Néstor Kirchner asumÃa como presidente de la Nación hace diez años bajo amenaza de durar apenas 365 dÃas en el poder. Diez dÃas antes del traspaso de mando el doctor Carlos Menem renunció al balotaje que deberÃa haberlo enfrentado con el entonces gobernador santacruceño el dÃa 18 de mayo de 2003, consagrando asà a su oponente. Los integrantes del bloque de clases dominantes, el poder extra institucional, respondieron al dÃa siguiente en tapa del diario La Nación a través de una editorial firmada –y sólo eso– por el vicedirector del diario, el doctor José Claudio Escribano, como quien dice, un gorila de pelo en pecho.
“Argentina ha resuelto darse gobierno por un año. (…) el problema de la gobernabilidad argentina es anterior al espectáculo ofrecido por el doctor Menem (…)â€, anotaba Escribano.
Algunos dÃas antes de conocerse, y a sabiendas de que Kirchner triunfarÃa en la segunda vuelta con holgura, Escribano lo visitó con la pretensión de imponerle un pliego de condiciones, en cuya defensa, agregó, “seremos inflexiblesâ€. Se recuerda: subordinación respecto de EEUU en materia de polÃtica exterior, finalización de los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad que se habÃan reavivado desde la confesión de culpas de Adolfo Scilingo en 1994 y reivindicación de aquella actuación de las FFAA, privilegio para el empresariado en cuanto a contactos directos con el futuro presidente, repudiar a Cuba y dar rienda suelta a las fuerzas de seguridad en cuanto a la lucha contra el delito.
Kirchner desechó en su totalidad el planteo demencial de Escribano. Que lo era no sólo por su contenido: hoy dÃa parece inverosÃmil que un presidente debiera aceptar semejantes pretensiones verbalizadas por un periodista, hasta entonces era moneda corriente. Sólo se gobernaba, desde recuperada la democracia formal a la salida del Proceso, si era en acuerdo con determinados elementos del establishment. Ése es ya de entrada un mérito que corresponde anotar en el haber del kirchnerismo: recuperar el poder de fijar la agenda pública, tarea que pareciera nunca acabar.
La jugada era clara: la renuncia de Menem, que habÃa formado parte del pacto de gobernabilidad de dos décadas de duración, intentó amputar a Kirchner el respaldo masivo que le darÃan las urnas según era unánimemente reconocido, a fin de sostener el esquema de la democracia de la derrota, ciclo durante el cual se elegÃan administraciones pero no programa. Frente a un candidato cuyos gestos de campaña generaban dudas, asomaba una disputa de poder.
“No puede ser que no haya recibido a los empresariosâ€, le reprochó Escribano en el encuentro; además de las referencias a Kirchner respecto de su rechazo a que la economÃa la manejasen economistas, invariablemente representantes del llamado poder económico con escasa o nula pertenencia partidaria desde 1983. Diez años después cosas de todos los dÃas, entonces implicaban frases altamente disruptivas para lo que se consideraba debÃan ser las relaciones entre las instituciones y los elementos del capital.
Por otro lado, la escena argentina de 2001/2003 era idéntica a la que habÃa experimentado Venezuela alrededor de diez años antes con el Caracazo y posterior ascenso del comandante Hugo Chávez al poder por las urnas –y que por entonces también eran el paisaje ecuatoriano, que se prolongarÃan durante un par de años más aún, hasta la llegada de Rafael Correa a la presidencia–. El pliego era, pues, curarse en salud, ante la posibilidad de que alguien intentara capitalizar el margen para un quiebre sistémico. Al menos en lo que hizo a pronóstico no se equivocaron.
Kirchner no se limitó a la respuesta en privado del desayuno con el periodista operador. Durante su discurso inaugural llamó nada menos que a reconfigurar los paradigmas desde lo que se mide el éxito o el fracaso de un gobierno.
Con ello ofrecÃa pruebas de haber comprendido el agotamiento del ciclo durante el cual parecÃa que bastaba con que los gobiernos durasen mientras se sostenÃan los pilares básicos del proceso de acumulación de capital elaborado desde la última dictadura, intocado por veinte años y que le significó al paÃs estallar por los aires el 19 y 20 de diciembre de 2001 con los peores indicadores sociales de su historia, al cabo de una recesión que destruyó un cuarto de la economÃa y la totalidad del tejido social que durante el primer peronismo lo habÃa hecho ejemplo regional.
En el discurso embistió directamente, además, contra la epistemologÃa de gobierno hegemónica hasta su asunción, que no iba más allá de “la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediáticoâ€. El drama argentino hasta 2003 se fundaba en la dualidad que implicaba que el poder efectivo no radicase en las instituciones de la república, según la acertada definición de Lucas Carrasco. Néstor Kirchner construyó poder, asà las cosas, a partir de la novedad –hace diez años lo fue– de que la reconfiguración de paradigmas citada implicó la consagración de las personas como variable central de las decisiones de gobierno.
El bloque social que intenta ser la refutación histórica del kirchnerismo tiene poco que ver con lo que se conoce, con una expresión que nos desagrada pero a la que se debe apelar para que se nos comprenda, gente de a pie. Al estar el Estado, hasta Kirchner, dedicado al gerenciamiento de las necesidades del bloque de clases dominantes y no de la ciudadanÃa, la polÃtica habÃa caÃdo en el descrédito, merecidamente. Fue la resultante del programa enunciado por José Alfredo MartÃnez de Hoz el 2 de abril de 1976, previstas con brillantez por la carta abierta de Rodolfo Walsh.
Néstor Kircher puso en crisis aquella historia que parecÃa interminable. No era retórica ni épica la convocatoria a un sueño que formuló hace ya una década. TenÃa la dimensión de la tarea a encarar. Tan inmensa que no ha terminado, y de ahà que siempre parezca que se está inaugurando el asunto. No es menor la tarea, habida cuenta de que se trata de ir contra una matriz que anduvo intacta durante más de un cuarto de siglo. Insistimos en lo dicho en el último post, más que de las conquistas, ya sobradamente enunciadas, se trata de entender a partir de qué fue posible sustentar unas decisiones en vez de otras. Y sortear las amenazas con que amaneció este nuevo tiempo.
Es en la capacidad de expresar demandas populares lo que permite eludir las embestidas de lo viejo que se resiste a morir. Y en la voluntad de sostener esa tensión que se encontrará el mejor combustible para reinventarse como articulador de lo nuevo que quiere consolidarse.
Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión polÃtica, como quien dijera.
Gracias Pablo, es bueno recordar. Te agrego un dato de color, que parece increÃble, pero refleja de donde venimos, no se si con humor u horror.
Buenos Aires, 29 de junio de 2003 – 18:06 hs.
Cambios en el máximo tribunal: Proponen a Elisa Carrió para la Corte Suprema
Lo hizo Cristian Caram, candidato a Jefe de Gobierno porteño radical. Asegura que su incorporación le darÃa a la Corte «oxÃgeno, equidad real, honestidad y fortaleza». Aclaró que su propuesta no se basa en ningún acuerdo polÃtico.
El candidato a Jefe de Gobierno porteño por la UCR, Cristian Caram, propuso este domingo a la lÃder del ARI, Elisa Carrió, para integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
«Lilita Carrió es la persona indicada para reemplazar a (Julio) Nazareno. Su incorporación le darÃa a esa institución tan deteriorada, oxÃgeno, equidad real, honestidad y fortaleza», expresó el legislador durante un desayuno que compartió con los vecinos del barrio de San Telmo, según informó un comunicado de prensa.
Caram, que según informó por la mañana será designado presidente de la UCR de la Capital, explicó que su propuesta para postular a Carrió como integrante de la Corte Suprema «no se basa en ningún acuerdo polÃtico».
Lindos recuerdos tenés vos… FaltarÃa saber si todavÃa no nos habÃamos dado cuenta, o si todavÃa no estaba demente.
El recuerdo que me quedó de Lilita es la vez que se negó a votar en favor de una iniciativa de De la Rúa (no me acuerdo si la baja del 13% de los sueldos o la Ley Banelco). Se indignó, se puso a llorar en público y se abstuvo. Repito: no votó en contra: se abstuvo. Se hizo la estrellita pero permitió su aprobación.
Ahora entiendo lo que no entendÃa hace doce años.
Marcelo
Quizá hubiera sido mejor. La loca oponiéndose a todo lo que venga, metiendo amparos, aceptando denuncias sin pruebas y declarando inconstitucional todas las leyes… El asco les habrÃa quitado a los otros seis esas dudas que los carcomen…
Cuánta fe les tenés a los otros seis. Me encantarÃa compartirla.
¿Un mono con navaja?