La Siguiente Marcha

Mucho se habló de la juventud, hermosa juventud, ¿Entonces, fea vejez?, pero esta fue hermosa, no sólo por los atributos físicos de la primavera de la vida, sino porque dicen que se involucró, que salió a la calle. Hoy por hoy, hoy al cuadrado, juventud abarca lo que en la Edad Media era madurez, lo cual implicaría que ahora somos más maduros como sociedad. O que vivimos todos en la edad del pavo, según se mire.

Ya pasado un mes del luto público, se puede revisar, en tibio, qué pasó allí. En primera persona, es decir a mi, me enseñó, o me recordó, que la pueblada puede aleccionar. Sino pregúntenle a Felipe Sola, o Carlos Reutemann, que todavía tienen la oreja llena de preguntas, por no decir otro orificio. Incluso una acérrima como Elisa María Avelina Carrió puede no atreverse a confesar, detrás de su sonrisa de ofidio, lo que sintió al ver esa multitud.  La masa amedrenta, a menos que seas Mao, Perón, Jagger o Lady Gaga.  Si es que lo vio, o lo quiso ver; si quiso someterse a sí misma a la pregunta A mi me llorará aunque sea un décimo de esa gente? No serían los mismos, claro está, serían otros miles distintos, que los hay, otro gigante dormido que se despertará, Le llegará a los talones a este? ¿Este leviatán de 17 cuadras de largo, con banderas, con llantos, con risas, con pintadas en las columnas de la catedral y el GCBA?

Cuando me enteré de la muerte de Néstor, luego de leer las reacciones en twitter, escribí Pintó pueblada en plaza de mayo, parece. Algo me llamaba a dejar mi revolución confortable, como dijeron en la Barcelona, mi cómoda militancia 2.0, y poner el cuerpo en el mundo real. Llamar a un par de amigos, compañeros de laburo. ¿Vas? Si. Listo, nos encontramos allá.

Cumplo con el trámite de aclarar que no me arrogo la invención, ni la piedrita que desencadenó la avalancha, qué va; está más que claro que fue un fenómeno colectivo, algo parecido a eso que los alemanes quisieron llamar volkengeist, si me disculpan la expresión donde le doy pie a Grondona como cuando batió el récord de la Ley de Godwin. Fue una ola, una necesidad que tal vez trascendía la despedida a un hombre público e incluso trascendía a ese mismo hombre. Fue un desagravio, para él, para nosotros, para los que sentían que lo amaban y para los que lo preferíamos; contra tanto odio, contra LA tapa de Noticias. Un desagravio al hombre y a la multitud, y al mismo tiempo, una exhortación.

Hace un mes se levantó ese gigante dormido que se me hace difícil no llamarlo Pueblo. Cuando ese gigante habla, nos tiembla el tujes. Esta vez apenas si abrió la boca para murmurar, tal vez por el luto, Andate Cobos LPQTP o Si La Tocan A Cristina Quequi Lombo Seva’rmar.

Pero ahora volvió a dormir. Es lógico, incluso sano, lo especial es lo esporádico; si se abusa, se quema. Eso ocurre con los cortes de calles, autopistas o avenidas: tanto joder, perdieron lo que los marketineros llaman (en inglés, claro) shock value, o golpe de efecto, climax. En otras palabras, hay un ritmo, una frecuencia en la cual un tratamiento puede aplicarse sin que genere acostumbramiento y deje de tener efecto.

¿Cuál es ese ritmo, y cuál es la mecánica que despierta al gigante? ¿La muerte, o cuando le tocan el bolsillo? ¿Es posible que despierte por otras razones? ¿Puede ser algo más que una masa reactiva? ¿Sirvió la muerte de Nestor para crear una masa con capacidad de reacción?

Para ponerlo más simple. ¿Cual va a ser la proxima marcha?

(¿Qué tal una exortación a CFK y en apoyo para la QOM?)

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