Grieta, liturgia y antiliberalismo: la fórmula que cambió para siempre a la Argentina, según el politólogo francés. Por qué ese modelo de ‘democracia hegemónica’ sigue vigente.
Alain Rouquié (Millau, Francia, 1939) recuerda la charla que tuvo con Juan Domingo Perón. Fue en enero de 1969, en la histórica residencia de Guardia de Hierro, en las afueras de Madrid. “A través de un amigo periodista, le hice llegar una nota, en la que le comenté que querÃa entrevistarlo. ‘Que venga cuando quiera’, me mandó a decir. Me dio dos horas. Fue muy generoso con su tiempo. Él tampoco tenÃa mucho para hacerâ€, evoca, en el parisino lobby del Club Francés, hotel donde se hospeda esta semana.
Habla animadamente, en un castellano perfecto. Politólogo, con un máster de Investigación en Ciencia PolÃtica y un doctorado en Literatura y Ciencias Humanas en el Institut d’Études Politiques de ParÃs, Rouquié es un especialista en historia argentina y de América latina. Dedicó décadas a estudiar el papel que jugaron las Fuerzas Armadas, tanto en el paÃs como en la región. El motivo de su reciente viaje a Buenos Aires es la publicación de ‘El Siglo de Perón: ensayo sobre las democracias hegemónicas’ (Edhasa), su último libro, cuya agenda local de presentación alternará con el doctorado honoris causa que le otorgará la Universidad Nacional del Litoral.
Sobre Perón, recuerda: “Siempre fue un militar. Nunca dejó de serlo. Pero fue un militar que se sabÃa superior a los demás militares. Porque era más inteligente (algo que él mismo decÃa) y, además, contaba con una picardÃa distinta a la de sus pares que, en general, tenÃan menos cintura polÃtica y carecÃan de su don de genteâ€. Apunta otra cualidad por la que El General se hacÃa valer. “Me sorprendió su capacidad de crear mitologÃa, de reinventar la historia, el pasado. Es algo que todos los polÃticos tienen. Pero él lo hacÃa de una forma muy natural, muy realista. Por ejemplo, hablaba de sus entrevistas con Mussolini y es sabido que nunca las tuvo. Pero Perón tenÃa ese encanto. Era un hombre que hacÃa relatos que tenÃan algo de literario. Él fascinaba por eso. TenÃa un gran talento polÃticoâ€, pondera.
Sin embargo, no fue esa fascinación que podÃa despertar el personaje lo que lo motivó a escribir, a esta altura de su carrera, su primer trabajo especÃfico sobre el movimiento que signó la historia de la Argentina del último siglo. Y que, según él, lo seguirá haciendo. “El peronismo cambió la cultura nacional de la Argentinaâ€, afirma.
En el marco de la presentación de su libro El siglo de Perón, Rouquié dictará una conferencia magistral en la Alianza Francesa de Buenos Aires sobre “Charles de Gaulle, François Mitterrand y América latinaâ€. La cita es el miércoles 6 a las 19 en Av. Córdoba 946. Entrada gratuita.
¿Qué lo motivó a escribir este libro?
Hubo una doble motivación. La primera fue que, después de tantos años de haber estudiado e investigado a América latina (y, sobre todo, a la Argentina), nunca habÃa publicado nada especÃfico sobre el peronismo. Y eso habÃa sido, en gran parte, porque no querÃa agregar otro libro a la espesa biblioteca que ya abunda sobre él. Confluyó una segunda motivación: la aparición de regÃmenes polÃticos que se le parecÃan bastante. Sobre todo, el chavismo, en Venezuela. Al punto de que el Teniente Coronel Hugo Chávez parecÃa una especie de clon, de heredero, del Coronel Perón.
¿Por qué ‘El Siglo de Perón’?
Porque van 70 años de peronismo. Que sigue y seguirá. Personajes como Charles de Gaulle, en Francia, o Getúlio Vargas, en Brasil, ya son patrimonio histórico. No provocan divisiones o conflicto polÃtico como, todavÃa, ocurre con Perón. AquÃ, en la Argentina, hay una memoria muy viva, que hace que el peronismo siga presente. Hay un segundo sentido por el que hablo de ‘siglo de Perón’. Recientemente, aparecieron regÃmenes, a los que llamo “democracias hegemónicasâ€, que se parecen bastante en sus orÃgenes y evolución al peronismo. Particularmente, en América latina, como Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua. Pero, también, en otros lugares, como HungrÃa o Polonia.
¿Qué caracteriza a esas “democracias hegemónicas�
Son gobiernos que llegan al poder mediante elecciones transparentes, honestas, sin fraude. Y, una vez en el gobierno, intentan controlar todas las instituciones e imponer la voluntad del Poder Ejecutivo. Son, además, regÃmenes plebiscitarios. Están basados en elecciones. El lÃder necesita una permanente adhesión popular y la puede solicitar cada vez que tiene un problema. Chávez, por ejemplo, convocó a una consulta popular en cada uno de los 13 años en los que duró su gobierno.
A la luz de esto, ¿cómo cataloga a la Venezuela de Maduro?
Las democracias hegemónicas son democracias plebiscitarias. Cuando consideran que no pueden enfrentar el riesgo de perder una elección y se aferran al poder por otros métodos, ya son otra cosa. En las democracias hegemónicas, la palabra “democracia†es tan importante como “hegemónicaâ€. Sin elecciones, se vuelve una dictadura. Maduro ya postergó elecciones. Es una mala señal. Veremos qué ocurrirá en 2018, cuando habrá comicios locales. Si vuelve a postergarlas, se volverá una dictadura. Si uno se presenta sólo cuando puede ganar, entonces, ya no es una democracia.
Volviendo al peronismo, ¿qué descubrió, al escribir este libro, que no habÃa llamado su atención antes?
No habÃa percibido tanto la importancia del carisma. Hay una vertiente religiosa, casi sagrada, que está casi desde el principio en Perón y en Eva Perón, incluso, antes de su muerte prematura. Lo otro, que también es muy importante, es que el peronismo cambió la cultura nacional. Este paÃs tenÃa una cultura laboral, económica, de mundo abierto, que se habÃa formado entre fines del siglo XIX e inicios del XX. El peronismo cambió todo eso. Impuso una nueva cultura, que sigue siendo muy fuerte. Por eso, ningún movimiento de izquierda prosperó en la Argentina. AquÃ, es imposible tener una coalición polÃtica como la que existe en Uruguay o en Chile. El peronismo es una cultura nacional, no sólo un partido polÃtico.
¿Qué caracteriza a esa cultura?
El primer elemento es el antiliberalismo. Después, la idea de comunidad organizada, de la ausencia del conflicto de clase, de la conciliación nacional, de una organización social regida bajo la tutela del Estado. Perón era admirador de Mussolini: es algo que nunca ocultó.
¿El peronismo moldeó una nueva cultura? ¿O fue un reflejo de ella?
El peronismo fue moldeador de una nueva cultura. Por supuesto, habÃa bases. ExistÃa una oposición a la visión de las élites, de la Generación del ’80, las ideas del Centenario, la primera globalización… Todo aquello que la crisis del ’30 puso en cuestionamiento.
¿Por qué cree que, a 40 años de su fallecimiento, Perón sigue zanjando aguas?
Perón afectó a muchos intereses creados. Primero, los de las élites y las clases dominantes. Hay un elemento central de lo que fue el peronismo: el estatuto del peón rural. Fue recibido como una violación del derecho de propiedad. Está escrito asÃ, incluso, en textos de la época. Fue algo revolucionario. Antes, el peón rural no tenÃa más derechos que el que se amo quisiera otorgarle. Tampoco se le perdonaron las polÃticas de vivienda y los beneficios sociales, que favorecieron a los sectores populares. Eso hizo que la clase media se sintiera humillada y postergada frente a ellos.
El peronismo, claramente, es un movimiento que nació como respuesta a categorÃas polÃticas, económicas y sociales del siglo XX. ¿Tiene capacidad de reconvertirse en una fuerza polÃtica del siglo XXI?
El futuro del peronismo sigue siendo un misterio, un gran enigma. Ya revivió varias veces. ¿Podrá hacerlo de nuevo? Quién sabe… Siempre me llamó la atención una cosa: el concepto ‘Justicialista’ nunca encajó tan bien como ‘Perón’ o ‘Peronismo’. De hecho, a 40 años de su muerte, se sigue hablando de él. Hoy, abro aquà los diarios y las preguntas son qué pasará con el peronismo en las próximas elecciones, a dónde irán los votos peronistas o si podrá tener su revancha en 2019. Menem, por ejemplo: ¿qué tuvo del peronismo inicial, que era antiliberal? Y, sin embargo, muchos peronistas lo reconocen como un presidente peronista. El peronismo es una gran caja de herramientas, a la que se recurre según la situación.
¿Qué herramientas contiene esa caja?
Por empezar, lo que mencioné antes: el carisma del lÃder, la comunidad organizada… La fuerza de los sindicatos, el nacionalismo, la categorización del adversario como enemigo… La concepción de que una mayorÃa polÃtica descarta o expulsa a las minorÃas; que se implementen polÃticas distributivas en perÃodos de bonanza económica; y la liturgia, la dimensión religiosa y sagrada.
¿Cree que en democracias modernas eso todavÃa tiene vigencia?
En Europa, donde se supone que las democracias liberales están consolidadas, se están viendo gobiernos antiliberales, como el de (Viktor) Orbán, en HungrÃa, o el partido Justicia, en Polonia. Son regÃmenes que están yendo hacia las democracias hegemónicas. ¿Y qué pasa, también, en un paÃs tan importante como el que está en el Norte? No fueron pocos los que dijeron que, en noviembre, un peronista habÃa llegado a la Casa Blanca. Trump tiene mucho de peronismo, en términos de protección a los sectores más golpeados por la globalización, por su rechazo al libre comercio, por haber creado toda una mitologÃa en torno a su persona o por intentar prescindir de preceptos institucionales y transgredir normas constitucionales (esto último, por la cultura polÃtica de los Estados Unidos, le será muy difÃcil). Donald Trump es la prueba de que el peronismo puede resurgir.
Hablando de resurgir, ¿piensa que Cristina puede ser la jefa de un peronismo renovado?
Eso es algo que no se puede decir todavÃa. Cristina dejó la presidencia con Ãndices de popularidad altos; tengo entendido que bajó. Néstor, por ejemplo, llegó al poder de casualidad. Sacó 22 % de los votos, menos que el Ãndice de desocupación. Pero, luego, se hizo muy fuerte. Su gran habilidad fue hacerle creer al peronismo que iba a fundar otro partido porque no lo controlaba y, una vez que lo controló, desistió de esos planes. Ahora… ¿algo asà basta hoy? Parece que no, de momento.
En su libro, usted definió al kirchnerismo como una versión “revisada y corregida†del justicialismo.
El kirchnerismo tuvo mucho del peronismo inicial. Sobre todo, durante la segunda presidencia de Cristina. Tuvo una tendencia muy hegemónica, “encontró†enemigos en muchos lados. Pero, como buena demócrata, reconoció la derrota.
A regañadientes…
SÃ, es cierto. Pero demostró que ella ya no tenÃa la mayorÃa que creÃa representar. Retornando a su pregunta, otro rasgo común entre el peronismo y el kirchnerismo fue que, en los últimos 12 años, se pudo hacer polÃticas distributivas gracias a que el boom de las commodities brindó recursos.
¿Qué desafÃos enfrenta un paÃs en el que el peronismo es una cultura para un gobierno que, precisamente, no es peronista?
Los desafÃos son numerosos. Macri ya se enfrentó a muchos. El pago a los fondos buitres, por ejemplo. Para el gobierno anterior, era una cuestión de soberanÃa y defensa de los intereses nacionales. Se hizo y no desencadenó ninguna reacción social. Hoy, existe un elemento que puede modificar y facilitar el cambio polÃtico: los sindicatos, que fueron la columna vertebral del peronismo, ya no son iguales que hace 30 años. Están muy debilitados y divididos, fundamentalmente, por el proceso de desindustrialización que el paÃs vivió durante el gobierno militar y la presidencia de Menem.
Alain Rouquié (Millau, Francia, 1939) recuerda la charla que tuvo con Juan Domingo Perón. Fue en enero de 1969, en la histórica residencia de Guardia de Hierro, en las afueras de Madrid. “A través de un amigo periodista, le hice llegar una nota, en la que le comenté que querÃa entrevistarlo. ‘Que venga cuando quiera’, me mandó a decir. Me dio dos horas. Fue muy generoso con su tiempo. Él tampoco tenÃa mucho para hacerâ€, evoca, en el parisino lobby del Club Francés, hotel donde se hospeda esta semana.
Habla animadamente, en un castellano perfecto. Politólogo, con un máster de Investigación en Ciencia PolÃtica y un doctorado en Literatura y Ciencias Humanas en el Institut d’Études Politiques de ParÃs, Rouquié es un especialista en historia argentina y de América latina. Dedicó décadas a estudiar el papel que jugaron las Fuerzas Armadas, tanto en el paÃs como en la región. El motivo de su reciente viaje a Buenos Aires es la publicación de ‘El Siglo de Perón: ensayo sobre las democracias hegemónicas’ (Edhasa), su último libro, cuya agenda local de presentación alternará con el doctorado honoris causa que le otorgará la Universidad Nacional del Litoral.
Sobre Perón, recuerda: “Siempre fue un militar. Nunca dejó de serlo. Pero fue un militar que se sabÃa superior a los demás militares. Porque era más inteligente (algo que él mismo decÃa) y, además, contaba con una picardÃa distinta a la de sus pares que, en general, tenÃan menos cintura polÃtica y carecÃan de su don de genteâ€. Apunta otra cualidad por la que El General se hacÃa valer. “Me sorprendió su capacidad de crear mitologÃa, de reinventar la historia, el pasado. Es algo que todos los polÃticos tienen. Pero él lo hacÃa de una forma muy natural, muy realista. Por ejemplo, hablaba de sus entrevistas con Mussolini y es sabido que nunca las tuvo. Pero Perón tenÃa ese encanto. Era un hombre que hacÃa relatos que tenÃan algo de literario. Él fascinaba por eso. TenÃa un gran talento polÃticoâ€, pondera.
Sin embargo, no fue esa fascinación que podÃa despertar el personaje lo que lo motivó a escribir, a esta altura de su carrera, su primer trabajo especÃfico sobre el movimiento que signó la historia de la Argentina del último siglo. Y que, según él, lo seguirá haciendo. “El peronismo cambió la cultura nacional de la Argentinaâ€, afirma.
En el marco de la presentación de su libro El siglo de Perón, Rouquié dictará una conferencia magistral en la Alianza Francesa de Buenos Aires sobre “Charles de Gaulle, François Mitterrand y América latinaâ€. La cita es el miércoles 6 a las 19 en Av. Córdoba 946. Entrada gratuita.
¿Qué lo motivó a escribir este libro?
Hubo una doble motivación. La primera fue que, después de tantos años de haber estudiado e investigado a América latina (y, sobre todo, a la Argentina), nunca habÃa publicado nada especÃfico sobre el peronismo. Y eso habÃa sido, en gran parte, porque no querÃa agregar otro libro a la espesa biblioteca que ya abunda sobre él. Confluyó una segunda motivación: la aparición de regÃmenes polÃticos que se le parecÃan bastante. Sobre todo, el chavismo, en Venezuela. Al punto de que el Teniente Coronel Hugo Chávez parecÃa una especie de clon, de heredero, del Coronel Perón.
¿Por qué ‘El Siglo de Perón’?
Porque van 70 años de peronismo. Que sigue y seguirá. Personajes como Charles de Gaulle, en Francia, o Getúlio Vargas, en Brasil, ya son patrimonio histórico. No provocan divisiones o conflicto polÃtico como, todavÃa, ocurre con Perón. AquÃ, en la Argentina, hay una memoria muy viva, que hace que el peronismo siga presente. Hay un segundo sentido por el que hablo de ‘siglo de Perón’. Recientemente, aparecieron regÃmenes, a los que llamo “democracias hegemónicasâ€, que se parecen bastante en sus orÃgenes y evolución al peronismo. Particularmente, en América latina, como Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua. Pero, también, en otros lugares, como HungrÃa o Polonia.
¿Qué caracteriza a esas “democracias hegemónicas�
Son gobiernos que llegan al poder mediante elecciones transparentes, honestas, sin fraude. Y, una vez en el gobierno, intentan controlar todas las instituciones e imponer la voluntad del Poder Ejecutivo. Son, además, regÃmenes plebiscitarios. Están basados en elecciones. El lÃder necesita una permanente adhesión popular y la puede solicitar cada vez que tiene un problema. Chávez, por ejemplo, convocó a una consulta popular en cada uno de los 13 años en los que duró su gobierno.
A la luz de esto, ¿cómo cataloga a la Venezuela de Maduro?
Las democracias hegemónicas son democracias plebiscitarias. Cuando consideran que no pueden enfrentar el riesgo de perder una elección y se aferran al poder por otros métodos, ya son otra cosa. En las democracias hegemónicas, la palabra “democracia†es tan importante como “hegemónicaâ€. Sin elecciones, se vuelve una dictadura. Maduro ya postergó elecciones. Es una mala señal. Veremos qué ocurrirá en 2018, cuando habrá comicios locales. Si vuelve a postergarlas, se volverá una dictadura. Si uno se presenta sólo cuando puede ganar, entonces, ya no es una democracia.
Volviendo al peronismo, ¿qué descubrió, al escribir este libro, que no habÃa llamado su atención antes?
No habÃa percibido tanto la importancia del carisma. Hay una vertiente religiosa, casi sagrada, que está casi desde el principio en Perón y en Eva Perón, incluso, antes de su muerte prematura. Lo otro, que también es muy importante, es que el peronismo cambió la cultura nacional. Este paÃs tenÃa una cultura laboral, económica, de mundo abierto, que se habÃa formado entre fines del siglo XIX e inicios del XX. El peronismo cambió todo eso. Impuso una nueva cultura, que sigue siendo muy fuerte. Por eso, ningún movimiento de izquierda prosperó en la Argentina. AquÃ, es imposible tener una coalición polÃtica como la que existe en Uruguay o en Chile. El peronismo es una cultura nacional, no sólo un partido polÃtico.
¿Qué caracteriza a esa cultura?
El primer elemento es el antiliberalismo. Después, la idea de comunidad organizada, de la ausencia del conflicto de clase, de la conciliación nacional, de una organización social regida bajo la tutela del Estado. Perón era admirador de Mussolini: es algo que nunca ocultó.
¿El peronismo moldeó una nueva cultura? ¿O fue un reflejo de ella?
El peronismo fue moldeador de una nueva cultura. Por supuesto, habÃa bases. ExistÃa una oposición a la visión de las élites, de la Generación del ’80, las ideas del Centenario, la primera globalización… Todo aquello que la crisis del ’30 puso en cuestionamiento.
¿Por qué cree que, a 40 años de su fallecimiento, Perón sigue zanjando aguas?
Perón afectó a muchos intereses creados. Primero, los de las élites y las clases dominantes. Hay un elemento central de lo que fue el peronismo: el estatuto del peón rural. Fue recibido como una violación del derecho de propiedad. Está escrito asÃ, incluso, en textos de la época. Fue algo revolucionario. Antes, el peón rural no tenÃa más derechos que el que se amo quisiera otorgarle. Tampoco se le perdonaron las polÃticas de vivienda y los beneficios sociales, que favorecieron a los sectores populares. Eso hizo que la clase media se sintiera humillada y postergada frente a ellos.
El peronismo, claramente, es un movimiento que nació como respuesta a categorÃas polÃticas, económicas y sociales del siglo XX. ¿Tiene capacidad de reconvertirse en una fuerza polÃtica del siglo XXI?
El futuro del peronismo sigue siendo un misterio, un gran enigma. Ya revivió varias veces. ¿Podrá hacerlo de nuevo? Quién sabe… Siempre me llamó la atención una cosa: el concepto ‘Justicialista’ nunca encajó tan bien como ‘Perón’ o ‘Peronismo’. De hecho, a 40 años de su muerte, se sigue hablando de él. Hoy, abro aquà los diarios y las preguntas son qué pasará con el peronismo en las próximas elecciones, a dónde irán los votos peronistas o si podrá tener su revancha en 2019. Menem, por ejemplo: ¿qué tuvo del peronismo inicial, que era antiliberal? Y, sin embargo, muchos peronistas lo reconocen como un presidente peronista. El peronismo es una gran caja de herramientas, a la que se recurre según la situación.
¿Qué herramientas contiene esa caja?
Por empezar, lo que mencioné antes: el carisma del lÃder, la comunidad organizada… La fuerza de los sindicatos, el nacionalismo, la categorización del adversario como enemigo… La concepción de que una mayorÃa polÃtica descarta o expulsa a las minorÃas; que se implementen polÃticas distributivas en perÃodos de bonanza económica; y la liturgia, la dimensión religiosa y sagrada.
¿Cree que en democracias modernas eso todavÃa tiene vigencia?
En Europa, donde se supone que las democracias liberales están consolidadas, se están viendo gobiernos antiliberales, como el de (Viktor) Orbán, en HungrÃa, o el partido Justicia, en Polonia. Son regÃmenes que están yendo hacia las democracias hegemónicas. ¿Y qué pasa, también, en un paÃs tan importante como el que está en el Norte? No fueron pocos los que dijeron que, en noviembre, un peronista habÃa llegado a la Casa Blanca. Trump tiene mucho de peronismo, en términos de protección a los sectores más golpeados por la globalización, por su rechazo al libre comercio, por haber creado toda una mitologÃa en torno a su persona o por intentar prescindir de preceptos institucionales y transgredir normas constitucionales (esto último, por la cultura polÃtica de los Estados Unidos, le será muy difÃcil). Donald Trump es la prueba de que el peronismo puede resurgir.
Hablando de resurgir, ¿piensa que Cristina puede ser la jefa de un peronismo renovado?
Eso es algo que no se puede decir todavÃa. Cristina dejó la presidencia con Ãndices de popularidad altos; tengo entendido que bajó. Néstor, por ejemplo, llegó al poder de casualidad. Sacó 22 % de los votos, menos que el Ãndice de desocupación. Pero, luego, se hizo muy fuerte. Su gran habilidad fue hacerle creer al peronismo que iba a fundar otro partido porque no lo controlaba y, una vez que lo controló, desistió de esos planes. Ahora… ¿algo asà basta hoy? Parece que no, de momento.
En su libro, usted definió al kirchnerismo como una versión “revisada y corregida†del justicialismo.
El kirchnerismo tuvo mucho del peronismo inicial. Sobre todo, durante la segunda presidencia de Cristina. Tuvo una tendencia muy hegemónica, “encontró†enemigos en muchos lados. Pero, como buena demócrata, reconoció la derrota.
A regañadientes…
SÃ, es cierto. Pero demostró que ella ya no tenÃa la mayorÃa que creÃa representar. Retornando a su pregunta, otro rasgo común entre el peronismo y el kirchnerismo fue que, en los últimos 12 años, se pudo hacer polÃticas distributivas gracias a que el boom de las commodities brindó recursos.
¿Qué desafÃos enfrenta un paÃs en el que el peronismo es una cultura para un gobierno que, precisamente, no es peronista?
Los desafÃos son numerosos. Macri ya se enfrentó a muchos. El pago a los fondos buitres, por ejemplo. Para el gobierno anterior, era una cuestión de soberanÃa y defensa de los intereses nacionales. Se hizo y no desencadenó ninguna reacción social. Hoy, existe un elemento que puede modificar y facilitar el cambio polÃtico: los sindicatos, que fueron la columna vertebral del peronismo, ya no son iguales que hace 30 años. Están muy debilitados y divididos, fundamentalmente, por el proceso de desindustrialización que el paÃs vivió durante el gobierno militar y la presidencia de Menem.