La ambigüedad es la foto exacta del momento. “No hay tregua ni fecha de paroâ€, resumió Héctor Daer, uno de los triunviros de la CGT después de la reunión entre el Gobierno y los jefes gremiales en el Ministerio de Trabajo. Esa ambigüedad hoy es buena para las dos partes.
La CGT puso por escrito cuáles son sus “demandas coyunturales†para trabajadores, organizaciones sociales y jubilados, consagrando para sà misma una representación ampliada que está en el centro de su estrategia polÃtica actual.
El Gobierno consiguió precisar, en un acta firmada por todos, cuáles son los términos sobre los que se negocia con urgencia –fijaron diez dÃas de plazo– para que los dirigentes gremiales puedan mostrar algo concreto a cambio de dejar sin fecha el paro anunciado.
Un bono de fin de año para todos los trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales, junto a la eximición del Impuesto a las Ganancias sobre el aguinaldo de diciembre, conforman la demanda sindical para construir un puente que permita pasar esta primavera y el próximo verano sin pronósticos de alto conflicto. El Gobierno dice que sÃ. Pero no necesariamente sà a todo. Eso es lo que deben definir en los próximos dÃas. Quitarle al aguinaldo el recorte de Ganancias puede andar. Para el bono a jubilados y planes sociales es clave el monto. En la Casa Rosada toman como base los 500 pesos que dieron a poco de asumir, en diciembre. Si le agregan la inflación andarÃan por los 700 pesos. Suena a poco. Ahora Alfonso Prat-Gay y su equipo tienen que afinar el lápiz.
La reunión de ayer con el ministro Jorge Triaca como anfitrión produjo, asÃ, un resultado más sustancioso que la habitual foto de compromiso.
La CGT se mostró como articulador de una demanda social amplia y, a la vez, como un interlocutor racional del Gobierno. Los sindicatos cegetistas decidieron administrar su estrategia de reclamos. Saben que la baja de la inflación y la recuperación incipiente de la economÃa actúan como un calmante, sobre los ardores del peculiar ajuste sin disminución del gasto que ejecutó el gobierno de Macri en los primeros nueve meses de gestión.
El Gobierno, con astucia, reforzó el reconocimiento de la CGT como contraparte diferenciándola de las dos CTA. Estas organizaciones –una más kirchnerista que la otra– están en una doble dinámica de endurecimiento: para ocupar espacios de poder hacia el interior del movimiento obrero y para desplegar una pura confrontación polÃtica con la gestión de Macri. Cinco paros docentes en menos de diez meses de gobierno hablan por sà solos.
La disposición al diálogo de la CGT se cimenta también en el esperado repunte de la obra pública. Es un tema que el poderoso gremio de la construcción sigue dÃa a dÃa, junto al Gobierno y los empresarios del sector. Ese enclave estratégico depende de Rogelio Frigerio, el ministro que está en todas las negociaciones urgentes que la Casa Rosada impulsa para cerrar sin sobresaltos el año.
Después de meses agobiantes, en agosto se ejecutaron unos 4.000 millones de pesos, el 10% del presupuesto anual del área. En las oficinas de Frigerio esperan terminar el año con 80% de ejecución presupuestaria. Lo ven como un logro, después de haber destinado inicialmente casi 10.000 millones –los fondos de un trimestre– para pagar deudas de obra pública y vivienda que habÃa dejado el kirchnerismo.
El largo inicio en cámara lenta se vincula al desconocimiento de los resortes burocráticos por parte de los nuevos funcionarios; pero también al temor a firmar expedientes envenenados con cuestiones de corrupción. Influyó además la parálisis final de la gestión de Cristina. Asegura el Gobierno que en todo 2015 se habÃan licitado apenas 47 obras. Esto es, que casi no habÃa trámites en marcha para darles continuidad. Este año, con todas las dificultades señaladas, las licitaciones ya suman 182.
Bajo este contexto, la CGT puso en hechos su disposición a agotar el diálogo antes de concretar una medida de fuerza. Es lo que le habÃa pedido la Iglesia. La pelota quedó del lado del Gobierno, que consiguió una pequeña victoria parcial mostrando apertura y vocación negociadora. Punto para Triaca y Mario Quintana, el secretario de Coordinación Interministerial, que llevan la interlocución en el frente sindical-eclesiástico.
En la reunión de ayer estuvieron Triaca, Frigerio, Quintana, Prat–Gay –con el que todos los que piden algo al Gobierno quieren hablar porque al final lo que piden es plata– y también Francisco Cabrera, ministro de Producción.
Macri mandó a ese quinteto porque –como se anticipó el domingo en ClarÃn– además de buscar la salida a la coyuntura del paro con que amaga la CGT, quiso poner sobre la mesa su proyecto de acuerdo productivo. Sobre esa viga maestra el Gobierno espera edificar su propósito transformador del Estado y la economÃa. Es un objetivo de mediano y largo plazo. Nada que pueda resolverse ahora. Nada que no pueda empezar a hablarse ahora.
Los funcionarios plantearon el tema ante la CGT, como antes lo habÃan hecho con el sector empresario: la Unión Industrial y la poderosa AEA. El proyecto apunta, entre otras, sobre dos cuestiones centrales: los imprescindibles avances en competitividad y productividad. Es una tarea que requiere del concurso de empresarios y sindicatos. Funcionarios como Quintana sostienen que será inevitable, tarde o temprano, conformar una mesa tripartita para fijar marcos de acuerdo entre esos dos sectores y el Gobierno. Nada que no se haya ensayado antes. Quizás pueda funcionar ahora, con otros actores y otro libreto. Habrá que verlo.
Un tema ardiente del corto plazo es el cambio en las escalas del Impuesto a las Ganancias. Allà hay diferencias fuertes entre CGT y Gobierno. Pero esta semana se consolidó un tercer actor: los gobernadores, con quienes Frigerio y Prat–Gay avanzaron en un acuerdo para definir cuánto menos que lo esperado se recortará ese impuesto al salario.
El debate sobre la corrección de las injusticias de Ganancias puede asà dar lugar a una peculiar pulseada entre gobernadores peronistas y sindicatos peronistas.
La reunión que el martes mantuvieron esos dos ministros con los titulares de EconomÃa de las 24 provincias fue una señal fortÃsima. Acordaron la reducción gradual de Ganancias. En una primera etapa el recorte, que beneficiará a trabajadores de salarios medios y altos, no tendrÃa un costo fiscal mayor a 27.000 millones de pesos para las provincias. Es la misma cifra que dejarÃa de recibir el Gobierno nacional.
AsÃ, la reducción de Ganancias serÃa entre 30% y 50% menor a la que implicaban los proyectos que originalmente más le gustaban al Gobierno, firmados por Elisa Carrió y por el jefe polÃtico del Senado, Miguel Pichetto. La suba del mÃnimo no imponible que ya aplicó Macri al comienzo de su gestión habÃa significado 50.000 millones de pesos devueltos a los asalariados.
Si el acuerdo conforma a las provincias conformará a los senadores, calcula razonablemente el Gobierno. Y ese frente de aliados circunstanciales puede imponer en Ganancias cambios más suaves que los que reclaman la CGT o Sergio Massa.
Todo es fruto de una negociación múltiple y compleja en el Congreso. Hay allà un paquete que debe aprobarse antes de que termine el año, con el muy discutido Presupuesto a la cabeza, la citada modificación en Ganancias, la reforma electoral que con mucho énfasis empujan el Gobierno y el massismo, la ley de Ministerio Público y la de ART que busca recortar la litigiosidad laboral descontrolada.
El oficialismo no quiere sorpresas desagradables. El proyecto de Presupuesto incluye una suba superior al 30% en los giros de fondos a las provincias. Y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, fue felicitada por la oposición peronista en Diputados al anunciar que se mantenÃan los planes sociales y se aumentaban –también más del 30%– los fondos para solventarlos.
Macri empezó asà su gestión –repartió fondos a provincias, jubilados, obras sociales, bajó retenciones– y asà sigue. Está poniendo toda la plata que haga falta para asegurarse, en medio de las penurias, un tránsito ordenado hacia el horizonte más prometedor del año próximo. No deja de ser una sorpresa más dentro de la gran sorpresa que en sà mismo es Macri presidente.
Al final de ese camino están las cruciales elecciones de medio término. Si le toca ganar engrosará su masa crÃtica de poder. A partir de allà podrá poner el énfasis en su promesa de transformación o, enamorado como otros antes de la herramienta victoriosa, dejar todo más o menos como está. En ese punto Macri afrontará su mayor desafÃo personal y polÃtico.
La CGT puso por escrito cuáles son sus “demandas coyunturales†para trabajadores, organizaciones sociales y jubilados, consagrando para sà misma una representación ampliada que está en el centro de su estrategia polÃtica actual.
El Gobierno consiguió precisar, en un acta firmada por todos, cuáles son los términos sobre los que se negocia con urgencia –fijaron diez dÃas de plazo– para que los dirigentes gremiales puedan mostrar algo concreto a cambio de dejar sin fecha el paro anunciado.
Un bono de fin de año para todos los trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales, junto a la eximición del Impuesto a las Ganancias sobre el aguinaldo de diciembre, conforman la demanda sindical para construir un puente que permita pasar esta primavera y el próximo verano sin pronósticos de alto conflicto. El Gobierno dice que sÃ. Pero no necesariamente sà a todo. Eso es lo que deben definir en los próximos dÃas. Quitarle al aguinaldo el recorte de Ganancias puede andar. Para el bono a jubilados y planes sociales es clave el monto. En la Casa Rosada toman como base los 500 pesos que dieron a poco de asumir, en diciembre. Si le agregan la inflación andarÃan por los 700 pesos. Suena a poco. Ahora Alfonso Prat-Gay y su equipo tienen que afinar el lápiz.
La reunión de ayer con el ministro Jorge Triaca como anfitrión produjo, asÃ, un resultado más sustancioso que la habitual foto de compromiso.
La CGT se mostró como articulador de una demanda social amplia y, a la vez, como un interlocutor racional del Gobierno. Los sindicatos cegetistas decidieron administrar su estrategia de reclamos. Saben que la baja de la inflación y la recuperación incipiente de la economÃa actúan como un calmante, sobre los ardores del peculiar ajuste sin disminución del gasto que ejecutó el gobierno de Macri en los primeros nueve meses de gestión.
El Gobierno, con astucia, reforzó el reconocimiento de la CGT como contraparte diferenciándola de las dos CTA. Estas organizaciones –una más kirchnerista que la otra– están en una doble dinámica de endurecimiento: para ocupar espacios de poder hacia el interior del movimiento obrero y para desplegar una pura confrontación polÃtica con la gestión de Macri. Cinco paros docentes en menos de diez meses de gobierno hablan por sà solos.
La disposición al diálogo de la CGT se cimenta también en el esperado repunte de la obra pública. Es un tema que el poderoso gremio de la construcción sigue dÃa a dÃa, junto al Gobierno y los empresarios del sector. Ese enclave estratégico depende de Rogelio Frigerio, el ministro que está en todas las negociaciones urgentes que la Casa Rosada impulsa para cerrar sin sobresaltos el año.
Después de meses agobiantes, en agosto se ejecutaron unos 4.000 millones de pesos, el 10% del presupuesto anual del área. En las oficinas de Frigerio esperan terminar el año con 80% de ejecución presupuestaria. Lo ven como un logro, después de haber destinado inicialmente casi 10.000 millones –los fondos de un trimestre– para pagar deudas de obra pública y vivienda que habÃa dejado el kirchnerismo.
El largo inicio en cámara lenta se vincula al desconocimiento de los resortes burocráticos por parte de los nuevos funcionarios; pero también al temor a firmar expedientes envenenados con cuestiones de corrupción. Influyó además la parálisis final de la gestión de Cristina. Asegura el Gobierno que en todo 2015 se habÃan licitado apenas 47 obras. Esto es, que casi no habÃa trámites en marcha para darles continuidad. Este año, con todas las dificultades señaladas, las licitaciones ya suman 182.
Bajo este contexto, la CGT puso en hechos su disposición a agotar el diálogo antes de concretar una medida de fuerza. Es lo que le habÃa pedido la Iglesia. La pelota quedó del lado del Gobierno, que consiguió una pequeña victoria parcial mostrando apertura y vocación negociadora. Punto para Triaca y Mario Quintana, el secretario de Coordinación Interministerial, que llevan la interlocución en el frente sindical-eclesiástico.
En la reunión de ayer estuvieron Triaca, Frigerio, Quintana, Prat–Gay –con el que todos los que piden algo al Gobierno quieren hablar porque al final lo que piden es plata– y también Francisco Cabrera, ministro de Producción.
Macri mandó a ese quinteto porque –como se anticipó el domingo en ClarÃn– además de buscar la salida a la coyuntura del paro con que amaga la CGT, quiso poner sobre la mesa su proyecto de acuerdo productivo. Sobre esa viga maestra el Gobierno espera edificar su propósito transformador del Estado y la economÃa. Es un objetivo de mediano y largo plazo. Nada que pueda resolverse ahora. Nada que no pueda empezar a hablarse ahora.
Los funcionarios plantearon el tema ante la CGT, como antes lo habÃan hecho con el sector empresario: la Unión Industrial y la poderosa AEA. El proyecto apunta, entre otras, sobre dos cuestiones centrales: los imprescindibles avances en competitividad y productividad. Es una tarea que requiere del concurso de empresarios y sindicatos. Funcionarios como Quintana sostienen que será inevitable, tarde o temprano, conformar una mesa tripartita para fijar marcos de acuerdo entre esos dos sectores y el Gobierno. Nada que no se haya ensayado antes. Quizás pueda funcionar ahora, con otros actores y otro libreto. Habrá que verlo.
Un tema ardiente del corto plazo es el cambio en las escalas del Impuesto a las Ganancias. Allà hay diferencias fuertes entre CGT y Gobierno. Pero esta semana se consolidó un tercer actor: los gobernadores, con quienes Frigerio y Prat–Gay avanzaron en un acuerdo para definir cuánto menos que lo esperado se recortará ese impuesto al salario.
El debate sobre la corrección de las injusticias de Ganancias puede asà dar lugar a una peculiar pulseada entre gobernadores peronistas y sindicatos peronistas.
La reunión que el martes mantuvieron esos dos ministros con los titulares de EconomÃa de las 24 provincias fue una señal fortÃsima. Acordaron la reducción gradual de Ganancias. En una primera etapa el recorte, que beneficiará a trabajadores de salarios medios y altos, no tendrÃa un costo fiscal mayor a 27.000 millones de pesos para las provincias. Es la misma cifra que dejarÃa de recibir el Gobierno nacional.
AsÃ, la reducción de Ganancias serÃa entre 30% y 50% menor a la que implicaban los proyectos que originalmente más le gustaban al Gobierno, firmados por Elisa Carrió y por el jefe polÃtico del Senado, Miguel Pichetto. La suba del mÃnimo no imponible que ya aplicó Macri al comienzo de su gestión habÃa significado 50.000 millones de pesos devueltos a los asalariados.
Si el acuerdo conforma a las provincias conformará a los senadores, calcula razonablemente el Gobierno. Y ese frente de aliados circunstanciales puede imponer en Ganancias cambios más suaves que los que reclaman la CGT o Sergio Massa.
Todo es fruto de una negociación múltiple y compleja en el Congreso. Hay allà un paquete que debe aprobarse antes de que termine el año, con el muy discutido Presupuesto a la cabeza, la citada modificación en Ganancias, la reforma electoral que con mucho énfasis empujan el Gobierno y el massismo, la ley de Ministerio Público y la de ART que busca recortar la litigiosidad laboral descontrolada.
El oficialismo no quiere sorpresas desagradables. El proyecto de Presupuesto incluye una suba superior al 30% en los giros de fondos a las provincias. Y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, fue felicitada por la oposición peronista en Diputados al anunciar que se mantenÃan los planes sociales y se aumentaban –también más del 30%– los fondos para solventarlos.
Macri empezó asà su gestión –repartió fondos a provincias, jubilados, obras sociales, bajó retenciones– y asà sigue. Está poniendo toda la plata que haga falta para asegurarse, en medio de las penurias, un tránsito ordenado hacia el horizonte más prometedor del año próximo. No deja de ser una sorpresa más dentro de la gran sorpresa que en sà mismo es Macri presidente.
Al final de ese camino están las cruciales elecciones de medio término. Si le toca ganar engrosará su masa crÃtica de poder. A partir de allà podrá poner el énfasis en su promesa de transformación o, enamorado como otros antes de la herramienta victoriosa, dejar todo más o menos como está. En ese punto Macri afrontará su mayor desafÃo personal y polÃtico.