Informe: Alejandro Alfie – 16/03/12
Se trató de una colisión entre el aparato oficial y paraoficial de difusión, y el cauce que no puede frenarse de las noticias que navegan por las redes sociales. La providencia quiso que el enmudecimiento ordenado por el ministro Julio De Vido, del programa que conduce Marcelo Longobardi en C5N , fuera osbservado en el mismo estudio en el que se descerrajó la censura por el ex periodista de la CNN Alberto Padilla.
La repentina irrupción de esa cortina musical, que funcionó como telón sonoro a un programa que se descarriaba de la tutela gubernamental sobre lo que puede decirse y lo que no, se diluyó cuando Padilla escribió con las abreviaciones obligadas, esos 140 caracteres en Twitter que catapultaron la noticia: “Fui testigo presencial de la represión a la prensa en Arg. Sacaron del aire a Longobardi por orden de la Pres Kirchnerâ€.
Otra vez quedó demostrado que la censura ya no existe. Es el inútil acto de ocultar información el que garantiza que lo pretendidamente censurado se dispare hacia la opinión pública con mucha mayor potencia de la que tenÃa originalmente. Censurar es hoy , redes sociales mediante, optmizar la difusión de lo que se quiso ocultar.
No hay mejor ejemplo que la catapulta que significó para lo que dijeron Jorge AsÃs y Alberto Fernández, en el programa de Marcelo Longobardi en C5N .
Padilla dirÃa después, sinceramente escandalizado: “Tuve la fortuna de ser entrevistado en todos los estudios de televisión de todos los paÃses, desde Guatemala hasta Bolivia. Pero en 15 años de carrera como periodista internacional, jamás và algo asÃ, ni nada parecido, jamásâ€.
Jorge Lanata fue durÃsimo al analizar el hecho: “Un programa de dos puntos de rating terminó siendo un tema nacional y fue la excusa para un baile de máscaras que rozó la vergüenza ajena. En el top de la caradurez quedó Daniel Hadad -calificó Lanata- con su inverosÃmil excusa del respeto del horario (la semana anterior el programa llegó a las 23.30). No se repitió en la madrugada y habÃa otro invitado que no llegó a salir al aire, de modo que nadie pensaba terminarlo. Alberto Fernández volvió a ser el Alberto del gabinete: hizo como que se creÃa las excusas de Hadad y minimizó el incidente. Marcelo Longobardi decidió callarse la boca, imaginando que algo asà no va a volver a repetirse. En la página Web de Radio 10 los insultos se multiplicaron: ni su público cautivo les creÃaâ€, dijo Lanata.
El episodio opera como un revelador de la concepción del gobierno respecto de los medios. Alberto Fernández sostuvo finalmente que fue el gobierno el responsable de la interdicción sobre C5N .
Ante el requerimiento de ClarÃn ayer, Marcelo Longobardi y Daniel Hadad prefirieron no hablar. Sà lo hizo Hadad con el relator oficialista Victor Hugo Morales. “Tuve un profesor de la Universidad de Navarra que decÃa que al periodismo moderno le interesa más lo verosÃmil que lo realâ€. Aseguró que es verosÃmil, pero no real que hubiera ordenado cesar con la transmisión de Longobardi.
Hay otra ecuación posible: lo inverosÃmil puede ser real . Y aunque resulte insólito, nadie ha negado literalmente la intervención del ministro De Vido para censurar el programa. Efectivamente: es increÃble que un ministro de la democracia perpetre semejante aberración, pero es real.
Se trató de una colisión entre el aparato oficial y paraoficial de difusión, y el cauce que no puede frenarse de las noticias que navegan por las redes sociales. La providencia quiso que el enmudecimiento ordenado por el ministro Julio De Vido, del programa que conduce Marcelo Longobardi en C5N , fuera osbservado en el mismo estudio en el que se descerrajó la censura por el ex periodista de la CNN Alberto Padilla.
La repentina irrupción de esa cortina musical, que funcionó como telón sonoro a un programa que se descarriaba de la tutela gubernamental sobre lo que puede decirse y lo que no, se diluyó cuando Padilla escribió con las abreviaciones obligadas, esos 140 caracteres en Twitter que catapultaron la noticia: “Fui testigo presencial de la represión a la prensa en Arg. Sacaron del aire a Longobardi por orden de la Pres Kirchnerâ€.
Otra vez quedó demostrado que la censura ya no existe. Es el inútil acto de ocultar información el que garantiza que lo pretendidamente censurado se dispare hacia la opinión pública con mucha mayor potencia de la que tenÃa originalmente. Censurar es hoy , redes sociales mediante, optmizar la difusión de lo que se quiso ocultar.
No hay mejor ejemplo que la catapulta que significó para lo que dijeron Jorge AsÃs y Alberto Fernández, en el programa de Marcelo Longobardi en C5N .
Padilla dirÃa después, sinceramente escandalizado: “Tuve la fortuna de ser entrevistado en todos los estudios de televisión de todos los paÃses, desde Guatemala hasta Bolivia. Pero en 15 años de carrera como periodista internacional, jamás và algo asÃ, ni nada parecido, jamásâ€.
Jorge Lanata fue durÃsimo al analizar el hecho: “Un programa de dos puntos de rating terminó siendo un tema nacional y fue la excusa para un baile de máscaras que rozó la vergüenza ajena. En el top de la caradurez quedó Daniel Hadad -calificó Lanata- con su inverosÃmil excusa del respeto del horario (la semana anterior el programa llegó a las 23.30). No se repitió en la madrugada y habÃa otro invitado que no llegó a salir al aire, de modo que nadie pensaba terminarlo. Alberto Fernández volvió a ser el Alberto del gabinete: hizo como que se creÃa las excusas de Hadad y minimizó el incidente. Marcelo Longobardi decidió callarse la boca, imaginando que algo asà no va a volver a repetirse. En la página Web de Radio 10 los insultos se multiplicaron: ni su público cautivo les creÃaâ€, dijo Lanata.
El episodio opera como un revelador de la concepción del gobierno respecto de los medios. Alberto Fernández sostuvo finalmente que fue el gobierno el responsable de la interdicción sobre C5N .
Ante el requerimiento de ClarÃn ayer, Marcelo Longobardi y Daniel Hadad prefirieron no hablar. Sà lo hizo Hadad con el relator oficialista Victor Hugo Morales. “Tuve un profesor de la Universidad de Navarra que decÃa que al periodismo moderno le interesa más lo verosÃmil que lo realâ€. Aseguró que es verosÃmil, pero no real que hubiera ordenado cesar con la transmisión de Longobardi.
Hay otra ecuación posible: lo inverosÃmil puede ser real . Y aunque resulte insólito, nadie ha negado literalmente la intervención del ministro De Vido para censurar el programa. Efectivamente: es increÃble que un ministro de la democracia perpetre semejante aberración, pero es real.