Piñera, la política y sus rituales.

Cuando solo unos meses atrás sucedió el terremoto en Chile se planteaba en este sitio una pregunta interesante: ¿Es posible pensar la catástrofe políticamente?

Decía entonces el sociólogo chileno Manuel Garretón: «Cuando se produce un ataque de la naturaleza tan grande como éste, se destruyen o debilitan todos los parámetros de la vida social y las normas de comportamiento e incluso se alteran las nociones de bien y mal quedando el ser humano entregado casi a su pura naturaleza instintiva. Pero no es totalmente así, de hecho queda entregado tanto a ella como al sustrato cultural básico en que ha sido formado. Y tenemos que reconocer que en nuestro país este sustrato en las últimas décadas ha privilegiado el individualismo y debilitado la visión de comunidad, para decirlo en una imagen, se ha impuesto la visión de mundo de los reality show: gane y destruya al otro a cualquier precio. De modo que en el momento de crisis como éstas afloran las conductas egoístas por encima de la preocupación por resolver los problemas colectiva y comunitariamente». (…)» Es hora de repensar y de corregir, en el Chile trágico del Bicentenario, nuestro modo de organizarnos como sociedad, nuestro modelo de desarrollo, nuestro Estado y nuestro sustrato ético-cultural».

Ayer por la noche cuando escuchaba los discursos de Piñera no podía dejar de volver a esta idea.  Quizás Garretón no estuviera pensando en Piñera como la persona capaz de llevar adelante esta tarea. De seguro, no pensaba que podía comenzar tan pronto y a través de una casi-tragedia como la de los 33 mineros atrapados bajo la tierra.Pero ahí está, se asoma por una pequeña grieta (valga la metáfora).

En ese Chile donde el neoliberalismo dejó al individualismo calar en la sociedad como en pocos países. En el país en dónde se impulsó la libertad de empresa con tanto éxito que se permite que cosas como estas sucedan. Pero (bien lo demostró el neoliberalismo y su “pensamiento único”) el hombre no tan solo puede moldear la naturaleza a través del trabajo y la tecnología. También existe la cultura, la educación y la política.

Pienso en una historia que me contaron de mi provincia, Mendoza, que en 1861sufrió un terrible terremoto. Hasta entonces Mendoza era uno de esos 13 ranchos que tanto despreciaban los liberales de la época: desértica, fea, gris, con una economía ganadera poco próspera, con un gobierno de elites conservadoras. Pero llegó el terremoto más destructivo de la historia argentina, y los liberales supieron hacer de ese hecho fortuito y trágico un nuevo comienzo.

Dice un interesante trabajo sobre el tema: “(..) La imagen de la bella flor dormida en la montaña que por designio divino se transforma en el cóndor del progreso, fue la metáfora favorita que trasmitieron los que sobrevivieron, los que necesitaron explicar lo sucedido (…) En Mendoza dos generaciones más tarde la ciudad nueva era una realidad y el gobierno Unitario y Liberal estaba consolidado, como así también el nuevo modelo económico basado en la inmigración europea de mano de obra y la plantación sistemática de viñedos. Se acabó el ganado y se impuso la vid. Habían triunfado los buenos y habían perecido los malos, la modernidad limpiaba el pasado colonial y conservador”.

(Hoy 150 años si venís a Mendoza no solo te encontrás con una de las 8 capitales del vino del mundo sino que te vamos a decir absolutamente todos que es la ciudad más linda del país. Mirá si no la hicieron bien los tipos).

La palabra y la actitud del político son educadoras,  transformadoras. Volvamos a Chile. Al escuchar a Piñera nos sobran los motivos para afirmarlo: Cuando decía “lo hicimos a la chilena y lo hicimos bien”, o los mineros “no son los mismos que quedaron atrapados, han salido fortalecidos. Pero Chile tampoco es el mismo, Chile está más unido que nunca y es más respetado y más valorado. Los mineros han sido un ejemplo de grandeza”. O eso de que: “los mineros se peleaban por ser el último en salir”. Linda historia esa ¿ah? Y si fuera una anécdota inventada ¿Qué? Con sus palabras está de algún modo educando al pueblo. Como lo hace Chavez, Evo, como lo hace Cristina. Como lo hizo Correa esa noche en el balcón con su “Hasta la victoria siempre”. Están educando, en el sentido amplio de impulsar nuevos imaginarios, nuevas miradas de ese “nosotros” que constituyen los Pueblos. Este puede ser un primer paso para alejarse de esa imagen individualista que planteaba Garretón. Sin dudas el camino para seguir avanzando por un lugar de respeto para los países de la UNASUR en el plano global.

No, no me olvido de que es el hombre más rico de Chile y uno de los más ricos de América Latina. No me olvido del partido político con el que ganó la presidencia. Pero tampoco podemos olvidar su defensa de la democracia en Ecuador hace unos días. Y voy más allá, voy a lo que tuvo (¿tuvo?) que decir Piñera cuando uno de los mineros pidió que esto no pasé nunca más: “se va a llevar a cabo una reforma para mejorar las condiciones de seguridad laboral en el país”. Y a esto otro que apenas pude pispiar en el sitio web del gobierno de Chile pero en este contexto promete.

Pensemos más allá del caso chileno, hoy sería ingenuo desde el campo popular depositar allí demasiadas expectativas. Pero hay algo que queda más claro que nunca después de lo de hoy: si hay alguna chance de hacer el capitalismo más igualitario, será con más política. Con más puesta en escena, con más rituales de afirmación colectiva hasta los adversarios más temibles pueden volverse de piel y hueso.

Dice el politólogo chileno Lechner, La política en tanto ritual es una afirmación de la vida colectiva. Lo vemos más claramente en actos masivos como las elecciones o manifestaciones, pero también en la «puesta en escena» que rodea la actividad de un jefe de gobierno. Casos como estos no pueden ser explicados en términos de la racionalidad formal y, de hecho, frecuentemente son denunciados como «irracionales» o simple «show». En efecto, de manera deliberada o no tiene lugar un montaje teatral que recuerda las ceremonias rituales. Tal escenografía no es simple «manipulación de las masas». Los actos políticos masivos son rituales que actualizan el sentimiento de colectividad. Se invoca la pertenencia a un orden, presente o futuro, a partir del cual adquiere sentido la convivencia. A través de los rituales se constituye colectividad y, por ende, continuidad: continuidad en el espació (reuniendo a quienes pertenecen a un mismo orden), continuidad en el tiempo (conmemorando la persistencia del orden colectivo). En estas «liturgias del poder» la colectividad se festeja a si misma. Es una forma de transformar el poder en orden».

¿Podrán los gobiernos progresistas de la región transformar en orden su poder? Por lo pronto amigos, está ante nosotros una vez más la Política, y hay que celebrarla.

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