António Guterres. Foto: WIKIPEDIA
MADRID.-No podrá competirle en popularidad, pero António Guterres aventajó en algo a su compatriota Cristiano Ronaldo: inauguró unos cuantos años antes un museo sobre sà mismo.
Funciona en el municipio de Fundão y se exhiben en él los regalos oficiales que Guterres atesoró durante sus giras internacionales como primer ministro de Portugal, entre 1995 y 2002. El espacio lleva su nombre y un añadido ambicioso: Domus Mundi. La Casa del Mundo.
Es casi una declaración de intenciones de este hombre racional al extremo, que calcula que cada paso con prudencia y que se declara un buscador de «pequeñas utopÃas». A los 67 años lidera la carrera por convertirse en el próximo secretario general de las Naciones Unidas, el cargo al que también aspira la canciller argentina, Susana Malcorra .
Cuentan quienes lo conocen que Guterres siempre sintió que Portugal «le quedaba chico». Incluso cuando gobernaba el paÃs, el entusiasmo por la polÃtica exterior lo llevó a descuidar los frentes internos.
Ya a fines de los 90 estuvo a punto de renunciar al poder para convertirse en presidente de la Comisión Europea. En Bruselas deslumbraba con su perfil de socialista modernizador, su conversación refinada en los cuatro idiomas que maneja con fluidez y la fama de fundamentalista del consenso.
Una desgracia familiar -la muerte de su primera esposa- postergó su salto a la diplomacia grande. Todo llegarÃa. A fines de 2001 anunció que dejarÃa precipitadamente el gobierno después de que su partido, afectado por casos de corrupción y un deterioro de la economÃa, se estrelló en unas elecciones municipales. Apenas dejó el despacho en Lisboa juró como presidente de la Internacional Socialista.
En 2005 irrumpió en las Naciones Unidas como jefe de la Acnur, el organismo encargado de proteger a los refugiados. Duró 10 años en un puesto caliente desde el que engordó su infinita agenda de contactos en el poder global, además de cimentar un prestigio de burócrata con sensibilidad social.
Sus gritos de alerta sobre el desastre humanitario en Siria repicaron en cada cumbre internacional desde 2012, mucho antes del aluvión migratorio que desestabilizó Europa. Guterres fue despedido con honores en público en diciembre pasado, aunque en su no renovación en la Acnur pesaron las divergencias que mantuvo con el actual secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. El portugués promueve una gestión de las Naciones Unidas con «voz más firme» para intervenir en los conflictos y movilizar a las grandes potencias. El gobierno de su paÃs, del guterrista António Costa, se volcó de lleno a instalarlo como candidato.
Resultó sorpresivo que se colocara como favorito al cabo de las primeras dos votaciones informales. El casting lo conduce el Consejo de Seguridad, donde cinco paÃses (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) tienen poder de veto. Se descuenta que a Guterres lo impulsan los norteamericanos.
La sintonÃa del ex premier con los demócratas viene de lejos, en especial con la candidata presidencial Hillary Clinton. La amistad nació en los 90 cuando gobernaba él Portugal y en Washington mandaba Bill Clinton. Guterres habÃa inaugurado la lista de lÃderes progresistas europeos que llegaban al poder con alta popularidad y un programa de reformas liberales.
Suele definirse como un «revolucionario tranquilo». No le hacen ruido las contradicciones. Algunos de sus mejores aliados fueron Ãconos de la derecha, como José MarÃa Aznar. En la Argentina tejió buena relación con Carlos Menem, a quien visitó en la Casa Rosada en 1997 y lo calificó como «uno de los lÃderes más prestigiosos de América latina».
Es un ferviente católico que lideró un partido laico militante. Él explica que la doctrina social de la iglesia lo impulsó a la acción polÃtica en su juventud, cuando integró grupos de resistencia a la dictadura antes de la Revolución de los Claveles (1974).
La Acnur le devolvió la ilusión del activista social. Recorrió durante una década zonas de emergencia en Ãfrica, Asia y América latina. Pasaba horas con los refugiados, comÃa con ellos, hablaba de fútbol, una de sus pasiones. Cuenta uno de sus colaboradores que al dejar los campamentos se subÃa al coche oficial y le pedÃa al chofer: «Ponga la música», y el ambiente se llenaba de ópera.
Ingeniero de notas brillantes, orador nato, ascendió pronto en el Partido Socialista. Conoció desde joven a la generación de polÃticos que todavÃa dirige Europa. En 1992 lo eligieron lÃder y tres años después ganó las elecciones. Gobernó en minorÃa, gracias un talento para el diálogo que algunos ven hoy como un obstáculo para sus aspiraciones.
«Tiene un perfil antiejecutivo, una propensión a buscar consensos que muchas veces comprometió su capacidad de decisión. Hay que ver si es el tipo de lÃder que se busca para la ONU», explica el periodista Adelino Cunha, autor de la biografÃa Antonio Guterres: los secretos del poder.
Pero, añade, es un polÃtico de una intuición proverbial y hay que darle crédito a su ambición. «Siempre supo ubicarse en el lugar correcto.» El listón nunca habÃa estado tan alto para el hombre que fundó la Casa del Mundo.
Antonio Gutérrez
Ex premier portugués
De 67 años, fue primer ministro de Portugal a fines de los 90 por el Partido Socialista
Ganó protagonismo internacional al frente de la Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados
Apoyado por EE.UU., ahora lidera la carrera para suceder a Ban Ki-moon como secretario general
MADRID.-No podrá competirle en popularidad, pero António Guterres aventajó en algo a su compatriota Cristiano Ronaldo: inauguró unos cuantos años antes un museo sobre sà mismo.
Funciona en el municipio de Fundão y se exhiben en él los regalos oficiales que Guterres atesoró durante sus giras internacionales como primer ministro de Portugal, entre 1995 y 2002. El espacio lleva su nombre y un añadido ambicioso: Domus Mundi. La Casa del Mundo.
Es casi una declaración de intenciones de este hombre racional al extremo, que calcula que cada paso con prudencia y que se declara un buscador de «pequeñas utopÃas». A los 67 años lidera la carrera por convertirse en el próximo secretario general de las Naciones Unidas, el cargo al que también aspira la canciller argentina, Susana Malcorra .
Cuentan quienes lo conocen que Guterres siempre sintió que Portugal «le quedaba chico». Incluso cuando gobernaba el paÃs, el entusiasmo por la polÃtica exterior lo llevó a descuidar los frentes internos.
Ya a fines de los 90 estuvo a punto de renunciar al poder para convertirse en presidente de la Comisión Europea. En Bruselas deslumbraba con su perfil de socialista modernizador, su conversación refinada en los cuatro idiomas que maneja con fluidez y la fama de fundamentalista del consenso.
Una desgracia familiar -la muerte de su primera esposa- postergó su salto a la diplomacia grande. Todo llegarÃa. A fines de 2001 anunció que dejarÃa precipitadamente el gobierno después de que su partido, afectado por casos de corrupción y un deterioro de la economÃa, se estrelló en unas elecciones municipales. Apenas dejó el despacho en Lisboa juró como presidente de la Internacional Socialista.
En 2005 irrumpió en las Naciones Unidas como jefe de la Acnur, el organismo encargado de proteger a los refugiados. Duró 10 años en un puesto caliente desde el que engordó su infinita agenda de contactos en el poder global, además de cimentar un prestigio de burócrata con sensibilidad social.
Sus gritos de alerta sobre el desastre humanitario en Siria repicaron en cada cumbre internacional desde 2012, mucho antes del aluvión migratorio que desestabilizó Europa. Guterres fue despedido con honores en público en diciembre pasado, aunque en su no renovación en la Acnur pesaron las divergencias que mantuvo con el actual secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. El portugués promueve una gestión de las Naciones Unidas con «voz más firme» para intervenir en los conflictos y movilizar a las grandes potencias. El gobierno de su paÃs, del guterrista António Costa, se volcó de lleno a instalarlo como candidato.
Resultó sorpresivo que se colocara como favorito al cabo de las primeras dos votaciones informales. El casting lo conduce el Consejo de Seguridad, donde cinco paÃses (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) tienen poder de veto. Se descuenta que a Guterres lo impulsan los norteamericanos.
La sintonÃa del ex premier con los demócratas viene de lejos, en especial con la candidata presidencial Hillary Clinton. La amistad nació en los 90 cuando gobernaba él Portugal y en Washington mandaba Bill Clinton. Guterres habÃa inaugurado la lista de lÃderes progresistas europeos que llegaban al poder con alta popularidad y un programa de reformas liberales.
Suele definirse como un «revolucionario tranquilo». No le hacen ruido las contradicciones. Algunos de sus mejores aliados fueron Ãconos de la derecha, como José MarÃa Aznar. En la Argentina tejió buena relación con Carlos Menem, a quien visitó en la Casa Rosada en 1997 y lo calificó como «uno de los lÃderes más prestigiosos de América latina».
Es un ferviente católico que lideró un partido laico militante. Él explica que la doctrina social de la iglesia lo impulsó a la acción polÃtica en su juventud, cuando integró grupos de resistencia a la dictadura antes de la Revolución de los Claveles (1974).
La Acnur le devolvió la ilusión del activista social. Recorrió durante una década zonas de emergencia en Ãfrica, Asia y América latina. Pasaba horas con los refugiados, comÃa con ellos, hablaba de fútbol, una de sus pasiones. Cuenta uno de sus colaboradores que al dejar los campamentos se subÃa al coche oficial y le pedÃa al chofer: «Ponga la música», y el ambiente se llenaba de ópera.
Ingeniero de notas brillantes, orador nato, ascendió pronto en el Partido Socialista. Conoció desde joven a la generación de polÃticos que todavÃa dirige Europa. En 1992 lo eligieron lÃder y tres años después ganó las elecciones. Gobernó en minorÃa, gracias un talento para el diálogo que algunos ven hoy como un obstáculo para sus aspiraciones.
«Tiene un perfil antiejecutivo, una propensión a buscar consensos que muchas veces comprometió su capacidad de decisión. Hay que ver si es el tipo de lÃder que se busca para la ONU», explica el periodista Adelino Cunha, autor de la biografÃa Antonio Guterres: los secretos del poder.
Pero, añade, es un polÃtico de una intuición proverbial y hay que darle crédito a su ambición. «Siempre supo ubicarse en el lugar correcto.» El listón nunca habÃa estado tan alto para el hombre que fundó la Casa del Mundo.
Antonio Gutérrez
Ex premier portugués
De 67 años, fue primer ministro de Portugal a fines de los 90 por el Partido Socialista
Ganó protagonismo internacional al frente de la Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados
Apoyado por EE.UU., ahora lidera la carrera para suceder a Ban Ki-moon como secretario general