El cientista social chileno asegura que el modelo neoliberal aplicado en Chile empezó antes que en el resto de América latina y está sostenido por una sucesión de gobiernos democráticos, tras su comienzo en la dictadura de Pinochet.
–Los procesos que tienen lugar en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrÃas decirnos sobre eso?
–Uno podrÃa decir muchas cosas, y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de 1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas, formados en la universidad de Chicago, que rompÃa con los modelos de desarrollo económico industrializadores con intervención del Estado que habÃan existido en Chile previamente. Lo hicieron porque creÃan que ese modelo anterior no permitÃa un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación. Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa, incluso después de la crisis económica de los Â’80 y lo más importante es que ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los gobiernos de la Concertación introducen un cambio polÃtico muy importante, el paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional. Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habÃan hecho durante el perÃodo de la dictadura –que podrÃamos ir más allá de la simple recuperación democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que existÃan en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros paÃses de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.
–¿Cuál fue el motivo de que se frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?
–La Concertación consideró que los cambios que habÃa prometido no podÃan realizarse porque se corrÃa el riesgo de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen militar para continuar el mismo modelo social que habÃa instalado la dictadura. Eso seguramente es asÃ, pero también es cierto que los principales dirigentes que llegaron al gobierno con la Concertación habÃan llegado a la conclusión de que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podÃa dar frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo también se habÃan realizado. Thatcher, Reagan, habÃan llevado a Europa a este modelo neoliberal. En Chile, pese a que durante la dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América latina. Hoy en dÃa tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido limando los aspectos más excluyentes, pero con lÃmites.
–Entre sus trabajos, Chile actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que componÃan la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento relativo que tenÃan en aquel momento. ¿Qué podrÃa decir sobre cómo han procesado unos y otros aquella experiencia?
–En Chile, los principales actores polÃticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro polÃtico demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores opositores, pero después, con la modificación de las leyes polÃticas oficiales, se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro. Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria, en la que uno adherÃa fielmente a la URSS y el otro adherÃa en un momento a Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe. Uno de los efectos del golpe es generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura. En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es Cuba, pero Cuba con el PC no tenÃa mucho que ver y el mismo Fidel Castro recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta, que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no habÃa querido realizar en el perÃodo de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir, la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habÃan insistido en un frente antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces, finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con polÃticas sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales. A eso yo le llamé transformismo. No sé si usarÃa el concepto hoy en dÃa, pero tenemos una izquierda muy distinta de la que existÃa antes. El otro factor que también hay que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy dÃa no fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque también la derecha habÃa evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una crÃtica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy importantes, eso tiene que ver sobre todo con polÃticas culturales, respecto de reproducción y sexualidad. Aquà el tema del aborto terapéutico, que ahora se está poniendo en discusión en estos dÃas, va a poner de manifiesto el carácter de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vÃas democráticas, nadie piensa que puede haber una vuelta atrás. Chile volvió al optimismo, que ha sido uno de los elementos centrales de su polÃtica durante mucho tiempo. Optimismo que incluso tenÃamos en el perÃodo de la Unidad Popular, cuando la crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en dÃa no hay nada que haga temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos años de continuidad de un enfoque.
–Esta continuidad ha generado huellas, marcas, en el escenario polÃtico, en el que se destaca el movimiento estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido, uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.
–Esto tuvo una primera aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo Lagos no se demoró mucho. Este sentimiento de culpa que tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera: defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que sorprendió. Entonces uno podrÃa pensar que el movimiento estudiantil emerge en un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector estudiantil universitario y la aparición de un actor que habÃa estado en silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios. A través de sus liderazgos, los estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos polÃticos, como Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute, y entre los cuales los lÃderes son voceros y no pueden por sà mismos tomar decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le presentaron al gobierno, que todavÃa no da respuestas. Creo que estamos en este momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió últimamente. Creo que estamos entrando a un nuevo tiempo con un gobierno de derecha tÃpico que olvida este intento que tenÃa de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con polÃticas sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete por ciento a los pensionados que la Concertación no habÃa realizado, la creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una parte y por la otra parte aplica polÃticas represivas, que es posible que sea lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los carabineros en la calle.
–Uno hubiera pensado que, a partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podrÃa haber articulado un espacio polÃtico-social con capacidad de gravitación creciente. Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonÃa con las interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarÃan este distanciamiento de la escena polÃtica. De todas formas, tras la derrota de la Concertación, la emergencia de Marco EnrÃquez-Ominami y la presencia efectiva de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrÃan contribuir a una confluencia de nuevo tipo…?
–El problema es que la Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La Concertación es muy débil, está todavÃa en proceso de reconstitución, preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones suscitan rápidamente partidos polÃticos, aun cuando éstos han estado en una especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos polÃticos en Chile. Aquà siempre ha sido muy difÃcil. Las protestas del año Â’83 contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero finalmente los partidos polÃticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel Salazar, tuvieron una importancia seria. En Chile los partidos son despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que se presentan. Entonces yo creo que es muy difÃcil que en Chile aparezca una alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han incorporado dentro de su análisis una crÃtica a los sistemas industriales, sean socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en peligro el medioambiente. Es muy difÃcil que logren presentarse como alternativas polÃticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una Concertación que al menos murmure, porque todavÃa no ha logrado presentar un proyecto distinto del que tenÃa y que fue derrotado por Piñera. En el caso de Chile, va a ser muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavÃa grandes cambios en el escenario, grandes cambios del sistema de actores polÃticos que están en acción, aunque sà se puede esperar una Concertación que va a tener que reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás, hace un tiempo, la última polÃtica conocida de ellos, que era la “polÃtica de la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación. Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le han puesto nombre. Tienen una polÃtica de entrismo, de participación en una fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo. Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente, con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de continuidad, una vuelta a la polÃtica aburrida de una Concertación que “no calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad chilena interesante y menos un proyecto.
–En el resto de América latina, con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o antineoliberal. Marco Aurelio GarcÃa ha diferenciado entre procesos más radicalizados en paÃses que no han atravesado experiencias de industrialización, mineros, como en el PacÃfico, y paÃses con una burguesÃa más orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podrÃa destacar que puede llegar a constituirse?
–No he estudiado el proceso latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una gran diferencia con los reformismos de la década del Â’60, que añadÃan aquello de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo principal, por decirlo asÃ. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un paÃs que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse, sino generar los máximos acercamientos posibles. La polÃtica exterior chilena está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del PacÃfico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los frentes populares. Entonces Chile podrÃa decirse que se parece a aquellos paÃses sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia, llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos paÃses reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sÃ, y para Chile son un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino. Chile sigue aislado, aislado en el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros, como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación y yo soy un crÃtico.
–Los procesos que tienen lugar en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrÃas decirnos sobre eso?
–Uno podrÃa decir muchas cosas, y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de 1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas, formados en la universidad de Chicago, que rompÃa con los modelos de desarrollo económico industrializadores con intervención del Estado que habÃan existido en Chile previamente. Lo hicieron porque creÃan que ese modelo anterior no permitÃa un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación. Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa, incluso después de la crisis económica de los Â’80 y lo más importante es que ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los gobiernos de la Concertación introducen un cambio polÃtico muy importante, el paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional. Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habÃan hecho durante el perÃodo de la dictadura –que podrÃamos ir más allá de la simple recuperación democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que existÃan en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros paÃses de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.
–¿Cuál fue el motivo de que se frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?
–La Concertación consideró que los cambios que habÃa prometido no podÃan realizarse porque se corrÃa el riesgo de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen militar para continuar el mismo modelo social que habÃa instalado la dictadura. Eso seguramente es asÃ, pero también es cierto que los principales dirigentes que llegaron al gobierno con la Concertación habÃan llegado a la conclusión de que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podÃa dar frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo también se habÃan realizado. Thatcher, Reagan, habÃan llevado a Europa a este modelo neoliberal. En Chile, pese a que durante la dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América latina. Hoy en dÃa tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido limando los aspectos más excluyentes, pero con lÃmites.
–Entre sus trabajos, Chile actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que componÃan la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento relativo que tenÃan en aquel momento. ¿Qué podrÃa decir sobre cómo han procesado unos y otros aquella experiencia?
–En Chile, los principales actores polÃticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro polÃtico demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores opositores, pero después, con la modificación de las leyes polÃticas oficiales, se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro. Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria, en la que uno adherÃa fielmente a la URSS y el otro adherÃa en un momento a Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe. Uno de los efectos del golpe es generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura. En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es Cuba, pero Cuba con el PC no tenÃa mucho que ver y el mismo Fidel Castro recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta, que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no habÃa querido realizar en el perÃodo de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir, la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habÃan insistido en un frente antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces, finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con polÃticas sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales. A eso yo le llamé transformismo. No sé si usarÃa el concepto hoy en dÃa, pero tenemos una izquierda muy distinta de la que existÃa antes. El otro factor que también hay que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy dÃa no fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque también la derecha habÃa evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una crÃtica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy importantes, eso tiene que ver sobre todo con polÃticas culturales, respecto de reproducción y sexualidad. Aquà el tema del aborto terapéutico, que ahora se está poniendo en discusión en estos dÃas, va a poner de manifiesto el carácter de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vÃas democráticas, nadie piensa que puede haber una vuelta atrás. Chile volvió al optimismo, que ha sido uno de los elementos centrales de su polÃtica durante mucho tiempo. Optimismo que incluso tenÃamos en el perÃodo de la Unidad Popular, cuando la crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en dÃa no hay nada que haga temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos años de continuidad de un enfoque.
–Esta continuidad ha generado huellas, marcas, en el escenario polÃtico, en el que se destaca el movimiento estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido, uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.
–Esto tuvo una primera aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo Lagos no se demoró mucho. Este sentimiento de culpa que tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera: defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que sorprendió. Entonces uno podrÃa pensar que el movimiento estudiantil emerge en un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector estudiantil universitario y la aparición de un actor que habÃa estado en silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios. A través de sus liderazgos, los estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos polÃticos, como Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute, y entre los cuales los lÃderes son voceros y no pueden por sà mismos tomar decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le presentaron al gobierno, que todavÃa no da respuestas. Creo que estamos en este momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió últimamente. Creo que estamos entrando a un nuevo tiempo con un gobierno de derecha tÃpico que olvida este intento que tenÃa de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con polÃticas sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete por ciento a los pensionados que la Concertación no habÃa realizado, la creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una parte y por la otra parte aplica polÃticas represivas, que es posible que sea lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los carabineros en la calle.
–Uno hubiera pensado que, a partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podrÃa haber articulado un espacio polÃtico-social con capacidad de gravitación creciente. Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonÃa con las interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarÃan este distanciamiento de la escena polÃtica. De todas formas, tras la derrota de la Concertación, la emergencia de Marco EnrÃquez-Ominami y la presencia efectiva de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrÃan contribuir a una confluencia de nuevo tipo…?
–El problema es que la Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La Concertación es muy débil, está todavÃa en proceso de reconstitución, preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones suscitan rápidamente partidos polÃticos, aun cuando éstos han estado en una especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos polÃticos en Chile. Aquà siempre ha sido muy difÃcil. Las protestas del año Â’83 contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero finalmente los partidos polÃticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel Salazar, tuvieron una importancia seria. En Chile los partidos son despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que se presentan. Entonces yo creo que es muy difÃcil que en Chile aparezca una alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han incorporado dentro de su análisis una crÃtica a los sistemas industriales, sean socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en peligro el medioambiente. Es muy difÃcil que logren presentarse como alternativas polÃticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una Concertación que al menos murmure, porque todavÃa no ha logrado presentar un proyecto distinto del que tenÃa y que fue derrotado por Piñera. En el caso de Chile, va a ser muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavÃa grandes cambios en el escenario, grandes cambios del sistema de actores polÃticos que están en acción, aunque sà se puede esperar una Concertación que va a tener que reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás, hace un tiempo, la última polÃtica conocida de ellos, que era la “polÃtica de la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación. Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le han puesto nombre. Tienen una polÃtica de entrismo, de participación en una fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo. Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente, con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de continuidad, una vuelta a la polÃtica aburrida de una Concertación que “no calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad chilena interesante y menos un proyecto.
–En el resto de América latina, con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o antineoliberal. Marco Aurelio GarcÃa ha diferenciado entre procesos más radicalizados en paÃses que no han atravesado experiencias de industrialización, mineros, como en el PacÃfico, y paÃses con una burguesÃa más orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podrÃa destacar que puede llegar a constituirse?
–No he estudiado el proceso latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una gran diferencia con los reformismos de la década del Â’60, que añadÃan aquello de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo principal, por decirlo asÃ. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un paÃs que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse, sino generar los máximos acercamientos posibles. La polÃtica exterior chilena está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del PacÃfico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los frentes populares. Entonces Chile podrÃa decirse que se parece a aquellos paÃses sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia, llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos paÃses reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sÃ, y para Chile son un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino. Chile sigue aislado, aislado en el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros, como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación y yo soy un crÃtico.