El plan Brodersohn-Baglini

El tema fue discutido en Finanzas Públicas. Este artículo de Miguel Olivera en Crítica también lo aborda.

La cuestión es esta: los radicales Mario Brodersohn y Raúl Baglini presentaron una alternativa al programa financiero oficial  (el que incluye al Fondo del Bicentenario).

 En resumen, el Fondo del Bicentenario funcionaría así: el BCRA deposita a cuenta del Tesoro dólares de sus reservas, y el Tesoro le da una letra con interés Libor –1. Es decir, el Tesoro se endeuda con el Central, y paga sus deudas a los acreedores externos.

La iniciativa radical, en cambio, pide que el Tesoro licite una letra en el mercado local, en pesos (o sea que absorba pesos de los que tienen los bancos), y que con esos pesos le compre al Central las reservas necesarias para pagar deuda. Es decir, que en lugar de endeudarse con el Central, se endeude con el público.

Estoy de acuerdo (después de haber presenciado y participado de largas discusiones) en que ambos programas serían patrimonialmente equivalentes. La única duda que me quedaba era la del diferencial de tasa entre la que el BCRA tomaba las letras del Tesoro, y la que le pediría el mercado, pero como señala Olivera, ese diferencial quedaría saldado cuando al final del ejercicio esa plata volviera al Tesoro bajo la forma de ganancias distribuidas del BCRA. La equivalencia patrimonial estaría garantizada además por la perspectiva de fuerte ingreso de dólares al mercado por vía comercial, situación que el BCRA atendería comprando dólares, y recomponiendo sus reservas, a cambio de endeudamiento en pesos (Lebacs y Nobacs).

 El único problema pendiente con el plan Brodersohn-Baglini sería, entonces, el de la incertidumbre. Qué garantías hay de que las letras que el Tesoro licita en el mercado tengan aceptación?

Con el Fondo del Bicentenario la dificultad fundamental, que es la que tiene el Tesoro para tomar deuda, quedaría rápidamente saldada. Los dólares los pone el BCRA. Después, los costos del endeudamiento corren por cuenta de éste. Emitir pesos para comprar dólares y mantener el tipo de cambio, colocar Lebacs y Nobacs para absorber esos pesos e intentar que no se acelere la inflación. Es decir, el BCRA actuaría como entidad solvente que media entre el mercado y el Tesoro, para amortiguar los costos financieros de la desconfianza del primero con el segundo.

En el plan radical, es más, la actuación del Central sería irrelevante. Con los pesos capturados por la emisión de Letras, el tesoro directamente podría salir a comprar dólares al mercado, liberando al Central de la tarea de tener que hacerlo para mantener el tipo de cambio. En lugar de pagar deuda con las reservas actuales del BCRA, pagar deuda con las reservas potenciales del BCRA. Si en definitiva cambiar deuda externa por interna, siempre requiere la afectación de reservas.

 Ahora bien, una vez aceptado que ambos programas son patrimonialmente equivalentes, y una vez conjurado el peligro de embargo sobre cuentas del BCRA, tendría sentido cambiar el programa sobre la marcha?

Los costos del Fondo del Bicentenario ya se pagaron. No te van a devolver ese capital. Salir a explicar un nuevo programa, convencer a los bancos nacionales de que les conviene adquirir Letes, tranquilizar a los clientes de esos bancos de que la medida no los va a afectar patrimonialmente y que no se viene un nuevo corralito, persuadir a los acreedores externos diciendo que el Tesoro no va a tener problemas en conseguir dólares, volver a recomponer certidumbre desbaratada, requerirá que se afronten nuevos costos políticos y económicos, adicionales a los ya enfrentados.

Con qué objetivo? El de no torcer el brazo y darle, finalmente, la razón al Gobierno?

 

Un post-data: vi la discusión generada sobre las declaraciones de la presidenta acerca de la legitimidad de la deuda. Es imposible en la práctica que una presidenta cuyo ministro de economía prepara un canje de deuda, de cuya aceptación depende en buena parte el futuro de ambos, declare a la deuda ilegítima. La decisión de suicidarse es una decisión personal. No les podemos pedir a los demás que lo hagan a nombre nuestro.

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