El escenario
Miércoles 29 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
Una de las más recientes fantasÃas del kirchnerismo es creer que un paÃs puede vivir sin gobierno. La meticulosa obsesión de la Presidenta por la depuración de las listas de candidatos nacionales, provinciales y hasta municipales denunció que estuvo dedicada a tiempo completo en las últimas semanas a esa faena. Su equipo más Ãntimo la acompañó en las distracciones de esa manÃa. Importantes ministros estaban, por lo que se vio luego, empeñados en auparse en las listas más que en administrar el paÃs.
El fenómeno no es nuevo. Ya desde comienzos de año se advertÃa, por ejemplo, que el jefe de Gabinete, AnÃbal Fernández, era sometido a una operación continua de poda polÃtica. El responsable constitucional de la aplicación del presupuesto nacional estaba más preocupado por la suerte de sus comisarios en la PolicÃa Federal que por el buen destino de los fondos públicos. El canciller Héctor Timerman entró en una zona de increÃble silencio desde que usó un alicate para abrir una valija militar del gobierno norteamericano que contenÃa las claves secretas del Pentágono. La Presidenta ordenó hace pocos dÃas devolver esa valija, pero nunca se explicó por qué la restitución se demoró tanto.
Al revés de lo que opinó Cristina Kirchner cuando anunció su nombre como compañero de fórmula, Amado Boudou brilló más por su ausencia en los temas económicos que por el peso de sus iniciativas. A esa desaparición ministerial deben agregársele las rencillas internas del Banco Central y la constante discordancia entre el propio Boudou y la jefa de la autoridad monetaria, Mercedes Marcó del Pont. Boudou y Marcó del Pont fueron encumbrados cuando existÃa un jefe de la conducción económica en los hechos que no era ninguno de ellos; era Néstor Kirchner. A partir de la muerte del ex presidente, sobresalió más que nada un gobierno sin equipo económico.
Ahora, para peor, los candidatos Boudou, AnÃbal Fernández y Julián DomÃnguez, ministro de Agricultura, están más interesados en las elecciones de octubre que en la conducción cotidiana del gobierno. El resto de los ministros (salvo la infaltable Alicia Kirchner) bregan para conservar sus cargos en un hipotético segundo mandato de la Presidenta. Muchos de ellos están conspirando, además, para ascender a los sillones que podrÃan quedar vacantes tras las elecciones de la primavera. La Argentina se prepara, por lo tanto, para enfrentar cuatro largos meses con menos gobierno de lo que ya tenÃa.
Triunfos y derrotas
La pregunta que debe hacerse, entonces, es por qué está Boudou en la candidatura vicepresidencial. Cualquier comparación entre los mandatos de Néstor y de Cristina Kirchner arroja resultados mucho mejores para los años en que gobernó el ex presidente muerto. El nivel de crecimiento de la economÃa fue más alto; hubo en esos años un importante superávit fiscal y de la balanza comercial, y existió un estilo más prudente para manejar el gasto público. La única habilidad manifiesta de Boudou ha sido la de inclinarse ante las necesidades polÃticas de su presidenta: se subordinó a Guillermo Moreno, hasta convalidar la intervención del Indec, y no puso ningún reparo cada vez que se decidió despilfarrar los recursos públicos.
Sin embargo, la derrota más estrepitosa del ministro y candidato se la propinó la inflación. Los censurados estudios privados indican que el nivel de inflación durante 2011 oscilará entre el 25 y el 30 por ciento anual, lo que convierte a la Argentina en uno de los paÃses más inflacionarios del mundo. Boudou habló una sola vez de la inflación y derrapó de tal manera que parece haberse callado para siempre. «La inflación es un problema de la clase media», dijo, contra todos los manuales de economÃa que se escribieron en la historia de la humanidad. La clase media lo detestó y los sectores pobres (que son las primeras vÃctimas de la inflación) lo condenaron. La Capital, donde está el corazón de la clase media argentina, lo vetó luego como candidato a jefe de gobierno.
Con escasos pergaminos como ministro y con módico atractivo electoral, aquella pregunta (¿por qué Boudou?) carece de respuesta. En su jubiloso discurso del sábado, la Presidenta describió a Boudou como uno de los arquitectos de un modelo argentino que no está atado a los vientos de cola del mundo. En su propio perÃodo presidencial está la réplica a esa afirmación: según, desde ya, los más serios estudios privados, el PBI argentino cayó entre el 2 y el 3 por ciento durante 2009 como consecuencia de la crisis financiera y económica mundial. Digan lo que digan, la economÃa argentina sigue atada a los vaivenes internacionales.
Resulta que ahora la economÃa del mundo camina muy cerca del abismo. Europa discute en voz baja la propia continuidad del euro, mientras se resuelve en estas horas si uno de sus paÃses, Grecia, caerá -o no- en un próximo default. Los Estados Unidos no logran consolidar su recuperación tras la crisis y los últimos datos sobre el progreso de su economÃa no han sido buenos. China toma recaudos ante el menor consumo de muchos de sus más importantes mercados; debe lidiar también con los primeros brotes internos de rebeldÃa y con una inflación incompatible con su insensible sistema social. Brasil está tomando medidas para frenar una importante caÃda en el superávit de su balanza comercial, que podrÃa afectar las importaciones que le llegan desde la Argentina.
Silencio en la Argentina. Brasil, Europa y China son los principales destinos de las exportaciones argentinas. Problemas de distinta envergadura están cercando a todos esos paÃses. El Gobierno se encierra en el blindaje discursivo de que aquà existe un modelo propio, ajeno a las vibraciones del mundo. La oposición, es cierto, tampoco parece reconocer esas novedades que podrÃan tener serias consecuencias para la economÃa nacional. Un suerte de cultura aislacionista se instaló en la polÃtica argentina y, en ese sentido, debe aceptarse que existe un triunfo cultural del kirchnerismo.
Miércoles 29 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
Una de las más recientes fantasÃas del kirchnerismo es creer que un paÃs puede vivir sin gobierno. La meticulosa obsesión de la Presidenta por la depuración de las listas de candidatos nacionales, provinciales y hasta municipales denunció que estuvo dedicada a tiempo completo en las últimas semanas a esa faena. Su equipo más Ãntimo la acompañó en las distracciones de esa manÃa. Importantes ministros estaban, por lo que se vio luego, empeñados en auparse en las listas más que en administrar el paÃs.
El fenómeno no es nuevo. Ya desde comienzos de año se advertÃa, por ejemplo, que el jefe de Gabinete, AnÃbal Fernández, era sometido a una operación continua de poda polÃtica. El responsable constitucional de la aplicación del presupuesto nacional estaba más preocupado por la suerte de sus comisarios en la PolicÃa Federal que por el buen destino de los fondos públicos. El canciller Héctor Timerman entró en una zona de increÃble silencio desde que usó un alicate para abrir una valija militar del gobierno norteamericano que contenÃa las claves secretas del Pentágono. La Presidenta ordenó hace pocos dÃas devolver esa valija, pero nunca se explicó por qué la restitución se demoró tanto.
Al revés de lo que opinó Cristina Kirchner cuando anunció su nombre como compañero de fórmula, Amado Boudou brilló más por su ausencia en los temas económicos que por el peso de sus iniciativas. A esa desaparición ministerial deben agregársele las rencillas internas del Banco Central y la constante discordancia entre el propio Boudou y la jefa de la autoridad monetaria, Mercedes Marcó del Pont. Boudou y Marcó del Pont fueron encumbrados cuando existÃa un jefe de la conducción económica en los hechos que no era ninguno de ellos; era Néstor Kirchner. A partir de la muerte del ex presidente, sobresalió más que nada un gobierno sin equipo económico.
Ahora, para peor, los candidatos Boudou, AnÃbal Fernández y Julián DomÃnguez, ministro de Agricultura, están más interesados en las elecciones de octubre que en la conducción cotidiana del gobierno. El resto de los ministros (salvo la infaltable Alicia Kirchner) bregan para conservar sus cargos en un hipotético segundo mandato de la Presidenta. Muchos de ellos están conspirando, además, para ascender a los sillones que podrÃan quedar vacantes tras las elecciones de la primavera. La Argentina se prepara, por lo tanto, para enfrentar cuatro largos meses con menos gobierno de lo que ya tenÃa.
Triunfos y derrotas
La pregunta que debe hacerse, entonces, es por qué está Boudou en la candidatura vicepresidencial. Cualquier comparación entre los mandatos de Néstor y de Cristina Kirchner arroja resultados mucho mejores para los años en que gobernó el ex presidente muerto. El nivel de crecimiento de la economÃa fue más alto; hubo en esos años un importante superávit fiscal y de la balanza comercial, y existió un estilo más prudente para manejar el gasto público. La única habilidad manifiesta de Boudou ha sido la de inclinarse ante las necesidades polÃticas de su presidenta: se subordinó a Guillermo Moreno, hasta convalidar la intervención del Indec, y no puso ningún reparo cada vez que se decidió despilfarrar los recursos públicos.
Sin embargo, la derrota más estrepitosa del ministro y candidato se la propinó la inflación. Los censurados estudios privados indican que el nivel de inflación durante 2011 oscilará entre el 25 y el 30 por ciento anual, lo que convierte a la Argentina en uno de los paÃses más inflacionarios del mundo. Boudou habló una sola vez de la inflación y derrapó de tal manera que parece haberse callado para siempre. «La inflación es un problema de la clase media», dijo, contra todos los manuales de economÃa que se escribieron en la historia de la humanidad. La clase media lo detestó y los sectores pobres (que son las primeras vÃctimas de la inflación) lo condenaron. La Capital, donde está el corazón de la clase media argentina, lo vetó luego como candidato a jefe de gobierno.
Con escasos pergaminos como ministro y con módico atractivo electoral, aquella pregunta (¿por qué Boudou?) carece de respuesta. En su jubiloso discurso del sábado, la Presidenta describió a Boudou como uno de los arquitectos de un modelo argentino que no está atado a los vientos de cola del mundo. En su propio perÃodo presidencial está la réplica a esa afirmación: según, desde ya, los más serios estudios privados, el PBI argentino cayó entre el 2 y el 3 por ciento durante 2009 como consecuencia de la crisis financiera y económica mundial. Digan lo que digan, la economÃa argentina sigue atada a los vaivenes internacionales.
Resulta que ahora la economÃa del mundo camina muy cerca del abismo. Europa discute en voz baja la propia continuidad del euro, mientras se resuelve en estas horas si uno de sus paÃses, Grecia, caerá -o no- en un próximo default. Los Estados Unidos no logran consolidar su recuperación tras la crisis y los últimos datos sobre el progreso de su economÃa no han sido buenos. China toma recaudos ante el menor consumo de muchos de sus más importantes mercados; debe lidiar también con los primeros brotes internos de rebeldÃa y con una inflación incompatible con su insensible sistema social. Brasil está tomando medidas para frenar una importante caÃda en el superávit de su balanza comercial, que podrÃa afectar las importaciones que le llegan desde la Argentina.
Silencio en la Argentina. Brasil, Europa y China son los principales destinos de las exportaciones argentinas. Problemas de distinta envergadura están cercando a todos esos paÃses. El Gobierno se encierra en el blindaje discursivo de que aquà existe un modelo propio, ajeno a las vibraciones del mundo. La oposición, es cierto, tampoco parece reconocer esas novedades que podrÃan tener serias consecuencias para la economÃa nacional. Un suerte de cultura aislacionista se instaló en la polÃtica argentina y, en ese sentido, debe aceptarse que existe un triunfo cultural del kirchnerismo.