 de febrero de 2007, DÃa de San ValentÃn. Era un lindo gancho para la prensa: «En el DÃa de los Enamorados, una pareja de lesbianas pide turno para casarse». Todos los diarios y noticieros incluyen cada 14 de febrero una nota sobre casamientos. Era, además, una manera de resaltar que, más allá de la controversia jurÃdica, habÃa dos personas que se amaban y se querÃan casar.
Pero el 13 de febrero de 2007, un dÃa antes de la presentación del amparo, lo que menos querÃan MarÃa y Claudia era casarse. HabÃan tenido una pelea muy grande, estaba todo mal. DiscutÃan a puertas cerradas en una de las oficinas de la sede de Nexo, mientras los demás no sabÃamos qué hacer. Estaba por llegar el periodista Andrés Osojnik, de Página/12, con quien habÃamos combinado una entrevista. Cuando salieron, la oficina quedó en silencio, todos esperando que ellas dijeran algo.
—No podemos hacerlo —dijo Claudia.
—De onda, ¿no pueden pelearse pasado mañana? —respondÃ, tratando de sonar simpático. Lo único que faltaba era que también se enojaran conmigo.
—Vos sabés que nadie quiere más que nosotras que esto salga bien, pero estamos hablando de separarnos… Es muy difÃcil ir a pedir turno para casarnos justo en este momento —dijo MarÃa.
—¿Y qué hacemos?
—No sé, es una situación de mierda —dijo Claudia.
Por más vueltas que le dábamos, no encontrábamos una salida. Estábamos nerviosos, asustados por este problema inesperado y, a la vez, agotados, porque habÃan sido dÃas de mucho trabajo por los preparativos.
Yo calculaba los minutos que faltaban para que llegara Osojnik. Si llegaba mientras ellas seguÃan discutiendo, era un papelón. No nos iban a dar más bola. Y aunque otra pareja presentara luego el amparo, del que todos se iban a acordar iba a ser del que no fue.
Las parejas se pelean, suele ocurrir. Y cuando se pelean fuerte, no quieren ni verse la cara. Después, a veces, se arreglan, se reconcilian. O no. Le puede pasar a cualquiera.
Puede pasar, inclusive, un dÃa antes del casamiento. O un dÃa después. Pero éste no era cualquier casamiento: al dÃa siguiente, estarÃamos en vivo por los canales de televisión y serÃamos tapa de los diarios. Si es verdad que «lo personal es polÃtico», en este caso era mucho más polÃtico aún: no era el casamiento de MarÃa y Claudia lo que estaba en juego, sino el derecho de gays y lesbianas a casarse. Además, en realidad, ellas ni siquiera se iban a poder casar. En un momento, alguno de nosotros lo dijo, medio en joda, medio en serio:
—Igual, les van a decir que no. Asà que, de acá al fallo de la Corte, tienen tiempo para reconciliarse o pelearse del todo.
Nos reÃmos. Por momentos nos reÃamos, por momentos gritábamos, por momentos llorábamos. Estábamos muy ansiosos. Pero éramos compañeros y ya, a esa altura, amigos. HabÃa que solucionar el problema.
Sonó el timbre. Uno de los chicos de Nexo se acerca y nos dice:
—Es Andrés Osojnik, ¿qué le digo?
—Decile que bajás a abrirle, y bajá por escalera… Sin apuro… Después, pedile disculpas por la demora —le respondÃ.
Nos miramos, como si tratáramos de leernos el pensamiento.
—¿Qué hacemos? —preguntó Gustavo López, uno de los abogados.
Volvieron, por unos instantes, a hablar a solas, en la oficina de al lado, mientras el compañero de Nexo bajaba, lentamente, escalón por escalón, para abrirle a Andrés, que esperaba en la calle.
No sé lo que hablaron, pero regresaron más tranquilas.
—Vamos a hacer lo que tengamos que hacer, por la Federación y por la ley. Después nosotras veremos, pero lo importante es que mañana salga todo bien —dijeron.
Todos respiramos.
Llegó el periodista e hizo la entrevista. Posaron sonrientes para la foto. Por momentos, se miraban y los demás temÃamos que pasara algo, pero disimularon muy bien. El esfuerzo que hacÃan por la militancia era admirable.
Cerca de medianoche, suena el celular. Era Osojnik otra vez.
—Es tapa —me dijo—. Felicitaciones y nos vemos mañana.
Estábamos con MarÃa y Claudia, que ya estaban más animadas. Les conté. Festejamos. Los nervios ya se habÃan calmado y volvÃa la alegrÃa. Ãbamos a hacer historia.
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Sobre el libro:
Cuando, a principios de 2007, varias parejas homosexuales comenzaron a presentar recursos de amparo en la justicia porque se querÃan casar, parecÃa imposible que lo lograran. Y cuando la Federación Argentina LGBT, junto al diputado Eduardo Di Pollina y las diputadas Silvia Augsburger y Vilma Ibarra, empezaron a impulsar una reforma al Código Civil en el Congreso para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, casi nadie los tomó en serio. Estaban locos si pensaban que algo asà pasarÃa en la Argentina. Pero pasó.El autor de este libro formó parte de ese grupo de locos que creyó que se podÃa y ahora cuenta cómo lo consiguieron. Por primera vez, revela la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario, saca a la luz las intrigas y tensiones que rodearon el camino hacia la ley y cuenta historias y secretos que hasta ahora nadie habÃa contado. Además, propone un análisis de las principales controversias del debate, que seguramente será útil para otros paÃses donde el camino recién comienza, y publica en exclusiva el borrador del voto redactado por el juez Zaffaroni para el fallo de la Corte que iba a habilitar el matrimonio gay si el Congreso no lo aprobaba.
Publicado por Editorial Planeta, 29/11/2010, 592 páginas, $ 89. Link en Tematika.
_____________________________________________Sobre el autor:Bruno Bimbi nació en Buenos Aires en 1978. Es periodista, profesor de portugués y estudiante de la maestrÃa en Letras en la PontifÃcia Universidade Católica do Rio de Janeiro. Trabajó en los diarios Página/12 y CrÃtica de la Argentina; en este último realizó durante dos años la sección “El Placardâ€, dedicada a la diversidad sexual. También colaboró con Tiempo Argentino y las revistas Imperio G, Veintitrés y Newsweek Argentina, entre otros medios. Es activista de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, de la que fue secretario de Prensa y Relaciones Institucionales. Escribió junto a dos abogados el texto de los recursos de amparo por los que varias parejas del mismo sexo consiguieron casarse por fallos judiciales y otras dos llegaron a la Corte Suprema de Justicia y fue uno de los responsables de la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario en la Argentina.

je, se lo pedà a Papá Noel. Gracias por el adelanto