La ideóloga de la derecha no es una buena novelista

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Una encuesta publicada hace una semana en Página/12, resulta ilustrativa de las condiciones de lectura de la realidad política.

Consultados los ciudadanos porteños sobre la gestión como Jefe de Gobierno de Mauricio Macri un 38% la considera regular, un 17,2% mala y un 13,2% muy mala, frente a un 25% que la evalúa como Buena y un 1,9 que la observa como muy buena . Es deducir, un 69% cuestiona la gestión de Macri y un 26% la aprueba. Pero en las preguntas centradas en su procesamiento muestran otra situación. Allí es muy pareja la mirada que descree de la estrategia macrista de victimizarse, con aquel sector que acepta una conspiración de Néstor Kirchner.

Lo interesante de estos números que exponen OPSM y Zuleta Puceiro es que una buena cantidad de ciudadanos se siente disconforme con la política real y concreta que observa en su cotidianidad pero eso no resulta suficiente para desacreditar a Macri en otros aspectos. Es decir, la sospecha siempre es un buen recurso, el rumor de la conspiración siempre funciona porque las personas se niegan a aceptar que la realidad sea sólo la experiencia que palpan todos los días. Ellos están seguros de que detrás de todo hecho siempre hay una trama oculta que está conspirando contra el procesado de turno. La mentira se ha vuelto más creíble que la realidad palpable y esto vuelve más difícil la acción y la discusión política porque es casi imposible refutar una paranoia.

Mucho se ha dicho sobre la nota que publicó el día del amigo Beatriz Sarlo en el diario La Nación. Yo insisto en sostener que Sarlo es una ideóloga de la derecha. Una ideóloga no sólo le da letra al político de turno (en este caso Macri) sino que también influencia a la población. No sé cuanto le debe a Sarlo el resultado de esta encuesta pero no es un detalle que un dato tan elocuente como el respaldo que le quitó a Mauricio su propio padre, no haya alcanzado para inclinar la balanza

En el juego de palabras y de nombres que traza Sarlo en su artículo intenta demostrar que Macri y Kirchner son una misma cosa, que el falso antagonismo no es más que una simulación que responde sólo a los intereses de turno. La cercanía de Franco Macri con el ex presidente llevó a Federico Pinedo a acusar “Macri es Kirchner”. Sarlo se vale de esta frase para negar el conflicto y para borrar las acciones que llevaron al mismísimo Mauricio Macri a convertirse por sí solo en un minusválido de la política.

El objetivo de la nota de Sarlo es mostrar a Kirchner como un ser que se maneja sólo por los intereses económicos de turno que lo llevan a aliarse o enemistarse compulsivamente sin evaluar lo que dijo hace unos segundos sobre esas personas. Lo convierte en un posmoderno que vive en un presente permanente donde el pasado no trae consecuencias. Todos recursos que le sirven a Sarlo para negar la verdad y la realidad de las acciones kirchneristas. Otro modo de decir que busca negar la política.

Se preocupa también por mostrar a Mauricio como un inexperto en el mundo de la política que prometió más de lo que podía cumplir y como un ingenuo que pensó que el gobierno nacional lo iba a ayudar. Mientras que los Kirchner crecen en estrategias y planes maquiavélicos Mauricio se despoja de armas para pelear la batalla política. Es un muñequito de cartón inserto en un mundo del que no conoce las reglas. “Macri confía porque se maneja en la esfera pública como si fuera un ciudadano común”, dice Sarlo sin que le tiemble el pulso. Mauricio Macri es de pronto y gracias a la pluma de Sarlo en un ser sin historia. Nada tiene que ver con los negociados de los noventa, con las cloacas de Morón. No, Mauricio se equivoca porque no sabe. En cambio Kirchner sabe tanto que no puede ser ingenuo.

Mezcla Sarlo en su coctelera ,la política de seguridad de León Arslanián en la provincia de Buenos Aires con la designación de Macri de El Fino Palacios argumentando que los dos fueron víctimas de la misma vendetta. Sarlo crea un mundo con reglas tan propias que instala con toda impunidad equivalencias insostenibles. El argumento que saca de la manga Sarlo es que Mauricio es el hijo rebelde y que Franco es el padre tirano que quiere seguir en su dominio. Hay que reconocerle imaginación a Sarlo. Mauricio iba a destronar a Kirchner de su posibilidad de volver a ser Presidente y a Franco Macri de su lugar en la empresa familiar. Entonces los dos padres (en el sentido real y alegórico del término) decidieron conspirar contra la joven promesa y, como decía Pier Paolo Pasollini, inventaron una guerra para matar a sus hijos.

La historia es muy linda para una novela pero, a mi modesto entender, la falla de Sarlo fue que al personaje de Mauricio primero lo presentó como un ser desprovisto de todo talento, ingenuo, ignorante de la política, igual a un hombre común devenido en funcionario y de golpe es la sombra maligna que puede hacer empalidecer a dos personajes enormes, astutos y capaces de tramar las más sofisticadas estrategias como Néstor Kirchner y Franco Macri. Algo le faltó a Sarlo para convertir a Macri en un antagonista un poquitito más creíble

11 comentarios en «La ideóloga de la derecha no es una buena novelista»

      1. Para empezar, no hay mayor chicana que el título de este post. Primero «ideóloga de la derecha», después, «no es una buena novelista». Está totalmente centrada en una cuestión ad hominem y plena de calificativos.
        Habla de los supuestos «objetivos» de la nota de Sarlo. Como no nos dice por qué no sólo Sarlo es de derecha, sino también su ideóloga, tenemos que pensar que es porque «niega la verdad y la realidad de las acciones kirchneristas». Podría discutirse todo esto. Pero la principal argucia es temática. En ningún momento Varela refuta los dichos de Sarlo, sino habla de su artículo en términos de articulación narrativa más que sobre el contenido de verdad. No estaría mal sino fuera porque dispara todo el tiempo sobre Sarlo al punto que pareciera que tiene algo personal contra ella.
        ¿Por qué no se puede leer una alianza Macri-Kirchner, si es evidente al punto que nadie la oculta? ¿No es cierto que uno de los temas de campaña del kirchnerismo en la ciudad era «Mauricio es MAcri», enfatiando el apellido de la familia contratista para marcar el signo del entonces candidato y que ahora se olvida en pos de una alianza político-empresarial?
        Pero principalmente Varela supone permanentemente que el artículo intenta a exculpar a Mauricio, algo que no se desprende de una buena lectura, sobre todo si se tiene en cuenta lo que Sarlo dice siempre sobre Macri.

      2. Ricardo:

        Uso la palabra novelista porque creo que Beatriz Sarlo está construyendo ficciones sobre el macrismo y su accionar y esas ficciones son las que utiliza Mauricio Macri para argumentar a su favor, por eso es una ideóloga. Sarlo construye modos de ver la realidad que son repetidos e influencian a un sector social.

  1. Cito: El final de tu segundo párrafo inroductorio.
    «…Ellos están seguros de que detrás de todo hecho siempre hay una trama oculta que está conspirando contra el procesado de turno. La mentira se ha vuelto más creíble que la realidad palpable y esto vuelve más difícil la acción y la discusión política porque es casi imposible refutar una paranoia…»
    Hasta acá todo bien, pero cuando desarrollas tu ¿ataque?¿critica?¿comentario? a Sarlo, no haces otra cosa que hacerlo desde esa postura que tan mal te parece ¿En que quedamos?
    De hecho ¿que discusión politica, es creer (paranoicamente), que Sarlo mueve el amperimetro?

    1. El Gus:

      Uso el término paranoia para describir las condiciones que hacen posible que el discurso de Sarlo sea creído por alguien. El ciudadano desconfiado, que siempre considera que hay una trampa o conspiración, va a creer en los argumentos de Sarlo. Ella sabe que existe esa sospecha arraigada en la sociedad y se vale de ella para construir sus ideas.

  2. asociar con Entre progresistas e impresentables.Insisto en que la Sra,Sarlo no es novelista sino historiadora y critica literaria,y no esta en el grupo de los decadentes sino de los crispados(politicamente hablando).

  3. Yo creo humildemente que Isabel Sarlo es NOVELISTA, tal cual lo expresa Alejandra Varela, SARLO a utilizando ficciones SOLO HACE INTERPRETACIONES, prescinde de los HECHOS; al haber 20 interpretaciones sobre un hecho, hay veinte verdades, pero la verdad es una sola. Sarlo busca que nosotros lo que tenemos que saber, es que la ficción que inventa como base de sustentación es la verdad
    Recuerdo que cuando estudiaba derecho, nos hacían ver que era una «PRESUNCION» y que diferencia había con la » FICCION»
    Una presunción sería por ejemplo decir: «Ese señor tiene los dedos amarillos porque presumo que es un fumador»; aparte su ropa huele a tabaco, guarda un encendedor, etc. Esta presunción, da lugar a indicios; y el indicio que tiene los dedos amarillos, más el indicio de que su ropa huele a tabaco, más el indicio que guarda un encendedor, no es igual a tres indicios, es igual a CERTEZA. «Este señor es un fumador»
    ¿SARLO en que apoya su base argumental novelesca? en vez de tomar indicios, toma la ficción y razona ¿Este señor fuma porque Kirchner lo induce psicologicamente? ¿Fuma porque Kirchner pretende dar una imagen de vicioso a Macri, porque viene bien en las encuestas?
    Alejandra, me pareció brillante tu aporte al calificar de novelista a Sarlo. Que gran diferencia existe entre indicios y ficciones traidas de la imaginación.
    ¿Habrá indicios que prueban las escuchas ilegales de Macri?
    Escribir en la Nación medio de comunicación que otorga status, calma el «ego» de estar en el candelero mediático, y considerando que la derecha se encuentra en una gran crisis de representación, echar mano a una «escritora», conviene más que hacer escribir a Patricia Bullrich, a De Narvaez que no terminó el secundario, a Cleto que tiene previa «lectura» del primario, etc.
    Mejor es SARLO, claro que Sarlo es mejor y una persona muy útil y de gran eficacia para la derecha. Los medios eligieron muy bien, no hay nada que reprocharles,

  4. Increíble Zuleta Puceiro: en las elecciones 2007 para gobernador en el Chaco, le dio 30 puntos de ventaja a Rozas sobre Capitanich y en el boca de urna persistía en verlo triunfante al candidato de la Alianza por 10 puntos. Lo dio ganador a Cócaro sobre Fabiana Ríos en Tierra del Fuego; Más acá en el tiempo, a Néstor Kirchner, cómodo ganador en Buenos Aires y empate técnico entre Stolbizer y De Narváez.
    Es por la obstinación de los votantes, tan afectos a las conspiraciones, es que los vaticinios de OPSM no se correspondieron con la realidad.

    Partiendo de datos entregados por una encuestadora poco creíble, el post arriba a la cuasi paridad entre dimes y diretes insuficientes para desacreditar a Macri, en un espectro de encuestados siempre proclive a ver el revés de la trama y a guiarse por los rumores, en particular a ser influenciados (ideologizados) por Sarlo (pero no demasiado) o por el apoyo de Franco Macri al gobierno (pero tampoco mucho).
    No es Sarlo quien recurre a Pasolini. Sino que para negar a Sarlo se echa a mano la alegoría de Pasolini que alude a otro contexto (a la situación politico-social de los años 60, la guerra del Vietnam, las rebeliones juveniles y la consiguiente represión de parte del poder), que por cierto resulta inválida yuxtaponer en este caso, por cuanto no hay antítesis entre los personajes.
    Basta revisar las empresas beneficiarias de la obra pública desde la gestión de Néstor Kirchner para saber que Franco Macri no se convirtió en uno de los capitalistas amigos del gobierno con posterioridad a las elecciones que ganó su hijo sobre Filmus; ya lo era desde aquel entonces por lo que nunca fue su enemigo.

    Roberto Gargarella en
    http://seminariogargarella.blogspot.com/2010/07/cristinismo-blaquier-y-la-represion.html
    se preguntaba: “qué era lo que significaba el kirchnerismo explícito de Franco Macri. Ocurría entonces que el principal símbolo de la fiesta privatizadora menemista, la principal imagen de las relaciones corruptas entre Estado y empresas, seguía viendo motivos de festejo en el modo en que el post-menemismo, con los K a la cabeza, gestionaba las relaciones empresas-Estado. En lugar de detenerse en los rasgos patéticos de esa relación, uno debía preguntarse, entonces: ¿qué rasgos puede tener la política económica vigente, para que tal resultado se mantenga inalterado?”

    Asimismo, esta vez sobre Blaquier, decía: “sería bueno no quedarse en los fuegos artificales, y aprovechar para insistir con preguntas como las anteriores (sobre los modos profundos en que se entrelazan política y economía), o tal vez con otras, referidas a las políticas de derechos humanos de los últimos años. Uno podría preguntarse, entonces: Qué rasgos tienen tales políticas, si el empresariado que promovió intelectualmente, financió y proveyó de medios a la represión ilegal reivindica tan groseramente, y a carcajadas, al gobierno que las lleva a cabo? Uno puede interrogarse, por ejemplo: de qué es que se habla (y sobre todo, qué es lo que se calla), cuando el gobierno habla de derechos humanos, o cuál es la estructura que esa política de derechos humanos mantiene intocada.”

    Gargarella como Sarlo, entre otros, “requieren ser escuchados y leídos con cuidado”, nos apunta Diego Tatián en “nuevo contrato verbal” http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-148001-2010-06-21.html y señala: “La interlocución intelectual sobre la materia siempre enigmática y esquiva de los procesos colectivos presupone tomar en serio las mejores versiones de quienes creen otra cosa, y confrontarse con ellas”; “Ante todo, entiendo por autoexigencia en la argumentación una disposición al reconocimiento”; “El reconocimiento es un modo de la justicia que evita el desconocimiento”.

    Saludos

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