Muy buenas tardes a todos y a todas; Jorge (Prim), Hugo (Soriani), Ernesto (Tiffenberg, los tres miembros de la dirección del diario), trabajadores de Página/12, miembros de las organizaciones de derechos humanos, escritores, cantantes, artistas, todo el colectivo cultural de la Argentina. Veinticinco años. Vos sabés, Jorge, que cuando abrà Página/12 y saltó la revista, esa publicación divina que hicieron por los 25 años, y comencé a leer el primer artÃculo, firmado por ustedes tres, Que la inocencia les valga, si mal no recuerdo, que habÃan publicado una tapa que decÃa: “Se derogaron las leyes de obediencia debida y punto final” y “El Fondo Monetario Internacional condonaba la deuda”, y se reÃan ustedes (se refiere a una tapa con noticias falsas para el DÃa de los Inocentes de 1988), vi que decÃan ustedes, bueno, el Fondo Monetario Internacional no condonó la deuda, pero nos libramos de él pagándola y hoy han sido anuladas y declaradas inconstitucionales por nuestra Corte Suprema, por el Parlamento y por una iniciativa de toda la sociedad las leyes de la impunidad. Y después seguà mirando, todas muy buenas notas, y me detuve, obviamente, en la fotografÃa de Néstor y mÃa, que era una nota que la firmaba Fernando Cibeira, que decÃa El primer comienzo. Esa foto es exactamente de 1989 y fue la constitución del Frente para la Victoria santacruceño y ahà estamos hablando, él está hablando con el cigarrillo en la mano, desde un boliche. Porque era un boliche eso, no era un estadio, no estábamos en ningún lugar asà cultural, era un boliche al que Ãbamos todos los dÃas, después de militar y de reunirnos y estábamos ahÃ. Como daba a la calle, en plena Avenida Roca, hoy Presidente Néstor Kirchner… qué gusto, Osvaldo (Bayer), ¿no es cierto?, mucho mejor, ¿no? (Aplausos.)
De acá te veo, Osvaldo, y bueno, habÃa sido nuestro bautismo de fuego, yo habÃa encabezado la lista de diputados provinciales, habÃamos vencido a las listas oficiales, éramos opositores, pese a que Néstor era intendente y ahà se recuerda que también ustedes estaban construyendo Página/12, en mayo de 1987. Nosotros estábamos construyendo la campaña polÃtica para la intendencia de RÃo Gallegos, que ganarÃamos por apenas 111 votos. Ese hombre ha sido condenado, es una rabia que me da, la rabia que tengo, pero bueno, ¿viste que no necesitás votos para entrar en la historia? Necesitás hacer cosas importantes. (Aplausos.)
Pero la verdad es que ese dÃa, casi ni salimos a festejar cuando nos enteramos de que habÃamos ganado la Intendencia, porque habÃa mucha paridad en los cómputos. Cuando el candidato radical, el contador Roberto López, que hoy es el titular de LoterÃa Nacional, se acercó al estudio jurÃdico, donde tenÃamos nosotros nuestra base de datos, que no nos daban y donde unos decÃan que ganamos, que perdimos. Y llegó a felicitarnos y a decirnos que de acuerdo con los cómputos de la Unión CÃvica Radical venÃan a reconocernos los 111 votos. Y ahà comenzó también una historia. Yo tenÃa 34 años, claro, sÃ. Fue la continuidad de la historia, en realidad, con algunos lapsus obligados, obligatorios, impuestos por la dictadura que asoló. Y también leyendo un artÃculo –mirá vos todas las cosas que pasaron en ese momento, cómo se van vinculando las unas con las otras– de Victoria Ginzberg, que habla precisamente en su nota de los desaparecidos y de la lucha de los organismos de derechos humanos, dice que precisamente en esa semana ya tenÃa media sanción, en Diputados, la ley de obediencia debida y faltaba la media sanción del Senado. Ahà también se estaba fundando Página/12. Mira cómo se entremezclan las historias, todo lo que hemos logrado.
El saludo entre Cristina Kirchner y Estela de Carlotto.
La contraseña
Y yo digo que –recién describiendo qué representa Página/12– lo definirÃa como una contraseña. Vos veÃas a alguien con Página/12 y más o menos sabÃas de qué se trataba. Hay otros diarios… bueno, el que ves leyendo La Nación sabés de qué se trata. Pero hay algunos otros que por ahà te despistan un poco, viste. (Aplausos.) Mañana editorial de La Nación, a todo color… Pero lo cierto es que para decirte algo, en el departamento, cuando Máximo estaba estudiando en Buenos Aires, y vivÃamos allà en Juncal, en pleno corazón de Recoleta, entre Uruguay y Paraná, octavo piso era el nuestro, eran nueve o diez pisos, el diariero te dejaba los diarios en cada piso, y entonces vos veÃas todo La Nación, La Nación, La Nación… y llegabas al octavo y ahà estaba Página/12 y también comprábamos ClarÃn, debo decir la verdad, la verdad hay que decirla. Pero los otros ni ClarÃn, era todo La Nación. Por eso lo digo, era una contraseña de identidad, que no significa, ojo, pensar como vos decÃas exactamente igual, eran discusiones, debates. Al contrario, la contraseña de la gente que nos gusta debatir, que nos gusta argumentar, es como un ADN que llevamos adentro. Pero no son discusiones banales, no son discusiones que tengan que ver con lo que uno a diario por allà está escuchando, son discusiones y verdaderas batallas culturales. Y está muy bien identificar a Página/12 con el colectivo de los derechos humanos. Porque si hubo un espacio, que fue más que un diario, si hubo un lugar en el que fueron inflexibles e inclaudicables en la denuncia de la impunidad, fue precisamente en este colectivo de Página/12, que tiene por ese solo hecho, más allá de todos los otros en que fue protagonista, un lugar en la historia del periodismo y un lugar en la historia de los argentinos. Porque en definitiva expresan lo que es el momento de la sociedad, que se pueden expresar a través de un diario, de una agrupación polÃtica, de una agrupación cultural.
Yo la verdad que me siento muy honrada de poder estar hoy aquÃ, en este ámbito. Ustedes se sienten honrados porque la presidenta está presente y yo me siento honrada de poder estar con un espacio, y con un público, siendo Presidenta de la Nación, de poder hablar y que no te chiflen, siendo este espacio que es tan crÃtico de todo. (Aplausos.) Yo leÃa que ustedes esperaban estar en estos primeros 25 años y poder estar en los próximos 50 años. Ojalá que estén ustedes tres todavÃa en el diario. Yo no voy a estar en la Presidencia, de eso tengan la plena seguridad. Pero ¿saben qué me gustarÃa? Que cuando Página/12 cumpla 50 años también un presidente pueda venir a hablar acá, porque quiere decir que se han consolidado la transformación y el cambio que durante generaciones demandaron miles y millones de argentinos. (Aplausos.)
Yo creo realmente que es la coherencia, el defender lo nacional, el volver a no sentirse avergonzado de decir “nación”, “patria”, porque en algún momento hasta decir nación, patria o popular podÃa identificarte en una suerte de medio nacionalista con zeta. Hemos recuperado la Nación, hemos recuperado lo popular para la democracia y esto tiene un valor muy grande. Y yo lo digo desde mi propio movimiento polÃtico, en el que siempre milité y en el que no todos fueron rosas y no todas fueron experiencias que por allà podamos decir que fueron todas buenas o perfectas, pero es un movimiento polÃtico, no es un movimiento de ángeles ni de santos. Lo que sà puedo decir es que hemos también protagonizado grandes gestas populares y yo me siento muy orgullosa de formar parte de este colectivo, de este proyecto nacional, popular y democrático, que es un proyecto de reparación de valores, de reparación de derechos, que nos ha costado muchas cosas, en términos personales, que nos ha costado agravios, descalificaciones, cosas que tienen que ver con el odio. Porque no tienen que ver con la polÃtica ni con las diferencias ideológicas, que son naturales y que es bueno que haya en todas las sociedades.
Cuando vos los ves vociferar y abrir esa boca como gritando, con odio… Yo ni siquiera vi asà a las Madres y a las Abuelas, cuando estaban buscando a sus hijos. Yo me acuerdo de esa imagen que recorre el mundo todavÃa y que está en todos los documentales, cuando les preguntaban los periodistas y ellas decÃan: “Señor, solamente queremos saber que nos digan dónde están nuestros hijos”. Y no era ese gesto de odio, no me quiero referir a quiénes, pero todos sabemos de qué estoy hablando. Y no era odio, porque en realidad lo que las movÃa era el amor, por eso no tenÃan odio y por eso sus expresiones eran de pregunta, eran inquisitivas, eran de interpelación, pero no eran movilizadas por el odio, eran movilizadas por el amor, el amor a sus hijos, qué amor más grande que el amor de una madre por un hijo, qué sacrificio más grande el de una madre por un hijo. Y estas Madres y estas Abuelas que han sido paridas por sus nietos y por sus hijos en esta Argentina, que también ha sido parida por esos 30 mil desaparecidos.
Yo recuerdo siempre la primera intervención de Néstor, en Naciones Unidas, cuando dijo: “Somos hijos y nietos de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo”. (Aplausos.) Y asà realmente nos sentimos.
León Gieco con la Presidenta, atrás Hugo Soriani, de Página/12.
Veinticinco años de un paÃs
Una Argentina que explotó, en el año 2001. Ahà cuentan una anécdota también, en esa nota sobre Néstor, que habÃa convocado a un compañero, que no estaba con nosotros, que era peronista, pero que estaba en otro sector del movimiento, y le habÃa dicho: “VenÃ, Gordo, que en cuatro años ganamos la Gobernación, después de cuatro años de Intendencia, y en veinte llegamos a la Presidencia”. Llegó antes, pero la verdad que más que mérito propio fue mérito de la historia; el mérito, en todo caso, fue haber tenido el valor. Yo muchas veces, inclusive, dudaba. Yo tampoco creÃa que podÃamos llegar, lo digo sinceramente. Empecé a sentir eso, que podÃamos, cuando –se acuerdan lo que pasó, en esa semana anterior, que parecÃa que avanzaba otro candidato también, del que no voy a decir el nombre, pero todos se deben acordar quién era, que también podÃa ser identificado con el neoliberalismo y entonces iba a haber una puja entre dos candidatos que pensaban lo mismo–. Me acuerdo de que me llamó una gran periodista, que no voy a mencionar, porque hoy ocupa un lugar en el gobierno nacional, y me dijo: “Te llamo porque –ella me conocÃa como senadora, prácticamente no lo conocÃa a Néstor– voy a votar a tu marido. ¿Y querés que te diga por qué voy a votar a tu marido? Porque si tengo que elegir entre esos dos que dicen que van a quedar, yo me pego un tiro o me voy del paÃs”. No me voy a olvidar nunca de esa llamada, no me voy a olvidar nunca. (Aplausos.) Para mà fue como un clic de que algo estaba pasando. Y no era tanto el conocimiento de Néstor, era como decÃa Borges, no nos une el amor, sino el espanto. Pero en realidad creo que, bueno, finalmente pasó lo que pasó. Alguien también recordaba en esa revista estupenda, estupenda además la idea de esas páginas con distintos colores y con letras disÃmiles, muy creativo realmente, muy lindo, y hablaba de ese discurso, el famoso discurso que dio en el hotel, cuando nos enteramos de que no iba a haber segunda vuelta y que le habÃan recomendado también que echara a quien habÃa escrito el discurso. Y era yo quien lo habÃa escrito, y parecÃa el discurso de uno que habÃa ganado con el ochenta por ciento de los votos. Y en realidad llegábamos con apenas el 22 por ciento, era la realidad, pero él era asÃ. Y yo, en el fondo, también soy asÃ. Cuanto más me pinchan o piensan que… es cuando más saco fuerzas, no sé de dónde, y seguimos adelante. (Aplausos.)
La verdad que eso sà que nos viene de nuestra juventud, porque allà aprendimos una cosa: solamente te pueden vencer cuando has decidido no seguir luchando; ése es el único momento cuando uno se siente vencido. (Aplausos.) Y eso fue lo que aprendimos cuando fuimos muy jóvenes y lo aprendimos no de los aciertos, sino de los errores, que son los mejores aprendizajes: de las equivocaciones y de los desaciertos es cuando más docencia se hace y cuando más doctrina se adquiere.
Por eso 25 años de Página/12 son 25 años de un paÃs que reclamaba cosas, que hoy estamos haciendo también colectivamente. Porque si algo también tenÃa Néstor –y creo que tengo yo también y todos los que conformamos el equipo, y todos los militantes– es la idea de lo colectivo. Esa es otra cosa que también… porque también hablábamos de nosotros, nunca hablábamos de yo, de yo, de yo…. y nunca entendieron muchos. Y tal vez por ahà algunos acá tampoco entendieron por qué no nos habÃamos ido del peronismo. Esto fue una pregunta que siempre recorrÃa cuando yo era senadora, cuando era una firme opositora: “¿Por qué?”. Y entonces surgieron algunas fuerzas polÃticas que realmente uno las escuchaba en la Cámara de Diputados o de Senadores y se identificaba con ellos, y tenÃa ganas de estar sentado al lado de ellos. Y yo la verdad que nunca sentà la tentación o las ganas de irme del lugar en el que estaba. Soy de las que creen que hay que pelear en el lugar donde uno ha tenido las ideas, porque si no tendrÃamos 28 millones de partidos polÃticos y esto debilita, fundamentalmente, la democracia. Y dimos la pelea adentro siempre, además porque habÃamos ganado una provincia y era como haber llegado después de haber peleado durante tanto tiempo y decidir dejar la casa e irse a vivir a la plaza. Ese era nuestro análisis absolutamente pragmático, si se quiere. Pero lo cierto es que luego de haber sido opositores, desde el año 1983, hasta el año 1991 –fuimos opositores internos en la provincia–- Néstor gana, también con 30 por ciento contra 27 por ciento, otra vez sopa, la primera gobernación, la segunda no, en la segunda arrasó y sacó 64 o 65 por ciento en el año Â’95.
Pero la verdad que fue una construcción, en realidad fue una construcción a medias, fue una construcción entre nosotros, entre lo que pasaba entre la sociedad, como es la interacción entre la militancia y la sociedad. Ninguna militancia construye aislada de lo que pasa en la sociedad, ni ninguna sociedad puede construir si no tiene –y no voy a pronunciar la palabra maldita, “vanguardia”, por Dios, ni se me ocurrirÃa además hacerlo–, si además no tiene los dirigentes. Y ésta era siempre mi discusión con muchos. Algunos se creÃan dirigentes porque estaban sentados en una banca de senador, de diputado, de gobernador, de intendente o de presidente, pero para mà el dirigente –como su nombre lo indica– es el que orienta y marca el rumbo hacÃa dónde ir, aun cuando la mayorÃa de las voces dice que hay que ir por ahà para otro lado; ésta es la virtud del dirigente, y ésta es la posibilidad cuando se encuentra una sociedad cansada, hastiada, como aquella sociedad del 2001, con dirigentes que pueden marcar un rumbo y que lo marcan no desde la genialidad, sino simplemente desde la interpretación histórica de lo que han sido los 202 años de historia, o menos, en ese momento. Porque una de las claves es cómo nos robaron la historia y fundamentalmente cómo nuestros jóvenes… Hoy yo estoy muy contenta porque los principales best sellers en materia literaria son precisamente libros históricos, libros que abordan temas históricos. Y esto revela un interés entre los argentinos por conocernos a nosotros mismos. Porque todos tenemos –de un modo u otro– la percepción de que las cosas que nos han dicho no eran tan como parecÃan, no eran tan ciertas y que por lo tanto tenemos que indagar para construir nuestro propio conocimiento.
Después del discurso, Jorge Prim, Hugo Soriani y Ernesto Tiffenberg, de Página/12; al costado, el canciller.
La batalla cultural
Por eso muchas gracias, primero por haber sostenido, durante estos 25 años contra viento y marea Página/12. Es un mérito que todos tenemos que agradecer porque era un espacio donde uno podÃa leer lo que pasaba, ¿se entiende? No te titulaban: “Por la crisis social murieron Kosteki y Santillán”. DecÃan que habÃa existido represión, habÃa pasado tal cosa y habÃa pasado tal otra. Tenemos que agradecer creo que todos los argentinos, aun los que no leen Página/12, aun a los que no les gusta Página/12, aun los que piensa que son zurdos los de Página/12. SÃ, hay gente que todavÃa habla con esa terminologÃa. Zurdo en este mundo, no sé quién es. Caen los gobiernos de izquierda, sube uno de derecha, después vuelve a caer el de derecha y sube uno de izquierda más…
El mundo hoy es una ebullición, hoy es un inmenso caldero. No sé qué comida saldrá, si la sopa saldrá buena o mala, pero está en ebullición y se está cocinando algo. No tengan la menor duda de que estamos ante un cambio de época sin precedentes o con los precedentes que hemos conocido en la historia. Saber interpretar, decodificar y, fundamentalmente, seguir representando los grandes intereses, que muchas veces son los intereses de las absolutas mayorÃas y muchas veces también, como yo lo dije en otras oportunidades, hasta los intereses de los que no están de acuerdo con uno por prejuicios culturales.
Porque en realidad, nos han podido muchas veces derrotar polÃtica y económicamente porque antes nos vencieron culturalmente. Por eso, lo de la batalla cultural no es una forma elegante, literaria, intelectual de abordar el verdadero problema de la Argentina. Hay una verdadera batalla cultural.
Bueno, nosotros vamos a seguir dándola en todos los campos. Página/12 creo que también. Algunas veces estaremos de acuerdo con algunas cosas, a veces me peleo por ahà con Jorge porque no pienso tal cosa, pienso tal otra.
Pero ésta es la riqueza del campo popular, nacional y democrático, que no obtura la discusión y que quiere ganar con argumentaciones y, fundamentalmente, con resultados. Porque además sabemos que las ideas se convierten en polÃtica cuando las podemos llevar a cabo y las vemos plasmadas. Si no, son apenas ideologÃas; ideologÃa tenemos todos, pero lo importante es poder llevar esas ideas a la práctica con resultados concretos y que esos resultados puedan ser disfrutados, incorporados, incluidos, empoderados por el conjunto de la sociedad.
Asà que, en eso estamos, en eso seguiremos porque es una lucha que no la empezamos nosotros, somos apenas meros instrumentos en esta etapa histórica que nos toca vivir, que nos ha tocado vivir y donde ha tocado dar las batallas.
Yo quiero decirles que el otro dÃa cuando salÃa –lo conté en el aniversario de la Patria, en Bariloche– el 24 a la noche, muy tarde, de la Casa Rosada y llegué al helipuerto, allà parecÃa que el edificio de YPF se me venÃa encima literalmente. Vestido de celeste y blanco por primera vez, sentà como que, bueno, habÃamos hecho un aporte muy grande. (Aplausos.)
Y este 4 de junio se volverá a conformar el órgano societario de la empresa más grande del paÃs, de nuestra empresa hidrocarburÃfera, con la conformación del Estado nacional y los Estados provinciales federales con el 51 por ciento y que, curiosamente, es también el aniversario del fallecimiento del general Mosconi, el 4 de junio de 1940 murió Mosconi, y nació el 21 febrero. (Por cuatro dÃas no nació el 25, igual que Néstor, era pisciano igual que él.)
Pero realmente siento que hemos dado pasos muy importantes. Yo no voy a enumerar la gestión de gobierno, cualquiera de ustedes podrÃa darme clases acerca de lo que hemos hecho y de lo que todavÃa nos falta hacer. Asà que no me voy a tomar el trabajo de hacerlo, pero lo que es importante, asà como lo reafirmó recién Jorge, respecto de este colectivo de Página/12, reafirmar muy humildemente en mi condición más que de Presidenta de los todos los argentinos, como dice la locutora con tanta pasión y que a mà me gusta tanto, como militante, porque eso voy a ser toda la vida. (Aplausos.)
Cuando decÃa Jorge que todos los que habÃan conformado Página/12 habÃan sido todos militantes y de distintas experiencias además, polÃticas, ideológicas, creo que esto es lo más importante: la gente que es capaz de comprometerse con lo que pasa con su paÃs y deja sus cosas personales de lado para ocuparse de las cosas de lo colectivo, del conjunto. Eso es un militante.
Tal vez, a algunos que ya no están, se les fue la mano en el compromiso, porque era un compromiso a todo o nada, un compromiso muy fuerte. Pero también hemos aprendido que todo o nada tampoco sirve, porque con todo o nada, siempre ganan los que nos dejan sin nada. (Aplausos.)
Entonces, hemos aprendido muy duramente, con muchas lágrimas, con mucho sufrimiento, con mucho dolor. Entrar aquà mismo a este lugar, este maravilloso espacio que creo que lo inauguré el 24 de marzo del 2009, este Centro Haroldo Conti, pero para entrar por acá, tuve que pasar por el Casino de Oficiales de la ESMA, por la puerta de atrás entramos, porque venÃa de Olivos, estuve en dos oportunidades allÃ.
Eso también te lleva a pensar ese espacio generacional que hay vacÃo, por eso él hablaba de “generación diezmada” en su discurso inaugural y lo más maravilloso que está pasando ahora es que esos espacios que estuvieron vacÃos durante tanto tiempo, que fueron ocupados por el pragmatismo o el posibilismo y entonces era el no poder hacer nada, hoy están ocupados por miles y miles de jóvenes que se han incorporado a la polÃtica de una manera distinta de la que lo hicimos nosotros.
Nosotros lo hacÃamos por la vuelta de Perón y luchando contra las dictaduras; estos pibes que se incorporan hoy, se incorporan después de nueve años de gobierno para apoyar a ese gobierno, seguir profundizando el cambio y lo hacen con alegrÃa y llevando en la mano la bandera argentina. (Aplausos.)
Creo que ése es el mayor aporte, por lo menos asà lo siento, y si ustedes me perdonan, en términos personales, porque tengo dos hijos: uno de 35 años, que está con gripe y le mando un beso, está en la cama en RÃo Gallegos, con 11 grados bajo cero, y tengo una hija de 21, y yo, entonces, quiero que vivan un paÃs absolutamente diferente del que nos tocó vivir a nosotros. Y esto no solamente depende de un gobierno, sino de todos los argentinos, de todos los argentinos en un mundo difÃcil, convulsionado y complejo.
El periodismo
Yo quiero agradecerles a los trabajadores de Página/12, de aquà lo veo a Rep también, que me persigue con Artepolis, me amenaza, casi me extorsiona desde la contratapa como quiere hacer Artepolis y todo lo demás; lo veo a Osvaldo (Bayer), con sus columnas en las contratapas, también siempre incansable; Horacio Verbitsky ¿Dónde está Horacio? Va a llegar… ; José Pablo Feinmann, ¿dónde estás? También por ahÃ.
La verdad que no quiero olvidarme de nadie, no quiero olvidarme de Mario Wainfeld; no quiero olvidarme de MartÃn Granovsky, de Cibeira, de Victoria Ginzberg, de Raúl Kollmann, Luis Bruschtein, también ahà está, excelente el artÃculo sobre medios de comunicación, brutal, de la revista, ¿viste que lo leÃ? No me vengo sin los deberes pero ni loca, porque me matan encima, mañana me matan. Pero además, no lo hago como un deber, la verdad es que ayudan, porque te interpelan muchas veces y al interpelarte te ayudan a ver y a descubrir cosas que vos por ahà no viste en la vorágine de gobernar, el ser Presidenta… Ustedes no saben lo que es ser Presidenta de este paÃs, yo no quiero contarles; no sé, para algunos era más fácil, andaban más divertidos, pero para nosotros la verdad que nunca fue ni fácil ni divertido, sà fue comprometido, que es otra cosa. Pero la vorágine…
Vos sabés las veces que yo por ahà descubro algo porque lo leo y entonces… a ver qué pasa, llamo, y no solamente por ahà con el diario Página/12, con otras cosas también. Porque hay otros que ya ni los registro porque ya sé que… Pero la gran mayorÃa, inclusive diarios que le hablan al mundo y al mercado únicamente, también los leo porque es interesante ver todas las visiones e interpelarse uno mismo acerca de lo que está haciendo todos los dÃas.
Lo difÃcil es conformar un paÃs como Argentina, lo maravilloso es poder hacerlo por el voto popular y obtener los resultados que hemos obtenido en estos nueve años y además hacerlo en un mundo tan complejo.
Por eso, yo quiero agradecerles a cada uno de los que todos los dÃas escriben, a los que imprimen, a las secretarÃas de redacción, Bruschtein hablaba de que ya las secretarÃas de redacción no son lo que eran … ¿Eras vos, Luis, no? ¿Era ése el artÃculo? Era que ya no hay humo, que ya no hay café, ya no hay griterÃo porque están las computadoras. Y también alerta, en definitiva, es una llamada. Yo lo vi como un llamado de alerta también aquel periodismo artesanal, y contra los peligros de un “googleado” permanente.
Yo no “googleo”, yo leo y agarro los libros y voy a la historia y la verdad que es un ejercicio impresionante porque además, con esto también de “googlear” nunca sabés qué intereses hay atrás. El libro sÃ, te permite saber quién lo escribió, qué es lo que hizo, de dónde viene y entonces poder formular tu propio juicio acerca de lo que te dicen. Cuando vos estás en Google no sabés al que escribió qué intereses lo movilizaron, si es cierto, si es mentira. Es cierto, es todo un peligro, es todo un desafÃo para el periodismo. Yo no voy a hablar de periodismo de investigación, voy a hablar de periodismo, que es, en definitiva, el tener información teórica para poder interpretar a través del pensamiento abstracto la realidad. Y que no te la cuente nadie y darle esa versión, esa interpretación al conjunto de la sociedad.
Eso es lo que hacen ustedes todos los dÃas y eso lo que hace tan valorables a todos los periodistas y en especial también este aniversario a Página/12.
Me parece que estoy muy larguera, pero bueno, la verdad es que me gusta mucho estar en estos espacios donde veo tantas caras amigas, que han sufrido tanto, tantos jóvenes también que tienen la dicha de vivir en un paÃs distinto y quiero terminar diciéndole gracias a las Madres y a las Abuelas.
¿Por qué gracias? Primero, porque, tal cual lo dije en mi discurso como senadora cuando me tocó votar la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, porque habÃa habido una interpretación de algún otro senador, y yo la verdad que lo que agradecà fue que durante todos esos años jamás pidieron pena de muerte, jamás pidieron cosas extrañas. Y la verdad que tenÃan… Yo dije que yo no sé si hubiera sido capaz, si me hubieran arrebatado un hijo, de hacer lo que hicieron ustedes.
Yo si pienso en Máximo, pienso en Florencia, que me los hubieran sacado y no hubiera sabido dónde están, saber que los torturaron y que los mataron y que los desaparecieron, la verdad que no sé si me saldrÃa ser tan buena, la verdad lo digo y lo dije ese dÃa sentada en la banca.
Y verlas a todas ustedes, siempre con sus pañuelos y pidiendo justicia, pidiendo verdad y pidiendo memoria, sin odios, y hoy concurriendo a los juicios de los genocidas, sin odios, sin revanchismos, simplemente para que se haga justicia por el terrible horror del terrorismo de Estado que sufrió nuestro paÃs, me hace valorarlas muchÃsimo más.
Porque ustedes no gritaron, no se hicieron las histéricas, no salÃan vociferando como salieron otros gritando, insultando; nunca les escuché un insulto, nunca les escuché un agravio dirigido a nadie, simplemente pidiendo justicia.
Yo creo que son un modelo, lo dije en aquella oportunidad y lo vuelvo a reiterar hoy y me parece muy bien que ese modelo sea el núcleo central de estos 25 años de Página/12.
Hoy además de aquellos derechos humanos, hemos incorporado los otros, los personalÃsimos, ampliando identidades, aceptando identidades diferentes, aceptando la diferencia que, en definitiva es eso ser democrático.
A mà la palabra “tolerancia” no me gusta; tolerancia me suena a medio como “te aguanto porque no tengo más remedio, viste”. No, aceptar, aceptar que hay diferentes, aceptar que piensan diferentes y que eso no los convierte en enemigos, sino que los convierte en algo rico que también nos enriquece a nosotros.
Yo creo que ésta es la clave y es un poco la clave de este éxito y de esta contraseña que, sin lugar a dudas, va a seguir siendo siempre Página/12.
Muy felices Bodas de Plata y por las próximas Bodas de Oro.
MuchÃsimas gracias. (Aplausos.)
De acá te veo, Osvaldo, y bueno, habÃa sido nuestro bautismo de fuego, yo habÃa encabezado la lista de diputados provinciales, habÃamos vencido a las listas oficiales, éramos opositores, pese a que Néstor era intendente y ahà se recuerda que también ustedes estaban construyendo Página/12, en mayo de 1987. Nosotros estábamos construyendo la campaña polÃtica para la intendencia de RÃo Gallegos, que ganarÃamos por apenas 111 votos. Ese hombre ha sido condenado, es una rabia que me da, la rabia que tengo, pero bueno, ¿viste que no necesitás votos para entrar en la historia? Necesitás hacer cosas importantes. (Aplausos.)
Pero la verdad es que ese dÃa, casi ni salimos a festejar cuando nos enteramos de que habÃamos ganado la Intendencia, porque habÃa mucha paridad en los cómputos. Cuando el candidato radical, el contador Roberto López, que hoy es el titular de LoterÃa Nacional, se acercó al estudio jurÃdico, donde tenÃamos nosotros nuestra base de datos, que no nos daban y donde unos decÃan que ganamos, que perdimos. Y llegó a felicitarnos y a decirnos que de acuerdo con los cómputos de la Unión CÃvica Radical venÃan a reconocernos los 111 votos. Y ahà comenzó también una historia. Yo tenÃa 34 años, claro, sÃ. Fue la continuidad de la historia, en realidad, con algunos lapsus obligados, obligatorios, impuestos por la dictadura que asoló. Y también leyendo un artÃculo –mirá vos todas las cosas que pasaron en ese momento, cómo se van vinculando las unas con las otras– de Victoria Ginzberg, que habla precisamente en su nota de los desaparecidos y de la lucha de los organismos de derechos humanos, dice que precisamente en esa semana ya tenÃa media sanción, en Diputados, la ley de obediencia debida y faltaba la media sanción del Senado. Ahà también se estaba fundando Página/12. Mira cómo se entremezclan las historias, todo lo que hemos logrado.
El saludo entre Cristina Kirchner y Estela de Carlotto.
La contraseña
Y yo digo que –recién describiendo qué representa Página/12– lo definirÃa como una contraseña. Vos veÃas a alguien con Página/12 y más o menos sabÃas de qué se trataba. Hay otros diarios… bueno, el que ves leyendo La Nación sabés de qué se trata. Pero hay algunos otros que por ahà te despistan un poco, viste. (Aplausos.) Mañana editorial de La Nación, a todo color… Pero lo cierto es que para decirte algo, en el departamento, cuando Máximo estaba estudiando en Buenos Aires, y vivÃamos allà en Juncal, en pleno corazón de Recoleta, entre Uruguay y Paraná, octavo piso era el nuestro, eran nueve o diez pisos, el diariero te dejaba los diarios en cada piso, y entonces vos veÃas todo La Nación, La Nación, La Nación… y llegabas al octavo y ahà estaba Página/12 y también comprábamos ClarÃn, debo decir la verdad, la verdad hay que decirla. Pero los otros ni ClarÃn, era todo La Nación. Por eso lo digo, era una contraseña de identidad, que no significa, ojo, pensar como vos decÃas exactamente igual, eran discusiones, debates. Al contrario, la contraseña de la gente que nos gusta debatir, que nos gusta argumentar, es como un ADN que llevamos adentro. Pero no son discusiones banales, no son discusiones que tengan que ver con lo que uno a diario por allà está escuchando, son discusiones y verdaderas batallas culturales. Y está muy bien identificar a Página/12 con el colectivo de los derechos humanos. Porque si hubo un espacio, que fue más que un diario, si hubo un lugar en el que fueron inflexibles e inclaudicables en la denuncia de la impunidad, fue precisamente en este colectivo de Página/12, que tiene por ese solo hecho, más allá de todos los otros en que fue protagonista, un lugar en la historia del periodismo y un lugar en la historia de los argentinos. Porque en definitiva expresan lo que es el momento de la sociedad, que se pueden expresar a través de un diario, de una agrupación polÃtica, de una agrupación cultural.
Yo la verdad que me siento muy honrada de poder estar hoy aquÃ, en este ámbito. Ustedes se sienten honrados porque la presidenta está presente y yo me siento honrada de poder estar con un espacio, y con un público, siendo Presidenta de la Nación, de poder hablar y que no te chiflen, siendo este espacio que es tan crÃtico de todo. (Aplausos.) Yo leÃa que ustedes esperaban estar en estos primeros 25 años y poder estar en los próximos 50 años. Ojalá que estén ustedes tres todavÃa en el diario. Yo no voy a estar en la Presidencia, de eso tengan la plena seguridad. Pero ¿saben qué me gustarÃa? Que cuando Página/12 cumpla 50 años también un presidente pueda venir a hablar acá, porque quiere decir que se han consolidado la transformación y el cambio que durante generaciones demandaron miles y millones de argentinos. (Aplausos.)
Yo creo realmente que es la coherencia, el defender lo nacional, el volver a no sentirse avergonzado de decir “nación”, “patria”, porque en algún momento hasta decir nación, patria o popular podÃa identificarte en una suerte de medio nacionalista con zeta. Hemos recuperado la Nación, hemos recuperado lo popular para la democracia y esto tiene un valor muy grande. Y yo lo digo desde mi propio movimiento polÃtico, en el que siempre milité y en el que no todos fueron rosas y no todas fueron experiencias que por allà podamos decir que fueron todas buenas o perfectas, pero es un movimiento polÃtico, no es un movimiento de ángeles ni de santos. Lo que sà puedo decir es que hemos también protagonizado grandes gestas populares y yo me siento muy orgullosa de formar parte de este colectivo, de este proyecto nacional, popular y democrático, que es un proyecto de reparación de valores, de reparación de derechos, que nos ha costado muchas cosas, en términos personales, que nos ha costado agravios, descalificaciones, cosas que tienen que ver con el odio. Porque no tienen que ver con la polÃtica ni con las diferencias ideológicas, que son naturales y que es bueno que haya en todas las sociedades.
Cuando vos los ves vociferar y abrir esa boca como gritando, con odio… Yo ni siquiera vi asà a las Madres y a las Abuelas, cuando estaban buscando a sus hijos. Yo me acuerdo de esa imagen que recorre el mundo todavÃa y que está en todos los documentales, cuando les preguntaban los periodistas y ellas decÃan: “Señor, solamente queremos saber que nos digan dónde están nuestros hijos”. Y no era ese gesto de odio, no me quiero referir a quiénes, pero todos sabemos de qué estoy hablando. Y no era odio, porque en realidad lo que las movÃa era el amor, por eso no tenÃan odio y por eso sus expresiones eran de pregunta, eran inquisitivas, eran de interpelación, pero no eran movilizadas por el odio, eran movilizadas por el amor, el amor a sus hijos, qué amor más grande que el amor de una madre por un hijo, qué sacrificio más grande el de una madre por un hijo. Y estas Madres y estas Abuelas que han sido paridas por sus nietos y por sus hijos en esta Argentina, que también ha sido parida por esos 30 mil desaparecidos.
Yo recuerdo siempre la primera intervención de Néstor, en Naciones Unidas, cuando dijo: “Somos hijos y nietos de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo”. (Aplausos.) Y asà realmente nos sentimos.
León Gieco con la Presidenta, atrás Hugo Soriani, de Página/12.
Veinticinco años de un paÃs
Una Argentina que explotó, en el año 2001. Ahà cuentan una anécdota también, en esa nota sobre Néstor, que habÃa convocado a un compañero, que no estaba con nosotros, que era peronista, pero que estaba en otro sector del movimiento, y le habÃa dicho: “VenÃ, Gordo, que en cuatro años ganamos la Gobernación, después de cuatro años de Intendencia, y en veinte llegamos a la Presidencia”. Llegó antes, pero la verdad que más que mérito propio fue mérito de la historia; el mérito, en todo caso, fue haber tenido el valor. Yo muchas veces, inclusive, dudaba. Yo tampoco creÃa que podÃamos llegar, lo digo sinceramente. Empecé a sentir eso, que podÃamos, cuando –se acuerdan lo que pasó, en esa semana anterior, que parecÃa que avanzaba otro candidato también, del que no voy a decir el nombre, pero todos se deben acordar quién era, que también podÃa ser identificado con el neoliberalismo y entonces iba a haber una puja entre dos candidatos que pensaban lo mismo–. Me acuerdo de que me llamó una gran periodista, que no voy a mencionar, porque hoy ocupa un lugar en el gobierno nacional, y me dijo: “Te llamo porque –ella me conocÃa como senadora, prácticamente no lo conocÃa a Néstor– voy a votar a tu marido. ¿Y querés que te diga por qué voy a votar a tu marido? Porque si tengo que elegir entre esos dos que dicen que van a quedar, yo me pego un tiro o me voy del paÃs”. No me voy a olvidar nunca de esa llamada, no me voy a olvidar nunca. (Aplausos.) Para mà fue como un clic de que algo estaba pasando. Y no era tanto el conocimiento de Néstor, era como decÃa Borges, no nos une el amor, sino el espanto. Pero en realidad creo que, bueno, finalmente pasó lo que pasó. Alguien también recordaba en esa revista estupenda, estupenda además la idea de esas páginas con distintos colores y con letras disÃmiles, muy creativo realmente, muy lindo, y hablaba de ese discurso, el famoso discurso que dio en el hotel, cuando nos enteramos de que no iba a haber segunda vuelta y que le habÃan recomendado también que echara a quien habÃa escrito el discurso. Y era yo quien lo habÃa escrito, y parecÃa el discurso de uno que habÃa ganado con el ochenta por ciento de los votos. Y en realidad llegábamos con apenas el 22 por ciento, era la realidad, pero él era asÃ. Y yo, en el fondo, también soy asÃ. Cuanto más me pinchan o piensan que… es cuando más saco fuerzas, no sé de dónde, y seguimos adelante. (Aplausos.)
La verdad que eso sà que nos viene de nuestra juventud, porque allà aprendimos una cosa: solamente te pueden vencer cuando has decidido no seguir luchando; ése es el único momento cuando uno se siente vencido. (Aplausos.) Y eso fue lo que aprendimos cuando fuimos muy jóvenes y lo aprendimos no de los aciertos, sino de los errores, que son los mejores aprendizajes: de las equivocaciones y de los desaciertos es cuando más docencia se hace y cuando más doctrina se adquiere.
Por eso 25 años de Página/12 son 25 años de un paÃs que reclamaba cosas, que hoy estamos haciendo también colectivamente. Porque si algo también tenÃa Néstor –y creo que tengo yo también y todos los que conformamos el equipo, y todos los militantes– es la idea de lo colectivo. Esa es otra cosa que también… porque también hablábamos de nosotros, nunca hablábamos de yo, de yo, de yo…. y nunca entendieron muchos. Y tal vez por ahà algunos acá tampoco entendieron por qué no nos habÃamos ido del peronismo. Esto fue una pregunta que siempre recorrÃa cuando yo era senadora, cuando era una firme opositora: “¿Por qué?”. Y entonces surgieron algunas fuerzas polÃticas que realmente uno las escuchaba en la Cámara de Diputados o de Senadores y se identificaba con ellos, y tenÃa ganas de estar sentado al lado de ellos. Y yo la verdad que nunca sentà la tentación o las ganas de irme del lugar en el que estaba. Soy de las que creen que hay que pelear en el lugar donde uno ha tenido las ideas, porque si no tendrÃamos 28 millones de partidos polÃticos y esto debilita, fundamentalmente, la democracia. Y dimos la pelea adentro siempre, además porque habÃamos ganado una provincia y era como haber llegado después de haber peleado durante tanto tiempo y decidir dejar la casa e irse a vivir a la plaza. Ese era nuestro análisis absolutamente pragmático, si se quiere. Pero lo cierto es que luego de haber sido opositores, desde el año 1983, hasta el año 1991 –fuimos opositores internos en la provincia–- Néstor gana, también con 30 por ciento contra 27 por ciento, otra vez sopa, la primera gobernación, la segunda no, en la segunda arrasó y sacó 64 o 65 por ciento en el año Â’95.
Pero la verdad que fue una construcción, en realidad fue una construcción a medias, fue una construcción entre nosotros, entre lo que pasaba entre la sociedad, como es la interacción entre la militancia y la sociedad. Ninguna militancia construye aislada de lo que pasa en la sociedad, ni ninguna sociedad puede construir si no tiene –y no voy a pronunciar la palabra maldita, “vanguardia”, por Dios, ni se me ocurrirÃa además hacerlo–, si además no tiene los dirigentes. Y ésta era siempre mi discusión con muchos. Algunos se creÃan dirigentes porque estaban sentados en una banca de senador, de diputado, de gobernador, de intendente o de presidente, pero para mà el dirigente –como su nombre lo indica– es el que orienta y marca el rumbo hacÃa dónde ir, aun cuando la mayorÃa de las voces dice que hay que ir por ahà para otro lado; ésta es la virtud del dirigente, y ésta es la posibilidad cuando se encuentra una sociedad cansada, hastiada, como aquella sociedad del 2001, con dirigentes que pueden marcar un rumbo y que lo marcan no desde la genialidad, sino simplemente desde la interpretación histórica de lo que han sido los 202 años de historia, o menos, en ese momento. Porque una de las claves es cómo nos robaron la historia y fundamentalmente cómo nuestros jóvenes… Hoy yo estoy muy contenta porque los principales best sellers en materia literaria son precisamente libros históricos, libros que abordan temas históricos. Y esto revela un interés entre los argentinos por conocernos a nosotros mismos. Porque todos tenemos –de un modo u otro– la percepción de que las cosas que nos han dicho no eran tan como parecÃan, no eran tan ciertas y que por lo tanto tenemos que indagar para construir nuestro propio conocimiento.
Después del discurso, Jorge Prim, Hugo Soriani y Ernesto Tiffenberg, de Página/12; al costado, el canciller.
La batalla cultural
Por eso muchas gracias, primero por haber sostenido, durante estos 25 años contra viento y marea Página/12. Es un mérito que todos tenemos que agradecer porque era un espacio donde uno podÃa leer lo que pasaba, ¿se entiende? No te titulaban: “Por la crisis social murieron Kosteki y Santillán”. DecÃan que habÃa existido represión, habÃa pasado tal cosa y habÃa pasado tal otra. Tenemos que agradecer creo que todos los argentinos, aun los que no leen Página/12, aun a los que no les gusta Página/12, aun los que piensa que son zurdos los de Página/12. SÃ, hay gente que todavÃa habla con esa terminologÃa. Zurdo en este mundo, no sé quién es. Caen los gobiernos de izquierda, sube uno de derecha, después vuelve a caer el de derecha y sube uno de izquierda más…
El mundo hoy es una ebullición, hoy es un inmenso caldero. No sé qué comida saldrá, si la sopa saldrá buena o mala, pero está en ebullición y se está cocinando algo. No tengan la menor duda de que estamos ante un cambio de época sin precedentes o con los precedentes que hemos conocido en la historia. Saber interpretar, decodificar y, fundamentalmente, seguir representando los grandes intereses, que muchas veces son los intereses de las absolutas mayorÃas y muchas veces también, como yo lo dije en otras oportunidades, hasta los intereses de los que no están de acuerdo con uno por prejuicios culturales.
Porque en realidad, nos han podido muchas veces derrotar polÃtica y económicamente porque antes nos vencieron culturalmente. Por eso, lo de la batalla cultural no es una forma elegante, literaria, intelectual de abordar el verdadero problema de la Argentina. Hay una verdadera batalla cultural.
Bueno, nosotros vamos a seguir dándola en todos los campos. Página/12 creo que también. Algunas veces estaremos de acuerdo con algunas cosas, a veces me peleo por ahà con Jorge porque no pienso tal cosa, pienso tal otra.
Pero ésta es la riqueza del campo popular, nacional y democrático, que no obtura la discusión y que quiere ganar con argumentaciones y, fundamentalmente, con resultados. Porque además sabemos que las ideas se convierten en polÃtica cuando las podemos llevar a cabo y las vemos plasmadas. Si no, son apenas ideologÃas; ideologÃa tenemos todos, pero lo importante es poder llevar esas ideas a la práctica con resultados concretos y que esos resultados puedan ser disfrutados, incorporados, incluidos, empoderados por el conjunto de la sociedad.
Asà que, en eso estamos, en eso seguiremos porque es una lucha que no la empezamos nosotros, somos apenas meros instrumentos en esta etapa histórica que nos toca vivir, que nos ha tocado vivir y donde ha tocado dar las batallas.
Yo quiero decirles que el otro dÃa cuando salÃa –lo conté en el aniversario de la Patria, en Bariloche– el 24 a la noche, muy tarde, de la Casa Rosada y llegué al helipuerto, allà parecÃa que el edificio de YPF se me venÃa encima literalmente. Vestido de celeste y blanco por primera vez, sentà como que, bueno, habÃamos hecho un aporte muy grande. (Aplausos.)
Y este 4 de junio se volverá a conformar el órgano societario de la empresa más grande del paÃs, de nuestra empresa hidrocarburÃfera, con la conformación del Estado nacional y los Estados provinciales federales con el 51 por ciento y que, curiosamente, es también el aniversario del fallecimiento del general Mosconi, el 4 de junio de 1940 murió Mosconi, y nació el 21 febrero. (Por cuatro dÃas no nació el 25, igual que Néstor, era pisciano igual que él.)
Pero realmente siento que hemos dado pasos muy importantes. Yo no voy a enumerar la gestión de gobierno, cualquiera de ustedes podrÃa darme clases acerca de lo que hemos hecho y de lo que todavÃa nos falta hacer. Asà que no me voy a tomar el trabajo de hacerlo, pero lo que es importante, asà como lo reafirmó recién Jorge, respecto de este colectivo de Página/12, reafirmar muy humildemente en mi condición más que de Presidenta de los todos los argentinos, como dice la locutora con tanta pasión y que a mà me gusta tanto, como militante, porque eso voy a ser toda la vida. (Aplausos.)
Cuando decÃa Jorge que todos los que habÃan conformado Página/12 habÃan sido todos militantes y de distintas experiencias además, polÃticas, ideológicas, creo que esto es lo más importante: la gente que es capaz de comprometerse con lo que pasa con su paÃs y deja sus cosas personales de lado para ocuparse de las cosas de lo colectivo, del conjunto. Eso es un militante.
Tal vez, a algunos que ya no están, se les fue la mano en el compromiso, porque era un compromiso a todo o nada, un compromiso muy fuerte. Pero también hemos aprendido que todo o nada tampoco sirve, porque con todo o nada, siempre ganan los que nos dejan sin nada. (Aplausos.)
Entonces, hemos aprendido muy duramente, con muchas lágrimas, con mucho sufrimiento, con mucho dolor. Entrar aquà mismo a este lugar, este maravilloso espacio que creo que lo inauguré el 24 de marzo del 2009, este Centro Haroldo Conti, pero para entrar por acá, tuve que pasar por el Casino de Oficiales de la ESMA, por la puerta de atrás entramos, porque venÃa de Olivos, estuve en dos oportunidades allÃ.
Eso también te lleva a pensar ese espacio generacional que hay vacÃo, por eso él hablaba de “generación diezmada” en su discurso inaugural y lo más maravilloso que está pasando ahora es que esos espacios que estuvieron vacÃos durante tanto tiempo, que fueron ocupados por el pragmatismo o el posibilismo y entonces era el no poder hacer nada, hoy están ocupados por miles y miles de jóvenes que se han incorporado a la polÃtica de una manera distinta de la que lo hicimos nosotros.
Nosotros lo hacÃamos por la vuelta de Perón y luchando contra las dictaduras; estos pibes que se incorporan hoy, se incorporan después de nueve años de gobierno para apoyar a ese gobierno, seguir profundizando el cambio y lo hacen con alegrÃa y llevando en la mano la bandera argentina. (Aplausos.)
Creo que ése es el mayor aporte, por lo menos asà lo siento, y si ustedes me perdonan, en términos personales, porque tengo dos hijos: uno de 35 años, que está con gripe y le mando un beso, está en la cama en RÃo Gallegos, con 11 grados bajo cero, y tengo una hija de 21, y yo, entonces, quiero que vivan un paÃs absolutamente diferente del que nos tocó vivir a nosotros. Y esto no solamente depende de un gobierno, sino de todos los argentinos, de todos los argentinos en un mundo difÃcil, convulsionado y complejo.
El periodismo
Yo quiero agradecerles a los trabajadores de Página/12, de aquà lo veo a Rep también, que me persigue con Artepolis, me amenaza, casi me extorsiona desde la contratapa como quiere hacer Artepolis y todo lo demás; lo veo a Osvaldo (Bayer), con sus columnas en las contratapas, también siempre incansable; Horacio Verbitsky ¿Dónde está Horacio? Va a llegar… ; José Pablo Feinmann, ¿dónde estás? También por ahÃ.
La verdad que no quiero olvidarme de nadie, no quiero olvidarme de Mario Wainfeld; no quiero olvidarme de MartÃn Granovsky, de Cibeira, de Victoria Ginzberg, de Raúl Kollmann, Luis Bruschtein, también ahà está, excelente el artÃculo sobre medios de comunicación, brutal, de la revista, ¿viste que lo leÃ? No me vengo sin los deberes pero ni loca, porque me matan encima, mañana me matan. Pero además, no lo hago como un deber, la verdad es que ayudan, porque te interpelan muchas veces y al interpelarte te ayudan a ver y a descubrir cosas que vos por ahà no viste en la vorágine de gobernar, el ser Presidenta… Ustedes no saben lo que es ser Presidenta de este paÃs, yo no quiero contarles; no sé, para algunos era más fácil, andaban más divertidos, pero para nosotros la verdad que nunca fue ni fácil ni divertido, sà fue comprometido, que es otra cosa. Pero la vorágine…
Vos sabés las veces que yo por ahà descubro algo porque lo leo y entonces… a ver qué pasa, llamo, y no solamente por ahà con el diario Página/12, con otras cosas también. Porque hay otros que ya ni los registro porque ya sé que… Pero la gran mayorÃa, inclusive diarios que le hablan al mundo y al mercado únicamente, también los leo porque es interesante ver todas las visiones e interpelarse uno mismo acerca de lo que está haciendo todos los dÃas.
Lo difÃcil es conformar un paÃs como Argentina, lo maravilloso es poder hacerlo por el voto popular y obtener los resultados que hemos obtenido en estos nueve años y además hacerlo en un mundo tan complejo.
Por eso, yo quiero agradecerles a cada uno de los que todos los dÃas escriben, a los que imprimen, a las secretarÃas de redacción, Bruschtein hablaba de que ya las secretarÃas de redacción no son lo que eran … ¿Eras vos, Luis, no? ¿Era ése el artÃculo? Era que ya no hay humo, que ya no hay café, ya no hay griterÃo porque están las computadoras. Y también alerta, en definitiva, es una llamada. Yo lo vi como un llamado de alerta también aquel periodismo artesanal, y contra los peligros de un “googleado” permanente.
Yo no “googleo”, yo leo y agarro los libros y voy a la historia y la verdad que es un ejercicio impresionante porque además, con esto también de “googlear” nunca sabés qué intereses hay atrás. El libro sÃ, te permite saber quién lo escribió, qué es lo que hizo, de dónde viene y entonces poder formular tu propio juicio acerca de lo que te dicen. Cuando vos estás en Google no sabés al que escribió qué intereses lo movilizaron, si es cierto, si es mentira. Es cierto, es todo un peligro, es todo un desafÃo para el periodismo. Yo no voy a hablar de periodismo de investigación, voy a hablar de periodismo, que es, en definitiva, el tener información teórica para poder interpretar a través del pensamiento abstracto la realidad. Y que no te la cuente nadie y darle esa versión, esa interpretación al conjunto de la sociedad.
Eso es lo que hacen ustedes todos los dÃas y eso lo que hace tan valorables a todos los periodistas y en especial también este aniversario a Página/12.
Me parece que estoy muy larguera, pero bueno, la verdad es que me gusta mucho estar en estos espacios donde veo tantas caras amigas, que han sufrido tanto, tantos jóvenes también que tienen la dicha de vivir en un paÃs distinto y quiero terminar diciéndole gracias a las Madres y a las Abuelas.
¿Por qué gracias? Primero, porque, tal cual lo dije en mi discurso como senadora cuando me tocó votar la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, porque habÃa habido una interpretación de algún otro senador, y yo la verdad que lo que agradecà fue que durante todos esos años jamás pidieron pena de muerte, jamás pidieron cosas extrañas. Y la verdad que tenÃan… Yo dije que yo no sé si hubiera sido capaz, si me hubieran arrebatado un hijo, de hacer lo que hicieron ustedes.
Yo si pienso en Máximo, pienso en Florencia, que me los hubieran sacado y no hubiera sabido dónde están, saber que los torturaron y que los mataron y que los desaparecieron, la verdad que no sé si me saldrÃa ser tan buena, la verdad lo digo y lo dije ese dÃa sentada en la banca.
Y verlas a todas ustedes, siempre con sus pañuelos y pidiendo justicia, pidiendo verdad y pidiendo memoria, sin odios, y hoy concurriendo a los juicios de los genocidas, sin odios, sin revanchismos, simplemente para que se haga justicia por el terrible horror del terrorismo de Estado que sufrió nuestro paÃs, me hace valorarlas muchÃsimo más.
Porque ustedes no gritaron, no se hicieron las histéricas, no salÃan vociferando como salieron otros gritando, insultando; nunca les escuché un insulto, nunca les escuché un agravio dirigido a nadie, simplemente pidiendo justicia.
Yo creo que son un modelo, lo dije en aquella oportunidad y lo vuelvo a reiterar hoy y me parece muy bien que ese modelo sea el núcleo central de estos 25 años de Página/12.
Hoy además de aquellos derechos humanos, hemos incorporado los otros, los personalÃsimos, ampliando identidades, aceptando identidades diferentes, aceptando la diferencia que, en definitiva es eso ser democrático.
A mà la palabra “tolerancia” no me gusta; tolerancia me suena a medio como “te aguanto porque no tengo más remedio, viste”. No, aceptar, aceptar que hay diferentes, aceptar que piensan diferentes y que eso no los convierte en enemigos, sino que los convierte en algo rico que también nos enriquece a nosotros.
Yo creo que ésta es la clave y es un poco la clave de este éxito y de esta contraseña que, sin lugar a dudas, va a seguir siendo siempre Página/12.
Muy felices Bodas de Plata y por las próximas Bodas de Oro.
MuchÃsimas gracias. (Aplausos.)
Que lastima que se olvido de mencionar a este muchacho Jorge Lanata, fundador, director y alma mater de Pagina/12 durante sus primeros 10 años.
Ah, también quién les hacia reportajes a ella y a Nestor cuando nadie los conocÃa ni querÃan recibirlos.
La memoria es fragil o mezquina?