La violencia funciona

Militante presumiblemente de la JP apuntándole a otros militantes del Mov. Barrios de Pie.

En twitter surgió, a raiz de la foto que ilustra este post, una discusión sobre la etimología y los múltiples significados de la palabra militancia y derivados; debate ya dado en Artepolítica, en 678 y medios en general; y que muchos dan por dirimido porque, comprensiblemente, les aburrió. A otros les asustó, pero también dijeron que les aburrió.

Asusta que algo reivindicado y en boga pueda tener aristas cuestionables o sobre las que haya que reflexionar. Es más confortable ver la militancia como expresión popular, reliquia preciosa, redescubierta luego de años de represión, un vox populi vox dei. Eso es ver sólo una parte del cuadro, omitiendo deliberadamente que no es popular si es jerárquica, institucionalizada, y/o sectorial. Si aquí decimos que la militancia es cuestionable, vale decir perfectible: La expresión popular en sí, es irremplazable e incuestionable. Lo que dudo es que la militancia, como la llevamos a la práctica en Argentina, sea sinónimo de expresión popular.

La discusión en la red social del pajarito discurrió, como es de prever, sobre la etimología o la paronimia de la voz militancia, la conjugación infinitiva del verbo, militar, con el sustantivo militar, o con las voces milicia, milico, militante. Las opiniones estaban divididas: Unos, sobre si esa relación fonética redunda también en una relación simbólica, luego práctica. Otros, sostenían que los primeros eran unos tilingos, zonzos, y que dicha relación se trata sólo de un malapropismo intencional, con fines antipolíticos (si es que la antipolítica es posible), y por lo tanto inconfesablemente antidemocráticos, elitistas.

El significado de una palabra se construye a través de su historia, la etimología y su presente, la resignificación. Por ejemplo, bizarro en Español significa «valiente», sin embargo, se ha resignificado desde el francés bizarre, como «raro», «extravagante».

La etimología, cualquiera lo sabe, menos Mariano Grondona, no es una ciencia exacta; y a menudo las palabras tienen una disputa de paternidad.  Si la historia es como algunos dicen, una lectura del pasado, luego «un relato de ficción basado en hechos reales», qué le queda a la etimología, la historia de las palabras.  Por eso recurrir a ésta para relacionar militancia con milicia requeriría al menos una búsqueda que no se hace en dos tuits, por eso éste post.

El diccionario de la RAE cae en vaguedades y definición cíclica: militante(Del ant. part. act. de militar; lat. militans, -antis). 1. adj. Que milita. Vamos entonces a militancia1. f. Condición de militante. 2. f. Conjunto de militantes en una determinada organización. …Ruido de grillos.

En Wikipedia, si buscamos «militancia», nos lleva directamente a Activismo, marcado como incomplet0, y tal vez abarcativo, a falta de una definición más puntual. Sin embargo es interesante lo que el wikipedista interpretó: «el activismo puede tomar la forma de protesta pasiva o huelga de manos caídas […] o llegar a la franca militancia, como en la invasión forzosa de terrenos o propiedades, el amotinamiento y hasta la guerra armada.» O  sea que según esto, la militancia sería un estado particular del activismo que comprende acciones de fuerza.

La única referencia etimológica que encontró quien les habla, es esta: Militancia formaría parte de la familia de palabras que también incluyen militar y milicia, viene del lat. miles, plural milites, término con el cual se denominaba a los soldados romanos. Luego se les llamó solidatus porque recibian un pago, una soldada.

Esta herencia semántica es sólo una parte en esa construcción de sentido común. Como vimos en el ejemplo de «bizarro», en la actualidad el significado puede ser otro. Otro ejemplo conocido sería la palabra inglesa gay, alegre, feliz, ahora significa parabólicamente, «homosexual». ¿Entonces, se resignificó la palabra militante, o militancia?

No.

Recordaremos el llamamiento de Mariotto respecto a ser «Soldados de Cristina», y no hay que bucear mucho en los sitios oficialistas para encontrar referencias a «Dar la vida por Cristina«. Julio Piumato twittea hace poco: «Perón es el grito de guerra q da contenido a la lucha por lo q él significa en la conciencia de la clase obrera peronista! APDV c CGT»

Por supuesto, esto no es privativo del kirchnerismo, ni del panperonismo. Hablamos del kirchnerismo porque hoy es la fuerza gobernante, en la cual caen todas las miradas, las operaciones de prensa; mientras que otras son ignoradas por poca relevancia o directamente gozan de protección mediática. Tanto exculpar como inculpar al kirchnerismo de un caracter patotero no sólo sería injusto sino hipócrita. Recordemos los barrabrava que presumiblemente mandó Macri a amedrentar docentes en la legislatura y el «Les vamos a romper el orto» de Rodríguez Larreta antes de las elecciones porteñas de 2011.

La violencia funciona. Aquella fuerza política que no la utilice en su justa medida, pierde. En su justa medida, es una cuestión de contextos. Por eso la violencia tiene escaladas, es iterativa e incremental, se empieza de a poco, hasta que se va de las manos, y terminamos en guerras civiles, cazas de brujas, desapariciones, torturas y asesinatos. La ejercieron tanto el peronismo con la AAA como el antiperonismo en las dictaduras militares y la revolución libertadora.

Tristemente, insisto, la violencia funciona. Está inherente en nuestro lenguaje. Y el que no la ejerce, pierde. Es un juego que tienen que jugar todos …o no jugar nadie.

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Un gris en el mundo blanco y negro.

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13 Comments on “La violencia funciona”

    1. Generalmente, no, estoy totalmente en contra de la represión. Ahora, me acuerdo durante la cumbre de las Américas en Mar del Plata. Estuve ahi, vi con mis propios ojitos a los nenes de Quebracho ensañándose contra locales de comerciantes marplatenses, como si ellos tuvieran alguna culpa de que nos haya visitado Bush.

      ¿Decime vos, hay que reprimir?

  1. Quebracho es una manisfestacion reducida de politica extrema que la sociedad puede absorber y digerir sin que pase a mayores,como tantos fenomenos que rozan lo patologico y que requieren una reeducacion.

    1. El estado no tiene la capacidad, ni la intención, de ir al fondo de todas las cuestiones. Sencillamente a veces es más fácil reprimir. Mirá lo que pasó con los docentes en Santa Cruz.

    1. ¿Ud cree que se le debería haber permitido a Quebracho y al Polo Obrero que la prendiera fuego a la embajada británica?

  2. mas bien hay que ver por que existen los extremismos de izquierda.Nadie»permite»la violencia.Si la bancamos y tratamos de disolver su patologia.

  3. Bueno, entonces, habrá que empezar a la laburar para que deje de funcionar. Ahí el Estado y lo que pueda llegar a ser una democracia popular. Sino, de lo contrario, la propia semántica suena tramposa… Sin ir más lejos, que tipos como Esteche de Quebracho hable de que los reprimieron, enarbolando la retórica que supieron acuñar los derechos humanos, suena a chanta. Al que no tiene nada que ver con esas manifestaciones de protesta y que percibe todo lo que sería esa función discursiva de la anti-represión estatal, de los derechos humanos, etc., no le cierra. Es más, ese discurso opera sobre dicho sujeto (clase media) como coerción moral más que como «evolución ética». Si criticás a esas marchas, sabés que te van a tirar con todo un paquete retórico que ha logrado encaramarse en el lenguaje argentino. Por supuesto no estoy diciendo que habría que olvidar el discurso anti-represivo, sino más bien, operar dentro del mismo a la luz de la evidencia de que ante la contingencia -como la del otro día en la Embajada- opera como cómplice de actitudes violentas. Una violencia que sabe que cuenta con esa retaguardia retórica, y que por eso se anima. Una violencia sin otro destino más que la auto-victimización. Una violencia que «tira de la cuerda» de uno de los mayores logros de la democracia argentina.

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