Hace unos dÃas, Tux publicó un post en el que planteaba algunas difÃciles pero oportunas preguntas sobre la crisis mundial. No Entender y Luisk hicieron valiosos aportes con sus respuestas. Por distintas razones, no pude sumarme al interesante debate y lo hago ahora con mis propios intentos de respuesta.
1. La quiebra del neoliberalismo como justificación ideológica de las polÃticas económicas aplicadas durante los últimos treinta años es hoy completa, pero tiene antecedentes nacidos de sus propias filas. Hay que recordar al megaespeculador Soros, clamando a fines de los 90 por regulaciones más estrictas sobre los movimientos financieros o al Premio Nobel Stiglitz repudiando las concepciones que inspiraban la acción del Banco Mundial, del que habÃa sido un alto funcionario. Pero esta bancarrota ideológica no ha destruido (por lo menos, no ha destruido aún) las bases materiales del neoliberalismo. Este consistió en la estrecha interrelación de dos fenómenos: el predominio de la valorización financiera sobre la productiva y una redoblada explotación del trabajo, mediante el desempleo masivo, la tendencia a la igualación hacia abajo de los salarios, la precarización y flexibilización de la mano de obra, etc. La estructura económica forjada a través de estos mecanismos está dañada, pero sigue en pie, e incluso la aplicación de polÃticas económicas diferentes no la puede desmontar de un dÃa para otro. Si esto es un obstáculo económico formidable, no lo es menos el que se encuentra en el plano social: alrededor de la valorización financiera se ha consolidado una franja superior de la burguesÃa que tiene allà su fuente principal o exclusiva de ingresos, a lo que hay que añadir lo que algunos autores llaman “compromiso neoliberal†(por analogÃa con el compromiso keynesiano): la participación de un sector superior de las clases medias, que también, aunque en medida más modesta, han encontrado en las finanzas una fuente de ingresos extra y de magnitud no despreciable. El sector de la población que logra altos ingresos y se despega de la mayorÃa por una redistribución regresiva ofrece y ofrecerá una resistencia con la que se debe contar. La cuestión clave es si esa resistencia debe ser objeto de un compromiso o si debe ser doblegada. No creo necesario decir cuál es mi opinión al respecto.
Esto explica que ninguno de los planes en curso ataque las bases mismas de la crisis. La ayuda masiva a los bancos no hace sino prolongarla y, lejos de aceitar el crédito, sirve para mantener y alimentar a la burbuja de bonos, acciones, tÃtulos, derivativos y derivativos de derivativos que pesa como una montaña sobre un capital fijo productivo cada vez menor en relación con esa masa de capital ficticio. El buen consejo de Roubini (tirar deuda por la borda) no está siendo seguido y no lo será, a menos que la duración y profundidad de la crisis lo imponga como un hecho, más que como una decisión. A principios de los 90, dos paÃses se encontraron con burbujas de deuda de gran magnitud y reaccionaron de manera diferente. Suecia nacionalizó los bancos que necesitaban salvataje y logró una recuperación relativamente rápida. Japón inyectó a través de los años el equivalente del 12% del PIB como salvataje para los bancos y cosechó una década entera de estancamiento. El estÃmulo obamista no funciona porque se parece más a la receta japonesa que a la sueca.
2. Seguramente que algunos conceptos e instrumentos keynesianos podrÃan ser utilizados con provecho. Pero las circunstancias actuales son diferentes de las de los años 30, especialmente por esa masa de capital puramente ilusorio (pero que exige su parte de las ganancias) que hoy tiene magnitudes que eran impensables en la época de Keynes.  Elemaco ha reproducido en su blog un interesante trabajo del diario brasileño O Estado de São Paulo: allà se presenta un panorama de medidas ante la crisis, paÃs por paÃs. Llama la atención que, con las diferencias que marca la realidad de cada uno y con independencia de preferencias neoliberales o keynesiana, las medidas sean muy parecidas, en su factura y en su escasa efectividad. Lo que predomina es el desconcierto y, si no me creen, pregúntenle a Obama. Conviene tener claro esto: no hay un paradigma que dé respuestas a la crisis y, si aparece, no nacerá con su armadura y armas completas, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Se irá haciendo. Vale la pena recordar un comentario de Prebisch sobre sus años de gerente general del recién creado Banco Central en los 30: “Hicimos keynesianismo sin conocer a Keynesâ€. Lo que equivale a decir: hicimos lo que pudimos, inventando respuestas parciales a problemas parciales. Es posible que eso sea lo que hay por delante ahora.
3. El marxismo es la única teorÃa que tiene potencia explicativa ante la actual crisis mundial. Si se revisan los capÃtulos del Libro III de El Capital acerca del capital financiero y su relación con el ciclo productivo, sorprende su actualidad. Más aún, sorprende que esos capÃtulos tengan hoy más vigencia que en la época en que fueron escritos, cuando el capital financiero estaba en pañales. Pero una cosa es la potencia explicativa del marxismo, que repito es formidable, otra distinta es la capacidad de los marxistas de extraer de la explicación las medidas concretas, y otra, la mayor dificultad, es que el marxismo, después de los fracasos cometidos en su nombre, esté hoy en condiciones de alcanzar las posiciones de poder, sin las cuales no podrá pasar de su papel crÃtico al de resolver los problemas.
4. La crisis actual tiene un componente no exclusivamente económico. El capitalismo podrá o no sobrevivir a esta crisis. Si lo hace, lo que estará en juego no será solamente tal o cual forma de estructuración de la economÃa, sino la propia hegemonÃa de los Estados Unidos en el sistema mundial de Estados. Esto no significa profetizar un derrumbe repentino. Los cambios de hegemonÃa, en la historia del capitalismo mundial, siempre se han resuelto a través de un largo perÃodo de crisis sucesivas, convulsiones y guerras. Esta de ahora puede ser el primer episodio de ese largo proceso (o el segundo, si se considera primero a la crisis del dólar de 1970 y del petróleo de 1974). Las clases dominantes y sus expresiones polÃticas van seguramente a experimentar modificaciones importantes, sobre todo las de los paÃses periféricos. Si dejamos de lado esta perspectiva histórica de plazos prolongados y nos atenemos a la crisis actual, mi previsión va en tres direcciones: a) agudización de conflictos internos a las burguesÃas de cada paÃs y entre las de los distintos paÃses, tanto centrales como periféricos; b) la crisis aflojará los lazos entre el centro y la periferia y promoverá, por una parte, una mayor autonomÃa de la segunda y, por la otra, ofensivas del primero para anular esa autonomÃa; c) ante la incapacidad de la burguesÃa para reencarrilar la economÃa por medios puramente económicos, crece y crecerá aún más el papel de los Estados, especial pero no exclusivamente en los paÃses periféricos.
Una mención a la situación polÃtica nacional y el rol de los K y de la oposición. Los K han tenido la lectura más completa del cambio de situación operado a comienzos del siglo. Esto les permitió mantener una polÃtica económica opuesta a la de los 90, con los benéficos resultados que eran esperables, una autonomÃa respecto de las potencias del mundo rico y una dosis respetable de polÃtica social (aunque insuficiente para mi gusto). Continuaron en este sentido el viraje operado por Duhalde en 2002. Pese a la derechización del panorama polÃtico y social, ni las condiciones del paÃs ni la crisis mundial hacen posible un retorno a las polÃticas de los 90. Pero eso no significa que todo sea lo mismo. Entre el negro y el blanco hay muchos matices de gris. Y cualquiera de las fuerzas de la oposición realmente existente pretenden agrisar el paisaje con matices diferentes: más oscuro en el caso de la Nueva Alianza, que concurre a Washington en busca de inspiracÃón y protección; algo menos en el caso de los tres mosqueteros bajo la paternal mirada de Duhalde; ligeramente más clarito en el de algunos que se esfuerzan en lograr un estatus de aliado-no aliado con los K (Lole, teléfono); más claro aún, pero con la brújula rota y el mapa quemado, en el centroizquierda.
Una exposición más detallada de estas modestas ideas se puede encontrar en el siguiente artÃculo, publicado con dos tÃtulos distintos:
Tendencias y contradicciones de la crisis mundial, en www.aporrea.org
Apuntes sobre la crisis, en www.herramienta.com.ar
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El CapÃtulo 22 de La TeorÃa General también lo explica muy bien.
Gracias Andrés, la verdad es que es un tema donde todas las respuestas (las de Luis, No Entender y Ud.) han sido extremadamente interesantes y esclarecedoras porque de aquà en adelante y en la medida que las repercusiones de la crisis lleguen hasta estas playas, estaremos discutiendo, estudiando y aprendiendo sobre estos temas.
Una duda extra, en el punto 4 usted plantea una agudización del conflicto al interior de las burguesÃas de cada paÃs, y en ese panorama ¿qué pasará con los sectores populares, los asalariados y los desocupados que cargarán sobre sus espaldas el peso principal de la crisis?
Curiosamente, esta exposición me resultó más explicativa y mejor organizada que la versión que citás al final.
Claro que allà insinuás algo que en Arte polÃtica no parece haber muchas ganas de llamar por su nombre: las contradicciones bonapartistas de los regÃmenes populistas emergentes a la salida de las crisis neoliberales.
Se comprende que no se quiera alimentar las usinas propagandÃsticas opositoras. Pero me temo que si la gestión de gobierno no abandona las veleidades de cortejar a una burguesÃa veleta y no se encuentra pronto con su destino social puede encontrarse sin el pan y sin la torta.
En los paÃses centrales, mientras tanto, veremos si la prologación y profundidad de la recesión da lugar a que los varios movimientos sociales «antiglobalización» se decidan a pasar a la acción polÃtica y se muevan para exigir la incorporación de la Propiedad Social al paradigma jurÃdico junto a la sacrosanta (y fallida) Propiedad Privada.
Muy buen texto para disparar ideas a la discusión. Un abrazo.
Ana C.: Esa materia la debo. Pero, como en los próximos dÃas tendré que meter mano en la TeorÃa General para completar las citas de un libro que acabo de traducir, aprovecharé su sugerencia para revisar ese capÃtulo. Gracias.
Tux: Gracias a usted por haber dado la patada inicial en una discusión que me parece merecedora de más atención de la que ha recibido. Con respecto a lo que Gramsci llamaba las clases subordinadas, entiendo que justamente las contradicciones y conflictos internos a cada burguesÃa y entre las de los distintos paÃses abrirán un espacio importante para su acción. De ahà en más, no hago pronósticos; las luchas se pueden ganar o se pueden perder.
Roberto: Completamente de acuerdo. Pero asà como hay que tener el ojo abierto ante las tendencias claudicantes de los gobiernos bonapartistas, también hay que estar alertas y dispuestos a aprovechar sus tendencias contrarias. En los paÃses centrales, me parece de mucha importancia la jornada del 29 de enero en Francia. Es verdad que Francia, donde de alguna manera no se apagó la tradición de lucha del 68, ha sido escenario de luchas importantes cada tantos años y un baluarte en la resistencia a la imposición completa del neoliberalismo.
Saludos
Andrés: muy agradecido por los conceptos.
Me parece muy apropiada la lÃnea que se adopta en este post y otros que abordan estos temas.
Creo que una clave de esclarecimiento de todo lo que anda pasando, està muy vinculada a abandonar viejos interrogantes y formularse nuevas preguntas. Con lo que vendrà n nuevas respuestas.
Preguntarse, por ejemplo, si el capitalismo es viable o estamos asistiendo al pròlogo de su extinciòn, me parece mucho màs consignista que beneficioso desde el punto de vista anà lìtico.
En estos dos años, lo que ha quedado ampliamente demostrado al punto tal que serìa innecesario exhibir alguna prueba, que el capitalismo que conocemos, ha fracasado como un sistema de ordenamiento social.
Nunca en la historia de la civilizaciòn se habÃa generado un volumen de recursos fìsicos, naturales y procesados, suficiente como para que la humanidad pueda satisfacer holgadamente sus necesidades bà sicas de alimentaciòn, vivienda, higiene, salud y dos o tres rubros de esos que se denominan de satisfacciòn elemental. La producciòn bruta de las grandes potencia basta para que seis o siete mil millones de habitantes que ocupan el planeta no padezcan insuficiencias en esos terrenos.
No obstante se ha verificado una tendencia opuesta a esta posibilidad. La desigualdad social se ha incrementado y asì como diariamente se asiste a la apariciòn de la opulencia casi obscena, tambièn en forma permanente aparecen nuevos contingentes de pobres, miserables, excluìdos de los sitios y alternativas donde no sòlo no se obtienen los ingresos necesarios para sobrevivir, sino que ni siquiera se puede literalmente instalarse, estacionarse, en los lugares de los cuales cientos de miles de seres, son expulsados o exterminados para no perturbar a quienes han logrado andar por esa jungla con mayor comodidad.
Decìa Freud de este sistema que no sòlo no va a subsistir, sino que tampoco se lo merece (El malestar en la cultura, pà g. no tengo a mano)
Mirando entonces a un plazo mediato, sobre lo que corresponde situar el objetivo, es el cuestionario que comience por diseñar el modelo que va a sustituir esto que ha estallado por todos lados y que ante cada medida que pretende atenuar o detener el impacto de la crisis, se incrementa mà s.
Los chinos està n atentos a los resultados que producen los intentos de los demócratas en EEUU, casi como si fuere un laboratorio social donde se experimentan tibios cambios a recetas tradicionales, sin exitos a la vista ni respuestas positivas de quienes podrìan auxiliar a la recuperaciòn del empleo,reconstituciòn del capital productivo y saneamiento del sistema financiero.
Son ellos los grandes acreedores del Primer Mundo y de lo que hagan con esa condiciòn, que controla silenciosamente lo que EEUU y EUROPA està intentando resolver, y cuya decisiva influencia los poderes efectivos de las corporaciones hegemònicas no ignoran, probablemente comience a verse como serà la sociedad que se viene.
Roberto: Creo que usted ha pegado en un clavo donde pocos ponen el martillo y que sin dudas va a ser uno de los tópicos sobre los que hay que profundizar.
Andrés: En la cancha yo soy un dos bastante rústico, asà que mi especialidad es dar patadas (desde el inicio hasta el final) eso si, nunca nadie me lo habÃa agradecido.
LuisK: Me quedé pensando sobre el fracaso de este sistema capitalista como ordenador social. Me hace ruido esta idea porque creo que en gran medida el ordenamiento social imperante ha sido totalmente funcional al proceso de acumulación capitalista.
Seguramente que si lo analizamos desde el punto de vista humanista hay un fracaso, pero desde la visión de las ganancias ha sido realmente fructÃfero. El individualismo y la falta de solidaridad social no solo tienen como efecto segmentarnos socialmente sino potenciar el consumo y ambas cosas son centrales dentro del modelo neoliberal.
Tux: lo enuncio de forma similar. Cuando me refiero a un fracaso, quiero destacar que un ordenamiento social, un orden econòmico, lleva implìcita la funciòn de traerle bienestar a la gente. En ese sentido es que el capitalismo ha fracasado.