No es que a millones de argentinos les disgustarÃa que ostentemos Ãndices de igualdad que se acerquen al óptimo. No es que a millones de argentinos les desagrade la idea de el paÃs tenga una empresa de hidrocarburos que preste servicios con responsabilidad y de calidad en todo lo ancho de nuestro vasto territorio. No es que millones de argentinos se opongan furibundamente a que seamos en algún momento capaces de producir motores para camiones o tal vez medicamentos para el tratamiento de la enfermedad diabética. No es eso, no nos confundamos. Seamos capaces de interpretar con buen sentido lo que se nos presenta. Interpretar con buen sentido no es darles la razón a los miles de manifestantes que atiborraron las principales calles de las ciudades de la Argentina o a los millones que no lo hicieron pero que, de preguntárseles hubieran estado encantados de haberlo hecho. Tampoco es, como muchos de ellos lo han dicho, que mañana (por el dÃa posterior a la convocatoria), la dirigencia gubernamental se siente a dialogar con quienes expresaron las demandas. De ninguna manera; las decisiones que el gobierno más legÃtimo de la historia polÃtica argentina (asà lo creo) no son pasibles de ser negociadas, mucho menos cuando la contrapartida de ellas no son siquiera medidas, son su no-existencia.
Creo que la progresiva desaparición del estado nacional del escenario económico efectivo del paÃs durante los últimos –por sintetizar- casi cuarenta años, ha erosionado en grandes sectores de la civilidad argentina el visto bueno hacia las bondades que su presencia podrÃa darle al medio social de la república. Cuando la mayor crisis polÃtica, económica, social y cultural de la argentina moderna nos sorprendió hacia el inicio del milenio y millonadas de compatriotas reclamaron contra todas aquellas cosas que conocemos y no tendrÃa sentido hoy renombrar, creo yo, estaban reclamándole al estado haberse retirado de espacios de control que mantenÃa en equilibrio tensionante (obviamente) ciertas variables de la economÃa argentina, aunque nunca lo hubiesen asà creÃdo ellos.
En los años de la estricta recuperación post-crisis (2002/2006), el ciudadano promedio no valoró de forma negativa la intervención estatal en el rumbo económico, la “supo†comprender.  Al llegar la estabilidad económica, ese estado no se retira del plano económico y, como si algo más quisiera, mete sus narices en lugares donde nunca lo habÃa vuelto a hacer (Retenciones. Marzo del año 2008) involucrándose en disputas con sectores de la economÃa que supieron ser sacros. Fue aparente que este estado algo más que “recuperar†la economÃa querÃa. Pero, ¿qué querÃa?
El programa polÃtico-económico de Néstor Kirchner fue, y lo sigue siendo, un programa de desarrollo. Como me imagino que toda persona que a esta altura continúa leyendo con atención ese texto sabe, de ninguna manera las fuerzas del desarrollo pueden conducirse en un paÃs sin una gran fuerza que, cargada de legitimidad, se presente como reguladora del juego controlando las variables competentes.
Controlar las variables del desarrollo, eso se querÃa.
Hoy, los disconformes reconocen un buen pasar económico del paÃs en lo general pero, muestran fuerte convicción en que de ser proyectadas en el tiempo inmediato las medidas aplicadas por el frente de gobierno, el desmadre económico serÃa inminente o bien aseguran que la economÃa ya comienza a darnos signos de fisuras. Al preguntárseles si podrÃan ellos precisar cual serÃa en especÃfico la cadena causal por la cual esas medidas culminarÃan en el desastre augurado, no son capaces de dar repuesta concisa alguna.
Un manifestante expresó a la cronista de la televisión pública que cubrÃa el reclamo que el riesgo paÃs habÃa alcanzado los 1.066 puntos, sólo superado por el Ãndice de Grecia. Ese fue tal cual el tÃtulo que uno de los portales de noticias más visitados de la web le dio al acontecimiento (http://www.lanacion.com.ar/1522697-el-riesgo-pais-argentino-alcanzo-los-1066-puntos-y-solo-es-superado-por-grecia). El manifestante expresó también que Bolivia habÃa conseguido una calificación lo suficientemente proba como para que haya logrado en los últimos años obtener créditos externos a una tasa de 4,87% anual, información que también pareciera haber sido extraÃda del mencionado articulo. ¿SabÃa ese manifestante, ese hombre que seguramente quiere que la Argentina alcance niveles óptimos de igualdad, tener una eficiente y responsable empresa de hidrocarburos, asà como seguramente también que lleguemos alguna vez a tener una industria capaz de sustituir bienes producidos hoy únicamente en las economÃas centrales, que ese Ãndice lo elaboran las peores escorias del orden mundial en orden de perpetuar las jerarquÃas mundiales y castigar a quien pretenda desafiarlo a manera de que no nos sea posible arribar a esos objetivos? Además de desconocer siquiera el modo en que se elabora el mencionado Ãndice, le respuesta es de seguro un rotundo no.
Les han sido negados a la sociedad argentina conocimientos de la terminologÃa básica de la ciencia económica. Aquellas herramientas y conceptos que hacen posible integrar en un mismo debate a la ortodoxia y a la heterodoxia, y que aún sin siquiera ponerse de acuerdo en un insignificante ápice acerca de cómo proceder sobre el plano de lo real, hacen posible que unos y otros se comprendan.
Esto es lo que nos permite comprender como la gran mayorÃa de los argentinos desconoce los beneficios medulares que para el desarrollo implica que los dólares circulantes en un paÃs permanezcan en su banco central.
¿Qué es lo que se nos presenta entonces? Creo que estos elementos podrÃan sumar para comenzar a perfilar un principio de entendimiento al problema, a esta verdadera incógnita.
Lo que pareciera pasar, a mi criterio, es que grandes bolsones de la sociedad argentina ven con desconfianza a la intervención directa del estado en la economÃa a causa de las experiencias polÃticas recientes y, ante la falta de comprensión de las variables que aún los paÃses centrales aplican y aplicaron para su desarrollo no pueden comprender las intenciones del gobierno en ese sentido.
Pero carecemos aún del análisis un elemento clave: la información y su manejo en la cotidianidad argentina.
Al ser los medios de comunicación las fuentes por la cual la ciudadanÃa se informa de la actualidad administrativa del paÃs, ya que serÃa imposible que cada uno de los ciudadanos tuviera la posibilidad de entrar cuando quisiese a los despachos de los funcionarios para informarse del por qué y del cómo de la aplicación de tal medida y de la discontinuidad de otra, la voluntad del periodismo es el tamiz necesario por el cual toda actualidad debe pasar en el camino de informar a esos ciudadanos acerca de la morfologÃa de la gestión gubernamental.
Pero hay un grandÃsimo problema: los medios de comunicación en nuestros paÃses, tanto gráficos como audiovisuales, están horrendamente monopolizados y son –aquà subyace uno de los meollos del problema- expresión y parte del establishment económico contra los cuales atenta el mencionado desarrollo soberano del paÃs.
La desconfianza generalizada de amplios sectores de la ciudadanÃa argentina hacia un estado interventor, que carece de consignas claras y definidas, es “llenada†por las constantes proclamas de la corporación periodÃstica hegemónica –como bien el ejemplo del riego paÃs grafica- en contra del desarrollo económico autónomo y soberano que tanto los perjudicarÃa y,al paÃs en tanto tal beneficiarÃa.
No sólo no tienen ni puta idea sobre cómo se elabora el riesgo paÃs. Tampoco saben quién lo elabora ni para qué. Menos aún, que Argentina no toma créditos en el mercado desde el 2006, sino que por el contrario, se autofinancia a un nivel que le permite garpar los créditos tomados con anterioridad, las reestructuraciones 2005/2010, y financiar el desarrollo.
Cuando Cinthia GarcÃa intentaba el otro dÃa avanzar dos milÃmetros más allá del titular o el zócalo de TN, los cacerolos demostraban una ausencia criminal de datos que sustentaran sus afirmaciones.
A modo de ejemplo, mi hijo discutÃa dÃas pasados con el guardia del edificio sobre Chávez. El tipo, buen tipo pero quemado, compró el «Combo ClarÃn» de malos, feos y sucios, y no sabÃa decirle porqué Chávez era «el malo» de la pelÃcula, pero jamás iba a admitir que estaba operando como lorito que repite lo que lee, ve o escucha. Ni puta idea tenÃa. No sabe, pero opina como si supiera, y cuando intentás averiguar en qué sustenta sus afirmaciones, ves que por detrás no hay nada.
FABRICIO:tus ultimos parrafos los comparto,porque se refiere al monopolio informatico que la opo niega pero ejerce.Solo agrego que mucha gente asistiria a otro tipo de convocatoria y se traga los sapos de la agresion que significa el desprecio y el resentimiento de lo realizado,con argumentos criticos sin soluciones,como lo que vimos.Tambien leo en tu comentario un alerta sobre la falta de mayor intervencion estatal en los problemas,cosa que es deseable,pero puede prestarse a que lo acuse de totalitario.
Hablando de información, para cuando la ley de Acceso a la Información Pública, ¿o eso es harina de otro costal?
claro,si la ley de medios ya estuviera en vigencia el 8N no hubiera existido.
O sea que la ley de medios persigue evitar marchas opositoras? Gracias Isabel por ser tan descarnada! Ni Sabatalla lo hubiera puesto mejor…
la ley de medios pretende evitar que una gran campana formatee el coco de muchos predispuestos…
desde la edad media se dice que la gota horada la piedra…es decir,mediante la repeticion se fortalece el animo de que estamos mal.