Nuevos apuntes sobre inflación

De tanto ponernos en analistas del fenómeno inflacionario (aunque sin muchas herramientas científicas a disposición, vale aclarar), empezamos ahora a mirar algunas herramientas posibles de acción.

Para no hacer demasiado larga la cosa, vamos a apuntar ahora a dos herramientas de política fiscal que podrían tener efectos pro y anti inflacionarios. La idea es desmenuzar los posibles efectos que podrían generar o hubieren generado estas medidas.

La primera tiene que ver con la reducción del IVA para productos de la canasta básica.
En algún momento hemos tomado partido por la idea de que en un contexto con presiones inflacionarias, reducir IVA sin poder implementar efectivos controles de precio a lo largo de toda la cadena de producción y comercialización de los productos, alentaría, más que a una reducción de los precios al consumidor, a la recomposición de márgenes en uno o más eslabones de la cadena. Digamos, alguno se quedaría con la diferencia entre el precio anterior (con IVA) y el supuesto precio de equilibrio sin IVA (o con menos IVA). En la góndola el precio no baja, y el estado deja de recaudar. Resultado: transferencia de recursos íntegra desde el Estado a los eslabones de la cadena de producción y comercialización.

Podría haber, sin embargo, algunas ideas de ingeniería impositiva que permitieran, a lo mejor, tener una eficiencia mayor en la consecución del objetivo de bajar precios al consumidor.  Pero, de hecho, la medida, aunque no consiguiera una baja de precios inmediata en la góndola, pero permitiendo de algún modo una recomposición de márgenes para la producción y la comercialización, al menos terminaría cumpliendo el objetivo de contener las presiones inflacionarias.

Llegamos a esta conclusión, por supuesto, si aceptamos la influencia de la puja distributiva en el proceso de alza de precios. El productor, el comerciante, recompone márgenes a costa de recaudación fiscal(con efecto no muy relevante, aunque requeriría un ajuste presupuestario), por lo cual por un tiempo dejaría de pensar en la variable del aumento de precios a tales fines. El problema es que la influencia de este fenómeno tendría un alcance corto. No hago juicios sobre la justicia del asunto, intento describir lo que creo que pasaría.

Ahora, no podemos obviar que el IVA cumple una «función social» bastante distinta del motivo por el que fue implementado. Hay que decirlo sin miedo: es un factor fundamental para equilibrar precios entre comercios chicos y supermercados. El supermercado (Coto, etc.) no vende en negro nunca. El comercio chico, con las ventas en negro por las que no paga IVA, equilibra la diferencia de costos que tiene el super (que compra más barato al mayorista o incluso abarca la cadena verticalmente, obtiene financiamiento barato, los costos fijos, por escala, le influyen mucho menos en el precio de lo que vende, etc.).

Por eso, no se puede bajar el IVA sin ser consciente del problema que se compra por ese lado.

El otro tema es el del Impuesto a las Ganancias. Específicamente, lo que se conocía como «tablita de Machinea». No sé si alguien se preocupó por el tema, y no sé si vale la pena hacerlo, pero capaz que algún económetra tiene ganas de buscar correlaciones entre la eliminación de la tablita y el comportamiento de los precios.

Yendo a un análisis más fino (pero de sentido común apenas), podemos decir que se puede atender a distintas hipótesis respecto de la influencia de la eliminación de la tablita en las presiones inflacionarias. Por un lado, el Estado resigna recursos de recaudación, y se pone esa plata en el bolsillo de potenciales consumidores: macroeconóicamente, expansivo, y sumado a otros factores, inflacionario. Ahora, cuánta de esa plata va a consumo efectivamente? Es muy difícil de determinar. Uno puede imaginar, por ejemplo, que varios de los pesos que no se pagaron al fisco terminaron en Punta del Este, o en dólares «fugados» a Uruguay o al colchón. Y, como todos sabemos, la «fuga de capitales» es una política anti-inflacionaria.

Más allá de eso, aunque sus efectos anti-inflacionarios no fueran demasiado importantes, la progresividad de la alícuota de ganancias debería ser reestablecida, por una cuestión de justicia. No sé si la misma tablita, a lo mejor se le podrían corregir algunas distorsiones que generaba. No sé, que se arreglen los técnicos. El problema sería la base de consenso político para llevar a cabo la medida: uno de los que más se opone es la CGT.

7 Comments on “Nuevos apuntes sobre inflación”

  1. realmente ninguna de esas medidas tiene que ver con la inflacion

    la unica forma de controlar la inflacion es:

    abrir un poco las importaciones no puede ser que todos los productos de afuera tengan aranceles del 40% aproximadamente

    desregular mercados

    incentivar el credito para aumentar la produccion

    acuerdos para estabilizar las espectativas inflacionarias

  2. ningún producto tiene aranceles de impo del 40%
    salvo los autos con 35%, los textiles y calzados también con 35%, el resto de los productos están por debajo del 20.
    si querés bajar los costos de impo tenés que tocar el tipo de cambio

    1. Los Electrónicos superan el 50% (si mal no recuerdo es un 35% + un 30% extra nuevos para Tierra del Fuego). Lo mismo que textiles y papelería, juguetes y regalería q andan por el 50% (y siempre hay gravámenes extra por el mercosur y ahora encima cupos).
      En este país los empresarios parásitos ganan y suben precios, y la competencia es nula

      1. Sí, Pancho, en este país los empresarios parásitos ganan y suben precios y la competencia es nula.

        Pero es mentira que los electrónicos pagan 50% de aranceles de impo, pagan 16% en gral., lo que se incrementó con el «impuestazo tecnológico» fue el IVA (pagaban 10.5, pasó al 21%)
        Los textiles: confecciones 35%, hilados y tejidos 26%
        juguetes y regalería, entre 16% y 20%

        gravámenes extra por el Mercosur? de qué hablás?
        no hay cupos, hay licencias de importación para algunos productos (el 6% CIF de las impo). La licencia es un trámite que te encarece un toque la importación por costos administrativos y quizás financieros por la demora en la autorización (se deberían habilitar a los 60 días, pero no se cumple este plazo)
        Pero no se puede denegar la importación.

        Saludos

  3. Mariano, no tiene nada que ver con el post.

    retiro lo dicho hace unos dias sobre iglesias, no vale la pena debatir con el, lo acabo de ver en TN con Braga Menendez..

    enfoquemonos en Sarlo, que se yo.

    1. Querés que te diga una cosa? A mí me parece que hay que debatir con todos. En materia de discusión no hay que discriminar a nadie.
      Te lo digo yo, que tengo millones de discusiones perdidas (algunas ganadas también, ojo).
      Abrazo

  4. Concluyo, a partir de la lectura del post (y siguiendo con el sentido común), que de bajar el IVA de alimentos, dicho monto iría a parar no a una reducción en los precios (consumidores) sino a los márgenes de los ofertantes (que por otra parte son quienes lo pagan). Incluso si los precios se planchan un poco, sólo podrían contenter temporalmente la inflación (es decír, diríamos, no afectar sus causas). Si al contrario, los impuestos se reducen directamente al consumidor (tablita), tenemos una fuente más de inflación. Esto significa que tarde o temprano, las circustancias hacen que sean los ofertantes quienes contabilicen lo que resigne, en el hipotético caso, el fisco. Para contrarrestar esto debería haber un aumento en la oferta, en la competencia, o algún tipo de coordinación entre los consumidores. (Claro, también bajar el dólar, abrir la importación -correspondientes a la segunda alternativa dicha arriba- o el control de precios). Habría que contemplar la varible bajr el dolar si la inflación se descarrila, ya que sus consecuencias, por trascender lo estrictamente económico, serían pésimas.

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