El lector ZXC envÃa este texto:
De pronto el diario me abruma con una noticia triste, tristÃsima, ha fallecido el sabado un querido amigo y colega músico, Jorge «Negro» Gonzalez, contrabajista.
Conocà al Negro mucho antes de que fuera alguien mÃnimamente conocido en el ambiente artÃstico y por pura casualidad.
SolÃa encontrarme (a mis doce años) con otros pibes aspirantes a músicos en Plaza Francia, donde tenazmente y sin otros medios que el oÃdo ni mas atributos que la voluntad, intentabamos desentrañar los secretos de como tocar blues, serÃa el año 1968 o 69, no recuerdo con exactitud.
Uno de los chicos, que era del barrio, nos invito un sabado a una reunión de músicos que se realizaba en una casa de la calle Posadas, ahà cerca.
En la reunión, que se realizaba en una casa lujosa, cuyos detalles hoy escapan de mi memoria, estaban casi todos los que eran en esos años los mejores músicos de jazz argentinos.
Era la primera vez que presenciaba una jam session.
Los tipos tocaban como poseÃdos cosas intrincadÃsimas que en mi imaginación rivalizaban con todo lo que yo habÃa escuchado hasta entonces y que a mi corta edad, hay que reconocer, no eran demasiadas.
Los solistas iban desfilando uno a uno, Jorge Anders, el Gato Barbieri, Baby Lopez Fürst, Jorge Navarro, Lalo Schiffrin, el Chivo Borraro, Oscar Cardozo Ocampo, Hugo Pierre, y algún que otro «principiante» mas…..
Suena a locura y a fantasÃa,….pero no.
En la casa de un tal Tarsia se reunÃan los fines de semana  los músicos de jazz de Buenos Aires a zapar libremente.
Como dije, los solistas iban pasando de a uno en fondo y tema tras tema, pero el contrabajista era siempre el mismo, que con total parsimonia y solvencia acompañaba cada tema sin preocuparse por buscar la parte, como si toda la Biblioteca de Babel del jazz estuviera depositada en su cabeza.
Tras un intervalo, cuando los demas se habÃan ido a tomar algo, se me acerca el Negro y me pregunta si quiero tocar…..
Una verguenza púrpura se apoderó de mà , ¿que cuernos iba a tocar yo, que apenas podÃa improvisar tres notas en un blues cuadrado teniendo enfrente al seleccionado musical de la Argentina de ese tiempo?
Tomó el contrabajo con paciencia oriental  y me desafió: Seguime que vas a poder, además nadie nos mira….
Descendió a mi Ãnfimo nivel para tocar un blues rudimentario de tres tonos y tuvo al final el gesto afectuoso de decirme: «No te preocupes ya vas a mejorar»
Años después promediando la secundarÃa lo volvà a encontrar.
Un compañero de clase amante fanático del jazz habÃa creado con «Bocha» el dueño de la disquerÃa Zival´s y con Cesar Parisi «El club de Jazz», una incipiente asociación que tenÃa por objeto organizar conciertos de jazz en la casa de «alguién» que prestaba una casona por San Cristobal lo suficientemente grande como para meter cien personas apiñadas mas los músicos.
Como en el encuentro relatado anteriormente, los solistas pasaban pero el contrabajista era casi siempre Jorge «Negro» Gonzalez, que a esa altura podÃa confirmar con mas objetividad que efectivamente tenÃa la Biblioteca de Babel en su cabeza.
En 1972 Jorge se une a Litto Nebbia y en conjunto con Nestor Astarita graban el que a mi entender es el mejor disco de la carrera de Litto: «Muerte en la Catedral».
No hay peor mal en Argentina que el que no te puedan encasillar con facilidad.
Tanto la «intelligentzia» del rock como del jazz afilaron los colmillos….»esto no es tango», «esto no es jazz», «esto no es rock», «esto no es….»
Llegaron la Triple A, las bombas los exilios, y la oscuridad agazapada se irguió de golpe.
El Golpe.
Todo hombre tiene en su vida casi siempre la oportunidad de encontrar «su momento»….. no es algo que se busca, sencillamente acontece, a veces sin que el protagonista sea conciente de lo trascendental o simplemente sin proponerselo.
La ferocidad de la dictadura se habia ensañado mas con los escritores y los actores que con los músicos, vaya uno a saber porque, pero el hecho es que la actividad musical en Buenos Aires no se habÃa paralizado totalmente.
En el año del mundial Jorge decide abrir un pequeño establecimiento gastronómico nocturno por San Telmo, que como aditamento tenÃa un pequeñÃsimo escenario para shows en vivo.
Supongo que la idea inicial era hacer una especie de whisqueria que en lugar de putas tuviera músicos y de ese modo ganarse el mango que en la profesión ya escaseaba.
Lo llamó Jazz & Pop.
El número vivo estarÃa constituÃdo por todos los que nos encontrabamos a zapar en las jam session pero de un modo mas organizado.
Los dÃas de semana actuarÃan grupos establecidos y los domingos habrÃa zapada libre.
Como ocurre con todo plan….., la realidad se ocupa pertinazmente de deformarlo y nada podÃa haber comenzado peor…..
El dÃa de la inauguración ocurre una pelea entre dos concurrentes y en un episodio confuso uno mata a otro.
Policia, documentos, todos detenidos……
El Negro no se amilanó y al dÃa siguiente abrió de nuevo el boliche.
No se cuantas veces cayó la cana en esos años pero fueron innumerables, tantas como para desanimar a al mas valiente, a tal punto que un dÃa uno de los canas me dijo: «No se porque uds. siguen viniendo si saben que vamos a caer en cualquier momento para llevarnoslos»
El Negro no arrugó y el boliche se mantuvo abierto.
……y lo que estaba pensado como un rebusque para ganarse el mango terminó siendo un refugio de libertad para los músicos de jazz …y de folklore…y de rock.
El jazz que se tocaba en Jazz & Pop era la antÃtesis de la ortodoxia y el estilismo que se cultiva con tanto afán actualmente en Buenos Aires.
Los domingos que era el dÃa en que se preveÃa que actuarÃan los aficionados en jam session terminó siendo el dÃa mas atractivo de la programación.
Absolutamente todos los músicos de jazz internacionales que visitaron la Argentina por esos años terminaron yendo los domingos a zapar en trasnoche a Jazz & Pop.
Hay que recordar que para quienes estudiabamos música la ausencia de material educativo impreso era absoluta, no solo porque no se importaba sino porque existÃa muy poco por entonces.
Poder ver en vivo a maestros de la talla Chick Corea, Hermeto Pascoal o Egberto Gismonti y además poder tocar con ellos aunque fuera diez minutos no es algo que sucede habitualmente en cualquier boliche ni en cualquier ciudad del mundo.
No recuerdo cuando cerró, pero con la llegada de la democracia aparecieron infinidad de nuevos escenarios y ya no tuvo mas sentido la idea de refugio.
Jorge volvió a abrir nuevos boliches con escenario durante la época democrática con otras propuestas pero siempre con la misma generosidad hacia los músicos.
Luego del incendio de Cromañon, la Ciudad de Buenos Aires sufrió una clausura masiva de sus escenarios y entonces Jorge, tal como hizo durante la dictadura decidió reabrir Jazz & Pop como sÃmbolo de resistencia y goce.
Hoy Jazz & Pop es el lugar por exelencia que tienen los músicos jovens para empezar a probarse en el escenario.
Jorge no fué un virtuoso del contrabajo ni tampoco un compositor, director o arreglador, fue sencillamente una persona generosa que derramo su generosidad sin retacearla sobre todos los que lo conocimos.
Que descanses en paz.»