Escenas del capÃtulo anterior:
MartÃn, nuestro protagonista, se enfrenta de manera cada vez más inevitable a su destino de superhéroe. Se empecina en negarse, pero en su intimidad sabe que es casi un imposible. Un picnic improvisado y con algunos recursos provistos por el Comando, con la gringa y al costado de la autopista, será un momento de revelaciones y decisiones.
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El se quedó sin palabras, atónito, sin saber qué decirle ni cómo continuar. Quitó las llaves del auto y atinó a un débil, casi inaudible “Rodolfo te fue a ver??…†Ella mantuvo la sonrisa y lo miró buscando el color de sus ojos. El buscó el brillo de los de ella y recién entonces, cuando lo percibió por enésima vez, liberó un profundo suspiro. SentÃa clara, lentamente, cómo se le descomprimÃa el pecho. Además de suspiro era distensión. El viejo atorrante habÃa hecho la mitad del trabajo. Y con sólo ver la felicidad que la gringa regalaba en su cara, se vislumbraba que esa primera mitad del trabajo estaba bien hecha. Cómo, si no, hubiera podido contarle todo lo que tenÃa para contarle? Cómo se las hubiese arreglado para no quedar frente a la gringa como un mitómano, un bolacero monumental? –Y qué te dijo? – le preguntó él, ahora tratando de ocultar su ansiedad. – Resultó ser un caballero muy amable, muy querible. Y me contó todo – Cuando la gringa usó la palabra «caballero» MartÃn ya sabÃa que a ella la habÃa convencido, pero también sabÃa que tenÃa que seguir preguntando – Todo?!? Qué es todo?!? – Que lo estás decidiendo. Que tenés muchas dudas. Que tenés un julepe importante. Pero que vas a ser un superhéroe. A mà la idea me encantó. – ¿Pero vos estás en pedo, gringa? TodavÃa no empezamos con el vino y ya estás mamada? – La reacción de MartÃn la alertó, quizás la cosa no estaba tan madura como ella suponÃa. Eso la contuvo, pero no era la primera vez que MartÃn le expresaba sus miedos de esa forma. La gringa, toda mujer, ya conocÃa como habÃa que actuar en estos casos cuando él estaba asustado.
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Ella intentó una nueva aproximación con un – Entonces, a ambos nos contaron historias diferentes… – Mirá, gringa, yo no sé qué te contaron a vos, pero para mà son todos una manga de locos que la verdad, dan miedo… – Y entonces qué hacemos arriba de un auto que te acercaron una manga de locos? – lo cortó ella, perspicaz, mientras bajaba del auto. – Es un juego, gringa, un juego. Los tipos están locos pero me prestaron un auto para hacer este picnic con vos. Nada más. – Ah, si? Solamente los estás usando? Aprovechando la situación? Entonces parece todo bastante triste. Asà el picnic me gusta mucho menos. – Pero qué te habrá dicho ese viejo para que te lo tomes tan en serio, me pregunto? – No te importa qué me dijo. No te importa. Pero al parecer vos no estás preparado para ocupar el lugar que te proponen. Tu cinismo no te lo permite. Y, ahora, lo que nunca, salimos de picnic con un auto prestado…- fueron dardos. Y sabÃa que volaban envenenados hacia su objetivo. El tomó las bolsas de la parte de atrás del auto y buscó el mantel. Se proponÃa iniciar el picnic como si nada ocurriese. Pero sus gestos ya no eran aquellos distendidos de quien tiende plácidamente el mantelito de un picnic de primavera. Estaba ofuscado. Y cuando eso pasaba, se callaba. No dijo nada por un rato.
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La gringa sabÃa como manejar la temperatura del asunto. Llevaban mucho tiempo juntos. Pero su receta no era infalible. A veces lograba que él se cabreara en serio y la pasaban mal, al menos por un rato. Aprovechó el silencio y colaboró con la puesta en escena del picnic, el mantel, los vasos. Sin mirarse y sólo dirigiéndose monosÃlabos mÃnimos para ordenar todo, de tanto en tanto ella pispeaba la cara de MartÃn. En sus facciones se reflejaba tensión. Eran el mejor termómetro que ella habÃa podido conocer en sus años juntos. Una leve brisa tornaba al ambiente más fresco y se podÃan oÃr, entre auto y auto que pasaba, las hojas del viejo árbol delicadamente agitadas.
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Unos minutos más tarde ella inspiró profundamente. Percibió que él la oÃa. Sonaba a tregua. Sonaba a destapemos el vino y basta. Y asÃ, reencontrando la vieja complicidad, abrieron el vino. Ella se rió cuando a él se le rompió el corcho; hizo todo lo posible para reprimirse, pero ya era tarde. Él la habÃa escuchado y ahora la miraba a los ojos. Liberó una sonrisa. Aceptaba el armisticio.
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Un vaho particular, a combustión, a aceite de motor, rondaba el ambiente aunque no lo degradaba. Lo teñÃa de un sabor distinto – Vino, queso, la gringa y aceitunas al lado de un 1600 descapotable. No todo estaba perdido, pensó él.
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La conversación se perdió en otro rumbo más amigable, más plácido. Pronto la cabeza de él se apoyaba en el regazo de ella, que con una mano recorrÃa cabellos castaños. Los del que se negaba a ser su superhéroe pero no podÃa negarse a ser su tierna pasión. Miraba la autopista y, entre pausas, elegÃa una aceituna. DebÃa reconocer que era injusta, la mayorÃa terminaban en su boca. Pero él se lo recordaba mordiéndole la mano tiernamente. Hasta que el sueño lo venció. Casi sin percibirlo, ella continuó con sus caricias.
No habÃan pasado veinte minutos y MartÃn, con suavidad, recuperaba la conciencia y la miraba con atención. Los ojos todavÃa somnolientos pero francos – Gringa, no te puedo negar que el asunto suena apasionante. Que es un llamado con una potencia difÃcil de ignorar. Es, como decirlo, seductor, movilizante. Pero no podés dejar de reconocer que es todo muy loco, muy raro. Y eso me causa una angustia profunda. – Ella lo miraba con atención sin interrupciones – Es un quilombo, gringa. Se mezcla todo, el laburo, mis cosas, vos, nadie dijo nada sobre los riesgos, entendés? – Te entiendo, MartÃn, y sabés que lo que elijas se va a respetar. Sólo pensaba en lo que charlamos muchas veces. Y me acuerdo de tu bronca, de la impotencia que sé que sentÃs cuando ves algo injusto. Creo que incluso yo misma aprendà de vos a ser menos indiferente – Gracias, gringui, sos un sol. A veces me hacés calentar un poco, pero sos el sol…Decime, francamente, a vos tan natural te parece todo el asunto? – Me estás pidiendo mi opinión? – Digamos que sà – Mi opinión es que tu laburo no lo tocan. Rodolfo no me explicó mucho y no sé cómo hacen, pero no te lo tocan. Yo dirÃa que esto es como conseguir un trabajo de payaso en el circo. Disfrazarse. Hacer monadas. Que los chicos se diviertan. Escucharlos reÃrse – Yo no lo veo tan asÃ. Seguro que puede haber riesgos de vida. No sólo la tuya. La mÃa. La de cualquiera por más hijo de puta que sea. – No sé. No creo que el objetivo del viejito que me vino a ver sea matar a nadie… – Y, dicho asÃ, no, cortó MartÃn. – Pero y los riesgos? O voy a repartirles caramelos en la plaza a los chicos y mazos de cartas a los jubilados? – Vos estuviste con ellos…vos tenés la mejor impresión: parecÃan un circo? – La verdad, no. Al contrario. Todo parecÃa muy sólido, qué se yo… – Y, viste?… – Pero vos entendés que hasta lo nuestro entra en juego, no? preguntó inocentemente MartÃn. Ella sólo lo miró y como un flash le guiñó un ojo.Â
aaaapero que boludo que sos ! porque no la hacés mar corta ?
Sos un genio. Vos sos del palo .No es la primera vez que te leo/ Loco, muy bueno.Pero con un poquito más de sintesis, sos como Julio.
Me quedé pegado y tengo que leer las ultimas, contestar el correo que me escribió uno de los mejores camaras de las Españas, Miguelito de Canal 6, una joya de hombre. Coño que es de los Madriles, como yo.
Comunico a todos las respables y respetables lectores del suplemento literario de A.P que como soy el mas viejo escritor, me designé Coordinador General del mismo.
El nombre se lo puse yo, pero es provisorio si ustedes quieren, queridos amigos se puede cambiar, of course !
El nombre que popongo es en realidad una idea de mi querido cro. y amigo Enrique Vaca Narvaja,( si, es el más chiquito y no fué Monto.) Hoy brillante diplo argentino, cuándo yo le pedÃa ayuda para un nombre de la revista de poesÃa que yo querÃa publicar en español en amsterdam. donde los dos estabamos refugiados.
Contri: Perdone pero estoy o mejor dicho continuando mis libros sobre mi lucha y mis compañeros. Entonces me salen las palabras, esa mujeres celosas y resfaladiza ,que tanto nos gustan. Cuando me emociono leyendo cosas tan lindas como las que Ud. escribre.
Me salio el Ud, ,vió ?
Entonces cuando publiquen un poema o un relato, coloquen al lado del titulo, SUPLEMENTO LITERARIO DELIRIUM, A.P ,argentina.
Asà promovemos más posts como este de nuestro brillante escritor Contradictius.
Un beso grande de Pupi Espinoza.