EL PAIS › ENTREVISTA A SANDRA RODRIGUEZ, LA VIUDA DE FUENTEALBA, EL MAESTRO ASESINADO EN 2007
Tras el estreno de un documental sobre Fuentealba, RodrÃguez insiste con el pedido de indagatoria al ex gobernador neuquino Jorge Sobisch. “La Justicia de Neuquén no está teniendo la neutralidad ni la actitud de investigar como corresponde”, dice.
Sandra RodrÃguez revive una y otra vez en estos dÃas la muerte de su compañero, el maestro Carlos Fuentealba. Un documental que acaba de estrenarse, y en el que se involucró de lleno, indaga en el asesinato cometido por la policÃa neuquina el 4 de abril de 2007, pero también remueve los puntos no cerrados de una causa judicial en la que sigue insistiendo con el pedido de indagatoria al ex gobernador Jorge Sobisch. Con entereza y convicción, señala: “Nosotros queremos presentar pruebas mÃnimas, como se hizo en el caso de Mariano Ferreyra. La reconstrucción animada y el entrecruzamiento de llamadas son las dos medidas que podrÃan llegar a comprobar de qué modo funcionó el operativo y cómo se fueron recibiendo las órdenes ese dÃa. El Tribunal Superior de Justicia dijo que sÃ, que las podÃamos hacer, pero solamente si corrÃan por nuestra propia cuenta. O sea, la querellante, que soy yo, tengo que cubrir todo: el peritaje, el entrecruzamiento… una locura”.
–¿Qué otras dificultades debe superar en la causa Fuentealba II para avanzar sobre la responsabilidad polÃtica del crimen de su esposo?
–A nosotros nos consta de que la Justicia de Neuquén no está teniendo la neutralidad ni la actitud de investigar el hecho como corresponde. Por eso la causa fue denunciada en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por todas las irregularidades que hemos sufrido. Por ejemplo, el fiscal quiso desprocesar a los quince policÃas involucrados. Fue una batalla que tuvimos que dar con mi abogado. No lo logró, y ahora vamos a ir a juicio con ellos, pero insistimos con la responsabilidad polÃtica de Sobisch.
–¿Por qué sostiene que la Justicia neuquina no está actuando sujeta a derecho?
–El Poder Judicial de Neuquén ha sido colonizado por el propio Sobisch. Son muchos años de gobierno, con la caracterÃstica de que quiso ser un presidente de mano dura y es amigo del señor Macri. El ex gobernador sigue queriendo reinstalarse en el escenario polÃtico de la provincia.
–¿De qué modo?
–No anda suelto por la calle, pero nosotros sabemos los lugares por donde aparece. Está bastante escondido, aunque hay momentos, como hace poco ocurrió en las PASO, en que después de la victoria de uno de los candidatos del Movimiento Popular Neuquino se mostró al otro dÃa con él, porque habÃa sido el ganador. Me molestó y me irritó mucho. Creo que la provincia de Neuquén y todos los sectores polÃticos que la componen saben muy bien cuál fue la responsabilidad de Sobisch en el asesinato de Carlos.
–¿El ex gobernador es un personaje repudiado en la polÃtica neuquina?
–No como deberÃa ser repudiado. Nosotros, durante muchos años, les pedimos a los distintos sectores que se expidieran públicamente. Sobisch no deberÃa estar más en la polÃtica y, sin embargo, hoy es el presidente del MPN y ése es un problema grave que tiene el actual gobernador Jorge Sapag.
–Con respecto al papel represivo que cumplió la policÃa neuquina aquel 4 de abril del 2007, ¿para usted son muchos más los efectivos involucrados en el crimen, más allá de José DarÃo Poblete, el único condenado por haber disparado la bomba de gas lacrimógeno que mató a Carlos?
–En el documental hay una escena muy importante cuando se muestra, fotograma por fotograma, cómo antes de que Poblete se colocara en posición de disparo lo cubre un grupo de policÃas, y cómo luego los mismos efectivos lo vuelven a cubrir y lo llevan a la propia camioneta. Que Poblete, el autor material, esté condenado y preso con perpetua es muy importante para nosotros; pero siempre supimos desde un principio que no habÃa actuado solo.
–¿Esas imágenes, tal como están editadas, son elementos probatorios que no se conocÃan antes de que se estrenara el documental?
–No se habÃan visto, ni estaban incorporados a la causa judicial.
–¿En qué medida la deliberada cobertura a Poblete de sus compañeros puede unirse con la responsabilidad polÃtica que le atribuye a Sobisch?
–Cuando se inició el juicio a Poblete, en 2008, fue en un tiempo record. Con los años hemos visto que el asesino nunca fue trasladado a la cárcel federal. Hace más de un año lo descubrieron cuando salÃa a caminar en la ciudad de Zapala, y eso nos da la pauta de que está respaldado por el poder polÃtico sobischista que le da esos beneficios. El tÃo de él es jefe del servicio penitenciario. Por eso nosotros decimos que recibe un trato de privilegio. Está en una sala de pre-egreso y yo supe, por fuentes que no puedo revelar, que salió en otras oportunidades, después de que lo vieron y lo filmaron en Zapala. Esto está inmerso en un caso de corrupción enorme.
–¿Qué se muestra sobre la situación irregular del policÃa en el documental dirigido por Luciano Zito?
–Poblete aparece cuando sale a la calle. Lo filma un periodista que justo habÃa ido a la farmacia, lo ve, se asusta, la llama a su compañera, que es periodista también, y ella le lleva la cámara y le saca la foto. Si no pasaba eso, no tenÃamos forma de probarlo. Como toda la actuación de los periodistas que estuvieron en Arroyito el dÃa que mataron a Carlos. Si no hubieran filmado lo que filmaron, jamás hubiera llegado esto a destino.
–Si trazamos una analogÃa con otros asesinatos cometidos para reprimir movilizaciones en democracia, como los de diciembre de 2001 o los de Kosteki y Santillán, ¿por qué cree que es tan difÃcil avanzar en las responsabilidades polÃticas?
–Hay muchos sectores que me dicen cómo puedo confiar en una Justicia burguesa. Pero siempre confié en que mi camino es ése: el de buscar justicia y ver cómo se modifica la Justicia. Esa Justicia que no está dispuesta a romper con su corporación, ligada a la corporación polÃtica y, en este caso, al MPN, también ligado a la corporación policial. Las tres han sido cómplices, una con la otra. Todos estos casos de muertos por cuestiones polÃticas, como los de Carlos, DarÃo y Maxi o Pocho Lepratti y los caÃdos en 2001, están al nivel de los crÃmenes de lesa humanidad. La responsabilidad polÃtica, si no es condenada, serÃa impune y eso significa que todo está permitido. Somos una sociedad que tolera que polÃticos descerebrados actúen a través de la mano dura, aprovechen el aparato del Estado para reprimir y asesinar. Como si hubiera asesinatos que fueran legales en democracia. Carlos fue un fusilado en democracia. Y lo dije: un fusilado al que ni siquiera lo fusilaron de frente. Lo fusilaron por la espalda.
–En la búsqueda de justicia, el documental Carlos Fuentealba, camino de un maestro, ¿cuánto puede aportar para que se haga justicia?
–Estoy convencida de que servirá. Además, para mis hijas Camila y Ariadna, y para mÃ, es importante para que se sepa que seguimos teniendo este dolor, que lo llevamos, pero que también está la necesidad real de la reparación jurÃdica. Vamos a ver hasta dónde llegamos.
gveiga12@gmail.com
Tras el estreno de un documental sobre Fuentealba, RodrÃguez insiste con el pedido de indagatoria al ex gobernador neuquino Jorge Sobisch. “La Justicia de Neuquén no está teniendo la neutralidad ni la actitud de investigar como corresponde”, dice.
Sandra RodrÃguez revive una y otra vez en estos dÃas la muerte de su compañero, el maestro Carlos Fuentealba. Un documental que acaba de estrenarse, y en el que se involucró de lleno, indaga en el asesinato cometido por la policÃa neuquina el 4 de abril de 2007, pero también remueve los puntos no cerrados de una causa judicial en la que sigue insistiendo con el pedido de indagatoria al ex gobernador Jorge Sobisch. Con entereza y convicción, señala: “Nosotros queremos presentar pruebas mÃnimas, como se hizo en el caso de Mariano Ferreyra. La reconstrucción animada y el entrecruzamiento de llamadas son las dos medidas que podrÃan llegar a comprobar de qué modo funcionó el operativo y cómo se fueron recibiendo las órdenes ese dÃa. El Tribunal Superior de Justicia dijo que sÃ, que las podÃamos hacer, pero solamente si corrÃan por nuestra propia cuenta. O sea, la querellante, que soy yo, tengo que cubrir todo: el peritaje, el entrecruzamiento… una locura”.
–¿Qué otras dificultades debe superar en la causa Fuentealba II para avanzar sobre la responsabilidad polÃtica del crimen de su esposo?
–A nosotros nos consta de que la Justicia de Neuquén no está teniendo la neutralidad ni la actitud de investigar el hecho como corresponde. Por eso la causa fue denunciada en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por todas las irregularidades que hemos sufrido. Por ejemplo, el fiscal quiso desprocesar a los quince policÃas involucrados. Fue una batalla que tuvimos que dar con mi abogado. No lo logró, y ahora vamos a ir a juicio con ellos, pero insistimos con la responsabilidad polÃtica de Sobisch.
–¿Por qué sostiene que la Justicia neuquina no está actuando sujeta a derecho?
–El Poder Judicial de Neuquén ha sido colonizado por el propio Sobisch. Son muchos años de gobierno, con la caracterÃstica de que quiso ser un presidente de mano dura y es amigo del señor Macri. El ex gobernador sigue queriendo reinstalarse en el escenario polÃtico de la provincia.
–¿De qué modo?
–No anda suelto por la calle, pero nosotros sabemos los lugares por donde aparece. Está bastante escondido, aunque hay momentos, como hace poco ocurrió en las PASO, en que después de la victoria de uno de los candidatos del Movimiento Popular Neuquino se mostró al otro dÃa con él, porque habÃa sido el ganador. Me molestó y me irritó mucho. Creo que la provincia de Neuquén y todos los sectores polÃticos que la componen saben muy bien cuál fue la responsabilidad de Sobisch en el asesinato de Carlos.
–¿El ex gobernador es un personaje repudiado en la polÃtica neuquina?
–No como deberÃa ser repudiado. Nosotros, durante muchos años, les pedimos a los distintos sectores que se expidieran públicamente. Sobisch no deberÃa estar más en la polÃtica y, sin embargo, hoy es el presidente del MPN y ése es un problema grave que tiene el actual gobernador Jorge Sapag.
–Con respecto al papel represivo que cumplió la policÃa neuquina aquel 4 de abril del 2007, ¿para usted son muchos más los efectivos involucrados en el crimen, más allá de José DarÃo Poblete, el único condenado por haber disparado la bomba de gas lacrimógeno que mató a Carlos?
–En el documental hay una escena muy importante cuando se muestra, fotograma por fotograma, cómo antes de que Poblete se colocara en posición de disparo lo cubre un grupo de policÃas, y cómo luego los mismos efectivos lo vuelven a cubrir y lo llevan a la propia camioneta. Que Poblete, el autor material, esté condenado y preso con perpetua es muy importante para nosotros; pero siempre supimos desde un principio que no habÃa actuado solo.
–¿Esas imágenes, tal como están editadas, son elementos probatorios que no se conocÃan antes de que se estrenara el documental?
–No se habÃan visto, ni estaban incorporados a la causa judicial.
–¿En qué medida la deliberada cobertura a Poblete de sus compañeros puede unirse con la responsabilidad polÃtica que le atribuye a Sobisch?
–Cuando se inició el juicio a Poblete, en 2008, fue en un tiempo record. Con los años hemos visto que el asesino nunca fue trasladado a la cárcel federal. Hace más de un año lo descubrieron cuando salÃa a caminar en la ciudad de Zapala, y eso nos da la pauta de que está respaldado por el poder polÃtico sobischista que le da esos beneficios. El tÃo de él es jefe del servicio penitenciario. Por eso nosotros decimos que recibe un trato de privilegio. Está en una sala de pre-egreso y yo supe, por fuentes que no puedo revelar, que salió en otras oportunidades, después de que lo vieron y lo filmaron en Zapala. Esto está inmerso en un caso de corrupción enorme.
–¿Qué se muestra sobre la situación irregular del policÃa en el documental dirigido por Luciano Zito?
–Poblete aparece cuando sale a la calle. Lo filma un periodista que justo habÃa ido a la farmacia, lo ve, se asusta, la llama a su compañera, que es periodista también, y ella le lleva la cámara y le saca la foto. Si no pasaba eso, no tenÃamos forma de probarlo. Como toda la actuación de los periodistas que estuvieron en Arroyito el dÃa que mataron a Carlos. Si no hubieran filmado lo que filmaron, jamás hubiera llegado esto a destino.
–Si trazamos una analogÃa con otros asesinatos cometidos para reprimir movilizaciones en democracia, como los de diciembre de 2001 o los de Kosteki y Santillán, ¿por qué cree que es tan difÃcil avanzar en las responsabilidades polÃticas?
–Hay muchos sectores que me dicen cómo puedo confiar en una Justicia burguesa. Pero siempre confié en que mi camino es ése: el de buscar justicia y ver cómo se modifica la Justicia. Esa Justicia que no está dispuesta a romper con su corporación, ligada a la corporación polÃtica y, en este caso, al MPN, también ligado a la corporación policial. Las tres han sido cómplices, una con la otra. Todos estos casos de muertos por cuestiones polÃticas, como los de Carlos, DarÃo y Maxi o Pocho Lepratti y los caÃdos en 2001, están al nivel de los crÃmenes de lesa humanidad. La responsabilidad polÃtica, si no es condenada, serÃa impune y eso significa que todo está permitido. Somos una sociedad que tolera que polÃticos descerebrados actúen a través de la mano dura, aprovechen el aparato del Estado para reprimir y asesinar. Como si hubiera asesinatos que fueran legales en democracia. Carlos fue un fusilado en democracia. Y lo dije: un fusilado al que ni siquiera lo fusilaron de frente. Lo fusilaron por la espalda.
–En la búsqueda de justicia, el documental Carlos Fuentealba, camino de un maestro, ¿cuánto puede aportar para que se haga justicia?
–Estoy convencida de que servirá. Además, para mis hijas Camila y Ariadna, y para mÃ, es importante para que se sepa que seguimos teniendo este dolor, que lo llevamos, pero que también está la necesidad real de la reparación jurÃdica. Vamos a ver hasta dónde llegamos.
gveiga12@gmail.com