La fábula del granjero y los zorros

Hace mucho escuche esta historia que trataré de fabular.

La fábula del granjero y los zorros

Cansado de la ciudad y promediando los sesenta John Silverston decide que era hora de retirarse y compra un rancho en Waco, Texas. Tenía todo lo que tenía que tener, confort, buena vista, animales, arboleda, caballos. No conforme con esto decide construir un gallinero.
Su felicidad no podía ser completa, al poco tiempo de instalarlo, ve que sus gallinas y pollos comenzan a desaparecer. Refuerza las cercas.
No pasó más de una semana cuando advirte que el gallinero había sido violentado nuevamente. Es entonces cuando se decide pedir asesoramiento a sus nuevos vecinos. Estos le sugirien, según se desprendía de su relato, que seguramente se tratara de zorros, que eran muy comunes por la zona.
Traicionado por la curiosidad, el inexperto granjero decidió montar guardia toda esa noche para ver con sus propios ojos, cara a cara a sus ladrones.
Ya apuntaba el sol cuando decidió retirarse a dormir. Nadie vino esa noche ni la otra, ni la subsiguiente; nada. Decidió entonces cambiar de estrategia. Construyó un atalaya lejos, muy lejos, entre unos árboles, al sur del gallinero, de esa forma el viento no llevaría su olor sobre el preciado botín. La primera noche no pasó nada, la segunda tampoco, recién a la tercera pudo ver unas sombras que se correspondían con una pareja de zorros, miraban y olfateaban la cerca, daban vueltas, olfateaban, miraban y se retiraban, volvían. No entraban.
Durante la semana y media que duró esa instancia del avistaje, los zorros  nunca penetraron la primera cerca perimetral.
John entonces decidió cambiar de estrategia, guardó su rifle y conservó los prismáticos y la mira telescópica. Colocó un pedazo de carne sobre un tronco cerca de la cerca, en un claro que hacía el monte.
Ese día los zorros no se acercaron  al claro, solo se veían sombras justo en sus confines. En ninguno de los quince días que duró esta etapa los zorros nunca cruzaron el claro.
Cansado, el granjero decidió volver a dormir a su cama pero conservó la rutina de la carne. Al comienzo de la tercer semana subsiguiente por primera vez  los ladrones robaron el trozo de carne .
El granjero se puso loco de contento. Luego de cuatro meses de arduo trabajo había logrado su primer resultado.
Durante ese lapso había le había aparecido un afecto hacia ellos, le asombraba la astucia con la que se encargaban de desbaratar la variante de celada que John pergeñaba noche tras noche. Los zorros se deslizaban, eran una brisa libre imposible de atrapar. Tenían toda la noche, toda la vida para dilucidar el acertijo que el novato les proponía noche a noche.
Volvió al atalaya luego de que sistemáticamente por un mes consecutivo, los zorros retiraran el trozo de carne que les dejara sobre el tronco. Para su desilusión ese día ni aparecieron. Ni ese día ni el subsiguiente, ni el otro, ni siquiera se dejaban ver.
Abatido por su fracasado intento de domesticar a los zorros volvió a su cama, sin olvidar de dejar el trozo de carne sobre el tronco.
No tuvo que pasar una semana para que el trozo vuelva a desaparecer. La señal era clara, los zorros nunca iban a dejar que interfiera en su tarea depredadora, la única que entendían.
No estaban dispuestos a ser domesticados.

Hace cuatro años ya que John compro su rancho, y escasos tres que comenzó su relación con una pareja de zorros.
Por lo que sabe ya son mas de dos, ahora vienen con sus hijos, y algunos otros adultos. Dice que ha aprendido a conformarse con esa extraña forma de amistad. Ya no va mas al atalaya, se sienta en su confortable sillón a ver televisión mientras una familia de zorros lo insulta desde su jardín y no se deja ver.

Autor de la foto

20 Comments on “La fábula del granjero y los zorros”

  1. Lindo el cuentito, pero no le descubro la moraleja.

    (Es decir, la veo, pero no la relaciono con nada, a ver si alguien más imaginativo que yo me ayuda a descubrirla).

  2. Si no los alimentas te roban.
    Te roban o los alimentas pero no los vas a sorprender nunca robando.
    Jamas van a trabar amistad con vos, si lo hicieran estarían subordinados.
    Ellos tienen el poder en realidad.
    La única manera de que no te roben es coimenandolos pero nunca admiten eso como coima, en realidad es una extorsión

  3. Helen, de acuerdo, pongámoslo de este modo. Hay un sistema primitivo zorro cazando en el entono, pajarito, perdices, etc.
    Llega un sistema pastoril que es grangero, gallina, vaca, agricultura.
    Ambios comparten un mismo territorio. La gallina del grangero, pasa ocupar el lugar del pajarito o de la perdiz, salvo que mucho mas facil de atrapar.
    Se produce un conflicto de territorios y un consecuente , como bien dice, equilibrio.
    Mi mujer me critica, me dice: -No das alternativas. No tiene un final feliz ni infeliz. El grangero no le pone veneno a la carne ni los zorros le comen una pata al grangero.
    La pregunta es por ahora ¿Hay otra salida al equlibrio precario?
    Temo que ideológicamente sea una cagada la resolución del conflicto. Es lo qie hay, si a alguno se le ocurre alguna mejor?
    Le aviso a mi mujer

  4. Schussheim: el malbec no produce esas consecuencias ! Si, acaso, tomarlo solo.
    Charlie: Los zorros estaban esperando que el granjero les avisara a qué hora iba a subir a la atalaya, asi preparaban su corazón…

  5. Una primera percepción sobre el relato es, que creo que refleja el modo en que en éste último tiempo se relacion muchos seres humanos, conformádose con relaciones que desde mi punto de vista no tienen entidad, o la entidad que yo pretendo,. A veces se esta tan solo, aunque rodeado de gente, que cualquier tipo de relación nos parece válida, muchas veces prevalece la vida contada a la vida vivida. Y aquella relación que se estableció entre el granjero y los zorros, hacia que el que la podía contar o contársela asimismo, lo entretuviera, amueblando su tiempo con muebles, rústicos, elementales, pero muebles al fin, no?

  6. Una primera percepción sobre el relato es, que creo que refleja el modo en que en éste último tiempo se relacion muchos seres humanos, conformádose con relaciones que desde mi punto de vista no tienen entidad, o la entidad que yo pretendo,. A veces se esta tan solo, aunque rodeado de gente, que cualquier tipo de relación nos parece válida, muchas veces prevalece la vida contada a la vida vivida. Y aquella relación que se estableció entre el granjero y los zorros, hacia que el que la podía contar o contársela asimismo, lo entretuviera, amueblando su tiempo con muebles, rústicos, elementales, pero muebles al fin, no?

  7. Gracias Elba por tu aporte, se que ideológicamente es una cagada como, dije pero por algo traigo esta historia que escuche hace mucho, es totalmente real, salvo los accesorios estéticos

  8. «La pregunta es por ahora ¿Hay otra salida al equlibrio precario?»

    ¿decidirán los zorros (modo de producción germánico=depredatorio) tomar el poder de la granja y autogestionarla para proveerse de pollos y huevos fruto de su propio trabajo? ¿Porqué complicarse si puede obtener lo mismo con menos esfuerzo y con el plus de adrenalina que da burlar la vigilancia del granjero?

    ¿Decidirá el granjero envenenar la carne? Jamás. La sociedad protectora de animales (institución creada por la propia sociedad granjeril) no lo permitiría.

    Otra forma de verlo:

    La cultura zorril es una adaptación anticipada a un modo de producción en el cual el trabajo humano ya no es necesario (consolidación del proceso de automatización de la producción). El equilibrio inestable es una fase de transición hacia la desaparición del granjero (homo faber). En su lento eclipse la clase granjeril, al modo de la nobleza europea en su decadencia, puede dejarle a la posteidad un importante legado literario del género elegíaco.

  9. Compañero Charly.
    Hace rato que tengo un post en carpeta sobre este tema.
    Con el rimbombante titulo “El Lobo y el Hombre, de la Competencia a la Cooperación.
    Hablando en porteño básico, los perros.
    Es uno de los agujeros negros de las teorías de competencia y el egoísmo como fuerza evolutiva.
    Un abrazo

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