Con las imágenes de la desocupación de tierras apropiadas en Ledesma (Jujuy) aún frescas, en Tucumán se vivió un momento de tensión. Por disposición de la jueza Nora Wexler, personal policial avanzó con caballos sobre ocupantes de un predio en Villa 9 de Julio. Las familias resistieron con piedras y molotov; los policÃas dispararon balas de goma y gases lacrimógenos.
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ampliar (1 de 6 fotos) | «BASTA DE MUERTOS». Vecinos llevaron pancartas para pedir «nunca más».
«Nadie quiere que pase lo mismo que en Jujuy», fue la frase repetida tanto por la PolicÃa como por un grupo de vecinos de Villa 9 de Julio. Estos usurpaban desde hacÃa 25 dÃas un predio de casi siete hectáreas. Con los plazos y una prórroga de cinco dÃas cumplida, la Justicia ordenó la restitución del inmueble al denunciante, Ramón Gálvez, y dejó en claro que, en caso de ser necesario, debÃa utilizarse la fuerza pública. Y eso fue lo que sucedió después de cuatro horas de infructuosas negociaciones.
El grupo de apropiadores tenÃa hasta las 12.30 para abandonar pacÃficamente el lugar, luego del pedido concreto de Mario Agüero Gamboa, empleado de la FiscalÃa I, a cargo de las actuaciones, ordenadas por la jueza Nora Wexler y bajo requerimiento del fiscal Guillermo Herrera. Pero ni siquiera la promesa de un amparo pudo impedir que la situación se desmadrase unos minutos más tarde, cuando un grupo de uniformados se dirigió hasta una construcción, que se consumÃa por las llamas, presuntamente ocasionadas por integrantes de la toma. Ya cara a cara, no hubo vuelta atrás y, pasado el mediodÃa, ambos grupos comenzaron a atacarse. Los efectivos de InfanterÃa dispararon todas las balas de goma que tenÃan contra los vecinos, que resistieron con palos, piedras y bombas molotov.
A partir de ese momento, el predio se convirtió en un campo de batalla, en el que sólo se escuchaban gritos, amenazas y detonaciones. Nadie querÃa retroceder y el intercambio de proyectiles se extendió por más de 45 minutos. Fueron tantos los disparos que, mientras esperaban más balas, los uniformados devolvieron las pedradas que llovÃan desde la resistencia. En medio de nubes de gases lacrimógenos, InfanterÃa recibió apoyo de parte de CaballerÃa, que a fuerza de latigazos buscó ahuyentar a un grupo de mujeres alteradas, que respondÃan lanzando lo que tenÃan a mano: piedras, botellas y palos. Fue entonces cuando la disputa comenzó a mutar, mientras policÃas sin uniforme derribaban las precarias casillas construidas con chapas, cañas huecas, plásticos y maderas.
ParecÃa que todos habÃan olvidado las razones por las que estaban ahÃ. Sólo querÃan seguir atacando al otro, sin meditar demasiado las consecuencias. Incluso, algunos vecinos denunciaron la saña con la que fueron repelidos, entre burlas e insultos. Asà cayeron los primeros policÃas heridos, todos con golpes y cortes. En total fueron ocho los uniformados lesionados y sólo Rafael Brandán permanecÃa internado en un sanatorio de la capital, por una lesión en la cara.
En el contraataque final, los oficiales arremetieron por las calles del barrio Sitravi, en busca de los posibles responsables de las agresiones. Hubo cinco detenidos: tres hombres, una mujer y un menor. Los vecinos, por su parte, reclamaron sostenidamente que se habÃan cometido abusos de autoridad.
Según el acta policial que documentó el desalojo y a la que tuvo acceso LA GACETA, «estos grupos que ocupan en forma ilegal el predio le dijeron a los funcionarios del Poder Judicial que respondÃan a la diputada nacional Stella Maris Córdoba, en tanto otros decÃan pertenecer a la legisladora Carolina Vargas Aignasse y a la legisladora Mirta Gutiérrez,y que ellos les habÃan prometido solucionar su problema habitacional».
Sin paz y con mucha bronca contenida, los integrantes de la toma se replegaron y hasta entrada la noche un grupo de policÃas se mantenÃa apostado en los terrenos de la familia Gálvez, a la que los vecinos señalan como instigadora de la ocupación. En cambio, Ramón Gálvez negó cualquier relación con esos vecinos y desligó de responsabilidad a su hermano JoaquÃn, el principal señalado por los apropiadores.
En medio del descontrol, además, resonaron disparos que correspondÃan a armas de fuego. Para entonces, tanto los vecinos como la PolicÃa habÃan olvidado sus primeros deseos: que no se repita lo que sucedió hace unos dÃas en Libertador San MartÃn.
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«Nadie quiere que pase lo mismo que en Jujuy», fue la frase repetida tanto por la PolicÃa como por un grupo de vecinos de Villa 9 de Julio. Estos usurpaban desde hacÃa 25 dÃas un predio de casi siete hectáreas. Con los plazos y una prórroga de cinco dÃas cumplida, la Justicia ordenó la restitución del inmueble al denunciante, Ramón Gálvez, y dejó en claro que, en caso de ser necesario, debÃa utilizarse la fuerza pública. Y eso fue lo que sucedió después de cuatro horas de infructuosas negociaciones.
El grupo de apropiadores tenÃa hasta las 12.30 para abandonar pacÃficamente el lugar, luego del pedido concreto de Mario Agüero Gamboa, empleado de la FiscalÃa I, a cargo de las actuaciones, ordenadas por la jueza Nora Wexler y bajo requerimiento del fiscal Guillermo Herrera. Pero ni siquiera la promesa de un amparo pudo impedir que la situación se desmadrase unos minutos más tarde, cuando un grupo de uniformados se dirigió hasta una construcción, que se consumÃa por las llamas, presuntamente ocasionadas por integrantes de la toma. Ya cara a cara, no hubo vuelta atrás y, pasado el mediodÃa, ambos grupos comenzaron a atacarse. Los efectivos de InfanterÃa dispararon todas las balas de goma que tenÃan contra los vecinos, que resistieron con palos, piedras y bombas molotov.
A partir de ese momento, el predio se convirtió en un campo de batalla, en el que sólo se escuchaban gritos, amenazas y detonaciones. Nadie querÃa retroceder y el intercambio de proyectiles se extendió por más de 45 minutos. Fueron tantos los disparos que, mientras esperaban más balas, los uniformados devolvieron las pedradas que llovÃan desde la resistencia. En medio de nubes de gases lacrimógenos, InfanterÃa recibió apoyo de parte de CaballerÃa, que a fuerza de latigazos buscó ahuyentar a un grupo de mujeres alteradas, que respondÃan lanzando lo que tenÃan a mano: piedras, botellas y palos. Fue entonces cuando la disputa comenzó a mutar, mientras policÃas sin uniforme derribaban las precarias casillas construidas con chapas, cañas huecas, plásticos y maderas.
ParecÃa que todos habÃan olvidado las razones por las que estaban ahÃ. Sólo querÃan seguir atacando al otro, sin meditar demasiado las consecuencias. Incluso, algunos vecinos denunciaron la saña con la que fueron repelidos, entre burlas e insultos. Asà cayeron los primeros policÃas heridos, todos con golpes y cortes. En total fueron ocho los uniformados lesionados y sólo Rafael Brandán permanecÃa internado en un sanatorio de la capital, por una lesión en la cara.
En el contraataque final, los oficiales arremetieron por las calles del barrio Sitravi, en busca de los posibles responsables de las agresiones. Hubo cinco detenidos: tres hombres, una mujer y un menor. Los vecinos, por su parte, reclamaron sostenidamente que se habÃan cometido abusos de autoridad.
Según el acta policial que documentó el desalojo y a la que tuvo acceso LA GACETA, «estos grupos que ocupan en forma ilegal el predio le dijeron a los funcionarios del Poder Judicial que respondÃan a la diputada nacional Stella Maris Córdoba, en tanto otros decÃan pertenecer a la legisladora Carolina Vargas Aignasse y a la legisladora Mirta Gutiérrez,y que ellos les habÃan prometido solucionar su problema habitacional».
Sin paz y con mucha bronca contenida, los integrantes de la toma se replegaron y hasta entrada la noche un grupo de policÃas se mantenÃa apostado en los terrenos de la familia Gálvez, a la que los vecinos señalan como instigadora de la ocupación. En cambio, Ramón Gálvez negó cualquier relación con esos vecinos y desligó de responsabilidad a su hermano JoaquÃn, el principal señalado por los apropiadores.
En medio del descontrol, además, resonaron disparos que correspondÃan a armas de fuego. Para entonces, tanto los vecinos como la PolicÃa habÃan olvidado sus primeros deseos: que no se repita lo que sucedió hace unos dÃas en Libertador San MartÃn.
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