La jugada desafÃa a tres antagonistas, no solo a los dos ya nombrados: también apunta a los adversarios del secretario general de la CGT en la interna por la central obrera. Se busca demostrar que el sector liderado por Hugo Moyano tiene más capacidad de lucha y de negociación que sus contendientes. Y, sobre todo, se busca confrontar con la Casa Rosada. Durante la conferencia de prensa, Pablo Moyano cuestiona con mucha más dureza y frecuencia a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que a las patronales. La amable reunión entre el “Negro” y correligionarios radicales (quién te ha visto y quién te ve para todos los contertulios) corrobora que la confrontación polÃtica es la que más atrae a Moyano.Las convenciones colectivas se van cerrando, con porcentuales menores al que quiere exige el hijo del lÃder cegetista. Ya acordaron sindicatos relevantes, con numerosos afiliados: los estatales, los metalúrgicos, los empleados de Comercio, los bancarios. El Gobierno confÃa en cerrar trato pronto con la Unión Obrera de la Construcción.
En la Rosada y en Trabajo se asevera que jamás (ni en 2012 ni años atrás) hubo topes rÃgidos y es verdad. No lo verbalizan tanto pero es también real que habÃa afán de “bajar la nominalidad” y poner un freno a una tendencia a la suba que en 2011 (año electoral, por más datos) tuvo un repunte marcado. El economista Miguel Bein, en su informe mensual, pondera que “las paritarias empiezan a cerrarse con un promedio del 24 por ciento que contrasta con el 35 por ciento de 2011”. Los números del oficialismo son ligeramente diferentes pero se acuerda en el diagnóstico. Se redujo la escalada y se sostuvo el valor adquisitivo del salario, sostienen. Moyano quiere destacar que en ese terreno (también) es más que sus competidores.
La pugna por la CGT sigue al rojo vivo y el desenlace más factible es una ruptura. Las dos partes aducen que desean que se realice un Confederal limpio en el que se votarán las nuevas autoridades. Esa instancia (con dos listas que contiendan y no con un candidato de unidad, de consenso o de compromiso) es muy inusual en la historia de la CGT. Llegar a ella serÃa muy trabajoso: requerirÃa ánimo constructivo conjunto, sustentado por tratativas permanentes y serias. No hay casi puentes tendidos entre las partes… asà suena imposible.
A la oposición le cabe más el sayo de antimoyanista que de kirchnerista. Los Gordos no comulgan con el actual gobierno, desde el vamos.
Los bandos no están del todo delineados aunque se van cristalizando pertenencias como el pase del taxista Omar Viviani a la oposición. La porfÃa por los indecisos (o, mejor, por los que siguen calculando adónde van) es a brazo partido. El gastronómico Luis Barrionuevo es una de las figuritas más requeridas en ese mercado, lo que demuestra que ningún sector tiene un derecho de admisión muy severo. Las fotos de Moyano al lado de Gerónimo Venegas o del metalúrgico Antonio Caló flanqueado por el lucifuercista Oscar Lescano aportan una prueba visible.
El conflicto es polÃtico y no legal, jamás podrÃa reducirse a ese aspecto. Pero hay una instancia administrativa-judicial que forma parte de la pulseada. El Consejo Directivo de la CGT convocó al Comité Central Confederal para julio: los antimoyanistas alegan que lo hizo sin tener el quórum exigido.
El reclamo respectivo llegó al Ministerio de Trabajo. El argumento de los recurrentes es que firmaron el acta respectiva asistentes que no tenÃan la representación necesaria. Dicen que habÃa dirigentes sindicales que no son los titulares ante el Consejo. Estaban, invocan, a “tÃtulo informativo o meramente testimonial”. O sea, que fueron con voz pero sin voto. Hay dos casos particulares que merecen mención, hablamos de jerarcas que están presos acusados de graves delitos: el bancario Juan José Zanola y el ferroviario José Pedraza. Otros dirigentes suscribieron la convocatoria en nombre de sus gremios, los opositores dicen que sin apego a los estatutos. Los bancarios, consultados por este diario, responden que el cambio de titularidad ante la CGT sà se hizo.
Los firmantes del recurso administrativo, que es escueto y brevemente fundado, exigen ver la documentación original. Denuncian que no se les permitió acceder a ella. Analizan sacar una solicitada firmada por todos los secretarios generales que cuestionan la convocatoria, incluyendo los de algunos sindicatos (afirman) que figuran como firmantes del acta impugnada.
La conducción de la CGT piensa que todo está en regla y espera que se le corra traslado del planteo. Se le exigirá, es cantado, que acompañe la documentación y formule su descargo. Recién entonces podrÃa resolver Trabajo. Los plazos del procedimiento inducen a pensar que será para fines de este mes. La parte disconforme tiene el derecho de judicializar el asunto, alguna de las dos lo hará. O sea, no será este expediente el que zanje el entuerto. Ni serÃa sensato que un conflicto polÃtico de ese rango quedara zurcido por ese medio. La polÃtica manda y la polÃtica, ya se dijo, emite señales de fractura.
En 2007, cuando comenzaba el primer mandato de Cristina Kirchner, habÃa dos centrales sindicales: la CGT y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Esta bregaba por su reconocimiento legal. Se especulaba que el ex presidente Néstor Kirchner podÃa llegar a otorgarlo, absorbiendo la mala onda de Moyano y dispensando del “costo polÃtico” a Cristina. En el modelo sindical argentino no harÃan tanto ruido dos centrales, una con personerÃa y otra simplemente inscripta.
Mucha agua corrió bajo los puentes desde entonces. El horizonte más probable para la segunda mitad de este año es que coexistan cuatro centrales o quizá cinco. Las cuatro clavadas son las dos CGT en ciernes más las CTA partidas (coincidencia sugestiva) desde su última elección. La posible quinta serÃa la conspicua Azul y Blanca del vivaz Luis Barrionuevo, que de momento coquetea con ambos sectores aprovechando que maneja un número importante (acaso decisivo) de congresales. Pero que tendrÃa una tercera salida que es armar su quincho propio.
Es llamativo ese escenario, tras nueve años de un gobierno que mejoró sustancialmente la situación de los trabajadores, la de los gremios y mejoró la institucionalidad laboral. Del manojo de centrales obreras, dos serÃan francamente opositoras (la CTA de Pablo Micheli y la CGT de Moyano). Si Luisito Barrionuevo eligiera segregarse añadirÃa una tercera.
La CGT antimoyanista quedarÃa, se puede suponer, en el lugar tradicional que le cabe al sindicalismo con cualquier gobierno surgido desde 1983. Un tacticismo procÃclico polÃticamente (más cariñoso cuando el oficialismo anda bien y más distante en tiempos de pleamar) y negociador.
Solamente la CTA conducida por Hugo Yasky mantendrÃa una afinidad de sintonÃa con el kirchnerismo, aunque sin resignar reivindicaciones.
Se sincerarÃa asÃ, de modo desordenado y traumático, una larga crisis del modelo sindical: harÃa eclosión por tensiones internas y dificultades en los procesos electorales. Institucionalmente serÃa un jeroglÃfico. El tema da para bastante más que estas lÃneas en una columna.
Entre tanto, las demandas que formulan los Moyano para el conjunto de los trabajadores (Ganancias y asignaciones familiares) se sostienen más allá de la brega. La anterior modificación del mÃnimo no imponible, recuerda Bein en el documento ya citado, se anunció en marzo del año pasado. El tiempo y la inflación corridos lo tornan injusto, a fuer de desactualizado.
La inflación y el desaceleramiento de la economÃa dan contexto a un enfrentamiento que, por lo que se insinúa, va camino de dejar un saldo que no deberÃan celebrar ni el movimiento obrero ni el kirchnerismo, si está atento a sus mejores banderas.mwainfeld@pagina12.com.ar