Si la presidenta argentina Cristina Kirchner buscaba apoyo polÃtico externo a su proyecto de reelección, mejor no le podrÃa haber ido ayer, en su primera visita a Brasil desde que asumió el poder Dilma Rousseff. La sucesora de Lula la recibió con efusivas muestras de respaldo y se comprometió a seguir trabajando juntas por una mayor integración de ambos paÃses.
Desde que Fernández de Kirchner pisó el Palacio del Planalto al mediodÃa, una hora más tarde de lo agendado, Rousseff no escatimó expresiones de afecto por su colega argentina. Reiteró varias veces que era un honor tenerla por estas tierras y se referÃa a ella todo el tiempo como «mi querida amiga». Entre ambas hubo profusión de abrazos, besos y brindis. LÃder de pocas palabras, directa y no muy demostrativa, los gestos de Rousseff, a los que luego se sumó el respaldo explÃcito de Lula, tuvieron un significado de peso.
«La relación entre nuestros paÃses ha experimentado grandes avances que nosotras, juntas, queremos profundizar», dijo la gobernante brasileña dando a entender que, más allá de las elecciones del 23 de octubre, la presidenta argentina se mantendrá al frente de la Casa Rosada.
Ambas mandatarias se reunieron durante más de una hora, primero sólo con sus cancilleres, el brasileño Antonio Patriota y el argentino Héctor Timerman, y luego incorporaron también a los ministros de Industria, Débora Giorgi, por la Argentina, y Fernando Pimentel, por Brasil. Allà trataron, entre otros asuntos, los problemas que generaron en el comercio bilateral las recientes trabas impuestas por Brasil a la importación de autos argentinos, en respuesta a los obstáculos que las exportaciones brasileñas enfrentaban al ingresar en el mercado argentino. La situación, que generó tensión entre los dos principales socios del Mercosur, fue minimizada por las dos presidentas, que recordaron a la prensa que el año pasado el flujo de comercio bilateral llegó al récord de US$ 32.000 millones.
«Con una integración de esta magnitud es imposible retroceder. Nuestro futuro es de más comercio, más inversión, un mayor acercamiento de nuestros empresarios e integración de nuestras industrias y cadenas productivas. Para eso creamos el Consejo de Empresarios Brasil-Argentina, que acercará más a nuestros sectores privados», relató la mandataria brasileña.
De la iniciativa, lanzada a fines de enero, cuando Rousseff visitó Buenos Aires, forman parte diez hombres de negocio de cada paÃs. Por la Argentina están representados empresarios de Corporación América, Impsa, Fiat, Bridas, Chemo-Biogénesis, Cometrans, Grupo Benicio, Banco Macro, Benito Roggio e Hijos, y la Unión Industrial Argentina (UIA). Por Brasil participan ejecutivos de las compañÃas Camargo Correa, Vale, Petrobras, Grupo Marfrig, Tramontina, Marcopolo, Coteminas, Orteg Equipamentos, Construtora Quiroz Galvão, y Anfavea.
«Creo que esta reunión positiva va a ayudar mucho», indicó a LA NACION José Ignacio de Mendiguren, presidente de la UIA, quien cree que tras la asunción de Rousseff la relación se habÃa tensado innecesariamente. «Hubo una sobreactuación de Brasil en su reacción a los problemas comerciales. Desde el Tratado de Asunción siempre existieron obstáculos en el Mercosur. Este es un muy buen gesto polÃtico que el gobierno argentino sabrá aprovechar en plena campaña», estimó De Mendiguren. Cristiano Rattazzi, de Fiat, expresó su deseo de que las trabas se levanten totalmente para volver a restablecer un flujo normal. «Es importante que haya mecanismos institucionalizados de resolución de las controversias», apuntó.
Las presidentas discutieron sobre la crisis en la economÃa mundial y contaron que los ministros de EconomÃa de la Unasur se reunirán en Lima el 4 de agosto, y luego, con los titulares de los bancos centrales, el 11 de agosto, en Buenos Aires, para coordinar respuestas del bloque.
Durante un almuerzo en el Palacio de Itamaraty, Cristina Kirchner resaltó la relación estratégica bilateral en materia de defensa, la cooperación nuclear, el compromiso brasileño de incluir a empresas argentinas en las obras de infraestructura para el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos OlÃmpicos en RÃo de Janeiro en 2016, y la necesidad de integrar las cadenas productivas en la región, como defendÃa su fallecido marido.
«El desafÃo del momento es reafirmarnos en estas polÃticas y acentuar el nivel de integración con la región, porque somos un mercado de más de 400 millones de personas», dijo. Y sintetizó: «No se trata de enfriar la economÃa, sino de recalentar la inversión social y en ciencia y tecnologÃa también».
Rousseff también tuvo frases elogiosas para Néstor Kirchner: «Que su ejemplo siga inspirando a todos aquellos que sueñan con una América del Sur próspera, soberana, libre y democrática», destacó.
Desde que Fernández de Kirchner pisó el Palacio del Planalto al mediodÃa, una hora más tarde de lo agendado, Rousseff no escatimó expresiones de afecto por su colega argentina. Reiteró varias veces que era un honor tenerla por estas tierras y se referÃa a ella todo el tiempo como «mi querida amiga». Entre ambas hubo profusión de abrazos, besos y brindis. LÃder de pocas palabras, directa y no muy demostrativa, los gestos de Rousseff, a los que luego se sumó el respaldo explÃcito de Lula, tuvieron un significado de peso.
«La relación entre nuestros paÃses ha experimentado grandes avances que nosotras, juntas, queremos profundizar», dijo la gobernante brasileña dando a entender que, más allá de las elecciones del 23 de octubre, la presidenta argentina se mantendrá al frente de la Casa Rosada.
Ambas mandatarias se reunieron durante más de una hora, primero sólo con sus cancilleres, el brasileño Antonio Patriota y el argentino Héctor Timerman, y luego incorporaron también a los ministros de Industria, Débora Giorgi, por la Argentina, y Fernando Pimentel, por Brasil. Allà trataron, entre otros asuntos, los problemas que generaron en el comercio bilateral las recientes trabas impuestas por Brasil a la importación de autos argentinos, en respuesta a los obstáculos que las exportaciones brasileñas enfrentaban al ingresar en el mercado argentino. La situación, que generó tensión entre los dos principales socios del Mercosur, fue minimizada por las dos presidentas, que recordaron a la prensa que el año pasado el flujo de comercio bilateral llegó al récord de US$ 32.000 millones.
«Con una integración de esta magnitud es imposible retroceder. Nuestro futuro es de más comercio, más inversión, un mayor acercamiento de nuestros empresarios e integración de nuestras industrias y cadenas productivas. Para eso creamos el Consejo de Empresarios Brasil-Argentina, que acercará más a nuestros sectores privados», relató la mandataria brasileña.
De la iniciativa, lanzada a fines de enero, cuando Rousseff visitó Buenos Aires, forman parte diez hombres de negocio de cada paÃs. Por la Argentina están representados empresarios de Corporación América, Impsa, Fiat, Bridas, Chemo-Biogénesis, Cometrans, Grupo Benicio, Banco Macro, Benito Roggio e Hijos, y la Unión Industrial Argentina (UIA). Por Brasil participan ejecutivos de las compañÃas Camargo Correa, Vale, Petrobras, Grupo Marfrig, Tramontina, Marcopolo, Coteminas, Orteg Equipamentos, Construtora Quiroz Galvão, y Anfavea.
«Creo que esta reunión positiva va a ayudar mucho», indicó a LA NACION José Ignacio de Mendiguren, presidente de la UIA, quien cree que tras la asunción de Rousseff la relación se habÃa tensado innecesariamente. «Hubo una sobreactuación de Brasil en su reacción a los problemas comerciales. Desde el Tratado de Asunción siempre existieron obstáculos en el Mercosur. Este es un muy buen gesto polÃtico que el gobierno argentino sabrá aprovechar en plena campaña», estimó De Mendiguren. Cristiano Rattazzi, de Fiat, expresó su deseo de que las trabas se levanten totalmente para volver a restablecer un flujo normal. «Es importante que haya mecanismos institucionalizados de resolución de las controversias», apuntó.
Las presidentas discutieron sobre la crisis en la economÃa mundial y contaron que los ministros de EconomÃa de la Unasur se reunirán en Lima el 4 de agosto, y luego, con los titulares de los bancos centrales, el 11 de agosto, en Buenos Aires, para coordinar respuestas del bloque.
Durante un almuerzo en el Palacio de Itamaraty, Cristina Kirchner resaltó la relación estratégica bilateral en materia de defensa, la cooperación nuclear, el compromiso brasileño de incluir a empresas argentinas en las obras de infraestructura para el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos OlÃmpicos en RÃo de Janeiro en 2016, y la necesidad de integrar las cadenas productivas en la región, como defendÃa su fallecido marido.
«El desafÃo del momento es reafirmarnos en estas polÃticas y acentuar el nivel de integración con la región, porque somos un mercado de más de 400 millones de personas», dijo. Y sintetizó: «No se trata de enfriar la economÃa, sino de recalentar la inversión social y en ciencia y tecnologÃa también».
Rousseff también tuvo frases elogiosas para Néstor Kirchner: «Que su ejemplo siga inspirando a todos aquellos que sueñan con una América del Sur próspera, soberana, libre y democrática», destacó.