Es el registro más bajo desde 2003 y el menor nivel desde octubre de 1991. El descenso en los últimos tres meses del año pasado se explica porque menos personas salieron a buscar trabajo. También bajó la subocupación, al 7,8 por ciento.
La desocupación terminó 2013 en 6,4 por ciento. La cifra difundida ayer por el Indec representa una baja de 0,5 punto porcentual frente al mismo perÃodo el año anterior. Se trata de los registros más bajos desde 2003 y el menor nivel desde octubre de 1991, cuando se utilizaba otro mecanismo de medición. La mejora de los indicadores respondió a una reducción en las tasas de actividad (la relación entre la población económicamente activa y la total), que retrocedió de 46,3 a 45,6 por ciento, y no a creación de empleo. La cantidad de personas ocupadas se mantuvo estable y se observó una reducción de la cantidad de subocupados (las personas que trabajan menos de 35 horas a la semana y están dispuestos a dedicar más tiempo). La solidez del mercado de trabajo formal convive con elevados niveles de informalidad laboral.
Entre octubre y diciembre de 2013, la caÃda del desempleo en conjunción con la contracción de la tasa de actividad se tradujo en una reducción de la población desocupada de 49 mil personas. Según los datos del Indec, hay 759.000 desocupados sobre una población económicamente activa de 11,1 millones de individuos. Con respecto al trimestre anterior, también se verificó una disminución del desempleo (0,4 punto), aunque en ese caso intervienen factores estacionales. Desde el Ministerio de Trabajo reconocieron a fines del año pasado la existencia de “condicionamientos y restricciones” para la actividad económica que limitaron el proceso de creación de empleo, pero enfatizan que la situación del mercado laboral se mantuvo estable e incluso mejoró.
En ese sentido, en el Ministerio de EconomÃa explican que la polÃtica fiscal expansiva permitió sostener la demanda interna y el empleo. Sin embargo, los datos de la Encuesta de Indicadores Laborales para el tercer trimestre de 2013 que realizó Trabajo, la última disponible, evidencian que en algunos sectores como la construcción se registraron caÃdas en los niveles de ocupación en sectores relevantes, mientras que se limitó la creación de puestos de trabajo en la industria manufacturera. Por eso, desde el equipo económico remarcan que el gasto público permitió amortiguar las caÃdas en el empleo. En sintonÃa, las condiciones externas, fundamentalmente el estancamiento de Brasil y la desaceleración de China, limitan la reactivación del mercado laboral local.
La tasa de empleo (el porcentaje entre la población ocupada y la total) también registró un descenso de 0,4 punto porcentual, al pasar de 43,1 a 42,7 por ciento. Sin embargo, esa situación no se tradujo en una reducción de la población ocupada. La tasa de subempleo de 7,8 por ciento descendió 1,2 punto porcentual en términos interanuales, equivalente a 137 mil subocupados menos en este perÃodo.
La tasa de desocupación más elevada se registró en Mar del Plata-Batán, donde llegó a 11,7 por ciento, un aumento de 2,2 puntos porcentuales frente al mismo perÃodo del 2012. Los niveles de desocupación se mantuvieron elevados en Gran Córdoba al pasar de 7,7 a 8,8 por ciento en un año, mientras que en BahÃa Blanca-Cerri subió de 6,6 a 8,7 por ciento. En la Ciudad de Buenos Aires la desocupación retrocedió a 4,4 por ciento, luego de alcanzar el 7,4 por ciento un año atrás. En tanto, en el conurbano bonaerense la tasa pasó a 7,2 por ciento y en Neuquén llegó a 7,8 por ciento.
Los datos de la EPH reflejan la persistencia de problemas laborales y productivos en algunas regiones del paÃs, como en las provincias del nordeste y noroeste. En Posadas y Gran Resistencia el desempleo retrocedió hasta 0,6 y 1,2 por ciento, respectivamente. En Formosa llegó a 2,3 por ciento y para La Rioja las tasas fueron de 3,4 por ciento. Los registros provinciales no evidencian una situación de pleno empleo y tampoco la existencia de manipulación de datos estadÃsticos. En cambio, esos indicadores son un indicio de la dimensión del desaliento, de la emigración y la existencia de actividades de subsistencia por fuera del mercado laboral. En esas localidades, las tasas de actividad y empleo no superan el 40 por ciento, muy por debajo del promedio para los 31 aglomerados urbanos, donde llegan al 45,6 y 41,1 por ciento respectivamente. A pesar de las mejoras sociolaborales de la última década y la relevancia de la inversión estatal en infraestructura y programas sociales (que también colaboran para explicar los menores niveles de desempleo), las estructuras productivas de esas provincias siguen siendo débiles de generar una demanda de trabajo creciente y sostenida.