La lucha Argentina contra los buitres
El neoliberalismo dinamitó todo: Axel Kicillof, ministro de EconomÃa argentino
La energÃa es un recurso nacional, y el Estado debe ejercer soberanÃa sobre sus recursos
Con Néstor Kirchner advertimos que la polÃtica volvÃa a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos, asegura el ministro de EconomÃa de Argentina, Axel Kicillof, en entrevista con La Jornada
José Steinsleger
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 3 de noviembre de 2014, p. 2
Buenos Aires.
En dÃas pasados el ministro de EconomÃa, Axel Kicillof, cumplió en Washington con una agenda de locos en 48 horas: reunión con el comité de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); con los representantes de los paÃses no desarrollados de América, Asia y Africa (G-24); exposición frente al Council of the Americas; junta con los ministros y presidentes de los bancos centrales del G-20; asistencia a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; encuentros bilaterales con expertos en economÃa y finanzas, académicos, tanques pensantes.
Ãmbitos resbaladizos, complejos, en los que el ministro se refirió, invariablemente, a los fondos buitres. En la delegación argentina, observó: “intentaron embargar esta misma embajada… esta tarima, todoâ€.
Ahora, en el legendario quinto piso del Ministerio de EconomÃa (edificio de estilo mussoliniano o sovietista inaugurado en 1939 por el presidente conservador Roberto M. Ortiz, y bombardeado con artillerÃa pesada por los militares que en 1955 derrocaron a Juan D. Perón), el clima resulta poco alentador para una entrevista distendida. El tiempo apremia. Frenético es el ritmo de trabajo, los buitres internos y externos acechan, y el termómetro marca 33 grados, clavando un puñal en la primavera porteña.
Hace un año, cuando Cristina Fernández de Kirchner nombró a Kicillof, un escriba de La Nación aludió, insidiosamente, al origen rabÃnico del ministro. Observación distinta a la que el centenario diario oligárquico prodigó en marzo de 1976 al ministro de EconomÃa de la Junta Militar, el muy católico y devoto José Alfredo MartÃnez de Hoz. Apellido de origen patricio que, sin nombrarse, figura en placa de bronce a la entrada del edificio: en homenaje a los desaparecidos que trabajaron en el Ministerio de EconomÃa y Producción, y en repudio a la instauración del plan económico de la dictadura militar.
Parábolas de la historia: en el amplio despacho donde MartÃnez de Hoz modernizaba la economÃa desapareciendo a los trabajadores, Kicillof abraza al enviado de La Jornada con un brazo extendido y el otro sosteniendo un teléfono celular. Surge, entonces, una situación insólita: “perdone usted señor minist…doct… ¿puedo tutearlo?†Pegando un sorbo a la bombilla del mate, el ministro sonrÃe: te saludé de beso, ¿no? Hábito que, en efecto, fue impuesto por las juventudes argentinas en los años 80, con la vuelta a la democracia, el abandono de la clandestinidad y el retorno de los exiliados. Una época que Kicillof evoca asÃ:
“Entré a la polÃtica en el centro de estudiantes de mi colegio, el Nacional Buenos Aires, con la llamada ‘primavera alfonsinista’. El centro era conducido por el Partido Comunista, que lo habÃa mantenido en la clandestinidad. Apoyamos la orientación antimperialista de la juventud radical, y su aliento yrigoyenista, popular, vinculado al eje de la campaña: los derechos humanos. Aquello fue una explosión de militancia y ‘destape’.
“Me nombran delegado del Centro, dejamos de usar corbata (que era obligatoria), y el pelo a dos dedos de la camisa. La Comisión Nacional de Desaparecidos difundÃa masivamente hechos que la sociedad en su conjunto desconocÃa, o que no querÃa saber o decir. Buena parte de la clase media profesional urbana, de la que provenÃa mi familia, tenÃa un exiliado o un desaparecido. Los que hoy me acompañan en ‘La Cámpora’ (agrupación kirchnerista) entraron con mucha confianza en la polÃtica. Tras ello, la rápida decepción con el proceso alfonsinista. Con dos componentes: el alfonsinismo, que habÃa llegado al gobierno con la idea de castigar los crÃmenes de lesa humanidad, terminó decretando, por razones fácticas, las leyes de obediencia debida y punto final. Y luego, la amnistÃa de Menem a los pocos militares que estaban presos.â€
–¿Qué te llamó la atención del kirchnerismo?
–Muchos de los que hoy estamos en este proceso, advertimos que con Néstor Kirchner la polÃtica volvÃa a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos. El propio discurso alfonsinista reconoció que la renuncia de AlfonsÃn fue un golpe de mercado. Los militares detuvieron el proceso de juzgar los crÃmenes de lesa humanidad, y los banqueros se negaron a un crecimiento con orientación más popular.
–¿Ahà es cuando descubres la inexistencia de la economÃa en abstracto?
–Claro, pero lo decisivo fue la resistencia contra el neoliberalismo, que habÃa causado un gran desprestigio de la polÃtica y los partidos. Época del zapatismo, del que se vayan todos, de la horizontalidad en las organizaciones, de la discusión de la polÃtica clásica en cualquiera de sus vertientes. Pero también de muchÃsimo retroceso en los movimientos organizados, tanto polÃticos como obreros, y que a nivel de los intelectuales y las universidades engendró una resistencia a la defensiva y bastante impotente.
El modelo K
–¿Es posible luchar contra el capitalismo dentro del capitalismo?
–En 2003, cuando arranca este proceso, muchos intuimos que se venÃa una posibilidad de transformación real. Con el kirchnerismo renació la causa de los derechos humanos, y las potencialidades de un proyecto económico transformador. Pero no de lucha contra el capitalismo dentro del capitalismo. Creo que en los paÃses periféricos –y no quisiera ahora abrir la clásica discusión sobre las etapas– hay que reconstruir el capitalismo. El desguace del Estado y de la economÃa habÃan convertido a nuestro paÃs y los de América Latina en coto de caza de las finanzas, de los servicios, de reciclaje de los capitales de los paÃses centrales y de una pérdida de las propias reglas de acumulación del capital. HabÃan dinamitado todo. Entonces, con base en los trabajadores, industriales y empresarios nuestro proyecto apuntó a la reindustrialización, ampliando la base productiva y tecnológica que permita la reproducción del capital, la inversión y, por sobre todo, la reconstitución de un mercado interno.
–¿El empresario argentino entiende la importancia de cambiar la matriz productiva del paÃs?
–Ahà está el nudo. Al empresario que invierte, que toma riesgos, que siente apego por su paÃs, el Estado tiene que brindarle una suerte de biosfera para que pueda prosperar. A los que en estos años apostaron a la inversión y la producción, les fue bien. La idea del empresario ausentista (como alguna vez fue el terrateniente ausentista), que junta un capital y lo resguarda en el exterior sacándolo del ciclo productivo, tuvo mucho que ver con el Estado ausente que no genera condiciones de estabilidad y de acumulación. Dicen que el gobierno no da seguridad jurÃdica, certidumbre, que no hay clima de negocios. Pero el Estado argentino ya no está colonizado por los empresarios. La etapa en que nos hallamos busca la reconstrucción del tejido social, de la clase trabajadora y de un sector empresarial auténtico.
–Como fuere, el proyecto es capitalista…
–Asà es. Pero no un capitalismo rentista, de saqueo, extranjerizado y hostil a que Argentina crezca con base en su capacidad productiva, generando una mejor distribución de la riqueza. O sea: crecimiento con inclusión social. Algo que no marcha separado, sino que es la misma cosa. Durante décadas se nos dijo que primero habÃa que crecer para después distribuir. Sin embargo, creo que en paÃses como el nuestro es a la inversa: hay que distribuir para que, con base en el mayor poder adquisitivo de los salarios y la reconstitución del mercado interno, aparezcan oportunidades de inversión que permitan el crecimiento.
–Durante el proceso de recuperación de Yacimientos PetrolÃferos Fiscales (YPF) decÃas que la gestión del grupo Repsol incurrió en depredación, desinversión y desabastecimiento. Y que lo grave no habÃa sido la privatización, sino la desnacionalización de YPF…
–En efecto. Pero también otros elementos del sector energético se imbrican en la polÃtica general. Nosotros entendemos que la energÃa es un recurso nacional, y que el Estado tiene que ejercer soberanÃa sobre sus recursos. Esto quiere decir que no podemos crecer con salarios bajos en dólares, o que nos convirtamos en plataforma internacional de ensamblaje. La tradición industrial y trabajadora de los argentinos también cuenta. Disponemos de energÃa, pero no somos un paÃs exportador de petróleo y gas. Durante mucho tiempo Argentina se autoabasteció. Entonces, a partir de 2003, fijamos a los recursos energéticos precios internos, desdoblados de los externos. ¿Por qué? Porque las empresas veÃan que los precios internos estaban muy por debajo de los internacionales. Pero si ponÃamos el precio a escala internacional, matábamos la industria doméstica. Y esto hizo crujir el esquema neoliberal heredado de los años 90. Al que no le interesaba, obviamente, la participación del Estado.
“Cuando las empresas del sector energético analizaban los proyectos de inversión, concluÃan que no era negocio vender el barril de petróleo interno a 40 dólares, mientras afuera estaba a 90 dólares. Y cuando competÃan en los distintos proyectos de inversión usaban la rentabilidad internacional y la producida en nuestro paÃs para sus proyectos en el exterior. Las petroleras eran rentables en el paÃs, pero mucho menos rentables que en otros lugares del mundo. Por tanto, se llevaban los recursos internos para sus proyectos externos, financiándolos con las ganancias obtenidas en Argentina. AsÃ, mientras menos invertÃan, más rentabilidad tenÃan.
Era un problema estructural, y agravado porque la desregulación no ofrecÃa instrumentos para dirigir las inversiones. Con lo cual, en estos años, llevamos una relación tensa con las empresas, porque el gobierno presionaba para que reinvirtieran los excedentes producidos en el paÃs, y grupos como Repsol (que se habÃa quedado con YPF) se llevaban todas las utilidades al exterior.
–¿Todas las empresas energéticas actuaban igual que Repsol?
–Las de capital nacional respondieron mejor, y las extranjeras peor porque tenÃan, como dije, otros proyectos de inversión a los que dirigÃan sus recursos. Argentina no requerÃa de recursos nuevos. Digámoslo con claridad: si el precio de salida de un barril de petróleo podÃa ser de 17 dólares en Argentina, el de venta era de 70 dólares. Diferencia que generaba una enorme rentabilidad. Pero a su vez especulaban con vender el barril a 100 dólares. Esto llevó a despreciar las inversiones en nuestro paÃs.
Inflación y emisión monetaria
–¿La emisión genera necesariamente inflación?
–Sà y no. Esa es una de las discusiones más antiguas de la teorÃa económica. Mi tesis doctoral trató sobre Keynes, porque mis profesores aseguraban ser keynesianos. Pero nunca nos enseñaron a Keynes. En los años 90 hubo una colonización tal en la teorÃa económica, que en realidad eran todos monetaristas. Entonces, leo por mi cuenta la TeorÃa general del empleo, el interés y el dinero de Keynes, y encuentro que el inventor de la idea de que no hay proporcionalidad entre precios y emisión es Keynes. Un teórico monetario que explica que si yo emito más dinero, hay que ver qué se hace con él. Los monetaristas de la Escuela de Chicago –que fueron parte integrante de la dictadura militar– sostienen que el aumento de la emisión se refleja en los precios. Pero hay algo que no dicen: primero, que en ninguna economÃa periférica hay pleno empleo; segundo, que si hay más capacidad productiva se puede generar más empleo.
–Sin embargo, los monetaristas continúan defendiendo a brazo partido sus teorÃas…
–Y hasta yo podrÃa decir que la teorÃa monetarista conlleva algo de realidad. Sin embargo, no la tiene. Porque cuando yo estudio, la tasa de desempleo era de 18 por ciento, y después alcanzó 25 por ciento. Asà es que nadie me va a convencer de que la emisión no puede tener un efecto dinamizador sobre el crédito. En estos años recientes, Estados Unidos triplicó la base monetaria, y están en una situación deflacionaria. Y Gran Bretaña la quintuplicó. Por consiguiente, no hay una relación directa entre base monetaria y nivel de precios. ¿Por qué? Porque no hay pleno empleo. La gran mentira del monetarismo asegura que no se puede dinamizar el crédito, que no existe la polÃtica monetaria. Pero en Argentina sà existió con la convertibilidad y la dolarización que amputaron, dolorosamente, las atribuciones del Estado en su polÃtica económica y monetaria.
–¿Y el impacto de la emisión sobre la inflación?
–Podemos discutir el papel de la emisión en un proceso inflacionario. Indudablemente, hay mucho que discutir. Pero la premisa de que la emisión se va a precios, es mentira. En economÃa, nadie serio cree mecánicamente en la idea cuantitativa del dinero. Más bien se trata de un lema para impedir que paÃses como el nuestro apliquen una polÃtica monetaria en su propio beneficio, y en beneficio de la producción y el empleo.
–¿Ha sido exitosa la polÃtica de precios cuidados?
–Me parece que sÃ, porque en Argentina el sistema de comercialización concentrado opera con márgenes muy altos de rentabilidad. De un lado, oprimen al consumidor; por el otro, al productor. Esto no ocurre en los paÃses desarrollados, con polÃticas de inversión y competencia más fuerte, y cadenas comerciales más abiertas. Pero acá tenemos cinco cadenas de supermercados, que si en el corto plazo quieren generar movimientos de los precios, lo pueden hacer. Conducta que siempre justifican con el pretexto de que ven peligros de devaluación, peligros de no sé qué y entonces, preventivamente, elevan los precios.
–Los sectores de oposición emplean el vocablo control…
–La idea central de precios cuidados consiste en monitorear los costos para que no haya abusos en los precios. No es un congelamiento de precios. Eso de que los precios se mueven caóticamente también es funcional a las rentabilidades extraordinarias de la cadena comercial y de los productores concentrados.
–Por último, ¿serán derrotados los fondos buitres?
–A finales de año, cuando desaparezcan los instrumentos que los fondos buitres han utilizado para la extorsión, habrá mejores posibilidades para dialogar con los acreedores que optaron por quedar fuera de la restructuración de la deuda. El default más grande de nuestra historia fue causado por el neoliberalismo. Y lo arreglamos muy bien. Pero ahà apareció el pequeño grupo de abogados, más que de financistas, y un juez que se hizo eco de esto. Muchos gobiernos, entre ellos México, acompañaron nuestra posición, y mostraron buena disposición frente a un problema que no quisieran ver reflejado en el espejo de su porvenir.
El neoliberalismo dinamitó todo: Axel Kicillof, ministro de EconomÃa argentino
La energÃa es un recurso nacional, y el Estado debe ejercer soberanÃa sobre sus recursos
Con Néstor Kirchner advertimos que la polÃtica volvÃa a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos, asegura el ministro de EconomÃa de Argentina, Axel Kicillof, en entrevista con La Jornada
José Steinsleger
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 3 de noviembre de 2014, p. 2
Buenos Aires.
En dÃas pasados el ministro de EconomÃa, Axel Kicillof, cumplió en Washington con una agenda de locos en 48 horas: reunión con el comité de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); con los representantes de los paÃses no desarrollados de América, Asia y Africa (G-24); exposición frente al Council of the Americas; junta con los ministros y presidentes de los bancos centrales del G-20; asistencia a la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; encuentros bilaterales con expertos en economÃa y finanzas, académicos, tanques pensantes.
Ãmbitos resbaladizos, complejos, en los que el ministro se refirió, invariablemente, a los fondos buitres. En la delegación argentina, observó: “intentaron embargar esta misma embajada… esta tarima, todoâ€.
Ahora, en el legendario quinto piso del Ministerio de EconomÃa (edificio de estilo mussoliniano o sovietista inaugurado en 1939 por el presidente conservador Roberto M. Ortiz, y bombardeado con artillerÃa pesada por los militares que en 1955 derrocaron a Juan D. Perón), el clima resulta poco alentador para una entrevista distendida. El tiempo apremia. Frenético es el ritmo de trabajo, los buitres internos y externos acechan, y el termómetro marca 33 grados, clavando un puñal en la primavera porteña.
Hace un año, cuando Cristina Fernández de Kirchner nombró a Kicillof, un escriba de La Nación aludió, insidiosamente, al origen rabÃnico del ministro. Observación distinta a la que el centenario diario oligárquico prodigó en marzo de 1976 al ministro de EconomÃa de la Junta Militar, el muy católico y devoto José Alfredo MartÃnez de Hoz. Apellido de origen patricio que, sin nombrarse, figura en placa de bronce a la entrada del edificio: en homenaje a los desaparecidos que trabajaron en el Ministerio de EconomÃa y Producción, y en repudio a la instauración del plan económico de la dictadura militar.
Parábolas de la historia: en el amplio despacho donde MartÃnez de Hoz modernizaba la economÃa desapareciendo a los trabajadores, Kicillof abraza al enviado de La Jornada con un brazo extendido y el otro sosteniendo un teléfono celular. Surge, entonces, una situación insólita: “perdone usted señor minist…doct… ¿puedo tutearlo?†Pegando un sorbo a la bombilla del mate, el ministro sonrÃe: te saludé de beso, ¿no? Hábito que, en efecto, fue impuesto por las juventudes argentinas en los años 80, con la vuelta a la democracia, el abandono de la clandestinidad y el retorno de los exiliados. Una época que Kicillof evoca asÃ:
“Entré a la polÃtica en el centro de estudiantes de mi colegio, el Nacional Buenos Aires, con la llamada ‘primavera alfonsinista’. El centro era conducido por el Partido Comunista, que lo habÃa mantenido en la clandestinidad. Apoyamos la orientación antimperialista de la juventud radical, y su aliento yrigoyenista, popular, vinculado al eje de la campaña: los derechos humanos. Aquello fue una explosión de militancia y ‘destape’.
“Me nombran delegado del Centro, dejamos de usar corbata (que era obligatoria), y el pelo a dos dedos de la camisa. La Comisión Nacional de Desaparecidos difundÃa masivamente hechos que la sociedad en su conjunto desconocÃa, o que no querÃa saber o decir. Buena parte de la clase media profesional urbana, de la que provenÃa mi familia, tenÃa un exiliado o un desaparecido. Los que hoy me acompañan en ‘La Cámpora’ (agrupación kirchnerista) entraron con mucha confianza en la polÃtica. Tras ello, la rápida decepción con el proceso alfonsinista. Con dos componentes: el alfonsinismo, que habÃa llegado al gobierno con la idea de castigar los crÃmenes de lesa humanidad, terminó decretando, por razones fácticas, las leyes de obediencia debida y punto final. Y luego, la amnistÃa de Menem a los pocos militares que estaban presos.â€
–¿Qué te llamó la atención del kirchnerismo?
–Muchos de los que hoy estamos en este proceso, advertimos que con Néstor Kirchner la polÃtica volvÃa a ser una posibilidad de transformación real frente a los poderes que la limitaban, sean militares o económicos. El propio discurso alfonsinista reconoció que la renuncia de AlfonsÃn fue un golpe de mercado. Los militares detuvieron el proceso de juzgar los crÃmenes de lesa humanidad, y los banqueros se negaron a un crecimiento con orientación más popular.
–¿Ahà es cuando descubres la inexistencia de la economÃa en abstracto?
–Claro, pero lo decisivo fue la resistencia contra el neoliberalismo, que habÃa causado un gran desprestigio de la polÃtica y los partidos. Época del zapatismo, del que se vayan todos, de la horizontalidad en las organizaciones, de la discusión de la polÃtica clásica en cualquiera de sus vertientes. Pero también de muchÃsimo retroceso en los movimientos organizados, tanto polÃticos como obreros, y que a nivel de los intelectuales y las universidades engendró una resistencia a la defensiva y bastante impotente.
El modelo K
–¿Es posible luchar contra el capitalismo dentro del capitalismo?
–En 2003, cuando arranca este proceso, muchos intuimos que se venÃa una posibilidad de transformación real. Con el kirchnerismo renació la causa de los derechos humanos, y las potencialidades de un proyecto económico transformador. Pero no de lucha contra el capitalismo dentro del capitalismo. Creo que en los paÃses periféricos –y no quisiera ahora abrir la clásica discusión sobre las etapas– hay que reconstruir el capitalismo. El desguace del Estado y de la economÃa habÃan convertido a nuestro paÃs y los de América Latina en coto de caza de las finanzas, de los servicios, de reciclaje de los capitales de los paÃses centrales y de una pérdida de las propias reglas de acumulación del capital. HabÃan dinamitado todo. Entonces, con base en los trabajadores, industriales y empresarios nuestro proyecto apuntó a la reindustrialización, ampliando la base productiva y tecnológica que permita la reproducción del capital, la inversión y, por sobre todo, la reconstitución de un mercado interno.
–¿El empresario argentino entiende la importancia de cambiar la matriz productiva del paÃs?
–Ahà está el nudo. Al empresario que invierte, que toma riesgos, que siente apego por su paÃs, el Estado tiene que brindarle una suerte de biosfera para que pueda prosperar. A los que en estos años apostaron a la inversión y la producción, les fue bien. La idea del empresario ausentista (como alguna vez fue el terrateniente ausentista), que junta un capital y lo resguarda en el exterior sacándolo del ciclo productivo, tuvo mucho que ver con el Estado ausente que no genera condiciones de estabilidad y de acumulación. Dicen que el gobierno no da seguridad jurÃdica, certidumbre, que no hay clima de negocios. Pero el Estado argentino ya no está colonizado por los empresarios. La etapa en que nos hallamos busca la reconstrucción del tejido social, de la clase trabajadora y de un sector empresarial auténtico.
–Como fuere, el proyecto es capitalista…
–Asà es. Pero no un capitalismo rentista, de saqueo, extranjerizado y hostil a que Argentina crezca con base en su capacidad productiva, generando una mejor distribución de la riqueza. O sea: crecimiento con inclusión social. Algo que no marcha separado, sino que es la misma cosa. Durante décadas se nos dijo que primero habÃa que crecer para después distribuir. Sin embargo, creo que en paÃses como el nuestro es a la inversa: hay que distribuir para que, con base en el mayor poder adquisitivo de los salarios y la reconstitución del mercado interno, aparezcan oportunidades de inversión que permitan el crecimiento.
–Durante el proceso de recuperación de Yacimientos PetrolÃferos Fiscales (YPF) decÃas que la gestión del grupo Repsol incurrió en depredación, desinversión y desabastecimiento. Y que lo grave no habÃa sido la privatización, sino la desnacionalización de YPF…
–En efecto. Pero también otros elementos del sector energético se imbrican en la polÃtica general. Nosotros entendemos que la energÃa es un recurso nacional, y que el Estado tiene que ejercer soberanÃa sobre sus recursos. Esto quiere decir que no podemos crecer con salarios bajos en dólares, o que nos convirtamos en plataforma internacional de ensamblaje. La tradición industrial y trabajadora de los argentinos también cuenta. Disponemos de energÃa, pero no somos un paÃs exportador de petróleo y gas. Durante mucho tiempo Argentina se autoabasteció. Entonces, a partir de 2003, fijamos a los recursos energéticos precios internos, desdoblados de los externos. ¿Por qué? Porque las empresas veÃan que los precios internos estaban muy por debajo de los internacionales. Pero si ponÃamos el precio a escala internacional, matábamos la industria doméstica. Y esto hizo crujir el esquema neoliberal heredado de los años 90. Al que no le interesaba, obviamente, la participación del Estado.
“Cuando las empresas del sector energético analizaban los proyectos de inversión, concluÃan que no era negocio vender el barril de petróleo interno a 40 dólares, mientras afuera estaba a 90 dólares. Y cuando competÃan en los distintos proyectos de inversión usaban la rentabilidad internacional y la producida en nuestro paÃs para sus proyectos en el exterior. Las petroleras eran rentables en el paÃs, pero mucho menos rentables que en otros lugares del mundo. Por tanto, se llevaban los recursos internos para sus proyectos externos, financiándolos con las ganancias obtenidas en Argentina. AsÃ, mientras menos invertÃan, más rentabilidad tenÃan.
Era un problema estructural, y agravado porque la desregulación no ofrecÃa instrumentos para dirigir las inversiones. Con lo cual, en estos años, llevamos una relación tensa con las empresas, porque el gobierno presionaba para que reinvirtieran los excedentes producidos en el paÃs, y grupos como Repsol (que se habÃa quedado con YPF) se llevaban todas las utilidades al exterior.
–¿Todas las empresas energéticas actuaban igual que Repsol?
–Las de capital nacional respondieron mejor, y las extranjeras peor porque tenÃan, como dije, otros proyectos de inversión a los que dirigÃan sus recursos. Argentina no requerÃa de recursos nuevos. Digámoslo con claridad: si el precio de salida de un barril de petróleo podÃa ser de 17 dólares en Argentina, el de venta era de 70 dólares. Diferencia que generaba una enorme rentabilidad. Pero a su vez especulaban con vender el barril a 100 dólares. Esto llevó a despreciar las inversiones en nuestro paÃs.
Inflación y emisión monetaria
–¿La emisión genera necesariamente inflación?
–Sà y no. Esa es una de las discusiones más antiguas de la teorÃa económica. Mi tesis doctoral trató sobre Keynes, porque mis profesores aseguraban ser keynesianos. Pero nunca nos enseñaron a Keynes. En los años 90 hubo una colonización tal en la teorÃa económica, que en realidad eran todos monetaristas. Entonces, leo por mi cuenta la TeorÃa general del empleo, el interés y el dinero de Keynes, y encuentro que el inventor de la idea de que no hay proporcionalidad entre precios y emisión es Keynes. Un teórico monetario que explica que si yo emito más dinero, hay que ver qué se hace con él. Los monetaristas de la Escuela de Chicago –que fueron parte integrante de la dictadura militar– sostienen que el aumento de la emisión se refleja en los precios. Pero hay algo que no dicen: primero, que en ninguna economÃa periférica hay pleno empleo; segundo, que si hay más capacidad productiva se puede generar más empleo.
–Sin embargo, los monetaristas continúan defendiendo a brazo partido sus teorÃas…
–Y hasta yo podrÃa decir que la teorÃa monetarista conlleva algo de realidad. Sin embargo, no la tiene. Porque cuando yo estudio, la tasa de desempleo era de 18 por ciento, y después alcanzó 25 por ciento. Asà es que nadie me va a convencer de que la emisión no puede tener un efecto dinamizador sobre el crédito. En estos años recientes, Estados Unidos triplicó la base monetaria, y están en una situación deflacionaria. Y Gran Bretaña la quintuplicó. Por consiguiente, no hay una relación directa entre base monetaria y nivel de precios. ¿Por qué? Porque no hay pleno empleo. La gran mentira del monetarismo asegura que no se puede dinamizar el crédito, que no existe la polÃtica monetaria. Pero en Argentina sà existió con la convertibilidad y la dolarización que amputaron, dolorosamente, las atribuciones del Estado en su polÃtica económica y monetaria.
–¿Y el impacto de la emisión sobre la inflación?
–Podemos discutir el papel de la emisión en un proceso inflacionario. Indudablemente, hay mucho que discutir. Pero la premisa de que la emisión se va a precios, es mentira. En economÃa, nadie serio cree mecánicamente en la idea cuantitativa del dinero. Más bien se trata de un lema para impedir que paÃses como el nuestro apliquen una polÃtica monetaria en su propio beneficio, y en beneficio de la producción y el empleo.
–¿Ha sido exitosa la polÃtica de precios cuidados?
–Me parece que sÃ, porque en Argentina el sistema de comercialización concentrado opera con márgenes muy altos de rentabilidad. De un lado, oprimen al consumidor; por el otro, al productor. Esto no ocurre en los paÃses desarrollados, con polÃticas de inversión y competencia más fuerte, y cadenas comerciales más abiertas. Pero acá tenemos cinco cadenas de supermercados, que si en el corto plazo quieren generar movimientos de los precios, lo pueden hacer. Conducta que siempre justifican con el pretexto de que ven peligros de devaluación, peligros de no sé qué y entonces, preventivamente, elevan los precios.
–Los sectores de oposición emplean el vocablo control…
–La idea central de precios cuidados consiste en monitorear los costos para que no haya abusos en los precios. No es un congelamiento de precios. Eso de que los precios se mueven caóticamente también es funcional a las rentabilidades extraordinarias de la cadena comercial y de los productores concentrados.
–Por último, ¿serán derrotados los fondos buitres?
–A finales de año, cuando desaparezcan los instrumentos que los fondos buitres han utilizado para la extorsión, habrá mejores posibilidades para dialogar con los acreedores que optaron por quedar fuera de la restructuración de la deuda. El default más grande de nuestra historia fue causado por el neoliberalismo. Y lo arreglamos muy bien. Pero ahà apareció el pequeño grupo de abogados, más que de financistas, y un juez que se hizo eco de esto. Muchos gobiernos, entre ellos México, acompañaron nuestra posición, y mostraron buena disposición frente a un problema que no quisieran ver reflejado en el espejo de su porvenir.
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